Las nuevas expendedoras inteligentes cuestan u$s9.000 y permiten facturar hasta $6 millones mensuales
Puntos importantes
Durante años, abrir un kiosco implicó alquilar un local, invertir en infraestructura, contratar personal y asumir costos fijos antes de concretar la primera venta. Pero el negocio atraviesa una transformación. Según la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA), en los últimos 12 meses cerraron 16.000 establecimientos del sector —unos 43 por día—, lo que redujo la cantidad de comercios formales por debajo de los 100.000. En ese contexto, comenzaron a ganar terreno las máquinas expendedoras inteligentes, un nuevo formato que opera las 24 horas, permite cobrar con medios de pago digitales y funciona sin empleados permanentes.
El modelo ya tiene experiencias concretas en el país. Ese es el caso de Yellow Bear Store, una pyme nacida en Trenque Lauquen, provincia de Buenos Aires, que comenzó su recorrido en la distribución de alimentos y consumo masivo. La empresa surgió a partir de una distribuidora del interior, con conocimiento en abastecimiento, reposición, logística y rotación de productos.
Ese recorrido le permitió trasladar esa experiencia al desarrollo de un modelo de kioscos automáticos que no se limita al equipo tecnológico, sino que incorpora la selección del surtido, la gestión comercial y la operación diaria del punto de venta.
A partir de esa experiencia, desarrollaron una propuesta orientada a emprendedores, comercios, instituciones y empresas que buscan sumar una nueva unidad de ingresos sin la estructura tradicional de un kiosco físico.
Cómo funciona el nuevo kiosco automático 24/7 sin empleados que gana espacio en Argentina
La inversión para ingresar al negocio ronda entre u$s9.500 y u$s10.000 por máquina. Sin embargo, "el desembolso no contempla únicamente el equipo, sino un modelo integral que incluye la selección de productos, la integración de medios de pago, la red de proveedores, la logística, el sistema de gestión, la reposición y el acompañamiento comercial", pormenoriza Nicolás Tedoldi, cofundador de la empresa junto a Ignacio Ressia.
A diferencia de un kiosco tradicional, el modelo busca reducir parte de la estructura fija necesaria para operar un punto de venta. La propuesta evita costos asociados a un local comercial, como alquiler, adecuación del espacio, atención permanente y contratación de personal, aunque requiere una gestión eficiente de la reposición, el abastecimiento y la elección de la ubicación.
En cuanto a los gastos mensuales, los principales desembolsos directos están vinculados al consumo eléctrico y la conexión Wi-Fi. También deben contemplarse las tareas de reposición de mercadería y logística, que varían según el movimiento de cada punto.
Los socios explican que una de las principales diferencias frente al formato tradicional está en la inversión inicial y en los gastos operativos. Según Tedoldi, abrir un kiosco convencional puede demandar una inversión cercana a los $50 millones, además de afrontar costos vinculados al alquiler, salarios, herramientas de trabajo y un stock inicial que puede ubicarse entre 2.000 y 5.000 productos, según la amplitud de la oferta. En el caso de adquirir un fondo de comercio con clientela consolidada, el desembolso puede ser incluso mayor.
Cuánto tarda en recuperarse la inversión
Para estimar ese recupero, desde Yellow Bear analizan variables como el flujo de personas del lugar, el nivel de ventas esperado, el tipo de público, la rotación de productos, los márgenes comerciales y los costos asociados a cada operación. En los casos considerados exitosos, el plazo de referencia se ubica entre seis y ocho meses, aunque cada unidad tiene una dinámica propia y los resultados dependen principalmente del desempeño de cada punto.
Tedoldi remarca que "un comercio físico suele exigir una dedicación constante del dueño o la incorporación de empleados para mantener la atención, mientras que las máquinas expendedoras permiten operar de manera automatizada y trasladar la unidad a otros puntos según las necesidades del negocio".
De esta manera, la máquina funciona como una unidad comercial automatizada que permite sumar un nuevo canal de venta. El consumidor selecciona el producto, abona mediante QR y retira la compra en pocos segundos, sin necesidad de un punto de atención tradicional.
