Se cumple un año de la única privatización de una empresa estatal durante el gobierno de Milei
A principios de este año, la situación de IMPSA atraviesa un momento bisagra, tras cumplirse un año ya de su privatización ocurrida a principios de 2025.
Hasta ahora, sigue siendo la única venta de una empresa con capitales estatales durante la gestión libertaria, a pesar de las promesas de las autoridades nacionales de vender la mayoría de las sociedades públicas.
De hecho, este 4 de febrero se cumple el primer aniversario de ese proceso, un hito que marcó el rumbo económico del gobierno de Javier Milei y que derivó en la salida del Estado de la compañía para que pasó a ser controlada por el consorcio Industrial Acquisition Fund, liderado por ARC Energy.
Lo hizo a cambio de un pago de u$s20 millones para comprar las acciones que estaban en poder del Estado Nacional y de la provincia de Mendoza y, de ese modo, asumir el control mayoritario de la empresa fundada hace más de 100 años y luego de que en el 2021 el ex presidente Alberto Fernández decidiera estatizarla para evitar su quiebra, agobiada por una deuda de u$s550 millones.
Tras asumir el control, los nuevos dueños de la empresa mendocina presentaron un cronograma de capitalización y solicitaron plazo para refinanciar la deuda de IMPSA.
De ese modo, obtuvieron la conformidad para encarar el proceso con acreedores de peso como el Banco Interamericano de Desarrollo; el Export Development Canada; la Corporación Andina de Fomento y bonistas internacionales; el Bradesco y el fondo de inversión Moneda Asset Management.
También, del Banco de la Nación Argentina; el Bapro; el Banco Hipotecario; el BICE, así como tenedores de varias series de Obligaciones Negociables (ON).
La primera empresa privatizada por Javier Milei va por el cuarto APE
Tras un período de negociaciones, IMPSA volvió a modificar los términos de su propuesta de reestructuración a partir de un proceso llevado a cabo por el fondo IAF en el marco del llamado Acuerdo Preventivo Extrajudicial (APE) por el que atraviesa la compañía.
Fue el cuarto cambio de la oferta de reperfilamiento desde que la empresa entró en default en el 2018, y logró el aval del 98% de sus acreedores para encarar el proceso de reestructuración de la deuda elegible mediante la reprogramación del cronograma de vencimientos de la misma (sin quitas de capital).
El nuevo esquema no prevé quitas de capital, sino una extensión significativa de los plazos, con un primer pago que comenzaría recién en el año 10 posterior a la homologación (alrededor de 2035-2036).
Se estableció además un esquema de capitalización de intereses hasta 2027, pasando luego a pagos mixtos (efectivo y capitalización) hasta 2033, momento en el que se normalizaría el pago total en efectivo.
En la actualidad y si bien ha logrado avances determinantes en la reestructuración de su pasivo, IMPSA todavía enfrenta el último tramo del proceso judicial que le permitirá eliminar el "fantasma de la quiebra".
Lento trámite judicial para IMPSA
Ocurre que la ex empresa de la familia Pescarmona todavía no logró que la justicia termine de homologar su APE para darle "aire" operativo a la empresa y el proceso se encuentra actualmente frenado.
El expediente tramita en el Segundo Juzgado de Procesos Concursales de la Primera Circunscripción de Mendoza, bajo la jueza Gloria Cortés.
A inicios de este mes de febrero, IMPSA ha avanzado con la publicación de edictos, un paso procesal obligatorio para que terceros interesados o acreedores remanentes puedan presentar objeciones antes de que el juez dicte la sentencia de homologación.
Aunque se esperaba una resolución rápida, el cierre judicial ha tomado más tiempo del previsto originalmente tras la toma de control por parte de los nuevos accionistas.
En este sentido, una nota publicada por el diario mendocino UNO, da cuenta de la demora, al advertir que a varios meses de haberse firmado el acuerdo por la reestructuración de su deuda, IMPSA aún no termina de hacer realidad esa determinación.
La falta de homologación del convenio genera incertidumbre en la compañía que hasta ahora no ha podido convencer a las autoridades del juzgado de acelerar los trámites del expediente caratulado "IMPSA S.A. p/APE Grande".
"Se ha presentado un acuerdo preventivo extrajudicial para su homologación con todos los recaudos requeridos por el art. 72 de la Ley de Concursos y Quiebras", suscribió la jueza Cortés en la resolución con fecha 18 de diciembre del año pasado.
Según la nota del diario UNO, para la homologación, ese artículo exige, entre otros puntos "un estado de activos y pasivos actualizado a la fecha, con indicación precisa de las normas seguidas para su valuación".
Y también el listado de los acreedores con los montos de sus créditos y una certificación de "no existencia de otros acreedores".
La jueza requiere además una nómina de juicios en trámite o con condena no cumplida, junto con un detalle de todo lo referido al APE, lo que hace más intrincado el proceso.
Revertir pérdidas, le objetivo de la firma
De todos modos, durante este primer año de gestión privada, la compañía reportó ganancias significativas, tras cinco años de pérdidas millonarias.
