Caputo en Nueva York: inversores inquietos por el escenario político y económico
El ministro de Economía enfrenta las dudas de Wall Street sobre las reservas y el escenario electoral ante la campaña prevista para 2027
En Buenos Aires, Luis Caputo tiene un libreto que repite cada vez que se sienta frente a empresarios, banqueros o inversores: trata de convencerlos de que es el momento de sacar los dólares del colchón en el marco del proyecto de ley de inocencia fiscal e invertirlos en la Argentina.
Lo hizo al presentar la segunda edición del proyecto de "Inocencia Fiscal" y hasta llegó a pedirles a los estudiantes de una universidad privada que persuadieran a sus padres de volcar el canuto de dólares a la economía formal.
En Nueva York, donde ayer lunes comenzó una intensa agenda de reuniones con fondos de inversión y bancos internacionales, en el marco de la visita de Javier Milei a la ONU, el mensaje cambió de destinatario pero conserva el mismo objetivo: demostrar que el Gobierno tiene suficientes dólares para atravesar sin sobresaltos la campaña presidencial de 2027.
El ministro participó ayer de un encuentro con financistas organizado por JPMorgan y hoy mantendrá reuniones privadas con algunos de los principales administradores de fondos de Wall Street.
El mensaje será concluyente: la administración Milei está construyendo un verdadero blindaje financiero para llegar con una economía robusta a las elecciones presidenciales y -eventualmente- poder neutralizar cualquier intento de corrida cambiaria durante el ciclo electoral.
Las dos preguntas que obsesionan a Wall Street
Los inversores llegan a cada reunión con dos preocupaciones muy concretas.
La primera es política. Quieren entender cómo se configura el escenario electoral luego de un año en el que el oficialismo sigue siendo competitivo, pero ya no exhibe la ventaja que mostraban las encuestas meses atrás.
En ese análisis aparece un nombre con fuerza: Axel Kicillof, señalado por el mercado como el dirigente con mayores posibilidades de convertirse en el principal rival de Milei.
A esa incertidumbre se suma otro dato que llamó la atención en Wall Street: el creciente distanciamiento de Patricia Bullrich respecto del Gobierno.
La senadora oficialista volvió a diferenciarse el domingo por la noche al advertir que "hay motores de la economía que no están funcionando y que se tienen que encender".
La referencia no fue casual. Bullrich apuntó directamente a la industria, el comercio y la construcción, los sectores que más empleo generan. También sostuvo que "no puede ser que la economía tenga como único foco a Neuquén", en alusión al protagonismo de Vaca Muerta frente al resto del aparato productivo.
Es una crítica que, puertas adentro, también escuchan los bancos internacionales: la macroeconomía luce mucho más ordenada, pero la recuperación de la actividad sigue sin aparecer con la intensidad que esperaba el propio Gobierno.
Cómo afectará la campaña electoral al precio del dólar
La segunda cuestión en la cabeza de los financistas gira alrededor del mercado cambiario. Un clásico de la Argentina en tiempos electorales.
Los inversores recuerdan perfectamente la tensión financiera que atravesó la Argentina durante el proceso electoral de 2025 y quieren saber si el país tendrá capacidad para soportar un nuevo episodio de volatilidad cuando la campaña presidencial entre en su etapa más intensa.
La respuesta de Caputo tendrá datos concretos.
El primer argumento es el frente externo. El Banco Central ya compró cerca de u$s15.000 millones en lo que va del año y, en las estimaciones de Economía, todavía restan alrededor de u$s16.000 millones por liquidar por parte del complejo sojero.
Las proyecciones oficiales, compartidas por la última evaluación del REM del Banco Central, indican que en 2026 habrá un superávit comercial récord, cercano a los u$s26.000 millones.
Ese flujo exportador constituye, según el Palacio de Hacienda, el principal colchón de divisas con el que contará la Argentina durante los próximos meses.
¿Un bache de 12.500 millones de dólares?
Los bancos internacionales, y también algunas consultoras locales, tienen otra intriga.
Un informe reciente de la consultora EcoGo, de Marina Dal Poggetto, estimó que al programa financiero oficial todavía le faltan alrededor de u$s12.500 millones para cerrar completamente sus necesidades de financiamiento. Es, con matices, el mismo número que circula entre las mesas de Wall Street.
La pregunta es evidente: si el Gobierno no quiere emitir deuda en los mercados internacionales porque considera demasiado elevadas las tasas de interés, ¿de dónde saldrán esos dólares?
Caputo apuesta a responder con una combinación de fuentes.
El escudo de dólares que exhibe Economía
Además del superávit comercial, el equipo económico enumera una serie de herramientas disponibles para enfrentar un eventual estrés cambiario.
Entre ellas aparecen:
- El swap con China, por unos u$s20.000 millones
- Una línea de swap con Estados Unidos, también cercana a u$s20.000 millones, que Federico Furiase, secretario de Finanzas, aseguró que permanece disponible si fuera necesario
- La capacidad de intervenir en el mercado de futuros, que hoy se encuentra prácticamente sin posiciones abiertas y constituye, según el Gobierno, una "munición" aún intacta. Esa posición puede llegar a los u$s9.000 millones
- Los ingresos del RIGI, que Economía proyecta entre u$s6.000 y u$s6.500 millones para 2027, provenientes de inversiones en energía y minería
La combinación entre el superávit comercial y esos nuevos proyectos permitiría generar un flujo adicional de divisas cercano a los u$s9.000 millones durante 2027, siempre según las propias estimaciones oficiales.
El plan del Gobierno para contener el dólar en la campaña
El argumento final de Caputo no pasa por los dólares sino por los pesos.
Frente a los inversores insistirá en que la verdadera fortaleza del programa económico es el fuerte apretón monetario.
La cuenta luce transparente y clara: aun cuando apareciera incertidumbre política, habría muy pocos pesos disponibles para alimentar una corrida.
En Economía calculan que la base monetaria más los pasivos remunerados del Banco Central equivalen actualmente a unos u$s30.000 millones, un nivel considerablemente inferior al de otros períodos de tensión cambiaria, cuando ese stock oscilaba entre u$s40.000 y u$s50.000 millones.
Con superávit fiscal primario proyectado en 1,3% del PBI, equilibrio financiero cercano al 0,2% y una política monetaria que promete no relajarse, el ministro buscará transmitir una conclusión contundente: el Gobierno cree que está construyendo un escudo suficiente para atravesar el calendario electoral sin una crisis cambiaria.