Molinos compra un complejo industrial para competir en el negocio de las galletitas
Puntos importantes
Molinos Río de la Plata decidió ingresar al negocio de las galletitas mediante la adquisición de un complejo industrial en Tucumán, una operación que le permitirá sumar una categoría en la que hasta ahora no participaba directamente mediante su cartera de marcas.
La empresa de consumo masivo del grupo presidido por Luis Pérez Companc adquirió una planta perteneciente al Complejo Alimenticio San Salvador SA (CASS) que está ubicada en Banda del Río Salí y que le permitirá elaborar galletitas crackers, dulces, rellenas y bizcochos.
La fábrica comenzó a operar en 2011 y dispone de infraestructura para cubrir todo el proceso productivo desde recepción y almacenamiento del trigo, molienda, fabricación y envasado de los alimentos terminados y almacenamiento previo al despacho a los clientes.
El proyecto original fue impulsado por el grupo empresario tucumano Luque, encabezado por Emilio Luque y la inversión declarada durante su puesta en marcha ascendió a u$s35 millones.
El establecimiento fue presentado entonces como una de las mayores plantas agroindustriales del norte argentino, mientras que su actividad inicial estaba concentrada en la molienda de trigo y la fabricación de harina y pastas.
El proyecto incorporó tecnología italiana, silos, un molino harinero y líneas para producir diferentes variedades de fideos. Posteriormente sumó la elaboración de galletitas.
De acuerdo a la información enviada por Molinos a la Comisión Nacional de Valores (CNV), la operación contempla también el traspaso del personal afectado al funcionamiento de las instalaciones.
En el informe, la alimenticia destacó que la planta cuenta con trabajadores calificados para cubrir las distintas etapas de producción y anticipó que la entrega está prevista para noviembre próximo, aunque se encuentra sujeta al cumplimiento de ciertas condiciones usuales en esta clase de transacciones.
La compañía describió a la planta como "una instalación moderna, eficiente, de calidad y con potencial de crecimiento", además de comunicar que desarrollará el nuevo negocio con sus marcas de alimentos, pero todavía no anunció cuáles utilizará, si extenderá alguna etiqueta existente o si lanzará una nueva.
Tampoco precisó si la transacción comprende marcas comercializadas por CASS, como La Providencia.
De todos modos, la operación le permitirá a Molinos ingresar por primera vez a la categoría de galletitas y ampliar las ocasiones de consumo en las que participa.
En ese sentido, en el comunicado la empresa sostuvo que "la incorporación sentará las bases para desarrollar una nueva plataforma" dentro de su negocio de alimentos, con alcance en el mercado argentino y proyección internacional.
Una góndola dominada por gigantes
A partir de este desembarco, Molinos ingresa en una categoría ocupada por marcas históricas y concentrada industrialmente alrededor de dos grandes fabricantes como son Bagley Latinoamérica y Mondelez International.
La primera es la sociedad creada por Arcor y el grupo francés Danone para concentrar sus negocios de galletitas, alfajores y cereales en América Latina como parte de una alianza que se constituyó en 2005 y quedó bajo la conducción de Arcor.
La empresa posee ocho plantas industriales en América Latina y lanza más de 50 productos por año y en la la Argentina opera con marcas como Chocolinas, Sonrisas, Merengadas, Opera, Criollitas, Rex, Rumba, Coquitas, Saladix, Kesitas y Maná, entre otras.
También utiliza marcas provenientes de otros negocios de Arcor, como Cofler, Bon o Bon y Águila, para desarrollar productos dentro de la categoría.
En el caso de Mondelez International, uno de los mayores grupos globales de snacks, en el mercado argentino comercializa galletitas como Oreo, Pepitos, Terrabusi, Lincoln, Express, Cerealitas y Club Social, además de productos tradicionales como Tita y Rhodesia.
La multinacional concentra buena parte de su fabricación local de galletitas en su planta de la localidad bonaerense de General Pacheco, considerada por la propia empresa una de sus instalaciones industriales más grandes de América Latina.
El mapa competitivo se completa con Granix, fuerte en crackers, galletitas de cereales y productos vinculados con la alimentación saludable; Tía Maruca, Don Satur y Okebon; fabricantes regionales y las marcas propias de supermercados.
Por eso, para Molinos, el desafío no sólo consistirá únicamente en fabricar galletitas, sino también en construir reconocimiento en una góndola ocupada por marcas históricas, obtener espacio en las cadenas comerciales y definir si competirá en los segmentos masivos, las líneas económicas o los productos de mayor valor agregado.
