CAMBIO DE RUMBO

El Gobierno le dice adiós al plan para privatizar Fabricaciones Militares

Tras meses de ajuste y remate de activos, la nueva gestión impulsa un ambicioso programa para transformar la compañía y reducir el aporte del Tesoro
Por Andrés Sanguinetti
NEGOCIOS - 22 de Mayo, 2026

Luego de atravesar por un período de alta turbulencia, marcado por la reducción de plantas, remates de activos y el fantasma de la privatización que dominó gran parte del último año, Fabricaciones Militares (FM) intenta ahora dar vuelta la página.

Las nuevas autoridades, encabezadas por Pablo Glöggler y Diego Martínez, han comenzado a ejecutar un plan de "reactivación comercial" que busca reducir la dependencia del Tesoro Nacional, reposicionar a la estatal como un actor central en la provisión para la defensa y alejar el fantasma de la privatización.

Fabricaciones Militares es considerada una empresa estratégica para el sector militar argentino que se encuentra bajo la órbita del Ministerio de Defensa.

Históricamente concebida como la base de la industria militar nacional, su estructura ha evolucionado para adaptarse a las necesidades del mercado moderno.

Actualmente está constituida como una Sociedad Anónima Unipersonal (FMSAU), tras su transformación desde sociedad del Estado en el 2024.

Su conducción actual está presidida por Pablo Glöggler y Diego Martínez, quienes asumieron a principios de este 2026 con un mandato de reactivación comercial y modernización operativa.

Esquema organizativo

La sociedad estructura su capacidad productiva en tres verticales estratégicas:

  • Defensa y Seguridad
  • Pólvoras, Explosivos y TNT
  • Metalmecánica y Transporte

Entre sus principales plantas productivas se encuentra la fábrica Militar de Río Tercero (Córdoba), dedicada a los sectores químicos y de metalmecánica.

También opera un establecimiento de pólvoras y explosivos en la ciudad cordobesa de Villa María; otra en Fray Luis Beltrán (Santa Fe), que es considerado un centro neurálgico para defensa y seguridad (armas, municiones, chalecos).

La infraestructura productiva se completa con otras dependencias en las que se incluyen plantas de explosivos en Jáchal (San Juan) y FANAZUL (Azul, Buenos Aires).

La gestión actual busca romper con la tendencia de años previos, caracterizados por el "achique" y la venta de activos.

Puntales del nuevo plan

Los pilares de esa estrategia pasan por varias acciones que se están llevando a cabo de manera simultánea.

Una es la apertura a licitaciones nacionales e internacionales para captar capital y tecnología, con el fin de renovar maquinaria obsoleta (gran parte de la cual no ha recibido inversiones significativas en décadas).

Otra es la nueva Unidad de Tecnología que impulsa el desarrollo de sistemas no tripulados (drones y tecnología autónoma).

El proceso se complementa con la necesidad de contar con una empresa que sea autosuficiente y que pueda reducir la dependencia del Tesoro Nacional transformando la eficiencia de las plantas en capacidad de exportación y generación de divisas.

Es decir, poder sacar a Fabricaciones Militares del grupo de empresas del Estado que tienen cartel de venta, tema que ha sido uno de los más dinámicos y debatidos en la política industrial de defensa durante el último año y medio.

Si bien se transformó su estructura legal para habilitar esa posibilidad, el enfoque cambió recientemente hacia un modelo de gestión mixta.

Durante el 2024 y gran parte del 2025, el objetivo central del Gobierno fue preparar a la empresa para una posible venta.

Los pasos clave fueron el cambio de figura jurídica y, por orden de la Inspección General de Justicia (IGJ), dejó de ser una "Sociedad del Estado" para convertirse en una Sociedad Anónima Unipersonal (SAU).

Achique de activos

Este aspecto fue fundamental, ya que las sociedades anónimas tienen una estructura legal más sencilla para vender acciones a inversores privados o realizar una privatización total.

También se tomaron medidas de "achique", como la transferencia de activos mineros (el yacimiento Capillitas) a empresas provinciales y el cierre de unidades operativas en diversas localidades, con el fin de reducir el déficit fiscal de la firma.

Durante este periodo, circularon diversas delegaciones de empresas internacionales (como Czechoslovak Group, entre otras) interesadas en el potencial productivo de las plantas de Río Tercero y Villa María.

Sin embargo, hacia finales del año pasado, la estrategia oficial comenzó a virar y, ante la dificultad de avanzar con una privatización directa (debido a la sensibilidad estratégica del sector defensa) y la necesidad urgente de recuperar capacidad operativa, el Gobierno optó por una vía intermedia.

Abandonó el proyecto de privatización total, ante la necesidad de mantener el control estatal sobre la producción de defensa.

Modelo mixto

Se optó entonces por un modelo de "Convenios Asociativos", fomentando acuerdos con el sector privado.

Es decir, en lugar de vender la empresa, se busca atraer capitales privados mediante concursos públicos para modernizar plantas específicas o líneas de producción a cambio de royalties o participación en los resultados.

Este proceso se encuentra atado al llamado Plan de Adecuación y Reequipamiento Militar Argentino que establece que los fondos obtenidos de las privatizaciones de otras empresas públicas y ventas de inmuebles estatales se destinen, en parte, a la recuperación de las capacidades de las Fuerzas Armadas.

La medida, a su vez, convierte a FM en el proveedor natural de esos contratos, dándole oxígeno financiero sin necesidad de privatizarla.

Por eso es que la realidad operativa actual de la empresa muestra un cambio de táctica al mantenerse bajo la órbita estatal pero buscando ser autosustentable mediante asociaciones con el sector privado y contratos directos con las Fuerzas Armadas.

Es decir, el "peligro" de una privatización, que tanto movilizó a los sindicatos durante 2024 y 2025, parece haber quedado en segundo plano frente a este modelo de gestión que prioriza la modernización tecnológica y la autonomía estratégica para el reequipamiento militar.

Reconexión actual

De todos modos, sus autoridades admiten que la compañía enfrenta una realidad tecnológica compleja ya que gran parte de su maquinaria tiene décadas de antigüedad, sin haber recibido actualizaciones significativas en los últimos 35 años.

"Estamos haciendo esfuerzos titánicos para reducir la dependencia de fondos del Tesoro", señalaron desde la empresa, como parte de ese plan operativo que también busca la revinculación de FM con las Fuerzas Armadas.

Luego de años de desconexión, la empresa ha vuelto a proveer material para el Ejército (recientemente entregó cerca de seis millones de municiones) y se encuentra en etapa de cotización para la Armada y la Fuerza Aérea.

También prepara una licitación nacional e internacional con el objetivo de captar tecnología y capital que permita modernizar las líneas de producción, las cuales hoy se ven limitadas por la obsolescencia técnica.

Además, comenzó un proceso de diversificación por fuera de las líneas tradicionales y que apunta a crear una quinta unidad de negocios enfocada en sistemas no tripulados (drones y tecnología autónoma), un segmento de alta demanda global.

La meta es clara: que la empresa no sea solo un gasto, sino un generador de divisas a través de exportaciones y el pago de impuestos.

Bajo este escenario, la pregunta del mercado sigue siendo si el actual esquema de gestión logrará los niveles de eficiencia necesarios para sostener la estructura sin recurrir nuevamente a planes de privatización o nuevos cierres de plantas.

Por ahora, el discurso oficial es de optimismo: "Debemos devolver esta empresa en mejores condiciones de las que la recibimos", argumentan desde la Casa Rosada.

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