Fue maestra jardinera durante 25 años y a los 50 cambió las aulas por un negocio de alfajores
Durante 25 años, Verónica Etulain trabajó como maestra jardinera. La cocina, sin embargo, siempre ocupó un lugar importante en su vida. Durante la pandemia, las dos actividades se cruzaron de una manera inesperada.
Mientras buscaba reunir a las familias de su jardín frente a las computadoras, empezó a proponer juegos y recetas para hacer con los chicos. Esa iniciativa terminó en un canal de YouTube, llegó a personas que no pertenecían a la comunidad educativa y, con el tiempo, se convirtió en Amo Mi Cocina, su propia marca de alfajores en Claypole.
La historia de Verónica con la cocina comenzó mucho antes de que existiera el emprendimiento. Su mamá, Ana, le enseñó a cocinar cuando era chica y las reuniones familiares estuvieron siempre acompañadas por preparaciones caseras. Facturas, scones, tortas fritas y rosquitas formaron parte de ese aprendizaje, que también compartió con sus tres hermanas y tres hermanos.
Aunque la docencia fue durante décadas su profesión, la cocina nunca desapareció de su recorrido. Verónica realizó cursos de maestra pastelera, panadera y alfajorería en Adrogué, mientras mantenía su trabajo en el nivel inicial. La idea de convertir esa segunda pasión en una actividad principal apareció varias veces, pero durante años quedó postergada.
La pandemia que convirtió una actividad del jardín en un proyecto propio
El punto de inflexión llegó durante la pandemia. Como docente, Verónica tuvo que encontrar nuevas formas de mantener vinculadas a las familias del jardín y generar actividades para los chicos a distancia. La cocina apareció como una herramienta para reunirlos alrededor de las computadoras.
Comenzó a compartir recetas sencillas, propuestas interactivas y juegos con títeres a través de un canal de YouTube. Pero el contenido empezó a circular más allá de las familias del jardín de Longchamps. "De golpe me empezó a ver gente que no era del colegio", recordó.
El proyecto también tuvo un efecto que Verónica no había previsto. Algunas personas utilizaron las recetas que publicaba para comenzar pequeños emprendimientos y generar ingresos durante la crisis económica provocada por la pandemia.
Lo que había nacido como una herramienta para mantener el contacto con sus alumnos terminó alcanzando a adultos que encontraron en la cocina una posibilidad laboral.
La experiencia también le mostró que existía interés por lo que hacía. Amigos, familiares y personas que seguían sus videos comenzaron a pedirle que vendiera las preparaciones y las recetas que compartía. La insistencia de ese entorno terminó empujándola a pensar que la cocina podía convertirse en algo más que una actividad paralela.
Se jubiló a los 50 y se dio un año para decidir qué hacer
Verónica ya había tomado una decisión mucho antes de abandonar las aulas. "Siempre dije que me iba a jubilar a los 50 y que, entonces, seguiría con la otra pasión que tenía", contó.
Cuando finalmente llegó ese momento, eligió no lanzarse inmediatamente a emprender. Se prometió un año sabático. Durante ese período volvió a concentrarse en la cocina, perfeccionó sus conocimientos y realizó pruebas hasta descubrir qué camino quería seguir.
La respuesta apareció en los alfajores. Verónica decidió que, cuando terminara ese año, iba a poner en marcha su propia marca. Y cumplió con el plazo que se había impuesto, por lo que Amo Mi Cocina nació el 4 de abril de 2024.
El lanzamiento estuvo acompañado por una acción que ayudó a darle visibilidad al proyecto. Verónica llevó una caja de sus alfajores al conductor y humorista Sebastián Wainraich, una experiencia que recuerda como uno de los primeros momentos de exposición de la marca.
El negocio que nació de una receta perdida
El comienzo también tuvo un problema inesperado. Justo cuando se preparaba para lanzar la marca, Verónica descubrió que había perdido una de las recetas que más le gustaban. Después de tantas clases, pruebas y modificaciones, aquella preparación había quedado traspapelada.
