Argentina tiene la mayor carga tributaria sobre las empresas formales del mundo
La discusión sobre la competitividad de la economía argentina volvió a instalarse con fuerza tras la difusión del nuevo informe sobre Carga Fiscal sobre el Sector Formal, elaborado por el Departamento de Política Tributaria de la Unión Industrial Argentina (UIA).
El estudio compara los principales tributos que pagan las empresas en 30 países —integrados por las naciones del G20, Sudamérica, España, Países Bajos y Suiza— y concluye que la Argentina continúa siendo el país donde el sector privado formal soporta la mayor presión tributaria.
Empresas formales, acorraladas por impuestos en Argentina
El dato más contundente del trabajo es que la carga tributaria sobre el sector formal alcanza el 56%, seis puntos porcentuales por encima de la medición realizada en el informe correspondiente a 2023 utilizando la misma metodología.
Ese incremento no implica necesariamente una suba de impuestos, sino que surge de la combinación entre la estructura tributaria vigente y el elevado nivel de informalidad que reduce la base sobre la cual recae la recaudación.
El contraste es uno de los aspectos más llamativos del estudio.
Si se toma la presión fiscal tradicional —es decir, la recaudación como porcentaje del Producto Bruto Interno— Argentina ocupa el puesto 12 entre los 30 países analizados.
Sin embargo, cuando el cálculo excluye la economía informal y mide únicamente el peso que soportan quienes tributan dentro del sistema, el país pasa al primer lugar del ranking mundial.
Para llegar a esa conclusión, el informe ajustó el PBI de cada país según el peso de la informalidad laboral, utilizando datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
De esa manera buscó estimar cuál es la verdadera carga que soportan las empresas que operan dentro de la economía formal.
Carga tributaria: el diagnóstico de la industria
La UIA sostiene desde hace años que el problema argentino no pasa únicamente por la cantidad de impuestos existentes sino por la superposición de tributos nacionales, provinciales y municipales, sumada a regímenes de percepción, retención y anticipos que inmovilizan capital de trabajo y elevan el costo de producir.
En ese sentido, el trabajo analiza ocho impuestos considerados centrales para medir la competitividad tributaria: Ganancias de sociedades, IVA, impuesto sobre los Débitos y Créditos Bancarios, Derechos de Exportación, impuestos patrimoniales, Ingresos Brutos, tasas municipales e Impuesto de Sellos.
El resultado es contundente: Argentina ocupa el primer lugar en prácticamente todos los tributos considerados más distorsivos y sólo pierde el liderazgo en el impuesto a las ganancias corporativas, donde quedó segunda detrás de Colombia tras la reforma tributaria implementada por ese país.
En materia de Ganancias, el estudio recuerda que la alícuota máxima para sociedades es del 35%, a la que se suma un 7% sobre los dividendos, lo que lleva la carga efectiva sobre la renta empresaria al 39,5%, una de las más elevadas del mundo.
También advierte que Argentina mantiene el cuarto IVA más alto entre los países relevados, con una alícuota general del 21%, detrás de Brasil, Uruguay e Italia.
A ese nivel de imposición se agregan problemas administrativos como la acumulación de créditos fiscales, demoras en las devoluciones a exportadores y la proliferación de regímenes de retención y percepción, que afectan la liquidez de las empresas.
Por su parte, el impuesto sobre los Débitos y Créditos Bancarios —creado en 2001 como un gravamen transitorio— continúa colocando a la Argentina en el primer lugar del ranking.
El informe recuerda que sólo cuatro países aplican actualmente un impuesto general sobre las transacciones financieras y señala que Bolivia decidió eliminarlo definitivamente este año.
Los impuestos que más pesan
Otro de los capítulos que concentra las críticas del sector industrial es el referido a los tributos patrimoniales.
