En que se parece el lunes negro de Lula con el de Alberto Fernández tras las PASO 2019

La victoria del presidente desató un derrumbe bursátil y una fuerte presión cambiaria. Las similitudes con el lunes negro que vivió Argentina
Lula da Silva en una presentación rodeado de gente y con un sombrero

En cualquier país del mundo un resultado político que sorprenda a los inversores puede provocar una reacción inmediata en los mercados, pero no todos los países tienen la misma capacidad para absorber el impacto. La comparación entre lo que sucede en la actualidad en Brasil y la Argentina después de las PASO de 2019 sirve para entender por qué un cambio de expectativas puede desatar una jornada de fuerte volatilidad sin que necesariamente se repita el mismo desenlace.

La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva frente a Flávio Bolsonaro provocó este lunes una sacudida en los mercados brasileños que reavivó un recuerdo traumático para los inversores argentinos: el derrumbe financiero del 12 de agosto de 2019, cuando Alberto Fernández derrotó ampliamente a Mauricio Macri en las PASO presidenciales.

Para el analista Christian Buteler "Lo que estamos viendo en la bolsa de Brasil, como lo que vimos acá en el 2019, no es simplemente una condena al ganador, sino la liquidación de una apuesta fallida del mercado".

La comparación no es exagerada. En ambos casos, el mercado había apostado por un resultado electoral diferente y debió desarmar posiciones rápidamente cuando las urnas confirmaron un escenario político contrario al esperado. Sin embargo, que el mecanismo inicial sea parecido no significa que Brasil vaya a atravesar necesariamente una crisis de la misma magnitud o duración que la argentina.

La primera señal de alarma llegó desde la Bolsa de San Pablo. El índice Ibovespa llegó a desplomarse alrededor de 17% durante la rueda del lunes, mientras que el dólar avanzó más de 10% frente al real y llegó a superar los 5,50 reales. La caída bursátil activó el mecanismo automático de interrupción de operaciones de la bolsa brasileña, conocido como circuit breaker, y el Tesoro canceló subastas de títulos públicos previstas para la jornada. Reuters y otros medios internacionales atribuyeron el movimiento a la sorpresa electoral y a las dudas sobre la política fiscal del próximo gobierno.

El ajuste fue especialmente violento porque los inversores venían de posicionarse a favor de una victoria de Bolsonaro. Después de la primera vuelta electoral, los activos brasileños habían experimentado una recuperación ante la expectativa de un gobierno más proclive a la disciplina fiscal, las privatizaciones y las reformas favorables a las empresas. La continuidad de Lula obligó a revisar esas apuestas.

Agosto de 2019: cuando la Argentina sufrió un shock político y financiero

El antecedente argentino permite dimensionar el riesgo. El domingo 11 de agosto de 2019, la fórmula integrada por Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner obtuvo cerca de 47% de los votos en las PASO, frente a aproximadamente 32% de Mauricio Macri y Miguel Ángel Pichetto. La diferencia de casi 15 puntos superó ampliamente las expectativas de buena parte del mercado y dejó al oficialismo con escasas posibilidades de revertir el resultado en las elecciones generales.

El lunes siguiente, el peso se depreció abruptamente. El dólar oficial pasó de alrededor de $46,15 al cierre del viernes a niveles superiores a $57 durante la jornada, mientras que las acciones argentinas sufrieron un desplome histórico. El S&P Merval llegó a registrar una caída cercana a 38% en pesos y mucho mayor medida en dólares. El riesgo país también se disparó. 

El problema no fue solamente que los inversores prefirieran a un candidato sobre otro. La magnitud de la sorpresa electoral modificó las expectativas sobre el rumbo económico, la deuda pública, la política cambiaria y la capacidad del Gobierno para sostener su programa hasta el final del mandato.

La incertidumbre se extendió durante los meses siguientes. La pérdida de reservas, la presión sobre el dólar y las dificultades para refinanciar vencimientos desembocaron en nuevas restricciones cambiarias y en el reperfilamiento de deuda en pesos. La lección de 2019 es que un resultado electoral puede actuar como detonante de una crisis cuando encuentra una economía vulnerable y un programa financiero cuya continuidad depende de la confianza de los inversores.

