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Garbarino, de "Volver al Futuro" a la quiebra: qué hizo mal para colapsar tras ser líder en venta de electrodomésticos

La empresa pasó de ser el principal vendedor de electrodomésticos a caer en una crisis terminal que concluyó con su quiebra. Su historia
Por A.R.
NEGOCIOS - 05 de Marzo, 2026

Durante décadas, Garbarino fue sinónimo de comprar electrodomésticos en Argentina. Con una red de más de 200 de sucursales, presencia en todo el país y miles de empleados, la cadena llegó a dominar cerca del 50% del mercado de ventas en locales físicos.

Sin embargo, en los últimos años el declive de la firma no encontró un piso y esa larga crisis llegó a su final este jueves, cuando el Juzgado Nacional en lo Comercial N°7 decretó la quiebra de la histórica cadena de electrodomésticos, luego de que fracasara el proceso de salvataje abierto para intentar rescatar la compañía.

La decisión fue firmada por el juez Fernando D'Alessandro, quien concluyó que no existían condiciones para continuar con el concurso preventivo iniciado en 2021.

Pero, más allá del dramático final, la historia de Garbarino merece ser contada. Pasó de ser un modesto local de discos fundado en 1951 a un gigante en la venta de electrodomésticos, que tuvo en uno de sus puntos cumbres una recordada publicidad que este jueves fue recordada en las redes sociales, inspirada en Volver al Futuro.

De una casa de discos a un imperio de los electrodomésticos

La compañía fue fundada en 1951, por la familia que le dio su nombre, y en un principio se dedicó a la venta de discos de pasta y combinados. Su primer local estuvo ubicado en la calle Uruguay al 552, en la Capital Federal: allí resistió uno de los últimos tres locales que permanecieron abiertos hasta este jueves.

La expansión de la firma comenzó luego de unos años, cuando abrió nuevas oficinas y establecimientos en la Ciudad de Buenos Aires, después de que introdujera dentro de su catálogo de productos las nuevas tecnologías que surgían en aquella época.

De hecho, una de sus principales fortalezas que lo llevaron a convertirse en un referente del sector fue justamente la capacidad de adaptarse (e incluso anticiparse) a las demandas de los consumidores: por ejemplo, cuando implementó la venta por teléfono o, más cerca en el tiempo, por Internet.

Según explicó la propia empresa en un prospecto de emisión de un fideicomiso presentado años atrás, luego de salir airosa de la denominada crisis del Tequila en 1995, con la incorporación de dos nuevos locales, "y con el objeto de beneficiarse con la consecuente recuperación del país y consolidación de la industria", Garbarino incrementó su tasa de expansión abriendo cinco sucursales en 1996 y ocho más en 1997.

También en 1997 inauguró un nuevo edificio de oficinas, donde se establecieron las dependencias de la administración central. Un año después, en 1998 y en pleno uno a uno, inauguró seis nuevas sucursales, "ampliando la base de clientes y aprovechando mejor los costos fijos". De esta manera, Garbarino pasaba de una simple empresa a una cadena de venta de electrodomésticos y artículos para el hogar.

La demanda de nuevos productos tecnológicos, como los DVD, los home theater, los televisores LCD, reproductores de MP4, refrigeradores "no frost" y netbooks, entre otros, impulsaron una nueva expansión para la cadena. Así, entre los años 2007 y 2012 abrió 35 nuevas sucursales. Era una época de crecimiento económico en el país, con un gobierno que impulsaba el consumo interno como una de sus principales banderas.

La histórica publicidad de Volver al Futuro

Ese crecimiento y el liderazgo en el sector retail también se reflejaba en su marketing. En 2011 la empresa lanzó una de las campañas publicitarias más recordadas del retail local: "El futuro está en Garbarino", protagonizada por Christopher Lloyd en su papel del "Doc Brown" de la película Volver al Futuro.

