Riesgo país cae y el Citi advierte que Argentina recibió un castigo "desproporcionado"

Si bien el spread soberano volvió a estar por debajo de los 600 puntos básicos, Argentina aún tiene el riesgo país más alto de la región
billetes de dólares con una bandera argentina y una tormenta de fondo

Puntos importantes

Checkbox Checked El Citi destaca que la desconfianza financiera argentina es desproporcionada, pues los fundamentos macroeconómicos son más sólidos de lo que el mercado refleja ante el temor a la inestabilidad política.
Checkbox Checked La disciplina fiscal y el superávit son pilares que el banco considera sostenibles. Sin embargo, analistas locales advierten que la fragilidad social y el calendario electoral justifican la cautela.
Checkbox Checked Ante este escenario, se recomienda diversificar carteras, priorizar bonos de corto plazo y apostar por deuda corporativa privada, además de considerar activos externos para mitigar riesgos globales.

La Argentina enfrenta una desconfianza financiera mayor de la que justificarían sus fundamentos económicos, según el Citi. El banco considera que la reciente suba del riesgo soberano por encima de los 600 puntos y que se mantuvo desde el pago a bonistas de julio reflejó una ansiedad "desproporcionada" frente a la evolución de las cuentas públicas, la acumulación de reservas y las perspectivas de crecimiento.

Y es que si bien en los últimos días el spread soberano regresó por debajo de los 600 puntos básicos (para ubicarse en 574), la Argentina todavía ostenta el riesgo país más alto de la región, a pesar de como bien señala el banco de Wall Street: "Sus fundamentos son mejores que otros países".

El diagnóstico apunta a una tensión central para los inversores: cuánto del castigo responde a la capacidad de pago y cuánto al temor de que el programa económico pierda continuidad política.

En su último informe sobre mercados emergentes, la entidad sostiene que el país transita el período previo a las presidenciales de octubre de 2027 desde una posición macroeconómica "más sólida de la que sugieren las narrativas predominantes en el mercado".

El capítulo argentino, elaborado por Ricardo Dessy y Felipe Juncal, reconoce las dificultades sociales y sectoriales, pero considera que los fundamentos siguen teniendo más peso que el ruido político.

En charla con iProfesional, Emanuel Juárez, analista técnico financiero, y Elena Alonso, CEO de Emerald Capital, coinciden parcialmente con esa lectura. Ambos encuentran argumentos para discutir el pesimismo, aunque advierten que los precios también reflejan riesgos pendientes.

Esa diferencia de énfasis se traslada a sus propuestas de cartera: diversificar, seleccionar los plazos y evitar que toda la exposición dependa de una recuperación de la deuda soberana.

Y es que el propio Citi advierte que los emergentes ingresan en un escenario internacional más adverso, con tasas estadounidenses elevadas, presiones inflacionarias vinculadas a la energía y condiciones de financiamiento más restrictivas. Su confianza en la Argentina convive, por lo tanto, con una mayor cautela sobre el entorno global.

El superávit y los pagos de deuda, pilares de la tesis optimista

La disciplina fiscal es el argumento más firme del banco de Wall Street. Citi la identifica como el pilar más consolidado del programa de Javier Milei y destaca que el país transita "un tercer año consecutivo de superávit, una diferencia frente a su historial de desequilibrios recurrentes".

Para 2026, proyecta un superávit fiscal consolidado de 0,1% del Producto Bruto Interno (PBI) y un resultado primario positivo de 1,4%. Para 2027, espera que el primero se mantenga en 0,1% y que el segundo alcance 1,2% del producto.

En términos financieros, sostener un excedente antes del pago de intereses contribuye a limitar las necesidades de endeudamiento. Sin embargo, el escenario del banco también muestra que ese esfuerzo convive con una carga de deuda relevante: estima que la deuda pública pasará de 72% del PBI en 2025 a 75% en 2026, antes de descender a 73,5% en 2027.

Citi suma otros dos elementos a su evaluación de la sostenibilidad: las mejoras de calificación crediticia y el cumplimiento de los pagos de bonos sin recurrir al mercado. También señala que el Banco Central (BCRA) superó una meta de acumulación de reservas de u$s10.000 millones con casi u$s15.000 millones acumulados a fines de agosto.

Esos elementos explican por qué el banco cuestiona la magnitud de la inquietud financiera. Su argumento es que el deterioro de la percepción de riesgo no encuentra un correlato equivalente en los fundamentos que analiza.

Juárez comparte parte de ese diagnóstico. "Hay fundamentos más sólidos de lo que los precios reflejan", señala a este medio, y menciona el superávit fiscal, una inflación que considera contenida y cierta mejora externa. Sin embargo, introduce una distinción: "Esos avances no eliminan la incertidumbre política, la fragilidad de las reservas ni un calendario de deuda" que, según su evaluación, se vuelve más exigente hacia 2027.

"Más que decir que el mercado está equivocado, diría que está exigiendo una prima muy alta por riesgos que aún no se resolvieron", resume. Su lectura reconoce la mejora macroeconómica, pero cuestiona que alcance para considerar injustificado todo el castigo que muestran los bonos.

El riesgo político que Citi considera sobredimensionado

El informe reconoce que el riesgo soberano aumentó de manera sostenida desde el pago de julio. Pero considera que las tensiones sociales y políticas generaron una reacción del mercado desproporcionada frente a los datos económicos subyacentes.

Su escenario central es la continuidad del programa. La fragmentación de la oposición, una composición del Congreso que dificulta una reversión completa y el impulso de las exportaciones energéticas y mineras funcionan, en su análisis, como límites a un cambio integral de rumbo. Por eso, ubica entre baja y moderadamente baja la probabilidad de un regreso al estatismo.