En lugar de descartarla, decidió reconstruirla de memoria. Probó distintas combinaciones hasta que consiguió acercarse nuevamente al sabor que recordaba. Una de las tandas finalmente le permitió reconocer el resultado que estaba buscando.
La anécdota representa una parte importante de la identidad que Verónica buscó darle a Amo Mi Cocina. Sus productos combinan recetas clásicas con otras creaciones asociadas a recuerdos personales y familiares.
El alfajor inspirado en una golosina de su infancia
Una de esas historias comenzó cuando Verónica era chica. Junto con sus hermanas y primas armaba un pequeño diario familiar llamado Notichusma, que escribían a mano y vendían entre sus padres y tíos. El dinero que recaudaban tenía como destino comprar golosinas.
Entre esos recuerdos aparece la Cremocoa, una golosina que actualmente está discontinuada. Años después, Verónica tomó aquella referencia de su infancia para crear un alfajor relleno con malvavisco y frutos rojos y luego un conito con la misma combinación, al que llamó Nube de frutos rojos.
La variedad sigue formando parte del catálogo comercial de la marca. La tienda online de Amo Mi Cocina ofrece actualmente distintas opciones de alfajores artesanales, entre ellas Nubecita, Besito Dulce, Borrachito, Chocolate, Merengado, Membrillo al Oporto, Café Crunch, Lemontita, Super-Marroc, Nube de frutos rojos, Explosivo de Nutella y Blanco y Nuez.
Para Verónica, el vínculo entre los sabores y los recuerdos se convirtió en una parte central del emprendimiento. Según contó, algunos clientes prueban determinados alfajores y después regresan para contarle que el sabor les recordó momentos de su infancia o productos que compartían con sus padres y hermanos.
De Claypole a las ferias gastronómicas bonaerenses
Aunque Amo Mi Cocina conserva una fuerte identidad vinculada con Claypole y la zona sur del Gran Buenos Aires, el proyecto comenzó a participar de espacios gastronómicos fuera de su lugar de origen.
En octubre de 2025, Verónica Etulain participó con Amo Mi Cocina de la octava edición de Sabores Bonaerenses en La Plata, dentro del espacio destinado a demostraciones de cocina en vivo. El encuentro reunió a más de 170 productores de distintos puntos de la provincia.
En abril de 2026, la marca volvió a aparecer en una propuesta gastronómica bonaerense. Amo Mi Cocina participó de la segunda edición de Posta de Sabores, realizada en Chascomús, con una demostración de elaboración de alfajores de maicena.
La feria reunió más de 60 puestos de productores y emprendedores y recibió alrededor de 10.000 visitantes durante sus dos jornadas. La participación en estos eventos muestra una evolución del proyecto que va más allá de la producción desde su lugar de origen.
La marca pasó a formar parte de circuitos gastronómicos provinciales en los que productores y emprendedores presentan sus alimentos directamente ante nuevos públicos.
Una marca familiar con un objetivo todavía más grande
El proyecto también tiene una fuerte participación de la familia. Verónica se ocupa de crear las recetas, elaborar los alfajores, bañarlos y empaquetarlos, mientras que su marido, Eduardo, colabora con la parte contable y la logística. Otros integrantes de la familia participaron de las pruebas y degustaciones que acompañaron el desarrollo de los productos.
Actualmente, el emprendimiento cuenta con una tienda online propia, catálogo de productos y sistemas de pago y envío. La página muestra distintas variedades de alfajores y permite realizar compras directamente a través de la plataforma.
El próximo objetivo de Verónica es aumentar la escala sin perder la identidad artesanal que construyó desde el comienzo. Su sueño es tener una pequeña fábrica que le permita producir más y lograr que los alfajores lleguen a nuevos puntos de la zona sur.
La transformación todavía conserva una parte de aquella docente que empezó a cocinar frente a una computadora durante la pandemia. Verónica define la elaboración de alfajores como un juego que la conecta con su infancia y con las primeras recetas que aprendió junto a su mamá. Después de 25 años frente a un jardín de infantes, esa pasión que durante décadas ocupó un segundo plano terminó convirtiéndose en su propio negocio.