La crisis del cine se lleva otro ícono y el histórico Savoy se convierte en un mega gimnasio
Durante décadas, las luces del Savoy fueron parte del paisaje de la avenida Cabildo, donde miles de porteños pasaron por sus salas para ver estrenos nacionales e internacionales, mucho antes de que el edificio se transformara en Multiplex Cabildo y luego en Arteplex.
Ahora, ese capítulo llega definitivamente a su fin ya que la Dirección General de Interpretación Urbanística (DGIUR) de la Ciudad de Buenos Aires aprobó la factibilidad para cambiar el destino de este inmueble de 2.134,66 m² que dejará atrás su pasado cinematográfico para convertirse en un complejo integrado por un gimnasio como actividad principal, un espacio de pilates, consultorios profesionales y un café bar.
La autorización alcanza la planta baja, el subsuelo, dos pisos y entrepisos, y representa mucho más que un simple cambio de rubro: marca el cierre definitivo de una etapa para uno de los cines históricos de Belgrano y confirma una tendencia que se repite en Buenos Aires y en muchas ciudades del mundo donde los grandes complejos cinematográficos están siendo reemplazados por actividades con ingresos más estables y mayor rentabilidad.
Del fracaso al negocio del bienestar
La reconversión no fue inmediata si se tiene en cuenta que tras el cierre definitivo del Multiplex Cabildo, el edificio permaneció vacío durante casi cuatro años mientras sus propietarios buscaban un nuevo destino para uno de los inmuebles comerciales más importantes de la avenida Cabildo.
En ese período fue ofrecido en alquiler para albergar una gran tienda de marcas internacionales, con una renta pretendida cercana a u$s30.000 mensuales.
Entre los potenciales interesados aparecieron operadores internacionales del retail deportivo y de indumentaria, aunque ninguna negociación prosperó.
Con ese plan descartado, la estrategia cambió por completo y en lugar de apostar al comercio tradicional, los propietarios avanzaron con un proyecto vinculado al negocio del bienestar, uno de los segmentos que más creció en los últimos años y que combina actividad física, salud, gastronomía y servicios.
Un gimnasio, pero todavía sin nombre
Uno de los datos más llamativos del proyecto es que, pese a la aprobación oficial del cambio de uso, todavía no se conoce qué empresa explotará el futuro gimnasio.
La disposición urbanística habilita la actividad, pero no identifica al operador ni a la cadena que administrará el complejo.
Por sus dimensiones y ubicación, el edificio podría resultar atractivo para cualquiera de los grandes jugadores del mercado de gimnasios premium.
Sin embargo, hasta el momento no existe ninguna confirmación oficial sobre quién será el responsable de poner en marcha el emprendimiento.
Ese dato alimenta versiones dentro del sector inmobiliario, aunque ninguna pudo ser corroborada.
El edificio que deberá conservar su identidad
La autorización urbanística también establece límites precisos debido a que el inmueble posee Protección Cautelar dentro del Código Urbanístico y está alcanzado por la Ley 4.927, que protege edificios construidos antes de 1941.
Eso obliga a preservar la composición de la fachada y los elementos arquitectónicos que le otorgan valor patrimonial, asegurando que el edificio seguirá siendo reconocible desde la avenida Cabildo pese al radical cambio de uso en su interior.
La resolución también exige la incorporación de módulos para bicicletas y aclara que la aprobación urbanística no reemplaza otras autorizaciones vinculadas con el Código de la Edificación o la normativa ambiental.
La historia de un ícono que no escapó a la crisis
Mucho antes de convertirse en Multiplex Cabildo o en una de las sedes del circuito Arteplex, el edificio era conocido simplemente como Savoy.
Inaugurado a mediados del siglo pasado, fue uno de los grandes cines de barrio de Buenos Aires y durante décadas acompañó el crecimiento de Belgrano como uno de los principales polos comerciales y de entretenimiento de la Ciudad.
Como ocurrió con muchas salas tradicionales, fue adaptándose a los cambios del mercado.
Primero dejó atrás el formato de gran sala única para transformarse en un complejo multipantalla y, más tarde, buscó diferenciarse con una programación orientada al cine independiente, europeo y de autor bajo la marca Arteplex.
Incluso llegó a formar parte del circuito del BAFICI, convirtiéndose en un espacio de referencia para un público distinto al de los grandes tanques de Hollywood.
Pero la reconversión no alcanzó y la industria cinematográfica comenzó a mostrar signos de agotamiento varios años antes de la pandemia.
La expansión de plataformas como Netflix, Disney , Prime Video, Max y Apple TV modificó los hábitos de consumo y redujo progresivamente la cantidad de espectadores que elegían una sala de cine.
El Covid-19 terminó acelerando un proceso que ya estaba en marcha con salas que permanecieron cerradas durante meses y, cuando pudieron reabrir, el público nunca volvió en los niveles previos a 2020.
Los grandes estrenos continuaron convocando espectadores, pero ya no alcanzaban para sostener la estructura económica de complejos con miles de metros cuadrados, elevados costos operativos y una cartelera cada vez más concentrada en pocas producciones.
