Los cierres de Electrolux, Whirlpool y Mabe exponen un modelo industrial en crisis
Puntos importantes
El reciente cierre de la planta de Electrolux en Rosario agregó el último nombre a una secuencia que había comenzado el año pasado y que achicó el negocio de fabricar electrodomésticos en la Argentina.
Uno de los principales ejemplos es el de Whirlpool, que abandonó la producción local apenas tres años después de inaugurar una planta de u$s52 millones en la localidad bonaerense de Pilar.
Recorridos similares tuvieron Mabe, que dejó de fabricar en uno de sus establecimientos y concentró la actividad en otros; Aires del Sur, que fabricaba equipos Electra y Fedders y terminó en quiebra; y Goldmund, propietaria de Peabody, que ingresó en concurso preventivo de acreedores.
Esta sucesión de casos muestra el proceso de reconfiguración de un esquema que durante años combinó plantas instaladas en el país, protección arancelaria, un mercado interno de escala y, en algunos proyectos, exportaciones para ampliar el volumen de producción.
Los casos de Electrolux y Whirlpool representan el cambio más profundo ya que ambas multinacionales resolvieron dejaron de fabricar en el país pero sin abandonar el mercado.
De hecho, Whirlpool conservó sus operaciones comerciales y de servicios después de cerrar Pilar, mientras que Electrolux seguirá comercializando sus marcas Electrolux y Gafa, pero pasará a abastecerse mediante la red global de producción del grupo.
La empresa de origen sueco ya había anticipado la profundidad de su crisis en su balance del primer trimestre de este 2026, publicado en abril y en el que informó que había aplicado medidas de reducción en la Argentina como parte de una revisión de su estructura global de fabricación que también abarcó a Chile y Hungría.
En ese documento, explicó a sus inversores que buscaba optimizar su estructura fabril global, reducir costos y mejorar la eficiencia.
De una apuesta exportadora al cierre
El proceso de Whirlpool ofrece uno de los antecedentes más contundentes por la velocidad con la que cambió su estrategia.
En octubre de 2022, la multinacional estadounidense inauguró una fábrica de lavarropas en Fátima, partido de Pilar que demandó una inversión de u$s52 millones y fue diseñada para producir 300.000 unidades anuales.
La apuesta excedía al mercado interno ya que contemplaba destinar alrededor del 70% de la producción a mercados de la región y permitía a Whirlpool recuperar exportaciones de electrodomésticos fabricados en la Argentina después de dos décadas.
Sin embargo, tres años después, la estrategia cambió al punto que el 26 de noviembre de 2025, comunicó el cese de la actividad productiva de su planta de Laundry en Pilar.
Al igual que Electrolux, la compañía decidió mantener sus operaciones comerciales y de servicios y garantizó la disponibilidad de productos, accesorios y repuestos, pero abasteciéndose de otros mercados externos.
En su comunicación sobre el cierre, Whirlpool también presentó la decisión como parte de la evolución de su operación en la Argentina, aunque al momento del cierre, el negocio local enfrentaba un escenario de mayor competencia importada y cambios en las condiciones comerciales.
Concentrar para seguir fabricando
Con respecto al grupo mexicano Mabe eligió una respuesta diferente ya que amplió su presencia industrial argentina mediante la adquisición del control de José M. Alladio e Hijos, Wolmer y Marcas Argentinas en marzo de 2023.
La compra de Alladio le aportó una estructura industrial de una escala considerable ya que contaba con 1.500 empleados; capacidad para fabricar 5.700 lavarropas y 400 lavavajillas por día, según datos oficiales.
También había desarrollado tecnología propia, robotización y un laboratorio de investigación y desarrollo y su principal marca era Drean, casi un sinónimo de lavarropas que llegó a representar alrededor de la mitad del mercado argentino, de acuerdo con aquel relevamiento oficial.
La adquisición le permitió a Mabe sumar esa estructura a su operación argentina con plantas en San Luis, Luque y Río Segundo.
Pero en noviembre de 2025, la compañía reorganizó ese esquema para dejar de fabricar lavarropas y secarropas en Río Segundo y trasladar esa producción a Luque, también en Córdoba.
