La cadena de panaderías Pandanés cerró todos sus locales y despidió a 120 empleados
Puntos importantes
La cadena de panaderías Pandanés cerró definitivamente todos sus locales, dejó de operar y comunicó a sus empleados que solicitará su propia quiebra. La decisión fue informada durante la madrugada de este viernes a través de un mensaje de WhatsApp en el que la cadena les indicó a sus trabajadores que ya no debían presentarse a sus puestos.
El cierre llega menos de un año después de que la empresa recurriera al concurso preventivo para intentar sostener el negocio y reordenar un pasivo que había declarado en $1.218,9 millones. El proceso no logró revertir la situación y la compañía aseguró ahora que se quedó sin fondos para seguir funcionando.
"Hoy tenemos que comunicarles una noticia muy difícil. Como les contamos, Pandanés viene atravesando una situación económica muy compleja. En este último tiempo estuvimos buscando distintas alternativas para poder continuar, pero, lamentablemente, no encontramos una solución que nos permita seguir adelante", señaló la compañía en el mensaje enviado al personal.
Y agregó: "La situación llegó a un punto en el que la empresa se quedó sin los fondos necesarios para continuar funcionando y para afrontar las obligaciones que tiene por delante".
La decisión afecta a una estructura que ya se había achicado fuertemente desde sus años de expansión. Pandanés llegó a contar con 25 locales y más de 150 empleados, pero el último informe de la sindicatura incorporado al concurso registraba 118 trabajadores en mayo y alrededor de 20 locales.
"Por este motivo, Pandanés deja de operar y se solicitará la quiebra de la empresa. Esto significa que a partir de hoy, 2 de octubre, no deberán presentarse a trabajar", comunicó la firma.
Hasta el momento, el pedido de propia quiebra todavía no aparece presentado en el expediente judicial. El concurso preventivo había sido solicitado el 26 de noviembre de 2025 y abierto por la Justicia el 11 de diciembre.
De una cocina alquilada a una cadena con 25 locales
La historia de Pandanés comenzó en 2016, cuando la danesa Lise Lundme Funch, radicada en Buenos Aires desde 2010, empezó a elaborar artesanalmente su tradicional pan de centeno. La primera producción se hacía en la cocina alquilada de un apart hotel/hostel de San Telmo, desde donde distribuía los panes a pequeños comercios porteños.
Un año después se incorporó como socio Klaus Riskaer Pedersen y el emprendimiento comenzó a ganar escala. La compañía amplió su propuesta a panes y facturas de masa madre sin conservantes, pasó de aquella cocina inicial a una fábrica de 300 metros cuadrados y comenzó a abastecer también a restaurantes, cafeterías y hoteles de la Ciudad de Buenos Aires.
El salto al negocio minorista llegó en 2020, con la apertura de su primera tienda en Soldado de la Independencia. La expansión fue rápida: hacia fines de 2021 ya tenía ocho locales y el crecimiento llevó a la empresa a mudar toda la producción a una nueva planta industrial.
La fábrica, inaugurada en noviembre de 2022, tenía unos 1.700 metros cuadrados y había sido proyectada para abastecer hasta 50 locales propios. Desde allí salían los productos que se distribuían diariamente tanto a las sucursales como a clientes gastronómicos de la Ciudad y el Gran Buenos Aires.
A mediados de 2023, Pandanés alcanzó el punto más alto de su expansión, con 25 locales activos. Algunas aperturas habían sido financiadas con recursos generados por el propio negocio y otras con aportes de los socios. Para entonces, la compañía había construido una estructura que llegó a emplear a más de 150 personas entre la planta industrial, la administración y las tiendas.
Pero a partir de la segunda mitad de 2023 la tendencia comenzó a cambiar. Las ventas empezaron a retroceder mientras la estructura de costos seguía creciendo, un escenario que con el tiempo comenzó a comprometer la capacidad de la empresa para sostener la expansión.
La caída del consumo y una deuda de más de $1.200 millones
Cuando decidió presentarse en concurso preventivo, Pandanés explicó ante la Justicia que atravesaba una combinación de caída de ventas, mayores costos y dificultades financieras. Según la propia compañía, el consumo había retrocedido más de 50% respecto de sus volúmenes históricos.
La empresa intentó adaptarse. Aplicó un plan que incluyó reducción de costos, renegociación de alquileres, cambios de proveedores, ampliación de la oferta, acuerdos impositivos, reorganización operativa y cierre de sucursales que consideraba inviables. Entre los locales que bajaron sus persianas antes del concurso estuvieron los de Echeverría 1677, Ciudad de la Paz 2024 y Cuenca 3459.
Las medidas no alcanzaron. La propia compañía reconoció en el expediente que estaba "agobiada por deudas financieras" y necesitaba reorganizar sus pasivos para conseguir que su flujo de caja volviera a ser positivo.
El problema terminó de trasladarse a las cuentas bancarias durante 2025. Pandanés señaló que desde comienzos de ese año venía sufriendo un deterioro de su liquidez y solvencia y fijó el 15 de octubre de 2025 como fecha de inicio de la cesación de pagos, cuando fue rechazado un cheque diferido por $3,85 millones.
"Los cheques emitidos para cumplir nuestras obligaciones superan nuestra capacidad de recaudación", admitió la compañía. En la presentación judicial también reconoció dificultades para cubrir salarios, pagar a proveedores y conseguir nuevas líneas de crédito que permitieran financiar la operación.
La magnitud del problema quedó reflejada en el estado patrimonial presentado ante la Justicia. Al 12 de noviembre de 2025, Pandanés declaró un pasivo total de $1.218,9 millones, frente a activos contabilizados por $2.206,6 millones.
Dentro de las deudas sobresalían $430,7 millones en préstamos con Banco Galicia y $385,3 millones correspondientes a planes de pago con ARCA. También figuraban $122,7 millones en cargas sociales, $105,2 millones con proveedores, $62,3 millones en cheques diferidos a pagar, $55,2 millones de IVA y $37,7 millones de Ingresos Brutos.
Frente a ese escenario, el concurso preventivo apareció como el último intento de mantener a la compañía en funcionamiento. En su presentación, Pandanés sostuvo que buscaba reordenar sus compromisos, proteger la continuidad de la empresa y preservar las fuentes de trabajo.
La cadena logró continuar operando durante varios meses, pero las dificultades financieras persistieron. En mayo todavía facturó $380,3 millones, aunque durante ese mismo mes sus egresos superaron a los ingresos. Además, la sindicatura comenzó a advertir sobre obligaciones impositivas y previsionales posteriores al concurso que no habían sido acreditadas como canceladas.
El intento de reestructuración finalmente no alcanzó. Menos de un año después de solicitar el concurso, Pan Danés cerró todos sus locales, dejó de operar y comunicó a sus trabajadores que avanzará con su propia quiebra.