Las semejanzas: expectativas frustradas, dólar y riesgo fiscal

El paralelismo con Brasil aparece, en primer lugar, en la velocidad del ajuste. En ambos episodios, los mercados debieron corregir posiciones después de un resultado que alteró las perspectivas políticas y económicas. La segunda coincidencia es el papel del tipo de cambio. En una economía emergente, una depreciación abrupta puede elevar las expectativas de inflación, encarecer los bienes importados y presionar sobre las tasas de interés. También puede impulsar a los inversores a exigir una rentabilidad mayor para mantener títulos públicos y privados.

El tercer factor es fiscal. Los inversores quieren saber cómo financiará Lula sus compromisos sociales y de inversión, qué margen tendrá para contener el crecimiento de la deuda y qué señales enviará el equipo económico. Brasil arrastra una deuda pública elevada y un debate persistente sobre la capacidad del Estado para estabilizar sus cuentas.

Según Reuters, la deuda pública brasileña supera 82% del PBI y el próximo gobierno deberá compatibilizar sus compromisos sociales con una trayectoria fiscal creíble. La designación del ministro de Hacienda y las definiciones presupuestarias para 2027 serán señales centrales para los mercados.

En ese contexto, el castigo financiero puede continuar mientras persistan las dudas sobre el gasto público, aunque su intensidad dependerá también de las condiciones internacionales, las tasas de interés y la evolución de la economía brasileña.

La diferencia decisiva: Brasil no es la Argentina de 2019

A pesar de las similitudes, existen diferencias relevantes. Brasil cuenta con un mercado financiero más profundo, una economía de mayor tamaño y una moneda que funciona en un régimen de flotación cambiaria. También dispone de un banco central con instrumentos de política monetaria y de un mercado de deuda local de dimensiones considerables. Eso no elimina los riesgos, pero cambia los mecanismos mediante los cuales puede propagarse una crisis.

En la Argentina de 2019, el resultado de las PASO se produjo en una economía con inflación elevada, antecedentes de crisis cambiarias, fuerte dependencia del financiamiento externo y dificultades para sostener la confianza en el programa económico. La incertidumbre sobre la transición presidencial se combinó con el deterioro de variables que ya eran frágiles.

Brasil, por su parte, enfrenta interrogantes fiscales importantes, pero no parte de una situación idéntica. La depreciación del real puede funcionar como mecanismo de ajuste, aunque también encarece las importaciones y puede complicar el combate contra la inflación. Además, un real más débil favorece los ingresos en moneda local de algunos exportadores, lo que genera un impacto desigual entre sectores.

La reacción de los mercados tampoco demuestra por sí sola que la política económica de Lula vaya a desembocar en una crisis. Una parte de la caída responde al desarme de posiciones especulativas que se habían acumulado ante la expectativa de una victoria de Bolsonaro. La evolución posterior dependerá de las decisiones concretas del Gobierno.

El efecto contagio sobre la Argentina

Para la Argentina, el shock brasileño representa un riesgo adicional porque Brasil es su principal socio comercial y una referencia central para la competitividad industrial y el turismo regional.

La caída de los activos brasileños ya repercutió sobre el mercado local. Reuters informó que el MSCI Merval retrocedía 6,24% durante la rueda del lunes, mientras las acciones brasileñas sufrían un desplome mucho más pronunciado. Analistas de Adcap señalaron que la sorpresa electoral también afectaba a las acciones y los bonos soberanos argentinos. Por otra parte, un real más barato puede encarecer relativamente los productos argentinos para los consumidores brasileños y abaratar los bienes de ese origen en el mercado local, si los demás precios y el tipo de cambio argentino permanecen constantes. Esto podría sumar presión sobre sectores industriales que compiten con importaciones brasileñas y sobre empresas que dependen de las exportaciones al país vecino.

También puede afectar al turismo. Una depreciación de la moneda brasileña mejora el poder de compra de los turistas argentinos en Brasil y puede volver menos competitivos, en términos relativos, algunos destinos de la costa atlántica argentina. El efecto final dependerá de la evolución del peso, los precios locales, los costos de transporte y las tarifas de cada temporada.

En los mercados financieros, el contagio puede darse por la reducción general de la exposición a activos latinoamericanos, especialmente entre fondos internacionales que administran carteras de países emergentes. En ese escenario, incluso economías que no atraviesan un shock político propio pueden sufrir ventas de acciones y bonos.