En los avisos, el actor llegaba a una sucursal a bordo del icónico DeLorean y anunciaba que la tecnología del mañana podía encontrarse en la cadena.La campaña fue un éxito de repercusión y coincidía con el mejor momento de la empresa.

En aquellos años, Garbarino ya contaba con más de 200 locales, negocios asociados como Compumundo y una fuerte presencia en Tierra del Fuego, donde se fabricaban productos electrónicos.

De hecho, este jueves, luego de conocerse la quiebra, muchos recordaron estas publicidades y compartieron los videos en las redes sociales.

Sin embargo, detrás de ese liderazgo comenzaban a acumularse problemas financieros y un modelo de negocio cada vez más exigido. Lo que parecía un gigante consolidado terminó entrando en una espiral de crisis que, años después, desembocaría en su quiebra.

El comienzo del fin: los motivos detrás de la caída de Garbarino

El deterioro de Garbarino no fue repentino. Durante la segunda mitad de la década pasada la empresa empezó a mostrar señales de estrés financiero, en un contexto de caída del consumo y creciente competencia del comercio electrónico.

El modelo de expansión de la cadena se apoyaba en una estructura intensiva en locales físicos y en el financiamiento del consumo, con ventas en cuotas que dependían del crédito bancario y del financiamiento de proveedores.

Mientras el mercado crecía, ese esquema funcionaba. Pero cuando el consumo se frenó, el sistema comenzó a crujir. La crisis económica de 2018, marcada por una fuerte devaluación y tasas de interés que superaron el 70% anual, golpeó de lleno a los bienes durables.

Las ventas de electrodomésticos se desplomaron y el costo financiero del negocio se disparó. Para entonces la empresa ya había tenido que renegociar deudas por alrededor de $4.000 millones con bancos, mientras proveedores y fabricantes comenzaban a exigir pagos anticipados para seguir entregando mercadería.

A ese cuadro se sumó el cambio estructural del sector. El crecimiento del e-commerce y los marketplaces empezó a restarle protagonismo al modelo tradicional de grandes cadenas con decenas de sucursales.

La venta fallida y el intento de rescate

Con el deterioro financiero cada vez más evidente, en 2019 comenzaron las conversaciones para vender la empresa. Uno de los interesados fue Inverlat, el fondo inversor dueño de la marca Havanna, que evaluó quedarse con la cadena como parte de un plan de reestructuración. La operación incluía renegociar los pasivos y recapitalizar la compañía, pero dependía de que los proveedores aceptaran fuertes quitas sobre las deudas comerciales.

En ese momento, Garbarino acumulaba deudas por unos $7.000 millones con fabricantes de electrodomésticos y más de $5.000 millones con bancos. Las negociaciones avanzaron durante meses, pero finalmente el acuerdo se cayó. Los proveedores se resistieron a aceptar las condiciones del rescate y la empresa perdió la que era, en ese momento, su principal salida financiera.

En 2020 la cadena terminó siendo vendida al empresario Carlos Rosales, quien por entonces era dueño de la aseguradora Prof y dirigente del club San Lorenzo. La operación se presentó como un plan para relanzar el negocio, sanear las cuentas y sumar nuevos inversores. Sin embargo, la situación financiera era mucho más delicada de lo que parecía.

Del concurso preventivo a la quiebra

La crisis se profundizó a partir de 2021, cuando la empresa ingresó en concurso preventivo de acreedores. Los problemas con proveedores se multiplicaron, comenzaron a acumularse juicios laborales y la cadena de pagos terminó rompiéndose.

La consecuencia fue inmediata: cierres masivos de sucursales, despidos y una caída abrupta de la operación comercial. Lo que había sido una red nacional de tiendas quedó reducido a un puñado de locales con actividad mínima.

Durante el proceso judicial se intentaron distintas alternativas para evitar la liquidación. Incluso se abrió un procedimiento de salvataje o cramdown, que permite a inversores interesados presentar propuestas para quedarse con la compañía.

