Medio Oriente cambia el mapa de negocios en Argentina: qué sectores ganan y cuáles pierden
El principio de acuerdo para descomprimir el conflicto en Medio Oriente comienza a cambiar nuevamente el mapa de negocios para las empresas argentinas.
Después de varios meses en los que la suba de los commodities benefició a los sectores exportadores y castigó los costos de las actividades vinculadas al mercado interno, la reapertura parcial del Estrecho de Ormuz podría empezar a invertir parte de esa ecuación, beneficiando a compañías de consumo y aerolíneas mientras reduce la renta extraordinaria de petroleras y exportadores.
Por lo menos así surge de analizar un informe elaborado por FIX SCR sobre las perspectivas sectoriales para las empresas argentinas tras el principio de acuerdo en Medio Oriente.
El trabajo asegura que las petroleras que producen crudo, especialmente las que operan en Vaca Muerta, todavía cuentan con un escenario favorable, lo cual también ocurre con el aluminio, cuyo precio internacional se sostiene por problemas estructurales de oferta.
En el otro extremo, el documento ubica a las compañías de consumo masivo, las aerolíneas, las desarrolladoras inmobiliarias y las petroleras que concentran su negocio en la refinación y venta de combustibles, que podrían encontrar cierto alivio si continúa la baja de los costos internacionales.
En el medio aparece el campo, en donde la reducción del precio de fertilizantes y combustibles juega a favor de los productores, pero una eventual baja de la soja, el trigo y el maíz puede quitarles una parte importante de ese beneficio.
El documento también plantea una normalización gradual, pero advierte que el proceso continuará sometido a una fuerte incertidumbre política.
El punto neurálgico del comercio mundial bajo la lupa
El aspecto más saliente del documento analiza las consecuencias del cierre del Estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del comercio mundial de petróleo y gas natural licuado (GNL), además de hasta un tercio de las materias primas utilizadas para fabricar fertilizantes.
Durante la etapa de mayor tensión, el Brent llegó a tocar los u$s120 por barril, pero tras el anuncio del entendimiento retrocedió hacia los u$s75, todavía por encima de los valores previos al conflicto, aunque suficientemente lejos de los máximos como para comenzar a modificar los costos y márgenes de diferentes actividades.
Por eso, el trabajo entiende que Vaca Muerta conserva una amplia ventaja y que el upstream petrolero continúa entre los sectores mejor posicionados.
Para FIX SCR, la baja del Brent reduce parte de la renta extraordinaria capturada durante la escalada, pero los precios internacionales siguen siendo ampliamente superiores a los costos de producción locales.
La consultora calcula que el punto de equilibrio operativo de Vaca Muerta se encuentra alrededor de los u$s45 por barril. Con un Brent en la zona de u$s75, las empresas mantienen margen para fortalecer su generación de caja, reducir deuda y sostener sus planes de inversión.
La ventaja es particularmente importante para la producción no convencional, que cuenta con una estructura de costos más competitiva.
Pero el escenario también puede mejorar la rentabilidad de los yacimientos convencionales que permanecen en producción.
El sector llega, además, en un momento de fuerte expansión con una producción que promedió 800.000 barriles diarios en 2025, un crecimiento del 13% frente al año anterior.
Para este 2026, la calificadora espera una producción de entre 900.000 y 950.000 barriles por día que colocaría a la Argentina entre los productores no pertenecientes a la OPEP con mayor crecimiento relativo, después de Brasil.
Vaca Muerta bate récords de exportación pese a trabas logísticas
Durante el 2025, el país vendió al exterior 62 millones de barriles de petróleo, un 49% más que en 2024, con ingresos por u$s4.070 millones.
En el documento se asegura que la principal limitación para capturar plenamente la oportunidad no está en el subsuelo, sino en la superficie.
La infraestructura de evacuación opera cerca de sus límites actuales y restringe la posibilidad de aumentar las exportaciones hasta que entren en funcionamiento los proyectos de transporte en ejecución.
El escenario internacional también puede tener un efecto financiero, ya que las petroleras podrían utilizar la mayor generación de caja y las mejores perspectivas del sector para refinanciar pasivos, extender vencimientos y conseguir fondeo en mejores condiciones.