Si bien la reforma introducida en 2024 mediante el Régimen Especial de Ingreso sobre los Bienes Personales (REIBP) redujo algunas alícuotas, el informe sostiene que la Argentina sigue ocupando el primer lugar entre los países analizados debido a que grava el patrimonio sobre una base imponible bruta —sin descontar deudas— y mantiene un mínimo no imponible inferior al de la mayoría de las economías comparadas.
En materia de comercio exterior, el estudio señala que sólo Argentina y Rusia mantienen derechos de exportación entre los 30 países relevados.
Si bien reconoce que el Gobierno avanzó en la eliminación de retenciones para gran parte de las manufacturas industriales mediante el Decreto 566/2026, destaca que todavía subsisten gravámenes para distintos sectores productivos y que Argentina continúa siendo el país con mayor carga en este rubro.
Diagnóstico subnacional
La UIA también sostiene que Ingresos Brutos continúa siendo uno de los impuestos más distorsivos del sistema tributario argentino porque grava en cascada cada etapa de la cadena productiva, incrementando los costos a medida que avanza el proceso de elaboración de bienes y servicios.
A ello se suman las tasas municipales, que en muchos casos utilizan la misma base imponible que Ingresos Brutos, configurando situaciones de doble imposición.
El informe también cuestiona el Impuesto de Sellos, al considerar que su aplicación sobre una amplia variedad de contratos y operaciones comerciales termina encareciendo el crédito, la inversión y la formalización de la actividad económica.
Según el relevamiento, Argentina vuelve a ubicarse en el primer puesto del ranking por el alcance de este tributo.
Presión fiscal formal superior
Uno de los aportes más interesantes del trabajo es la diferencia entre los dos indicadores utilizados para medir la carga impositiva.
Cuando se analiza la presión fiscal tradicional, calculada como la recaudación en relación con el PBI, Argentina aparece en una posición intermedia dentro de la muestra, ocupando el puesto 12.
Sin embargo, cuando el cálculo considera únicamente la economía formal, la situación cambia por completo.
La elevada informalidad laboral hace que el financiamiento del Estado recaiga sobre un universo mucho más reducido de contribuyentes, elevando significativamente la presión que soportan las empresas y trabajadores registrados.
El resultado es una carga tributaria del 56%, la más alta entre los 30 países analizados.
Las reformas que propone la industria
Además del diagnóstico, el informe dedica un capítulo completo a las reformas que considera necesarias para recuperar competitividad y estimular nuevas inversiones.
Entre las principales medidas figuran la reducción de la alícuota del Impuesto a las Ganancias de sociedades al 25%; la posibilidad de computar progresivamente el impuesto sobre los Débitos y Créditos Bancarios como pago a cuenta de IVA y Ganancias hasta avanzar hacia su eliminación.
También incorpora la devolución automática de saldos técnicos de IVA; una cuenta tributaria única que permita compensar créditos fiscales; la eliminación definitiva de los derechos de exportación para los productos industriales y alimentos elaborados.
A esto suma una reducción gradual de Ingresos Brutos hasta alcanzar una alícuota cero para la industria y una mayor vinculación entre las tasas municipales y los servicios efectivamente prestados.
También propone un compromiso de estabilidad fiscal y jurídica por 30 años, similar al previsto por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
Un debate que vuelve
La publicación del informe coincide con un momento en el que el Gobierno nacional impulsa una reducción gradual de la carga tributaria para favorecer la inversión privada y las exportaciones.
Durante el último año eliminó el Impuesto PAIS, avanzó en la reducción de retenciones para numerosos productos industriales y ratificó que la reforma tributaria integral forma parte de los objetivos de mediano plazo.
Sin embargo, el relevamiento de la UIA muestra que, aun con esos cambios, persiste una estructura impositiva que combina gravámenes nacionales, provinciales y municipales, superposición de impuestos y elevados costos administrativos.
Para la entidad industrial, mientras no se modifique ese esquema, la Argentina seguirá ocupando un lugar incómodo en las comparaciones internacionales: el de ser el país donde las empresas que producen, invierten y cumplen con todas sus obligaciones tributarias soportan la mayor carga fiscal del grupo de economías analizadas.