El Banco Nación advirtió que la morosidad dejó de crecer, pero sigue en niveles elevados
La morosidad bancaria en Argentina frenó su escalada pero se mantiene en niveles críticos. El deterioro del crédito comenzó a desacelerar su ritmo, aunque los expertos advierten que la irregularidad permanecerá elevada hasta que maduren los planes de refinanciación de deudas.
Así lo advirtió el Informe Económico elaborado por el Banco Nación. El documento señala que "los niveles de irregularidad permanecen elevados y todavía no existen elementos suficientes para concluir que el proceso de normalización se encuentre consolidado".
El análisis de la entidad pública se diferencia de otros estudios del mercado. Atribuyó la suba de la mora a tres variables macroeconómicas que convergieron a mediados de 2024: la fuerte expansión inicial del crédito, el mayor peso de los vencimientos sobre los ingresos y un esquema de tasas de interés más exigente.
El golpe al bolsillo de las familias fue doble. Aunque el salario real mostró repuntes parciales, el fuerte incremento de los gastos fijos inflexibles redujo el ingreso disponible de los hogares para hacer frente a sus compromisos financieros.
Los 5 ejes de riesgo que monitorea el Banco Nación
El reporte identificó los ejes centrales sobre los cuales concentrará el seguimiento de riesgo para lo que resta de 2026. La entidad dividió su análisis en cinco áreas críticas que explican la persistencia de la mora.
La presión sobre el presupuesto familiar obedece a que los gastos esenciales crecieron a mayor velocidad que el dinero disponible para saldar deudas. Este fenómeno genera mora incluso sin caídas drásticas del ingreso nominal.
Los servicios básicos, alquileres y alimentos absorbieron una porción cada vez mayor del ingreso. El resultado: menos margen para cumplir con cuotas de préstamos y tarjetas de crédito.
Banca tradicional vs financieras: la brecha que define el riesgo
Los proveedores no financieros de crédito presentan un nivel de morosidad significativamente mayor que la banca tradicional. A julio de 2026, la irregularidad alcanzó 32,5% en no financieros frente al 7,7% en la banca convencional.
Sin embargo, el volumen total de deuda marca una diferencia abismal. Los no financieros manejan $16,3 billones contra $161,5 billones del sistema bancario.
El promedio de deuda por persona también muestra la asimetría del mercado. En proveedores no bancarios es de $300.000, mientras que en la banca tradicional trepa a $1 millón.
Esta diferencia se explica por el perfil de cliente y el tipo de producto. Los no financieros suelen atender a segmentos con menor bancarización y tasas de interés más elevadas, lo que aumenta el riesgo de incumplimiento.
Jóvenes, los más vulnerables al colapso crediticio
La fragilidad crediticia se concentra principalmente en el segmento de 18 a 25 años. La mora por cantidad de clientes alcanzó el 33,4% en esta franja etaria, y supera el 40% en proveedores no financieros.
El contraste generacional es dramático. En el grupo de mayores de 60 años, la morosidad se ubicó en apenas 10%.
Los jóvenes enfrentan menor estabilidad laboral, ingresos más bajos y menor educación financiera, una combinación que los deja expuestos al sobreendeudamiento desde el inicio de su vida crediticia.
Las entidades financieras comenzaron a ajustar sus políticas de otorgamiento. Algunas restringieron el acceso al crédito para menores de 25 años sin historial comprobable.
Sobreendeudamiento múltiple: cuando tener más tarjetas multiplica la mora
El riesgo de incumplimiento escala de manera directa según la cantidad de acreedores con los que opera un usuario. Los números del Banco Nación son contundentes.
El ratio de mora es del 21,9% para quienes tienen una sola entidad. Pero sube al 34% con cinco entidades y escala al 57,6% entre quienes mantienen deudas con diez o más instituciones de forma simultánea.
El fenómeno revela una práctica extendida: tomar crédito en una entidad para pagar otra. Este círculo vicioso termina en default cuando el usuario agota su capacidad de refinanciación.
Las centrales de riesgo como BCRA y VERAZ detectan estos casos, pero no siempre las entidades ajustan a tiempo sus políticas de aprobación. El sistema permite que un usuario acumule hasta 15 o 20 tarjetas, una situación que potencia el riesgo sistémico.
Refinanciaciones masivas: el alivio que tarda en verse
Durante 2026, el Banco Nación concretó 114.232 operaciones de refinanciación por un monto total de $523.203 millones. Estas reestructuraciones alcanzaron a 99.956 clientes con plazos que se extienden hasta 120 meses.
La entidad remarcó que estas operaciones no implican una solución inmediata. El efecto positivo sobre los índices generales de irregularidad del sistema tardará en reflejarse.
Las refinanciaciones reducen la cuota mensual pero estiran el compromiso en el tiempo. Esto genera un alivio temporal para el deudor, pero mantiene la exposición crediticia durante años.
El Banco Nación advirtió que hasta que no madure una porción significativa de estos planes, los ratios de morosidad seguirán mostrando niveles elevados. El sistema financiero argentino deberá convivir con este escenario de mora alta en los próximos meses.
Crece la mora en las empresas
La realidad de la economía es muy dinámica. Hoy en día, la foto más incómoda para la administración Milei ya no aparece en la inflación ni en el dólar. Empieza a verse en los balances de las empresas.
Después de casi tres años de fuerte ajuste y de una recuperación muy desigual entre sectores, la morosidad del crédito corporativo se multiplicó por cinco y encendió una luz amarilla sobre la salud financiera de miles de firmas, especialmente de las pequeñas y medianas empresas.
Hoy existe un cambio de clima en distintos sectores en relación a la salud crediticia de las compañías.
El 3,7% de los préstamos otorgados a empresas ya presentaba retrasos superiores a 90 días, cuando ese ratio era de apenas 0,7% a fines de 2024.
Un informe a clientes de la consultora Equilibra destacó que si bien todavía está lejos del récord del 8,1% alcanzado durante la crisis de 2020 —con el default de Vicentin, el cepo duro y la cuarentena—, existe un alerta por la velocidad del deterioro crediticio.
Este salto se dio luego de una expansión del financiamiento bancario a las empresas.
Desde la llegada de Milei, el crédito a las empresas pasó del 5,7% al 9,8% del PBI, impulsado principalmente por los préstamos en dólares, que ya representan más de un tercio del total.
Los sectores que quedaron atrás
La mora no golpea a todos por igual. Tal como viene ocurriendo con la propia economía real, aparecen con claridad dos Argentinas productivas. Y eso queda claro en el reporte de Equilibra.
De un lado, los sectores ganadores del nuevo modelo -minería, energía y servicios financieros- muestran niveles casi insignificantes de incumplimiento, inferiores al 0,5%.
Del otro, construcción y comercio encabezan el ranking de dificultades para pagar sus créditos, con tasas de mora del 7,7% y 6,5%, respectivamente. La industria manufacturera se ubica en torno al promedio, aunque con enormes diferencias entre ramas.
El caso industrial resulta ilustrativo. Mientras terminales automotrices y fabricantes de transporte exhiben una mora de apenas 0,4%, el sector textil y del cuero alcanza un preocupante 14,6%, convirtiéndose en el rubro más comprometido del entramado fabril.
Son precisamente las actividades más expuestas al consumo interno las que todavía no lograron recuperar los niveles de producción previos al cambio de gobierno, una tendencia que ya había quedado reflejada en los últimos informes sobre industria, construcción y comercio.