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El Palomar ya le trae costos políticos al kirchnerismo: ¿un nuevo síndrome Vicentin?

El Palomar ya le trae costos políticos al kirchnerismo: ¿un nuevo síndrome Vicentin?
El cierre del aeropuerto provocó críticas "por izquierda", le dio protagonismo a Macri y deja al Gobierno en una cercanía incómoda con el grupo Eurnekian
Por Fernando Gutiérrez
14.12.2020 20.02hs Política

En el Gobierno ya se está asumiendo la idea de que con el cierre del aeropuerto de El Palomar se cometió otro error de cálculo político.

Como con la cerealera Vicentin, que el propio Alberto Fernández admitió pensaba iba a cosecharle aplausos y casi le ocasiona una nueva revuelta rural. Como con la propuesta de reforma judicial, que no entusiasmó a la propia militancia y exacerbó el clima para que la oposición volviera a protestar en las calles. Como con la quita de la coparticipación a la Ciudad de Buenos Aires, que trajo como consecuencia la suba en las encuestas de Horacio Rodríguez Larreta, ahora con un halo de victimización.

En la previa, el tema de El Palomar, era visto como una cuestión menor, que afectaba a poca gente –sobre todo teniendo en cuenta la virtual parálisis de la aviación de cabotaje en el contexto de la pandemia- y que parecía tener como único perjudicado a una empresa como Flybondi, que había recibido cuestionamientos de variada índole.

Desde ese punto de vista, la medida técnica del cierre del aeropuerto para vuelos comerciales y su regreso a la función original de base aérea militar no parecía que podría acarrear un terremoto político. Y sin embargo, es lo que ocurrió.

El Gobierno no solamente le dio en bandeja un nuevo motivo de crítica a la oposición, que reaccionó de manera furibunda, sino que hasta le permitió al ex presidente Mauricio Macri realizar una evaluación retroactiva positiva.

Porque hasta ahora, cada vez que Macri criticaba al Gobierno, se le anteponían los argumentos de sus problemas para manejar la economía. Sin embargo, con la cuestión de El Palomar Macri encuentra, por fin, la posibilidad de poner sobre el tapete uno de los puntos que considera un fuerte de su gestión: la popularización del transporte aéreo para pasajeros.

Es una zona argumental en la que el peronismo siente la incomodidad, porque los argumentos del macrismo apuntan a áreas sensibles: mucha gente de clase media baja del interior pudo, por primera vez en su vida, volar a sus provincias sin tener que caer en la única alternativa del ómnibus de larga distancia. Y, para colmo, el cierre de El Palomar pone en riesgo puestos de trabajo, un tema hiper sensible en este momento de recesión y pobreza récord.

Fuentes de Juntos por el Cambio estimaron en no menos de 1.000 puestos directos y una cifra hasta cinco veces mayor la de puestos que se perderían. El ex ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, afirmó: "No sólo se pierden puestos de trabajo dentro del aeropuerto sino que también se ven afectados los remiseros, los restaurantes del barrio y tantas otras actividades que crecían alrededor".

Pero, además, destacó que el aeropuerto, a diferencia de Ezeiza, era fácilmente accesible por tren y colectivo. Es decir, la medida también permitió a los ex funcionarios macristas poner de relieve las mejoras logradas en la conectividad desde la estación de tren de Retiro.

"Muchas provincias dejarán de tener vuelos económicos y se verá afectada fuertemente la conectividad, el federalismo y el desarrollo del interior", afirma Dietrich, con alusiones que pegan directamente en el discurso kirchnerista, justo en un momento en que se negocia con las provincias sobre los recursos para el 2021.

El ex ministro macrista de trnasporte, Guillermo Dietrich, realizó duras críticas por el impacto del cierre operativo de El Palomar
El ex ministro macrista de trnasporte, Guillermo Dietrich, realizó duras críticas por el impacto del cierre operativo de El Palomar

El macrismo recupera una bandera

Pero si había una prueba del impacto político que puede traer una medida que parecía afectar apenas a Flybondi –una aerolínea con un único avión, según la caracterizan los funcionarios del Gobierno- es el recobrado protagonismo de Mauricio Macri.

Su carta pública -como en su momento había ocurrido cuando Alberto Fernández anunció el recorte de un punto en la coparticipación de la Ciudad para auxiliar la caja del atribulado gobernador bonaerense Axel Kicillof- describe al Gobierno como copado por el ala más radicalizada del kirchnerismo, dispuesto a avasallar libertades en aras de la consigna "vamos por todo".

