Una de las principales bodegas del país busca "fórmula salvadora" para no caer en default
La industria vitivinícola atraviesa uno de sus momentos más críticos en las últimas décadas.
Lo que comenzó como un ajuste de mercado se ha transformado en lo que va de este 2026 en una crisis estructural que combina caídas históricas en el consumo, cambios en los hábitos generacionales y una asfixia financiera que ya golpea a los "pesos pesados" del sector.
Este complejo escenario golpea cada vez a más bodegas, que vienen atravesando complejas situaciones financieras y, en algunos casos, hasta debieron recurrir a la justicia para iniciar procesos de reestructuración de deuda bajo el amparo de la figura del concurso de acreedores.
En el caso de la bodega Valentín Bianchi, un emblema del vino argentino con casi un siglo de historia en San Rafael, Mendoza, se encuentra atravesando una etapa de reorganización financiera y estratégica.
Este movimiento no solo busca sanear sus cuentas, sino también modernizar una estructura familiar para competir en el exigente mercado global de alta gama.
Históricamente gestionada por la familia fundadora, la bodega inició una transición hacia una estructura profesional.
La entrada de inversores estratégicos (como el fondo Quinque) permitió inyectar liquidez sin perder la esencia de la marca.
Se designaron directores con experiencia en multinacionales para liderar la reestructuración operativa, separando la propiedad de la gestión diaria.
Limpieza de marcas
El plan financiero se centró en varios ejes fundamentales para asegurar la sostenibilidad a largo plazo, como la refinanciación de pasivos.
La bodega trabajó en la renegociación de deudas de corto plazo para transformarlas en compromisos de largo plazo con mejores tasas.
Esto fue vital para aliviar el flujo de caja y permitir que los ingresos se reinvirtieran en la producción en lugar de solo pagar intereses.
También se realizó un "limpieza" de marcas marcando el foco en potenciar sus líneas Premium y Super Premium (como Enzo Bianchi y IV Generación) y en consolidar marcas masivas pero rentables, como New Age, que sigue siendo un motor de flujo de fondos constante.
Otra de las estrategias financieras fue la alianza con distribuidores globales y la mejora de su propia red logística, lo cual le permitió reducir los costos de intermediación y mejoró los márgenes de rentabilidad por botella vendida.
Como un paso adicional hacia ese objetivo de mejorar su salud financiera, el directorio de Valentin Bianchi S.A.C.I.F., acaba de sumar nuevas estrategias.
Por lo menos así surge de una nota enviada por la bodega a la Comisión Nacional de Valores (CNV), para informar que, frente al escenario de estrés financiero generado por el contexto macro que afecta a toda la industria y su impacto en la operatoria diaria de la empresa, el Directorio resolvió iniciar un proceso de reordenamiento y reperfilamiento de pasivos.
Asesores legales
El documento, firmado por Armando Ricci, presidente del directorio de Valentín Bianchi, explica que el propósito de este proceso es el de "preservar el valor del negocio y garantizar un abordaje responsable y transparente con todas las partes involucradas".
En este sentido, se hace mención a un acuerdo firmado con Southern Cone Partners y Ernst & Young como asesores financieros, y al Estudio Beccar Varela como asesores legales, para trabajar en un plan integral estratégico y financiero "que optimice la utilización de los recursos y permita mejorar aún más la solidez de la plataforma".
La empresa entiende que esta estrategia le servirá no sólo para atravesar esta coyuntura de mercado, sino también para liderar el futuro del sector, en sociedad con todos sus stakeholders, incluyendo empleados, proveedores comerciales, acreedores financieros, accionistas "y todas las comunidades en las cuales Bodegas Bianchi, ha tenido un impacto significativo a lo largo de su extensa trayectoria".
En este sentido, el directorio de la bodega se encuentra manteniendo conversaciones con sus proveedores comerciales y acreedores financieros para acordar un plazo de gracia que le permita completar la elaboración del plan integral.
La empresa busca alcanzar un consenso con todos sus stakeholders como base fundamental para construir lo que bautizaron como "la nueva Bodegas Bianchi".
"Este proceso no solo busca encauzar la situación actual, sino hacerlo priorizando en todo momento la estabilidad de la compañía", detalla el comunicado.
Visión de futuro
Al respecto, y en relación con el último pago de capital bajo las Obligaciones Negociables Serie I, Clase II, que vence el próximo 8 de febrero, la idea es afrontarlo con las entidades garantes, en proporción a los compromisos asumidos, tal como surge del prospecto del 30 de enero de 2023, no debiendo, en este caso, los tenedores efectuar requerimiento alguno.
"Con responsabilidad y visión de futuro, aún en un contexto de mercado muy complejo, Bodegas Bianchi ratifica su compromiso de proyectar un negocio sostenible a largo plazo", finaliza el paper enviado a la CNV.
La bodega es víctima de la crisis del sector a partir de un alarmante retroceso del consumo per cápita de vino.
En países con fuerte tradición como Argentina, el consumo ha perforado la barrera histórica de los 16 litros, situándose en 2025 en torno a los 15,7 litros por persona, el nivel más bajo desde que se tiene registro.
Exportaciones en caída
Parte de ese retroceso también se da por un cambio generacional, si se tiene en cuenta que los menores de 35 años están migrando hacia otras categorías como la cerveza artesanal, los aperitivos o las bebidas sin alcohol (vinos 0.0).
Esto indica que el vino ha dejado de ser la bebida fija en la mesa diaria para convertirse en un producto de "momento especial" o fin de semana.
Estas menores ventas se intentan compensar vendiendo botellas más caras, lo cual excluye a gran parte de la clase media en contextos de alta inflación.
El caso de Bianchi se suma al de Norton, que también enfrenta una situación financiera complicada y optó por recurrir al concurso preventivo de acreedores para regularizar el pago de su deuda.
Con reportes de cheques rechazados que superan los $1.000 millones y procesos de reestructuración de deuda, las bodegas no logran frenar esta "sangría", a la cual también contribuye la caída de las exportaciones, si se tiene en cuenta que a nivel global, la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) indica que el consumo mundial está en su nivel más bajo desde 1961.
Mercados como los de China y Estados Unidos, que antes eran el "motor" de las exportaciones, han reducido drásticamente sus compras, además de que el atraso cambiarien algunos países productores y los altos aranceles complican la salida de los excedentes de vino al exterior.