El aluminio mantiene su fortaleza por déficit estructural
En el trabajo se observa cómo el sector de los metales básicos muestra una situación más heterogénea y se destaca al aluminio, que aparece entre los negocios que podrían conservar condiciones favorables incluso si la tensión geopolítica continúa bajando.
La razón es que el conflicto profundizó un déficit de oferta que ya existía, con un precio que había superado los u$s3.000 por tonelada en enero de 2026 como consecuencia de varios factores:
- El límite de 45 millones de toneladas que China se impuso para su producción
- Los recortes de actividad en fundiciones afectados por la crisis energética
- Las restricciones comerciales derivadas de los aranceles
Las disrupciones logísticas en Ormuz y los ataques a instalaciones de productores del Golfo profundizaron posteriormente ese desequilibrio.
La cotización llegó a la zona de los u$s3.400 por tonelada en marzo y luego alcanzó niveles todavía superiores. Por eso, FIX considera que una normalización no provocaría una baja abrupta.
Entiende que las capacidades productivas dañadas necesitan tiempo para recuperarse y la creación de nueva oferta enfrenta un problema adicional: la disponibilidad de electricidad, en un mundo en el que los data centers comienzan a competir crecientemente por el suministro energético.
La siderurgia argentina enfrenta una situación diferente, ya que su abastecimiento de mineral de hierro proviene principalmente de Brasil, Canadá y Sudáfrica, por lo que el efecto directo del conflicto es limitado.
En este sentido, el principal problema para las empresas siderúrgicas continúa estando dentro del país a partir de la debilidad de la construcción y la obra pública.
En este caso, la recuperación dependerá mucho más de la evolución de la economía argentina y del nivel de inversión que de la situación en Medio Oriente.
El agro enfrenta una ecuación imposible entre costos e ingresos
En el caso del campo, el informe muestra cómo enfrenta probablemente la ecuación más ambigua del nuevo escenario.
La reapertura de Ormuz y la normalización del comercio pueden reducir el precio de los fertilizantes nitrogenados, los combustibles y la logística.
Sin embargo, una corrección a la baja de los commodities agrícolas puede absorber una parte importante de ese beneficio.
Durante la crisis, la urea acumuló una suba del 20% hasta alcanzar los u$s450 por tonelada, mientras que el gasoil aumentó más de 20%.
Los granos, en cambio, tuvieron comportamientos diferentes:
- La soja avanzó 15%
- El trigo subió 10%
- El maíz apenas aumentó 1%
Para FIX SCR, la dependencia argentina de los fertilizantes importados explica la sensibilidad de los márgenes agrícolas frente al conflicto.
"En 2025, el país consumió alrededor de 5,1 millones de toneladas e importó 4,1 millones. En otras palabras, aproximadamente el 80% de la demanda nacional se abasteció con productos provenientes del exterior", señala el informe, que también aclara que el impacto tampoco es igual para todos los cultivos.
En el caso del trigo y maíz, concentran alrededor del 70% del consumo nacional de fertilizantes, por lo que resultaron especialmente expuestos al encarecimiento de la urea.
Según las estimaciones incluidas en el documento, los costos totales del trigo para la campaña 2026/27 podrían aumentar entre 9% y 11%.
Una baja de la energía y de los insumos permitiría revisar parcialmente ese incremento.
En ese aspecto, se advierte que el problema más serio se concentra en los productores con menor espalda financiera.
"Si los costos permanecen altos y los granos pierden valor, algunos podrían reducir las dosis de fertilización o ajustar la superficie sembrada. El resultado sería una menor productividad y una mayor volatilidad de los rindes", se detalla.
El GNL mantiene en alerta al sistema eléctrico argentino
El impacto sobre la generación eléctrica es más acotado, si se tiene en cuenta que el informe detalla que el gas de producción nacional que abastece la mayor parte del despacho eléctrico tiene un precio regulado bajo el Plan Gas de alrededor de u$s3,5 por millón de BTU hasta 2028.
Si bien ese mecanismo permite aislar buena parte del sistema del shock internacional, para FIX SCR el problema aparece durante los picos de consumo del invierno, cuando la producción doméstica y la capacidad de transporte no alcanzan y el sistema debe recurrir a cargamentos de GNL importado.
