Es asesor en comercio exterior y se las ingenió para crear una taza de café comestible

Las tazas comestibles de Ecotaza buscan llegar a cafeterías de todo el país. Enterate cómo funcionan, cuánto cuestan y cómo planean escalar
Ignacio De Bonis, creador de Ecotaza sosteniendo una ecotaza con una mesa en la que hay apoyado un plato con una ecotaza y plantas de fondo

Puntos importantes

Checkbox Checked Ecotaza fabrica envases comestibles resistentes al calor para reemplazar descartables, optimizando la experiencia del café.
Checkbox Checked El emprendimiento escala su producción industrial para abastecer a cafeterías y estaciones de servicio del país.
Checkbox Checked El negocio apuesta por la venta B2B, ofreciendo tazas personalizadas con planes futuros de expansión.

Las tazas comestibles de Ecotaza ya pasaron por las pruebas técnicas y una primera experiencia gastronómica. Ahora, su creador, Ignacio De Bonis, trabaja en el montaje de una planta para fabricarlas a gran escala. Según detalla, dos máquinas semiautomáticas encargadas en China permitirían alcanzar hasta un millón de unidades mensuales con tres turnos de trabajo. Quiere abastecer a cafeterías y estaciones de servicio de todo el país.

La propuesta es tomar el café y después comer el recipiente. La taza funciona también como acompañamiento, con una masa de sabor suave, y busca reemplazar envases descartables, una búsqueda que comparte con otras alternativas al plástico para la gastronomía. 

Durante la charla con iProfesional, De Bonis tiene un café servido en una Ecotaza. "Nosotros estamos hablando hace diez minutos, acá tengo un café que aún no tomé. Sigue calentito y la taza no se deformó", dice mostrando la taza comestible a la cámara desde donde conversa por videollamada con este medio. La resistencia al líquido caliente fue una de las primeras cosas que quiso comprobar antes de avanzar con el negocio.

Asesor en comercio exterior desde hace más de 15 años, encontró la oportunidad en China mientras buscaba fábricas para un cliente. Vio una máquina que hacía vasos y tazas comestibles, preguntó si podían modificar la matriz y pidió agregarle un asa a la taza.

Después trajo un equipo pequeño, rudimentario, para hacer pruebas en la Argentina. Según detalló, esa primera máquina le costó unos u$s5.000.

Un cliente y amigo gastronómico le abrió un espacio en su cocina. Con el cocinero del local, trabajaron sobre la fórmula base que venía con el equipo y la ajustaron hasta conseguir la receta que buscaba. Faltaba resolver cómo contener el café sin que la masa se humedeciera y perdiera su forma.

(Gentileza Ecotaza)

De Bonis asegura que llevó las pruebas al extremo y sirvió cinco cafés sucesivos en una misma taza. "No pierde líquido, no filtra y no hace falta ponerle nada adentro para que no pase el calor, porque la máquina sella la masa y eso evita que se desintegre. Tampoco le cambia el gusto al café", cuenta.

"Lo hicimos de un sabor neutro justamente porque el que toma café a veces no quiere sentirle un gusto dulzón, quiere sentir gusto a café", señala. Lo compara con una galletita de agua con un toque de vainilla.

La diferencia con otros vasos comestibles, como los de helado, está en el material. "Esos están hechos de pasta y no de masa, por eso son menos resistentes y se humedecen más rápido. Y la máquina es completamente distinta, tiene otro proceso de fabricación", explica.

Hoy se puede probar en Piso 15 Sky Bar, en el centro porteño, donde la taza es parte de un postre que se llama Affogatto. Llega a la mesa con una bocha de helado y el café caliente se vuelca encima. "Tiene otros postres en la carta y lo que más pide la gente es este. No me quiero tirar flores, pero es un éxito."

Con el resultado en la mano, y siguiendo el consejo de su abogado de marcas, De Bonis registró en el Instituto Nacional de la Propiedad Intelectual (INPI) los dos primeros modelos, la taza y el vaso, que según detalló quedan protegidos por 15 años. Después sumó más de 30 diseños como vasos y tazas cuadradas, octogonales o cilíndricas; cucharitas, platos y tapas.

Cómo Ecotaza planea producir a gran escala y llegar a todo el país

El salto de escala requiere instalar dos nuevas máquinas que ya encargó y que estarían llegando al país en 60 días. Mientras tanto, y al momento de la entrevista, De Bonis buscaba un galpón para montar la planta y evaluaba opciones en Palermo.

Calcula contratar alrededor de diez personas para preparar la masa, operar las máquinas, empacar y atender consultas y pedidos. La fabricación y la comercialización quedarían a cargo del emprendimiento.

Según detalló, la inversión inicial ronda los u$s110.000, y todavía faltan el galpón, las redes y la publicidad. Para el lanzamiento piensa en un precio de unos $500 por unidad. "En una cafetería un café se vende por encima de los $6.000", compara, y aclara que una vez alcanzado volumen el valor debería bajar.

"El negocio va a ser siempre B2B", afirma. Su cliente será otro negocio, con Instagram y la web como canales de contacto. Cuenta que ya recibió consultas desde Mendoza, Junín y un hotel boutique de Mar del Plata, además de contactos de cadenas de cafeterías. 

Para cafeterías pequeñas, ofrecerá unidades con la marca Ecotaza. A grandes compradores les propone fabricar tazas personalizadas con su propio logo moldeado.

"Me gustaría estar en todas las estaciones de servicio del país", dice. Por su presencia territorial, las considera una vía para distribuir el producto y sostener una producción de volumen.

La primera fórmula será estándar. Más adelante, quiere desarrollar otros sabores y una versión sin TACC.

Para financiar el crecimiento, conversa con interesados en sumarse como socios inversores. También proyecta tokenizar la empresa una vez que la marca haya ganado reconocimiento. En el sector alimentario ya existen experiencias como la de las primera yerba mate tokenizada con potencial para ganar dólares del mundo.

"La idea nuestra es dentro de un año, cuando seamos conocidos", explica sobre el horizonte que imagina. Su intención es permitir que otras personas inviertan en la marca y destinar esos fondos a comprar maquinaria, aumentar el volumen y reducir los costos. Todavía no precisó cómo se instrumentaría la tokenización ni qué derechos recibirían quienes participen. 

"Antes de esa etapa, tengo que poner en marcha la planta y convertir las consultas en pedidos". La máquina pequeña con la que comenzó las pruebas tendrá otro destino. De Bonis quiere conservarla en una caja de cristal, como recuerdo del comienzo. "La madre de la creación", la llama.