GÜERRÍN

Ni Nueva York ni Nápoles: la pizzería de la Avenida Corrientes que domina el mundo Google

Con 200.000 reseñas en la plataforma, supera a íconos globales con una estrategia que combina la mística de sus horenos a leña con despachos inalcanzables
Por Andrés Sanguinetti
NEGOCIOS - 06 de Abril, 2026

La historia de la Avenida Corrientes no se puede escribir sin el aroma a leña y muzzarella que emana del número 1368 donde se encuentra el local de Güerrín.

No se trata solo una pizzería, sino de un sobreviviente de la era de oro del espectáculo porteño, un testigo de granito y venecitas que vio pasar a presidentes, artistas de revista y millones de trabajadores que, desde hace 94 años, cumplen el mismo rito: la porción de parado y el moscato.

La semilla de este imperio se plantó en 1932, cuando dos inmigrantes genoveses, Arturo Malvezzi y Guido Grondona, decidieron alquilar un local que por entonces estaba rodeado de baldíos y construcciones bajas.

El Obelisco, el vecino más famoso de la zona, ni siquiera existía (se inauguró recién cuatro años después, en 1936).

Originalmente, el local era mucho más pequeño, apenas un despacho con mostrador y el nombre, que hoy suena a marca registrada, fue una adaptación criolla del apellido de uno de sus fundadores (Guerrino).

El corazón del negocio

Desde el primer día, la propuesta fue clara: pizza al molde, media masa y abundancia de ingredientes, fórmula que contrastaba con la pizza finita de estilo italiano y que rápidamente se ganó el corazón del obrero y el oficinista del centro.

En la actualidad y como durante todos sus años de vida, el corazón de Güerrín son sus cinco hornos a leña.

El principal, ubicado al frente y a la vista de los clientes transeúntes, tiene una particularidad mística y técnica que es que no se apaga nunca.

Desde su encendido hace décadas, se mantiene a una temperatura constante de entre 450 y 500 grados centígrados, alimentado por toneladas de quebracho que llegan semanalmente. Esta inercia térmica es lo que le da a la pizza su piso crocante y su dorado único en la muzzarella (se usan cerca de 600 kg por día).

"Si el horno se apaga, tardaríamos días en volver a lograr el punto de cocción exacto", explican los maestros pizzeros, algunos con más de 30 años de antigüedad en la casa.

Reducto de famosos

Durante las décadas del 40 y 50, con el auge del teatro y el cine en Corrientes, Güerrín se convirtió en la "cantina de los artistas".

Figuras como Tita Merello, Alberto Olmedo y más tarde los elencos de la revista porteña, bajaban del escenario e iban directo al mostrador.

En un sábado de alta demanda, sus empleados pueden despachar 100 pizzas por hora y el que come de parado libera el lugar en 10 minutos, permitiendo una rotación que envidiaría cualquier cadena de fast food, pero con el sabor de la cocina de antes.

A diferencia de otras cadenas que se expandieron con franquicias o apostaron todo al delivery, Güerrín mantuvo una política de conservadurismo estratégico, al punto que no tiene sucursales.

El valor reside en la "casa matriz" ya que no existe otra pizza de Güerrín fuera de Corrientes 1368.

Del mismo modo y durante años, sus dueños se resistieron al delivery propio (hoy aceptan plataformas pero de forma limitada), bajo la premisa de que la pizza al molde pierde su "alma" en el cartón y el traslado.

Y, aunque el local se amplió hacia el fondo y hacia arriba, la estética de las venecitas, el mármol y las fotos autografiadas se mantuvo idéntica, blindando la nostalgia del cliente.

Fenómeno global

Este 2026, el fenómeno ha tomado una dimensión digital inesperada para Güerrín si se tiene en cuenta que, con 200.000 reseñas en Google Maps, la pizzería ha superado a íconos mundiales de la gastronomía y se ha convertido en una parada obligatoria para el turismo global.

Con esta cantidad de reseñas, superó a leyendas mundiales como Katz's Delicatessen de Nueva York, entre otras, logrando lo que ninguna cadena de fast food global ni restaurante de estrella Michelin pudo como es ser el establecimiento gastronómico más reseñado del planeta.

En concreto, el acumulado la ha convertido en un caso de estudio sobre cómo la identidad inalterable puede dominar la era de las redes sociales.

De hecho, superar a gigantes como el neoyorquino Katz's Delicatessen (famoso por su sándwich de pastrami y sus 55.000 reseñas) no es una casualidad estadística.

Es el resultado de una maquinaria que despacha más de 2.000 pizzas diarias y que ha sabido transformar la fila en la vereda en un activo de marketing orgánico invaluable.

Para entender el volumen del negocio de Güerrín, hay que mirar sus cinco hornos a leña, alimentados por toneladas de quebracho que pueden hornearse 60 pizzas en simultáneo.

Liderazgo digital

En días de funciones teatrales o fines de semana largos, se llegan a vender 100 pizzas por hora y el local utiliza cerca de 600 kg de muzzarella diarios, con una receta que exige exactamente esa cantidad para lograr el "dorado" característico sobre la media masa.

En este sentido, el liderazgo de Güerrín en las plataformas digitales ha cambiado su perfil de cliente.

Si bien el "porteño de ley" sigue siendo fiel, hoy el 70% de los turistas extranjeros que visitan la Ciudad de Buenos Aires llegan al local guiados exclusivamente por la recomendación de Google Maps o TripAdvisor.

"Güerrín ya no compite solo con otras pizzerías de la zona; compite como destino turístico a la par del Obelisco o el Teatro Colón", explican analistas de consumo.

Esta reputación online genera un círculo virtuoso: más reseñas atraen más turistas, quienes a su vez dejan más reseñas, alimentando un algoritmo que la mantiene al tope de las búsquedas globales.

Mientras muchas pizzerías históricas intentaron modernizarse o sumarse a la moda de la pizza napolitana de masa fina, Güerrín hizo del conservadurismo su mayor fortaleza, lo cual explica la ausencia de delivery propio y la apuesta por centrarse en la experiencia presencial.

Sus dueños entienden que la pizza de Güerrín está diseñada para comerse ahí porque el transporte le quita su esencia.

Por eso, también se ha hecho de la fila un marketing.

Lejos de ser un problema, la fila en la vereda de Corrientes funciona como una señal de calidad. En la economía de la atención, una multitud esperando es la mejor publicidad posible.

Registro colectivo

"Güerrín lleva décadas siendo una parada obligada para porteños y turistas, para los que salen del teatro y los que buscan una porción rápida al mediodía, para los que crecieron comiendo ahí y para los que la descubren por primera vez siguiendo las recomendaciones de Google", aseguran desde la empresa mediante un comunicado.

Agregan que esa combinación de fidelidad local y atracción internacional es lo que convierte a sus reseñas en algo más que un número: son el registro colectivo de una experiencia que se repite y se recomienda.

También explican que, en la era digital, las reseñas de Google se convirtieron en el boca a boca del siglo XXI.

"Millones de personas en todo el mundo consultan valoraciones antes de elegir dónde comer, dónde hospedarse o qué visitar. Que una pizzería porteña lidere ese ranking global no solo habla de la calidad de su propuesta — habla de la capacidad de Güerrín de generar una experiencia que vale la pena contar", destaca el comunicado.

Turistas que visitan Buenos Aires y la buscan por recomendación de otros viajeros, extranjeros que la tienen marcada en sus mapas antes de llegar al país, argentinos de otras provincias que la visitan cada vez que pasan por la ciudad — todos dejaron su huella en esas 200.000 valoraciones.

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