"Neo rurales": la generación de jóvenes que abandona la ciudad y elige vivir y progresar en el campo
Emilia Racigh (33), técnica en Producción Vegetal Orgánica (PVO) y productora de miel, volvió al campo de sus abuelos hace 10 años, cuando empezó a estudiar apicultura. Hoy vive en la finca familiar "Las Ruedas", cercana al pueblo de Caseros, provincia de Entre Ríos. "Tengo colmenas, organizo charlas y visitas guiadas para ecoturismo y cultivo una huerta de vegetales orgánicos. Además, soy docente en un secundario agrotécnico", cuenta. Sus productos se venden por internet, y en comercios de Concepción del Uruguay y los pueblos de San Justo y Caseros.
Gala Magalí (28) decidió mudarse al campo hace tres años, para formar parte del proyecto "La Biota Regenerativa", junto a dos amigas: Caro y Merli, dedicado al cultivo de verduras y otros productos agroecológicos en Traslasierra, en Córdoba.
"De chica visitaba todos los años a la familia de mi abuela en el campo y ahí tuve mucho contacto con la producción agrícola-ganadera en la zona de Río Cuarto", cuenta. "De más grande dejé de ir pero pensaba mucho en vivir en un entorno rural, como un sueño". Por eso estudió PVO en la Facultad de Agronomía de la UBA "buscando herramientas para vivir en la ruralidad algún día", señala.
Así como Gala y Emilia, cada vez más jóvenes profesionales deciden "volver al campo", apoyándose en las nuevas tecnologías que los mantienen conectados y los ayudan en sus tareas productivas.
El acceso a conectividad, plataformas digitales y nuevas formas de comercialización reduce barreras históricas y permite gestionar negocios rurales con mayor profesionalización. "Muchos de los que trabajamos en tecnología aplicada al agro venimos de familias vinculadas al campo o crecimos cerca de esta actividad. Poder combinar esa pasión con herramientas digitales, innovación y nuevas formas de hacer negocios es parte de lo que motiva a esta generación", cuenta Facundo Sansot, del equipo comercial de la app para compraventa de ganado deCampoacampo, con sede en Ayacucho.
Ruralidad conectada
Un informe del INTA sobre juventudes rurales remarca que el recambio generacional y las expectativas de futuro de los jóvenes se volvieron un eje estratégico para el desarrollo local y las producciones agropecuarias; y las herramientas tecnológicas funcionan como puente entre tradición y permanencia.
"La tecnología está presente para coordinar las visitas guiadas, mostrar y vender los productos", dice Emilia. "También consulto en una app el pronóstico del tiempo para planificar actividades como siembra, cosecha, visitas al colmenar y brindar clases y consultorías a distancia", destaca.
Aunque dedican gran parte de su tiempo a tareas rurales, la tecnología atraviesa la vida cotidiana en La Biota Regenerativa: "Comercializamos los productos a través de un grupo de WhatsApp con más de 400 clientes que llenan semanalmente un formulario con sus pedidos". "Todas tenemos trabajos a distancia paralelos y nos mantenemos conectadas con nuestra familia y amigos. Yo vivo y me alimento en el campo a cambio de ciertas horas de trabajo en la huerta por semana; pero sostengo mi economía con otro trabajo, a distancia, con la compu", confiesa Gala.
Influencers rurales
Con el recambio generacional, la aparición de perfiles agropecuarios en redes sociales crece, y el contenido vinculado al día a día del campo, el manejo ganadero, maquinaria, bienestar animal y vida rural, gana seguidores y logra mostrar una versión más moderna y cercana del agro.
Desde su cuenta, Ana Grosso comparte contenido sobre vida rural y producción agropecuaria, y refleja una tendencia que crece especialmente entre las nuevas generaciones: usar las redes no sólo para mostrar el trabajo diario, sino también para acercar el agro a públicos urbanos y romper prejuicios históricos sobre el sector.
Para Joaquín Dello Staffolo, ingeniero agrónomo de 26 años de Coronel Pringles, esa exposición cumple una función social: "mostrar el día a día es importante para visibilizar las tareas y el esfuerzo que implica la actividad. Ayuda a que la gente conozca más profundamente cómo funciona el campo, lo complejo y lo satisfactorio de la actividad, y todo lo que lo rodea".
Algo similar observa Alfonso Fuertes, de 23 años, estudiante de veterinaria en Tandil y productor ganadero junto a su familia entre Tres Arroyos y Dorrego. En su caso, la decisión de quedarse en el sector estuvo ligada tanto al legado familiar como a la posibilidad de trabajar en un agro cada vez más profesionalizado. "Hoy la tecnología juega un papel clave para que el campo sea más eficiente, más preciso y también más atractivo para las nuevas generaciones", asegura.
Nicolás Diez, ingeniero agrónomo y productor en San Manuel y Ayacucho, cree que esta nueva generación está transformando la manera de comunicar el agro. "Durante muchos años el sector comunicó desde la queja y eso generó distancia con la sociedad urbana, que muchas veces no conoce cómo funciona el campo. Hoy las redes permiten mostrar cómo se trabaja, el esfuerzo que hay detrás y la importancia que tiene la actividad", sostiene.
Ya no se trata de publicar una foto arriba de un tractor. La nueva generación del agro convirtió las redes sociales en una ventana para mostrar cómo se produce y cómo se vive en el campo. "Mostrar el día a día está bueno. Las redes son una excelente herramienta para acercar el agro a la gente", opina Nicolás.
Desafíos productivos
"Lo más difícil es que el proyecto sea rentable", dice Gala. "La producción primaria a pequeña escala no deja muchos rindes, y menos en un suelo de baja productividad como en nuestro caso", apunta. "Es necesario que existan incentivos o apoyos estatales a nivel local o nacional. El riesgo de los productores es grande, y hay poca capacidad de crecimiento. Además la gente está con poca plata y consume menos", describe.
"Nacimos en la ciudad y decidimos vivir en el campo. Venimos con estudios universitarios o terciarios, acceso a la tecnología, y muchas costumbres y pautas culturales de la ciudad", resume la joven productora. "Pero la vida de campo y más la productiva, siempre trae situaciones inesperadas y frustrantes, como un granizo, un viento que te vuela todo, una plaga, problemas con el suelo, un zorro que se come las gallinas... y hay que adaptarse a eso", señala.
"En la época de mis abuelos vivir en el campo era diferente. Había menos maquinaria y las distancias eran más grandes", señala Emilia. Hoy con internet y un vehículo, estás conectada y vas al pueblo todos los días. "Para mí la clave es trabajar en red y conectarse con las instituciones locales como municipios, escuelas y universidades", destaca.
"Poder vivir y trabajar en el campo es algo que disfruto muchísimo. Se trata de adaptarse a los ritmos de la naturaleza y el entorno, y no ir en contra", reflexiona.
Lejos del estereotipo del productor aislado de la innovación, empieza a consolidarse una generación que combina tradición productiva con análisis de datos, redes sociales y nuevas formas de comunicar el agro. Una generación que no sólo quiere continuar en el campo, sino también transformarlo.