Como en los dos casos anteriores, la decisión no significó abandonar la fabricación argentina ya que Mabe mantuvo producción en Luque y San Luis y presentó el proceso como una reorganización destinada a concentrar su producción y adecuar su estructura industrial.
El contexto en el que se produjo este cambio fue similar al de Electrolux y Whirlpool, con una mayor presencia de electrodomésticos importados y cambios en las condiciones del mercado.
De la promoción industrial a la quiebra
Con respecto a Aires del Sur, recorrió un camino distinto. La compañía de origen nacional fabricaba equipos de aire acondicionado Electra y Fedders en Río Grande y estaba integrada al entramado productivo desarrollado bajo el régimen promocional de Tierra del Fuego.
A diferencia de Whirlpool y Mabe, su salida industrial estuvo determinada por su concurso preventivo de acreedores que llevó a cabo el Juzgado de Primera Instancia en lo Civil y Comercial Nº1 del Distrito Judicial Norte de Tierra del Fuego que, terminó decretando el 22 de abril pasado la quiebra de Aires del Sur, a pedido de la propia compañía.
Problemas que alcanzaron a otras marcas
Pero la tensión que atravesaron Electrolux; Whirlpool; Mabe y Aires del Sur también llegó a empresas que, sin embargo, permanecen activas como el caso de Goldmund, propietaria de la marca Peabody, que ingresó en concurso preventivo durante este año.
El Juzgado Nacional en lo Comercial Nº21 dispuso el 21 de abril la apertura del proceso dentro del expediente 2835/2026 y abrió la instancia para que sus acreedores verifiquen créditos y para que la compañía busque reorganizar sus pasivos.
Una barrera más baja para los importados
La sucesión de decisiones empresariales coincidió con un cambio verificable en las condiciones de competencia que tuvo su pico en mayo de 2024, cuando el Gobierno redujo del 35% al 20% los aranceles para importar heladeras y lavarropas, disminuyendo en 15 puntos porcentuales la barrera para el ingreso de esos productos.
El objetivo declarado oficialmente fue aumentar la competencia, reducir el costo de importación y favorecer menores precios para los consumidores.
Sin embargo, para los fabricantes instalados en el país significó enfrentar productos terminados provenientes del exterior con una protección arancelaria menor.
Esa tensión competitiva apareció de manera concreta en el mercado de lavarropas en donde Drean solicitó una investigación por presunto dumping sobre las importaciones de determinados lavarropas de hasta 13 kilos originarios de China.
La Secretaría de Industria y Comercio abrió el procedimiento en enero pasado y la definición llegó en septiembre cuando la Comisión Nacional de Comercio Exterior determinó que no existieron prácticas de dumping en las operaciones investigadas.
El Ministerio de Economía cerró entonces el expediente mediante la Resolución 1544/2026, publicada el 14 de septiembre, sin imponer derechos antidumping definitivos.
Un negocio que cambia de escala
El nuevo mapa que se va reconfigurando a partir de las medidas del Gobierno y de las decisiones empresariales combina situaciones diferentes, pero deja un cambio concreto: para una marca global, participar del mercado local ya no requiere necesariamente producir en la Argentina.
Es más, esta transformación fabril tiene un antecedente dentro del mismo negocio que, durante décadas, convivió con grandes cadenas especializadas que dominaron la comercialización de electrodomésticos como los casos de Garbarino y Musimundo, que construyeron redes nacionales de locales, financiación y una relación directa con las principales marcas.
Ese modelo comercial entró en crisis antes que el industrial tal como lo demuestran la quiebra de ambas cadenas mientras crecían el comercio electrónico, los marketplaces, la venta directa de fabricantes y otras formas de llegar hasta el consumidor.
La combinación de ambas crisis, las de las cadenas y la de los fabricantes, desencadena un cambio en la industria argentina de electrodomésticos, que se desarrolló durante años con barreras arancelarias para los productos terminados y, en determinados segmentos, regímenes promocionales específicos.
Ese marco favoreció la instalación de plantas orientadas al mercado interno y permitió que algunos proyectos intentaran agregar exportaciones regionales para conseguir mayor escala.