A fines del año pasado, la empresa mostró un giro positivo al punto que al cierre del último trimestre del 2025 mostró una rentabilidad superior a los $205.000 millones, además de pasar a tener un patrimonio neto positivo en $45.200 millones.
En el mismo sentido, el fondo ARC Energy cumplió con el cronograma de capitalización inicial de u$s27 millones, destinados a reactivar la capacidad operativa de la planta en Mendoza y financiar capital de trabajo.
Bajo la nueva administración, IMPSA ha buscado desmarcarse de la dependencia de contratos estatales locales y se ha enfocado en la exportación de tecnología de alto valor agregado.
De hecho, sus ejecutivos intensificaron la búsqueda de contratos para la provisión de grúas portuarias y mantenimiento de centrales hidroeléctricas en Estados Unidos, aprovechando la red de contactos y el origen de su nuevo socio controlante.
También lograron mantener a IMPSA en el sector nuclear como un actor clave en proyectos estratégicos del estilo del reactor CAREM 25, reafirmando su capacidad técnica única en la región para la fabricación de componentes nucleares.
Planes en carpeta
En cuanto a las perspectivas para este segundo año de IMPSA en manos privadas, en el mercado aseguran que estará marcado por la necesidad de consolidar su presencia en los mercados globales y finalizar los procesos judiciales pendientes.
También advierten que su éxito a largo plazo dependerá de la estabilidad de los contratos internacionales y de la capacidad de mantener su vanguardia tecnológica.
En el marco de la energía eólica, también avizora posibilidades de concretar una serie de proyectos en los cuales IMPSA se encuentra desarrollando nueva tecnología con el fin de abastecer este mercado cada vez más creciente.
En este segmento, la compañía ya desarrolló en el pasado bienes de capital para la industria de Petróleo & Gas y ahora sus ejecutivos entienden que Vaca Muerta "abre perspectivas muy interesantes para nuestra compañía".
Otro de los planes en los que la empresa basará su expansión es a partir de una nueva unidad de negocios, denominada Servicios, para mejorar la cobertura a la extensa red de clientes de la compañía con necesidades inmediatas de soluciones rápidas y profesionales, que augura ser muy prometedora para las nuevas exigencias del mercado.
Por otro lado, los avances en Inteligencia Artificial y su aplicación a los diversos productos y negocios también le permitirán ser cada vez más competitiva a nivel mundial a partir de encarar un plan de alianzas con empresas tecnológicas de otros países.
En la actualidad, IMPSA también cuenta con un centro de producción estratégicamente ubicado en Mendoza para la fabricación y comercialización de ciertos componentes, tales como estructuras metálicas, bienes de capital de gran tamaño y obras civiles, lo cual constituye su actividad principal.
Historia de un default anunciado
La empresa fue fundada en 1907 bajo la denominación de "Talleres Metalúrgicos Pescarmona" con el propósito de fabricar repuestos para maquinaria de hierro fundido, compuertas, equipos para la industria vitivinícola y otros componentes de metalúrgica liviana.
En 1946 pasó a llamarse Construcciones Metalúrgicas Pescarmona S.R.L; en 1965 se fundó Industrias Metalúrgicas Pescarmona S.A.I.C. y F. mediante la transferencia de los activos y pasivos de esa sociedad y el 16 de junio de 1965 se inscribió como sociedad anónima.
Ya más cerca en el tiempo, el 27 de abril de 2018 cambió la denominación social por la de IMPSA S.A. con el objeto de participar en la "producción y comercialización de estructuras metálicas, bienes de capital de gran tamaño para los sectores petroquímicos, hidráulicos, nuclear, electrónica, energética y obras civiles".
Ya en el 2020, los acreedores de IMPSA habían apoyado una oferta del entonces directorio de la empresa para encarar la recomposición de la estructura de capital en el marco del APE anterior.
Ese convenio también incluía un canje por ONs; nuevos préstamos y un bono internacional en dólares que debía tener un período de gracia hasta este 2025, momento en el que la empresa debía empezar a pagar intereses a una tasa de 1,5% anual.
Luego, a partir de 2028, IMPSA debía comenzar a abonar el capital, con vencimientos anuales sucesivos durante nueve años, hasta 2036.
Pero tras la fallida estatización del 2021, IMPSA completó el canje de los bonos internacionales con vencimiento durante este año por u$s182 millones, por nuevos títulos sin oferta pública que vencerán en el 2036 y que también forman parte de la millonaria deuda que tuvo que negociar ARC Energy para quedarse definitivamente con el control de la metalúrgica.
Ahora y más allá de los planes encarados por sus nuevos dueños, se advierte que la resolución del APE es la llave para que IMPSA recupere su calificación crediticia y pueda volver a competir por contratos internacionales de gran escala.
El éxito definitivo del plan depende de que no surjan impugnaciones de peso durante el periodo de edictos que se está cursando en este momento (febrero 2026).