VIDEO | Murió el último hijo del fundador de La Serenísima: la historia de cómo se levantó un imperio lácteo
La muerte de José Mastellone marca el cierre de una etapa emblemática para la industria alimenticia local, en un contexto atravesado además por la reciente venta total de La Serenísima. El fallecimiento del último heredero de la histórica firma coincide con el traspaso definitivo del paquete accionario a Arcor y Danone, un movimiento que redefine el mapa del negocio lácteo en el país.
Conocido como "el último lechero", Mastellone fue una figura central en la continuidad del legado familiar iniciado por sus padres, Antonino Mastellone y Teresa Aiello. Integrante de una familia numerosa -conformada por Rosa, Mateo, Victorio, José y Pascual-, mantuvo durante años un rol activo en la conducción de la compañía, consolidada como una de las principales del sector en la Argentina.
A pesar de ser el último de los hermanos con vida, continuó ligado al día a día de la empresa hasta el final. Asistía regularmente a la planta ubicada en General Rodríguez, dentro del Complejo Industrial Pascual Mastellone. Su despedida incluyó un gesto cargado de simbolismo: tras el velatorio, el cortejo realizó un recorrido por la fábrica para que los trabajadores pudieran rendirle homenaje.
La muerte del último hijo del fundador de La Serenísima ocurrió en paralelo a la concreción de una operación largamente gestada. El acuerdo entre Arcor y Danone para quedarse con el control total del gigante lácteo se terminó de sellar tras un proceso iniciado en abril de 2025. En ese momento, ambas compañías -socias en Bagley Latinoamérica- ya habían manifestado su intención de avanzar sobre el 100% del capital.
La familia Mastellone, junto con el fondo Dallpoint, acompañó esa decisión de salida, lo que permitió completar la transacción hace aproximadamente un mes. Así, el fallecimiento de José Mastellone no solo representa una pérdida en términos personales, sino también el cierre definitivo de una etapa histórica en una de las empresas más representativas del país.
La historia de La Serenísima: cómo se construyó el imperio lácteo
Hubo un tiempo en que Antonino Mastellone tenía que bajarse de su camión para empujarlo y así poder terminar el reparto de leche. Aquella escena resume el espíritu de sacrificio del inmigrante italiano que llegó a la Argentina con el conocimiento de un oficio familiar que fue ni más ni menos que la elaboración de quesos.
Antonino había nacido en Piano di Sorrento, un pequeño pueblo cercano a Nápoles, el 12 de diciembre de 1899. Provenía de una familia con tradición quesera: era hijo de Pasquale Mastellone y Rosa Attanassio. Antes de emigrar, perfeccionó sus conocimientos en Italia. Primero viajó a Milán para aprender nuevas técnicas de producción y luego trabajó en una quesería en la ciudad de Sassari, en Cerdeña, donde se graduó como técnico quesero.
Llegó a la Argentina el 2 de octubre de 1926 a bordo del Barco Pincio, un buque que en épocas de grandes oleadas de inmigraciones realizó 24 viajes a la Argentina y transportó a un total de 13.330 pasajeros.
El 29 de octubre de 1929 contrajo matrimonio con Teresa Aiello y tuvieron cinco hijos: Pascual, Rosa, Mateo, Victorio y José.
En 1929, ya instalado en la Argentina, fundó junto a su esposa una pequeña quesería en General Rodríguez, en la provincia de Buenos Aires. Ese emprendimiento familiar sería el origen de La Serenísima, una empresa que con el paso de las décadas se transformaría en uno de los grandes nombres de la industria láctea argentina.
Los primeros pasos de la empresa fueron modestos, pero constantes. En 1935 la compañía compró su primer camión y comenzó a distribuir sus productos en Buenos Aires, ampliando su alcance más allá de General Rodríguez.
Con el correr de los años, la empresa incorporó innovaciones que marcaron hitos en el sector. En 1952 se comenzaron a realizar análisis de calidad para medir el contenido graso y la acidez de la leche. Ese mismo año falleció Antonino Mastellone, y la compañía quedó en manos de su hijo Pascual Mastellone, quien continuó impulsando su expansión.
Durante las décadas siguientes, La Serenísima incorporó nuevas tecnologías y amplió su catálogo. En 1960 empezó a procesar leche pasteurizada y al año siguiente la comercializó en botellas de vidrio. Poco después introdujo innovaciones clave para el mercado argentino, como la elaboración de yogur en 1963 y dulce de leche en 1967.
En 1968 se produjo otro cambio importante: la tradicional botella fue reemplazada por el sachet, un formato que se popularizó rápidamente en el país.
El nombre elegido para la marca tiene una historia particular y es que Mastellone lo tomó de una escuadrilla italiana que durante la guerra arrojaba mensajes de paz. Con el tiempo, aquel pequeño proyecto artesanal terminó convirtiéndose en una compañía con ventas que han llegado a rondar los 900 millones de dólares anuales.
Innovación y alianzas que consolidaron la marca
A partir de la década de 1970, la empresa amplió su producción con nuevos productos lácteos como leche en polvo, manteca y leche reducida en lactosa, adaptándose a las demandas del mercado.
En los años 80 incorporó el sello de calidad LS, mientras que en la década de 1990 sumó innovaciones como la leche ultrapasteurizada, leche cultivada y leche fortificada con hierro.
Uno de los movimientos estratégicos más importantes llegó en 1996, cuando La Serenísima selló una alianza con el Grupo Danone para la producción, comercialización y distribución de yogures y postres. Esa colaboración permitió ampliar el portafolio de productos y consolidar su presencia en el mercado.
Durante los años 2000 continuó lanzando nuevas líneas, entre ellas Serecol y otras propuestas desarrolladas junto a Danone, manteniendo su posición como una de las compañías lácteas más influyentes de la Argentina.
Así, lo que comenzó con una pequeña quesería y un camión que a veces había que empujar terminó convirtiéndose en un referente de la industria alimentaria nacional. La historia de La Serenísima refleja el impacto que puede tener el esfuerzo de un inmigrante cuando se combina con innovación, trabajo constante y visión empresarial.