El espacio que faltaba en el portafolio
La empresa de los Perez Companc cierra de este modo un círculo importante en el mundo de la alimentación, en donde ya participa en pastas, arroz, harinas, aceites, yerba mate, rebozadores, productos congelados, snacks, vinos y alimentos elaborados a base de plantas.
Entre sus principales marcas se encuentran Matarazzo, Lucchetti, Don Vicente, Gallo, Gallo Snacks, Granja del Sol, Exquisita, Preferido, Cocinero, Blancaflor, La Salteña, Nobleza Gaucha, Cruz de Malta, Ruca Malen, Cadus, Nieto Senetiner y Etchart.
Las galletitas constituían una ausencia dentro de esa oferta, por lo cual, la adquisición le permitirá ampliar las ocasiones de consumo en las que interviene y utilizar una estructura comercial que ya abastece a supermercados, mayoristas, autoservicios y comercios de proximidad.
En este sentido, la operación también reduce los tiempos necesarios para el desembarco en un nuevo segmento si se tiene en cuenta que, en lugar de construir una fábrica desde cero, Molinos ingresará con instalaciones, equipamiento y personal vinculados con la elaboración de galletitas, además de su propia red nacional de distribución y el conocimiento comercial acumulado con sus marcas.
Al respecto, Agustín Llanos, CEO de Molinos Río de la Plata, sostuvo que "desde hace más de 120 años, en Molinos trabajamos cada día desarrollando marcas y propuestas de valor que acompañan a millones de consumidores".
El ejecutivo explicó que la compra representa "un paso importante" dentro de la estrategia de crecimiento de largo plazo y una apuesta para ingresar a una nueva categoría, que será desarrollada mediante las marcas de la compañía presentes en los hogares argentinos.
Capacidad para acelerar el desembarco
El Complejo Alimenticio San Salvador está ubicado sobre la ruta provincial 302, en Banda del Río Salí, departamento Cruz Alta y fue desarrollado sobre un predio de 41 hectáreas y posee instalaciones destinadas a almacenar y moler trigo y elaborar pastas, harinas y galletitas.
Según la información institucional, su fábrica de galletitas cuenta con dos líneas de producción Laser y una capacidad declarada de hasta 3.300 toneladas mensuales que equivaldrían a una capacidad teórica cercana a 39.600 toneladas anuales si ambas líneas funcionaran al máximo durante los doce meses.
Las instalaciones poseen infraestructura para recibir y almacenar el trigo, realizar la molienda, fabricar y envasar los productos y conservarlos hasta su posterior despacho. Esa integración le permitirá a Molinos cubrir las distintas etapas de elaboración comprendidas por el complejo adquirido.
CASS informa actualmente una capacidad para moler 430 toneladas diarias de trigo, 10 silos de almacenamiento, cinco líneas de pastas y dos destinadas a galletitas y sus productos se venden bajo las marcas La Providencia, Bonanza y La Teresina y también fabrica para otras empresas.
Una venta y una compra que redibujan el mapa industrial
La adquisición en Tucumán fue anunciada nueve días después de otra operación industrial protagonizada por Molinos a comienzos de septiembre, cuando acordó vender a Eliantus SA el acopio de cereales y las instalaciones de molienda y refinación de oleaginosas de su complejo Santa Clara, en Rosario.
La transacción incluyó los terrenos donde se encuentran esos activos, los contratos asociados con las actividades transferidas y el traspaso del personal dedicado a operarlos.
Molinos mantuvo en el predio rosarino sus líneas de envasado de aceites y a los trabajadores vinculados con esa tarea y también acordó contratos de largo plazo con Eliantus para asegurar el abastecimiento necesario para continuar elaborando y comercializando sus productos.
La compradora, vinculada con el grupo Elementa, anunció un programa de u$s100 millones para recuperar las instalaciones, incorporar tecnología y ampliar su capacidad de procesamiento.
Además, la actual operación llega luego de un ejercicio difícil como el del 2025, que Molinos cerró con ingresos netos por $951.943 millones y una pérdida neta de $40.713 millones, en un contexto marcado por la retracción del consumo y la disminución de los volúmenes vendidos.
Pero durante el primer semestre de 2026, la compañía logró revertir ese resultado, al registrar ventas por $544.029 millones y una ganancia neta de $37.571 millones, frente a las pérdidas anotadas en el mismo período del año anterior.