Desde el inicio del conflicto, ese combustible registró una suba cercana al 40%, lo cual obligó al Gobierno a postergar la privatización de las importaciones de GNL y mantener a ENARSA como responsable de la operatoria durante el invierno de 2026.
En el caso de las distribuidoras eléctricas existe, además, otro riesgo que, según el informe, se debe al mayor costo de generación que se refleja en el precio mayorista de la energía administrado por CAMMESA, mientras las tarifas se actualizan de manera gradual.
Ese desfase entre la velocidad de aumento de los costos y los ajustes tarifarios puede generar nuevamente presión sobre los márgenes y la situación financiera de las compañías.
Consumo masivo respira pero enfrenta demanda estancada
Para el caso de las compañías de alimentos, bebidas, limpieza y cuidado personal, en el documento aparecen entre las potencialmente beneficiadas por una normalización de los mercados internacionales.
Energía, logística y packaging representan, en promedio, cerca de una cuarta parte de los costos de estas empresas, por lo que una baja sostenida del petróleo puede comenzar a reducir las presiones que enfrentaron durante los meses anteriores.
Pero el principal problema del sector no está solamente en los costos, sino en la dificultad para trasladarlos a precios en un mercado interno todavía débil.
En este sentido, FIX SCR señala que "las compañías enfrentan una demanda estancada y consumidores con menor capacidad financiera, ya que durante el primer trimestre de 2026, las ventas reales cayeron 3,1% en supermercados, 2,6% en autoservicios mayoristas y 5,7% en centros de compras".
A esa tendencia se suma un dato financiero preocupante como es el de la morosidad de los créditos a hogares, que se triplicó en el último año y alcanzó el 11% en marzo pasado.
En ese contexto, las empresas deben administrar una ecuación compleja en donde un mayor traslado de costos a precios puede recuperar margen por unidad vendida, pero al mismo tiempo profundizar la caída de los volúmenes.
Real estate y aerolíneas apuestan a la baja de energía
La baja de la energía también podría beneficiar indirectamente al negocio inmobiliario, que durante la crisis vio cómo aumentaron los costos logísticos y los precios de materiales intensivos en energía y derivados petroquímicos, como asfaltos, pinturas, membranas y determinados revestimientos.
Una normalización permitiría reducir parte de esa presión, aunque el sector enfrenta otro frente complicado originado en el crédito hipotecario.
"Durante el primer trimestre de 2026, el otorgamiento de préstamos hipotecarios cayó 20% interanual. Además, el sistema UVA ajusta por inflación, por lo que una aceleración de los precios encarece las cuotas nominales y reduce la accesibilidad si los salarios no evolucionan al mismo ritmo", detalla el paper.
En el caso de las aerolíneas, también están entre las compañías que podrían recibir un alivio inmediato si continúa bajando el petróleo.
Durante el conflicto, el precio del jet fuel llegó a duplicarse hasta alcanzar niveles similares a los observados al comienzo de la guerra entre Rusia y Ucrania, aumento que se trasladó parcialmente a las tarifas.
Los vuelos internacionales desde la Argentina subieron en promedio 16%, mientras las compañías aplicaron recargos por combustible de $7.500 por tramo en cabotaje y de entre u$s10 y u$s50 en vuelos internacionales.
Una baja sostenida del combustible puede reducir esa presión y mejorar los márgenes de las aerolíneas, de acuerdo al documento.
El beneficio también alcanzaría a los aeropuertos, que dependen no sólo de las tasas vinculadas al movimiento de pasajeros, sino también de los ingresos provenientes del retail, la gastronomía, los estacionamientos y otros servicios dentro de las terminales.
El mapa de negocios argentino sigue abierto a cambios bruscos
La tregua en Medio Oriente, de este modo, no elimina los riesgos para las empresas argentinas, sino que vuelve a cambiar su distribución.
Si la reapertura de Ormuz se consolida, las actividades vinculadas al mercado interno podrían recuperar parte de los márgenes perdidos y los exportadores comenzarían a resignar una porción de la renta extraordinaria obtenida durante la crisis.
Pero el escenario continúa abierto y un fracaso de las negociaciones y una nueva interrupción del tránsito por el estrecho volverían a impulsar el petróleo, el GNL, los metales y los fertilizantes.
Con ellos, cambiaría otra vez el mapa de ganadores y perdedores de los negocios en la Argentina.