INTERNACIONALIZACIÓN

Son hermanos y revelan cómo lograron llevar su panadería artesanal de Buenos Aires a Miami

Boûlan inauguró su primer local en Wynwood. Inversión propia y un modelo "all day", la propuesta para escalar el negocio hacia nuevos mercados regionales
Por Rocío Bravo
NEGOCIOS - 17 de Mayo, 2026

La historia de la panadería Boûlan no se escribe con tinta, sino con el rastro de la harina que atraviesa casi un siglo de historia familiar. Todo comenzó en 1933, cuando un hombre cruzó el Atlántico desde Europa con poco más que un oficio grabado en la memoria y un cuaderno de recetas que hoy es el activo más valioso de la compañía. Ese documento, con anotaciones manucritas en español, italiano y francés, contenía las fórmulas que alimentaron a generaciones de argentinos y que hoy son la base de un negocio que factura un millón de dólares anuales en sus 4 puntos de venta de Buenos Aires.

Para Diego Muscat, socio fundador y chef boûlanger de Boûlan, la panadería no fue una elección de carrera, sino un entorno vital: junto a su hermano Leandro crecieron habitando los mismos pasillos donde se cocía el pan, en una dinámica donde la vivienda y la producción eran una sola unidad.

Esa cercanía con el proceso real, con el tiempo que exige la fermentación y el calor del horno, forjó una identidad que Diego decidió profesionalizar años después en Francia. La transición de ese legado a una marca comercial ocurrió en 2013, cuando con una inversión inicial de u$s100.000, destinados íntegramente a la obra, el desarrollo de la marca y la puesta en marcha técnica, Boûlan abrió su primera persiana.

"Boûlan nace de una historia familiar que se remonta a 1933, cuando nuestro bisabuelo llegó desde Europa a Buenos Aires y comenzó una tradición panadera que atravesó generaciones. La familia vivía literalmente dentro de una panadería, y ese vínculo temprano con el oficio marcó nuestra identidad", relata a iProfesional.

Lo que empezó como un despacho de pan artesanal evolucionó de forma orgánica hacia un modelo de negocios más complejo. La incorporación de la cafetería, por ejemplo, surgió como un gesto para acompañar la espera de los clientes y terminó convirtiéndose en una unidad de ingresos central.

Con el tiempo, la firma sumó canales digitales, catering y una línea de productos que dialoga con la pastelería internacional, pero sin soltar nunca el cuaderno de 1933. Esta capacidad de sostener la tradición mientras se escala la operación es lo que permitió a la empresa resistir ciclos económicos complejos y consolidar su presencia en zonas estratégicas como Palermo, Belgrano y Nordelta.

El desembarco de la panadería en Estados Unidos, concretado en abril de 2026, marca el inicio de la proyección internacional de la marca

La travesía hacia Wynwood: un hito de gestión y fe técnica

Llevar una panadería artesanal de Buenos Aires a Miami no es un movimiento de exportación, es un trasplante de identidad que exigió tres años de planificación silenciosa. La elección de Wynwood, un barrio definido por su pulso creativo y su dinamismo urbano, no fue casual. Boûlan buscó un escenario donde la autenticidad fuera el valor de cambio.

Leandro lo define como un proceso de reinvención: "Este proyecto implicó encontrar la locación adecuada, repensar el formato del local y ampliar la propuesta para dialogar con un nuevo público, sin resignar el ADN que define a Boûlan: panadería artesanal, procesos reales, tiempo y dedicación".

El desembarco en Estados Unidos, concretado en abril de 2026, marca el inicio de la proyección internacional de la marca. A diferencia de otras expansiones que recurren a capitales externos o franquicias rápidas, Boûlan apostó por una operación propia, asumiendo el riesgo y el control total de la calidad en este nuevo mercado. Esta decisión estratégica permite a los fundadores asegurar que cada baguette Bayolette y cada medialuna —el emblema indiscutido de la casa— mantengan el estándar técnico que los hizo conocidos en el Río de la Plata.

En Wynwood, el modelo de negocio experimentó una evolución necesaria: pasó de ser una panadería de despacho a un formato "All Day". El nuevo local, más amplio y experiencial, invita al cliente a permanecer, ofreciendo desde café de especialidad por la mañana hasta vinos por copa y pequeños platos al caer la tarde. El local cuenta con un horno de piedra donde se elaboran pizzas romanas a la vista, integrando la producción al espectáculo visual del salón. Esta adaptación responde a un público que valora la transparencia en los procesos y busca espacios para compartir, sin las prisas del consumo rápido.

El laboratorio de Florida y la mirada en el horizonte regional

La apertura en Miami funciona como un laboratorio de alta precisión para lo que vendrá después. Diego se instaló en el centro de la operación para liderar el desarrollo de la carta y las pruebas de producto, enfrentando el reto de replicar sabores familiares con materias primas de una geografía distinta. "El desafío fue mantenernos fieles a la filosofía de la marca: una producción con fuerte impronta artesanal, elaboración activa dentro del local y una selección cuidada de ingredientes de alta calidad, elegidos específicamente para cada receta", afirma el chef boûlanger. "Y en algunos casos se mantienen ingredientes clave que forman parte del ADN del producto, como es el dulce de leche, que usamos el mismo que en Argentina. El foco siempre estuvo en trasladar el oficio y los procesos, más allá de la geografía".

Uno de los hitos técnicos de esta nueva etapa es la creación de una línea de panes de masa madre con perfil sourdough, inspirados en el estilo de San Francisco, una concesión técnica al paladar local que convive con los clásicos alfajores de maicena y los cañoncitos de dulce de leche. Para garantizar la esencia del producto, la empresa diseñó una logística que asegura el abastecimiento de insumos críticos, manteniendo la artesanalidad como eje innegociable de la competencia frente a las grandes cadenas estadounidenses.

En Wynwood, el modelo de negocio experimentó una evolución necesaria: pasó de ser una panadería de despacho a un formato "All Day"

Pero el plan de los Muscat no termina en Florida. La apertura en Miami es el primer eslabón de una cadena que busca extenderse por Latinoamérica, con Uruguay, Brasil y Chile en el horizonte de evaluación para los próximos 24 meses. La marca busca consolidar el modelo de Wynwood antes de dar el siguiente paso, asegurando que el crecimiento no diluya la mística del cuaderno original.

"Miami es una ciudad cosmopolita, dinámica y abierta a nuevas propuestas gastronómicas. Su estilo de vida, su clima y su escena cultural generan un contexto ideal para presentar una propuesta como la de Boûlan", concluyen los hermanos Muscat, quienes ven en esta expansión la validación de que el tiempo, la dedicación y el respeto por el oficio son valores que no conocen fronteras.

Hoy, en las calles de Wynwood, el aroma del pan recién horneado cuenta la historia de aquel inmigrante de 1933. Boûlan no solo ha llevado un producto a Miami; ha trasladado un fuego que comenzó hace casi un siglo y que ahora se proyecta como una fuerza de negocios capaz de conquistar nuevos mercados sin perder, en ningún momento, el pulso de sus raíces. El futuro de la marca se hornea a fuego lento, con la convicción de que lo auténtico y lo bien hecho siempre encuentran su lugar en el mundo.

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