Pero el mecanismo terminó fracasando. Aunque hubo interesados preliminares, no se presentó ninguna propuesta concreta de rescate dentro de los plazos establecidos por la Justicia. Para entonces la compañía ya tenía una estructura casi inexistente, con pocos empleados, locales cerrados y escaso stock comercializable.

Frente a ese escenario, el juzgado comercial que llevaba la causa concluyó que no existían condiciones para sostener la continuidad de la empresa y terminó decretando la quiebra. 

La versión del dueño de Garbarino

Carlos Rosales, el empresario que adquirió la cadena Garbarino en junio de 2020, habló por primera vez de manera pública tras la declaración de quiebra de la histórica empresa de electrodomésticos.

En una entrevista con el diario La Nación, defendió su gestión al frente de la compañía y atribuyó el colapso final a la situación macroeconómica del país, a decisiones del gobierno de Alberto Fernández y a las restricciones que afectaron al comercio durante la pandemia.

El empresario sostuvo que, al momento de la compra, la firma ya atravesaba una situación extremadamente delicada desde el punto de vista financiero. "Compramos una empresa que ya estaba profundamente en crisis. Estaba prácticamente en cesación de pagos y tenía apenas $30 millones de capital de trabajo. La adquirimos cuando nadie la quiso comprar a cambio de un peso y hacernos cargo de la deuda", afirmó Rosales, quien tras la quiebra fue inhabilitado por la Justicia para ejercer el comercio.

Según relató, el diagnóstico inicial que habían realizado sobre el estado de la empresa se agravó con el correr de los meses. "Hicimos un proceso de due diligence en plena pandemia y nos encontramos con un problema mucho más profundo. Pero ya estábamos en el partido y lo íbamos a jugar", señaló.

Rosales explicó que su equipo había elaborado un plan de transformación del negocio, que buscaba adaptar a Garbarino a un esquema más enfocado en logística y comercio electrónico. Entre las medidas previstas se encontraba una reducción significativa de la red de sucursales.

La estrategia contemplaba pasar de unos 140 puntos de venta a cerca de 60 locales, junto con una reorganización de funciones internas para evitar despidos masivos y mejorar la eficiencia operativa. De acuerdo con el empresario, también se había avanzado en la renegociación de deudas con entidades financieras.

"Refinanciamos deuda con los bancos por cerca de $500 millones, con entidades como Banco Santander y Banco Galicia, que equivalía a unos cinco o seis millones de dólares", explicó.

Sin embargo, aseguró que el segundo cierre de actividades dispuesto en abril de 2021, en el marco de las medidas sanitarias, terminó de afectar el proceso de recuperación que intentaba encarar la empresa. "La gestión venía bien, pero cuando un gobierno no tiene reglas claras, te mata. El nuevo aislamiento fue un golpe muy fuerte", sostuvo.

En ese sentido, Rosales consideró que el desenlace podría haber sido diferente bajo otro escenario económico. "Si en la Argentina de 2021 hubieran existido condiciones de seguridad jurídica y estabilidad como lo que hay hoy en el país, ni por asomo Garbarino hubiera quebrado", afirmó.

Con la quiebra ya decretada, el destino de los activos de Garbarino quedará ahora bajo la órbita del juzgado que encabeza Fernando D’Alessandro. Entre los bienes a liquidar figuran las plantas industriales y las marcas comerciales Garbarino y Compumundo, que podrían generar interés entre inversores.

"Las marcas tienen mucho valor y mucho futuro. Algunos de los fondos que estuvieron mirando la empresa podrían interesarse en relanzarlas", aseguró Rosales.

Lo cierto es que el contraste con el pasado es contundente. La empresa que alguna vez dominó el mercado de electrodomésticos y prometía que "el futuro está en Garbarino" terminó convertida en un caso emblemático de cómo un modelo de negocio basado en expansión física, crédito y alto endeudamiento puede volverse inviable cuando cambian las condiciones económicas y de consumo.

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