Qué mirará el mercado en los próximos días

Desde Portofolio Personal Inversiones sostienen que "El resultado tomó por sorpresa a un mercado que apostaba por una victoria de Flávio Bolsonaro, que había ganado la primera vuelta. Así lo reflejaban las encuestas, que lo daban como favorito, y los mercados de apuestas, que le asignaban 76% de chances en la previa".

Los analistas de PPI agregan que "En lo que va de octubre el EFT que replica el índice accionario de Brasil (EWZ) subía 14% hasta el viernes descontando ese escenario político, en un contexto donde los emergentes (EMM) caían 7%. La magnitud de la sorpresa queda es clara: es la primera vez desde el regreso de la democracia que el candidato que gana la primera vuelta pierde el balotaje".

Sin embargo, una reacción inicial adversa no equivale automáticamente a una crisis. Los mercados suelen sobrerreaccionar durante las primeras horas cuando deben procesar un resultado sorpresivo, pero luego evalúan la composición del Congreso, la posibilidad de acuerdos, las señales del equipo económico y la orientación concreta de la política fiscal. Las declaraciones posteriores al resultado pueden ser tan relevantes como el resultado mismo.

Según Damián Vlassich, Team Leader de Estrategias de Inversión en IOL, La magnitud del movimiento bajista responde principalmente a tres factores clave de mercado:

  • Efecto sorpresa y desarme acelerado de coberturas: El consenso y las plataformas de predicción asignaban entre un 77% y 79% de probabilidad de triunfo a Flávio Bolsonaro. El resultado adverso a las previsiones gatilló una ola de ventas masivas, desarme de posiciones tácticas compradoras y activación de coberturas defensivas ante un escenario no descontado.
  • Incertidumbre sobre la disciplina fiscal y la deuda: Los inversores temen que un sendero gradual de ajuste fiscal bajo la administración de Lula resulte insuficiente para estabilizar una deuda pública que supera el 82% del PBI. Sin señales fiscales contundentes de corto plazo, el mercado proyecta un encarecimiento del costo del financiamiento soberano y corporativo.
  • Tensión política: La negativa inicial de Flávio Bolsonaro a reconocer formalmente el resultado y sus denuncias de fraude añaden una prima de riesgo político transitoria en las primeras horas posteriores a los comicios, en un Congreso donde la gobernabilidad requerirá complejas negociaciones con el Centrão.

La clave será determinar si el derrumbe representa una corrección brusca pero transitoria o el comienzo de una etapa prolongada de desconfianza. Los inversores seguirán de cerca tres variables: la cotización del real, la evolución de las tasas de interés de la deuda brasileña y las señales fiscales que emita el Gobierno de Lula. La conformación del equipo económico y la presentación de un programa presupuestario creíble podrían moderar la incertidumbre. Por el contrario, nuevas promesas de gasto sin financiamiento claro podrían prolongar la presión sobre los activos.

En la Argentina, la atención estará puesta en la magnitud del contagio sobre el Merval, los bonos soberanos y el tipo de cambio, además de las consecuencias comerciales para la industria y el turismo.

La conclusión es que el shock de Lula se parece al de Alberto Fernández en las PASO de 2019 por la sorpresa electoral y la reacción inmediata de los mercados, pero todavía no puede equipararse con aquella crisis en sus causas ni en sus posibles consecuencias. Para que la comparación deje de ser una analogía bursátil y se convierta en un verdadero espejo económico, Brasil debería mostrar un deterioro persistente de la confianza, un problema creciente de financiamiento y dificultades para estabilizar sus cuentas públicas.

Por ahora, el mensaje de los mercados es contundente: el resultado electoral cambió las expectativas. Lo que determinará si se trata de un lunes negro o de una crisis más duradera será la respuesta económica y fiscal del próximo gobierno.

Una comparación útil, pero no una profecía

El paralelismo con agosto de 2019 sirve para recordar que los mercados castigan las sorpresas cuando obligan a rehacer expectativas. No alcanza, sin embargo, para anticipar otro lunes negro. La magnitud de la reacción dependerá de la distancia entre el resultado y lo descontado, de las señales que emita el nuevo gobierno y de la fortaleza de las instituciones y las cuentas macroeconómicas.

La pregunta relevante no es si Brasil repetirá exactamente la experiencia argentina, sino si el resultado cambia de manera duradera las expectativas fiscales y monetarias. Un salto de volatilidad puede ser inmediato; una crisis, en cambio, requiere vulnerabilidades que la sostengan.