En ese contexto, el Multiplex Cabildo cerró definitivamente sus puertas y la cadena devolvió el inmueble a sus dueños, quienes quedaron frente al desafío de encontrar un nuevo destino para una propiedad de gran tamaño ubicada sobre uno de los corredores comerciales más cotizados de la Ciudad.
El cambio de estrategia
Durante los años siguientes, se buscaron alternativas para recuperar el valor económico del inmueble.
La primera apuesta estuvo vinculada al comercio minorista para instalar una sucursal de alguna gran cadena nacional o internacional para transformarlo en una megatienda, aprovechando su ubicación estratégica sobre la avenida Cabildo y la importante circulación peatonal de la zona.
Sin embargo, el proyecto nunca avanzó debido a que la desaceleración del consumo, la retracción de muchas marcas internacionales y la mayor cautela de los operadores comerciales terminaron frustrando esa posibilidad.
Fue entonces cuando comenzó a ganar fuerza la alternativa de convertir el edificio en un complejo de bienestar y servicios, segmento que en los últimos años mostró una demanda mucho más dinámica que el mercado de las grandes superficies comerciales.
La aprobación urbanística conocida esta semana representa, justamente, el primer paso formal para concretar esa transformación y poner nuevamente en funcionamiento un inmueble que permanecía cerrado desde hacía casi cuatro años.
El negocio detrás de la reconversión
Pero la transformación del ex Savoy no responde únicamente a una decisión arquitectónica ya que detrás del proyecto hay un cambio profundo en la lógica del mercado inmobiliario y del negocio del entretenimiento.
Hace apenas dos décadas, un cine ubicado sobre una avenida como Cabildo era un activo de enorme valor comercial.
Hoy la explosión del streaming, los cambios en los hábitos de consumo y el fuerte aumento de los costos operativos hicieron que muchas salas dejaran de ser rentables, incluso en zonas de alta circulación.
En cambio, los centros de bienestar viven un momento completamente diferente con gimnasios que dejaron de ser espacios dedicados exclusivamente al entrenamiento físico para convertirse en complejos de servicios.
Integran musculación, entrenamiento funcional, pilates, yoga, rehabilitación, nutrición, medicina deportiva y propuestas gastronómicas, generando actividad prácticamente durante todo el día.
Ese modelo ofrece una ventaja económica decisiva con ingresos mensuales previsibles mediante cuotas de socios, una utilización mucho más intensa del inmueble y la posibilidad de sumar nuevas unidades de negocio dentro del mismo edificio.
No resulta casual que el proyecto aprobado para Cabildo 2829 combine justamente esas actividades. El gimnasio será el eje central, pero convivirá con un área de pilates, consultorios y un café bar, buscando aumentar el tiempo de permanencia de los clientes y diversificar la facturación.
Una tendencia que llegó para quedarse
Lo ocurrido con el ex Savoy tampoco es un hecho aislado si se recuerda que durante los últimos años, numerosos edificios históricos de Buenos Aires cambiaron radicalmente de destino.
Antiguos cines fueron convertidos en supermercados, iglesias evangélicas, centros culturales, locales comerciales, espacios gastronómicos o edificios de oficinas.
En todos los casos, el denominador común fue el de encontrar una actividad capaz de sostener económicamente inmuebles de grandes dimensiones que ya no podían vivir exclusivamente de la exhibición cinematográfica.
El caso del Savoy resume esa transformación. Durante décadas fue un símbolo del entretenimiento porteño. Luego sobrevivió gracias a distintas reconversiones comerciales. Finalmente, la crisis del sector terminó imponiendo un cambio mucho más profundo.
El edificio seguirá siendo parte del paisaje de la avenida Cabildo y conservará su histórica fachada por su protección patrimonial. Pero detrás de esas paredes ya no habrá boleterías, carteleras con estrenos ni salas oscuras esperando espectadores sino cintas para correr, clases de pilates, consultorios y un café.
El cambio que acelera otro cambio
El caso del ex Savoy también refleja una transformación más amplia que atraviesa al mercado inmobiliario comercial porteño.
Hasta hace algunos años, los grandes cines eran considerados activos estratégicos por su capacidad para atraer público y dinamizar los corredores comerciales.
Hoy la lógica cambió y la prioridad ya no pasa por mantener el uso original del edificio, sino por encontrar actividades capaces de garantizar una ocupación permanente y una renta sostenible.
En ese escenario, los desarrolladores comenzaron a mirar con otros ojos inmuebles de grandes dimensiones ubicados sobre avenidas de alto tránsito.
Espacios que durante años estuvieron diseñados para recibir espectadores hoy resultan ideales para emprendimientos vinculados al bienestar, la salud, la gastronomía, el retail especializado o incluso oficinas flexibles.
La combinación de gimnasio, pilates, consultorios y cafetería aprobada para el ex Savoy responde precisamente a ese concepto: se trata de un modelo de usos mixtos que busca generar movimiento desde las primeras horas de la mañana hasta la noche, reduciendo la dependencia de una única actividad comercial.
Además, este tipo de proyectos suele tener una ventaja adicional para los propietarios: distribuye el riesgo entre distintos servicios y permite sostener ingresos aun cuando alguno de los rubros atraviese un momento de menor demanda.