Las unidades ofrecen productos habituales de kiosco como bebidas, snacks, chocolates, alfajores y golosinas, con marcas reconocidas como Arcor, Coca-Cola, Pringles y Quento, además de alternativas premium y opciones económicas. La tecnología permite monitorear la operación y adaptar el surtido según el lugar donde esté instalada la máquina. "En ese punto, la ubicación se vuelve una de las variables más importantes del negocio", agrega Ressia.
Por eso, la elección del punto de instalación aparece como uno de los factores centrales del modelo. Antes de colocar una unidad, la empresa analiza variables como la ciudad, la cantidad de personas que circulan, los horarios de funcionamiento, la visibilidad del equipo y la accesibilidad para empleados y público general.
Las máquinas pueden ubicarse en colegios, empresas, gimnasios, countries, clubes y otros espacios donde exista circulación constante de personas.
Los factores que determinan cuánto se puede ganar
En algunos puntos de alta circulación, como comercios abiertos las 24 horas o estaciones de servicio durante la noche, una máquina puede alcanzar alrededor de 70 u 80 ventas diarias, con un ticket promedio cercano a $4.000. Ese nivel de actividad puede traducirse, en determinadas ubicaciones, en ventas brutas de entre $5 millones y $6 millones mensuales.
Y destaca que ese nivel de ventas corresponde al desempeño comercial de la unidad y no equivale a la ganancia final del inversor. "$5 millones son ventas netas fuera del costo de la mercadería en nuestros puntos", explica. En ese sentido, cada máquina tiene una dinámica propia y el resultado depende de factores como la ubicación, el desarrollo de acciones de marketing y la elección del mix de productos.
En cuanto al margen comercial, varía según el tipo de producto y la categoría. "El promedio que se obtiene de una máquina de formato kiosco se ubica entre un 60% y un 122%, dependiendo de la familia de productos", señalan los socios.
Ese margen corresponde al rendimiento sobre los productos vendidos y no representa la ganancia final del inversor, ya que sobre el resultado también influyen variables como la reposición de mercadería, la logística, el mantenimiento de la unidad, las comisiones de los medios de pago y, en algunos casos, las condiciones acordadas con el lugar donde se instala la máquina.
La diferencia en los márgenes está vinculada con factores como el tipo de artículo, la marca, si se trata de productos de primera o segunda línea y la estrategia de precios aplicada según el público del lugar donde está instalada la unidad.
Aparte de la compra de la máquina, el emprendedor tiene que considerar una inversión inicial en mercadería para cargar el equipo.Ese desembolso puede ser inferior a u$s500, dependiendo del mix elegido, detallan.
Asimismo, la empresa busca instalar las unidades en espacios donde no existan costos asociados para el establecimiento. La propuesta apunta a que lugares como clínicas, hospitales, terminales o comercios puedan incorporar el servicio sin pagar un canon ni un porcentaje sobre las ventas. En los puntos comerciales que ya trabajan con la empresa tampoco se cobran comisiones.
Quiénes pueden invertir en un kiosco automático
El modelo apunta a distintos perfiles:
- Emprendedores interesados en incorporar una unidad comercial con menor estructura que un kiosco tradicional.
- Comercios interesados en ampliar su horario de atención sin incorporar personal.
- Distribuidores que quieren avanzar en la cadena de comercialización y llegar de forma directa al consumidor sin ampliar significativamente su estructura operativa.
- Instituciones, clubes, colegios, empresas, clínicas, gimnasios, countries u otros espacios donde exista circulación de personas y una necesidad de compra rápida.
El ecosistema detrás de una máquina automática: proveedores, servicios y nuevas oportunidades comerciales
Ressia destaca que la automatización no implica la desaparición de actividades vinculadas al negocio, sino la creación de nuevas oportunidades económicas. "La idea no es reemplazar trabajo, sino crear nuevas unidades económicas", pormenoriza.
Detrás de cada máquina intervienen distintas tareas relacionadas con la compra de mercadería, la logística, la reposición, el mantenimiento, la tecnología, la administración y el desarrollo comercial. Así, cada instalación también genera movimiento para proveedores y servicios asociados.
A su vez, las unidades incorporan pantallas que pueden utilizarse para promociones, publicidad y comunicación de marcas. De esta manera, el kiosco automático no solo funciona como un punto de venta, sino también como un canal para impulsar productos, lanzar acciones comerciales y generar nuevas experiencias de consumo en el lugar donde está instalado.