La distinción resulta clave para la deuda argentina. El cumplimiento de los vencimientos presentes constituye una parte de la evaluación del crédito; la disposición y la capacidad de sostener el orden fiscal después de las elecciones también influyen sobre la prima que exigen los inversores.

Alonso ubica precisamente allí uno de los focos de desconfianza. En charla con este medio, interpreta que la diferencia de rendimientos entre títulos con vencimientos anteriores y posteriores a las elecciones expresa un mayor temor por lo que pueda ocurrir después de 2027.

En su lectura, el mercado distingue entre la capacidad de atravesar los compromisos más próximos y la incertidumbre que rodea al siguiente período político.

La CEO de Emerald Capital concede que Citi tiene parte de razón, aunque evita atribuir toda la tensión a una reacción excesiva de los inversores. "Hubo algo de exageración, pero no todo es exageración", sostiene.

Crecimiento y desinflación, con una recuperación desigual

El banco proyecta una expansión del PBI de 2,5% en 2026 y de 3,1% en 2027. En inflación, prevé una variación interanual de 29,5% al cierre de este año y de 25,5% al finalizar el próximo. Para el tipo de cambio, estima $1.676 por dólar a diciembre de 2026 y $1.977 a fines de 2027.

Las previsiones describen una continuidad de la estabilización, aunque con una inflación todavía elevada.

El informe identifica también las señales de fragilidad. Menciona un desempleo de 7,8%, una caída de los ingresos reales de jubilados y empleados públicos y una mora del crédito a los hogares de 13%. También consigna retrocesos mensuales de 5% en la producción industrial y de 4,6% en la construcción durante julio.

La recaudación expone esa recuperación dispar. Según Citi, los ingresos tributarios de agosto aumentaron 33,5% interanual, prácticamente sin variación en términos reales. La debilidad del IVA y de los recursos de la seguridad social fue compensada por un salto de 151% en los derechos de exportación, asociado a un aumento de 30% en las liquidaciones agrícolas.

El banco incorpora esas tensiones a su diagnóstico, pero mantiene la expectativa de continuidad. La persistencia del superávit y el impulso exportador son los factores que sostienen su confianza frente a las dificultades de los sectores ligados a la demanda interna.

Alonso pone mayor énfasis en las señales de debilidad. Entre los motivos de cautela, vuelven a aparecer la caída de la actividad, el aumento de la pobreza y un menor ritmo de compras de dólares del Banco Central. Su planteo se acerca al de Juárez: "La mejora de algunos fundamentos convive con vulnerabilidades que siguen pesando sobre la evaluación del crédito argentino".

El límite externo: bajar la prima de riesgo puede no alcanzar

La principal restricción al escenario favorable proviene del contexto internacional. Citi advierte que cambió la naturaleza de la suba de los rendimientos estadounidenses: después de una etapa dominada por una mayor prima por mantener bonos largos, ganó peso la expectativa de una Reserva Federal (Fed) más restrictiva ante riesgos inflacionarios persistentes.

Esa combinación resulta más adversa para los emergentes porque endurece el financiamiento mientras los shocks energéticos presionan sobre los precios y la actividad. El banco considera especialmente vulnerables a los mercados de frontera con fuertes necesidades de fondos externos y destaca la importancia del respaldo financiero oficial.

Alonso coincide en que el análisis no puede agotarse en la política argentina. Señala que las tasas elevadas en Estados Unidos afectan al conjunto de los emergentes y constituyen una parte del problema que enfrenta la deuda local.

Cómo trasladan ese diagnóstico a las carteras de inversión

Alonso prefiere, dentro de la deuda del Estado, los vencimientos anteriores a las elecciones, para reducir el plazo de exposición a esa incertidumbre. Para quienes compartan la tesis del banco y quieran apostar por títulos más largos, plantea asignar una porción pequeña de la cartera, reconociendo el riesgo adicional.

Otra de sus propuestas es trasladar parte de la exposición soberana hacia obligaciones negociables de empresas sólidas, especialmente exportadoras de los sectores agropecuario, minero y energético. La selección, en su planteo, pasa por distinguir la capacidad de pago de los emisores privados frente al riesgo del Tesoro.

Alonso también menciona al BOPREAL con vencimiento en 2028, emitido por el Banco Central. Interpreta que el mercado le asigna un riesgo diferente al de la deuda del Tesoro y plantea, como hipótesis, que esa evaluación podría estar vinculada con las restricciones al financiamiento del Estado. Se trata de su lectura sobre la diferenciación entre emisores, no de una garantía de pago ni de ausencia de riesgo.

La diversificación fuera de la Argentina es otro punto de encuentro. Alonso menciona bonos del Tesoro estadounidense para quienes puedan invertir en el exterior y Cedear para perfiles dispuestos a asumir riesgo accionario. También propone conservar liquidez en instrumentos conservadores, de corto plazo y rescate rápido.

Juárez plantea: "Mi enfoque es diversificar fuera del riesgo argentino". Dentro de ese esquema, considera al oro una alternativa más defensiva y reserva para Bitcoin un papel distinto.

Aunque se define como favorable al universo cripto, el analista subraya que Bitcoin es un activo alternativo cuyo comportamiento "sigue siendo muy volátil" y no reemplaza el rol defensivo de los activos tradicionales.

La tesis de Citi queda así sujeta a dos pruebas. En el plano local, que la disciplina fiscal, la gestión de los vencimientos y la continuidad del programa confirmen su lectura de los fundamentos. En el internacional, que el endurecimiento de las condiciones financieras no termine absorbiendo esa mejora.

Temas relacionados