Si los hijos pasan el mismo tiempo con ambos padres, ¿igual puede haber cuota alimentaria?
Aunque el cuidado del hijo sea compartido, la diferencia de ingresos y las tareas cotidianas pueden justificar una cuota alimentaria
Después de una separación existe una idea bastante frecuente: si los hijos pasan aproximadamente la misma cantidad de tiempo con cada progenitor, ninguno debería pagar alimentos al otro. Sin embargo, el Código Civil y Comercial establece una regla diferente. En los casos de cuidado compartido, si ambos padres cuentan con recursos equivalentes, cada uno puede afrontar la manutención durante los períodos en los que el hijo permanece bajo su cuidado. Pero cuando existe una diferencia económica significativa, quien posee mayores recursos puede tener que contribuir mediante una cuota para que el hijo mantenga un nivel de vida razonablemente equivalente en ambos hogares.
Un reciente fallo de la Cámara de Apelación en lo Civil y Comercial de Trenque Lauquen volvió a aplicar este principio. El padre cuestionó una cuota equivalente al 18% de sus ingresos y sostuvo, entre otras cosas, que participaba activamente en la crianza y que su hija permanecía prácticamente el mismo tiempo con ambos progenitores.
La Cámara mantuvo la prestación. Entre otras consideraciones, observó que la niña tenía su residencia principal con la madre y recordó que, aun en contextos de cuidado compartido, la diferencia de recursos económicos puede justificar una contribución mayor de uno de los progenitores.
La enseñanza es sencilla: para fijar alimentos no alcanza con contar días o noches.
Qué miran los jueces para fijar la cuota alimentaria
El régimen alimentario debe considerar las necesidades reales del hijo y las posibilidades económicas de ambos padres. También debe analizarse qué gastos afronta cada uno directamente y cómo se distribuyen las tareas cotidianas de cuidado.
El artículo 660 del Código reconoce expresamente algo que durante años fue difícil de visibilizar: las tareas de cuidado tienen valor económico. Organizar la vida escolar, acompañar tratamientos médicos, ocuparse de traslados, comprar ropa, administrar actividades y resolver las necesidades cotidianas constituye también una forma de aportar a la manutención. Por eso, el cuidado compartido no puede reducirse a una fórmula matemática.
Dos padres pueden pasar tiempos similares con sus hijos y tener capacidades económicas completamente distintas. En ese supuesto, dividir todos los gastos por mitades puede generar una consecuencia que el sistema intenta evitar: que el hijo tenga un nivel de vida claramente superior en un hogar y mucho menor en el otro.
Esto adquiere especial relevancia cuando alguno de los progenitores es empresario, socio de una compañía, profesional independiente o desarrolla una actividad cuyos ingresos no surgen íntegramente de un salario mensual.
Cómo se analiza la capacidad económica real de cada progenitor
En esas situaciones, la discusión puede trasladarse hacia una cuestión más compleja: cuál es la verdadera capacidad económica de cada progenitor.
No siempre alcanza con mirar una declaración de ingresos o un recibo de sueldo. Según las circunstancias del caso, pueden resultar relevantes el patrimonio, los movimientos económicos acreditados, los consumos, el nivel de vida, la actividad desarrollada y otros elementos que permitan aproximarse a la capacidad real de contribuir.
Esto no significa que el patrimonio reemplace automáticamente al ingreso ni que cualquier manifestación exterior de riqueza determine por sí sola una cuota. Significa que el análisis debe reflejar la realidad económica y no quedar limitado a una cifra aislada.
Tampoco la cuota alimentaria tiene por objetivo equilibrar económicamente a los adultos después de una separación. El centro del sistema son los hijos.
La obligación comprende alimentación, vivienda, educación, salud, vestimenta, esparcimiento y las demás necesidades vinculadas con su desarrollo. El monto debe guardar relación tanto con esas necesidades como con las posibilidades de quienes tienen la obligación de satisfacerlas.
Por eso, una negociación seria sobre alimentos debería separar tres cuestiones:
Confundir esas variables suele generar acuerdos difíciles de sostener y conflictos posteriores. Compartir el cuidado no significa necesariamente compartir cada gasto en partes idénticas. Lo importante es distribuir la responsabilidad de manera razonable, de acuerdo con la realidad económica de la familia y con las necesidades concretas de los hijos.
Porque en materia alimentaria la pregunta correcta no es quién tiene al hijo más días. Es cómo contribuye realmente cada progenitor a sostener su vida cotidiana.