CRISIS

Histórica empresa del agro pidió procedimiento preventivo de crisis por deudas millonarias y salarios atrasados

Arrastra una deuda millonaria y afronta investigación judicial, mientras los trabajadores y proveedores esperan soluciones urgentes
Por Diego Mañas
NEGOCIOS - 02 de Julio, 2026

El Ministerio de Trabajo de la Provincia de Córdoba acaba de disparar una de las noticias más impactantes para el entramado industrial del interior argentino. Metalfor, la empresa que durante décadas fue sinónimo de potencia y liderazgo en el sector de la maquinaria agrícola, formalizó la apertura de un Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC).

La decisión representa el reconocimiento oficial del estado de asfixia financiera de una compañía que emplea a 600 trabajadores directos y de la que dependen cientos de familias en Marcos Juárez y Noetinger, en pleno corazón productivo argentino.

La situación actual es crítica. El pasivo financiero de la firma asciende a más de $55.000 millones, según los registros públicos. Esta cifra se traduce en una realidad cotidiana en la que la empresa adeuda salarios y no ha podido cubrir el pago completo de quincenas correspondientes a los primeros meses de 2026.

La empresa tiene ahora un plazo estricto hasta el 15 de julio para presentar una oferta y negociar con la filial de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) de Bell Ville, buscando un esquema que permita preservar las fuentes de trabajo y evitar un colapso mayor.

Quién es Metalfor y por qué su crisis sacude al interior

Para el público urbano, acostumbrado a los vaivenes del sector financiero o tecnológico de la city porteña, el nombre de Metalfor puede sonar lejano, pero en el "interior profundo" es una institución. Fundada en 1974 por el emprendedor Luis Dadomo en El Fortín, Córdoba, la empresa nació como un pequeño galpón de herrería. Con apenas 20 años, su fundador fabricaba, pintaba y vendía personalmente sus productos por todo el país.

A lo largo de 50 años, Metalfor se transformó en el termómetro de la salud del campo argentino. Se especializó en pulverizadoras autopropulsadas, esas máquinas imponentes con brazos laterales de 30 metros que aplican fitosanitarios con precisión quirúrgica.

Su dominio es tal que, según registros de la propia firma, respaldados por los datos de patentamientos sectoriales, una de cada dos pulverizadoras que trabajan en los campos argentinos lleva su marca. Además, es uno de los pocos fabricantes nacionales que se atrevió a competir en el segmento de las cosechadoras, un mercado históricamente dominado por multinacionales como John Deere o New Holland.

En 2017, tras décadas de crecimiento que incluyeron el desembarco en Brasil con una planta propia, Metalfor pasó a manos de Bertotto Boglione, otra empresa metalúrgica nacional de gran trayectoria. Su importancia en el tejido productivo es vital, ya que no es solo una fábrica, sino el corazón de una cadena de proveedores locales y una red de 25 sucursales propias que cubren todo el territorio nacional.

Un modelo de negocios que se volvió una trampa financiera

La génesis de la crisis actual radica en una combinación de factores externos y un modelo comercial que, aunque exitoso durante años, demostró ser extremadamente vulnerable a la falta de liquidez. Metalfor opera bajo un esquema de integración total: fabrica, vende de forma directa y, lo más importante, financia al comprador. "Por cada máquina nueva que vendés, recibís una máquina usada que tenés que reacondicionar y financiar. Y muchas veces son pequeños productores o contratistas que necesitan tres o cuatro años para pagar", explicaba recientemente Eduardo Borri, presidente de la firma.

Este modelo de economía circular requiere que la empresa esté constantemente apalancada en el mercado de capitales para descargar esa deuda y seguir operando.

Sin embargo, a fines de 2024, el escenario cambió bruscamente. El mercado financiero, golpeado por la crisis de otros jugadores del agro (acopios e insumos), dejó de distinguir entre empresas sanas y con problemas. "Nos metieron a todos en la misma bolsa", lamentó Borri. Lo que antes era una renovación automática de deuda bursátil, se convirtió en una puerta cerrada.

Cheques rechazados y ventas en picada

La fragilidad de Metalfor quedó expuesta en la Central de Cheques del Banco Central. Los registros muestran 510 cheques rechazados por falta de fondos, acumulando un monto de $5.343 millones. Lo preocupante es que estos rechazos se sostuvieron de forma ininterrumpida durante más de tres meses, evidenciando una crisis de liquidez severa.

Además, los registros de deuda con entidades financieras son más que abultados. Según los datos del Banco Central, el pasivo de la firma cordobesa es de $52.433 millones.

El frente judicial: fideicomisos y sospechas penales

Como si la asfixia financiera no fuera suficiente, Metalfor enfrenta ahora una tormenta en los tribunales. La firma Rosfid, administradora de siete fideicomisos financieros (Metalcred XI al XVII) utilizados por la empresa para fondear sus ventas, presentó una denuncia penal ante la fiscalía de Santa Fe.

El origen del conflicto es alarmante, puesto que el fiduciario detectó divergencias entre las cobranzas reales y las proyectadas. Al intimar a deudores morosos, Rosfid se encontró con la sorpresa de que varios productores alegaron haber realizado pagos a Metalfor, pero ese dinero "nunca fue transferido a las cuentas de los fideicomisos".

Aunque la empresa alegó motivos climáticos y "cuestiones operativas de administración interna" para justificar el desvío del flujo, la Justicia investiga si hubo un manejo irregular de los activos que garantizaban esos títulos en el mercado de capitales.

Entre el auxilio de EE.UU. y el futuro del empleo

En medio de este escenario, Metalfor jugó una carta internacional fuerte, en la que obtuvo un préstamo de u$s50 millones de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de los Estados Unidos (DFC), una agencia estatal del gobierno norteamericano. Este crédito, a ocho años de plazo, fue presentado como la tabla de salvación para reestructurar la deuda de corto plazo y enfocar el negocio en el reacondicionamiento de maquinaria usada.

"Hoy el 90% de nuestra deuda es de largo plazo gracias a este crédito", aseguraba Borri a principios de año, intentando llevar tranquilidad a proveedores y clientes. Sin embargo, la demora en los desembolsos de este préstamo y la presión de las tasas locales terminaron por precipitar el pedido de preventivo de crisis actual.

El futuro de Metalfor es ahora una incógnita que se despejará en las mesas de negociación del Ministerio de Trabajo. Con una deuda con 23 entidades bancarias —encabezadas por el Banco Nación y el Galicia— y la mirada atenta de 600 trabajadores que ven peligrar su sustento, la empresa busca una salida que le permita seguir siendo ese emblema del interior que alguna vez soñó Luis Dadomo.

Por ahora, la prioridad es acordar con el sindicato y evitar que el ruido de las máquinas se apague definitivamente en Marcos Juárez.

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