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Láctea histórica entra en fase de venta y sus empleados buscan quedarse con la planta

Tras años de autogestión, la ex Cotar define su futuro judicial. Operarios buscan adjudicarse la planta para consolidar la producción y blindar empleos
29/07/2026 - 11:33hs
Láctea histórica entra en fase de venta y sus empleados buscan quedarse con la planta

En medio de vaivenes y complicaciones, el segmento lechero busca recuperar su mejor forma y, a través de experiencias como La Suipachense y Sudamericana de Lácteos, la recuperación de un nicho histórico de negocios parece comenzar a tomar forma en el horizonte cercano. En línea con estos dos casos, la planta de la extinta Sociedad Cooperativa de Tamberos de Rosario Limitada (Cotar) en Rosario ingresó en una cuenta regresiva institucional y financiera que determinará el control definitivo de sus instalaciones y la continuidad de sus operaciones industriales. Agrupados bajo la estructura de Nueva Cotar, los trabajadores de la firma buscan dar el paso definitivo para transformarse en los propietarios formales de la usina lechera. Se trata de un espacio industrial que vienen gestionando de forma ininterrumpida desde 2022, momento en que tomaron las riendas del establecimiento ante el colapso financiero y operativo de la cooperativa original. Suman alrededor de 80 los empleos que genera la láctea.

El proceso legal alcanzó una instancia bisagra con la intervención de la Justicia. Tras el quiebre de la firma histórica y la acumulación de un pasivo que superó los $1.500 millones, a partir de deudas con la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), acreedores comerciales y salarios caídos de más de 120 familias, la sindicatura avanza en la etapa final del proceso de enajenación y tasación de los bienes inmuebles y la maquinaria.

En ese marco, la estrategia de los trabajadores busca replicar la fórmula de rescate y preservación de fuentes de trabajo que otras cooperativas lácteas del país vienen impulsando para quedarse con activos paralizados. El objetivo central de asumir el control legal de la planta es blindar a más de 80 trabajadores directos y decenas de puestos indirectos que hoy dependen de que las instalaciones lecheras sigan en funcionamiento.

Desde la conducción del espacio autogestionado remarcan la urgencia de cerrar el capítulo judicial para obtener previsibilidad operativa.

"Nosotros demostramos que la planta es viable y que pudimos sostenerla abierta en los peores momentos. Ahora necesitamos que la Justicia nos reconozca los créditos laborales para ser dueños legítimos del predio y dejar de vivir con la incertidumbre de un desalojo o un remate", afirmaron fuentes ligadas a los operarios de la ex Cotar.

Cotar y un endeudamiento crónico

Para entender cómo una marca emblemática rozó el cierre definitivo hay que reconstruir una cadena de desaciertos gerenciales y desbalances estructurales que se arrastraron durante casi dos décadas.

El deterioro de la vieja cooperativa no respondió a un hecho fortuito, sino a una combinación fatal: pérdida constante de socios tamberos, acumulación de deudas previsionales e impositivas, y la firma de acuerdos comerciales desfavorables que ahogaron el flujo de caja.

El evento que precipitó el derrumbe definitivo fue la cesación de pagos y la posterior rescisión de contratos de fasón clave con firmas nacionales y regionales. Tras perder el flujo de materia prima que aportaban los tamberos asociados, quienes migraron sus entregas hacia otras usinas ante los atrasos en los cobros, la planta pasó a operar a una fracción mínima de su potencial.

Esa capacidad ociosa transformó los costos fijos de la firma en una bola de nieve inmanejable que terminó por disparar la quiebra judicial y la interrupción de la cadena de pagos salariales.

A ese cuadro se sumó la falta de inversión en aspectos como la reconversión tecnológica. Así, mientras la competencia fue modernizando sus líneas de envasado y logística para ganar presencia en las góndolas de las grandes cadenas de supermercados, la conducción tradicional de Cotar se apoyó en esquemas comerciales obsoletos que derrumbaron la rentabilidad.

"Acá no hay especulación inmobiliaria ni financiera; hay familias enteras que se pusieron la fábrica al hombro cuando los antiguos dueños la abandonaron. Pasar la propiedad a manos de la cooperativa es la única garantía de que este predio siga produciendo y se preserve el trabajo local", señalaron respecto del proceso actual sendos voceros del gremio ATILRA.

La ex Cotar y la perspectiva de negocios de la nueva etapa

En el plano estrictamente comercial, el horizonte de Nueva Cotar dependerá directamente del éxito de la maniobra judicial para obtener la titularidad de la planta. De consolidarse como dueños del activo, los trabajadores proyectan encarar un plan de negocios centrado en tres pilares: reconversión operativa, diversificación de productos de valor agregado y "captura de liquidez mediante créditos bancarios de desarrollo industrial".

Hoy por hoy, y procesando entre 30.000 y 50.000 litros diarios bajo acuerdos de fasón para terceros, la cooperativa funciona con un margen justo para cubrir costos operativos y salarios. Sin embargo, la proyección técnica contempla duplicar ese volumen en una primera fase, apuntando a recuperar una escala de 100.000 litros diarios.

Según pudo saber iProfesional, el foco de negocios estará puesto en abastecer el canal de cercanía en el Gran Rosario con leche fluida en sachet, yogures y quesos blandos a precios competitivos, esquivando la intermediación de grandes distribuidores.

La clave financiera de este modelo radicará en el acceso al financiamiento. Hoy, al no poseer el título de propiedad, la cooperativa está imposibilitada de ofrecer garantías reales para tomar préstamos a tasa subsidiada. La adjudicación del predio, cuya superficie supera los 15.000 metros cuadrados y ostenta una infraestructura codiciada, transformaría el balance de la cooperativa, permitiéndole apalancarse para renovar equipamiento y expandir su red logística.

En paralelo, el apetito de los inversores privados y desarrolladores inmobiliarios por el terreno donde se levanta la planta, valuado en unos u$s4 millones, expone el valor estratégico del inmueble. De ocurrir el traspaso en los tribunales santafesinos, la ex Cotar buscará consolidar un modelo de empresa recuperada capaz de demostrar rentabilidad y blindar empleos.

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