"Si teníamos alguna esperanza de que podían haber vuelto mejores, ahora ya no la tenemos", dijo Macri, tras calificar al cierre de El Palomar como "una clausura ideológica".

Macri dejó en claro que conoce los puntos débiles del kirchnerismo, porque no se quejó de los perjuicios hacia las empresas involucradas al revertir sus reformas regulatorias, sino al daño que se provoca "contra los argentinos de menores recursos que se beneficiaban con ellas".

Y aprovechó para repasar el listado de medidas que en su momento habían generado consenso y luego sufrieron una reversión, tales como el régimen de Sociedades Anónimas Simplificadas y el uso del Expediente Electrónico.

Lo cierto es que el cierre de El Palomar se transformó en un trending topic de las redes durante todo el fin de semana, con una abrumadora mayoría de críticas respecto de los argumentos de defensa de la medida.

Y hasta empezaron a circular versiones en el sentido de que había habido discrepancias internas en el Gobierno sobre la forma y el "timing" sobre El Palomar. Sobre todo porque la información que circulaba en el mercado era que la decisión había recaído en el Organismo Regulador del Sistema Nacional de Aeropuertos (Orsna), una de las dependencias estatales que responden a la dirección política de La Cámpora y se maneja con relativa independencia respecto de la Presidencia.

Esto llevó al Gobierno a sentirse en la necesidad de dar una respuesta no sólo técnica sino también política para contestar a la carta del ex presidente.

Fue así que el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, se refiriera al "cinismo" de Macri por su "distorsión de la realidad y de la historia". Y tras recordar la crisis de la industria y el aumento del desempleo durante la gestión anterior, Cafiero intentó minimizar la gravedad de la medida sobre El Palomar.

Tras argumentar que "hay una gran crisis aerocomercial en el mundo, producto de la pandemia", dijo que hubo un acuerdo entre las dos empresas que estaban operando en El Palomar para empezar a utilizar el aeropuerto de Ezeiza.

"No está cerrado El Palomar, sino que está sin operación. Ocurre como con muchos aeropuertos que han tenido una caída de actividad. Este aeropuerto está ahora sin actividad", expresó.

En tanto que la parte técnica de la respuesta corrió por cuenta de Mariano Recalde, senador y ex titular de Aerolíneas Argentinas durante el mandato de Cristina Kirchner.

"Qué ironía que Macri hable de política aerocomercial. Su ‘revolución de los aviones’ puso en jaque a todo el sistema, terminó perjudicando a todas las aerolíneas (incluso a las que empezaron a volar durante su gestión) y empeoró la conectividad del país", afirmó Recalde.

Y argumentó que no se justificaba una inversión de $4.000 millones en la pista de El Palomar para sostener una operación de uno o dos aviones de Flybondi. "Solo se puede justificar en el capricho de Mauricio Macri de sostener una política cuyos resultados están a la vista", agregó el ex titular de Aerolíneas, para quien ahora el sistema adquiere mayor racionalidad, porque las empresas "low cost" comenzarán a despegar desde el aeroparque Jorge Newbery.

Hubo, además, recordatorios respecto de los cuestionamientos ambientales y de seguridad que habían planteado asociaciones de vecinos de la zona, preocupados por el ruido de los aviones y por la cercanía de las naves respecto del área residencial de los barrios circundantes a El Palomar.

El incómodo "factor Eurnekian"

Pero en las argumentaciones oficialistas no hubo menciones a una de las críticas más ácidas que se hacen desde el macrismo y las redes sociales: que en el cierre de El Palomar jugó un rol importante el "lobby" de Aeropuertos Argentina 2000, la empresa de Eduardo Eurnekian que tiene a su cargo la gestión de Ezeiza.

De hecho, Eurnekian venía planteando la conveniencia de que El Palomar fuera desactivado, y esa idea tuvo un planteo formal a inicios de año, cuando quedó en evidencia que la pandemia haría perder millones a todos los servicios vinculados con la aviación.

En abril, mientras el Gobierno daba señales de querer retroceder con la política de "cielos abiertos" implementada por Macri, Eurnekian hizo una jugada a tono con el nuevo clima político: que se suspendieran los vuelos comerciales en El Palomar (en la que él mismo apenas había completado la primera fase de inversión a la que se había comprometido con el Gobierno anterior) y se concentraran todas las operaciones en Ezeiza.

Con una virtual parálisis de los vuelos, la principal terminal aérea del país disminuyó drásticamente sus ingresos, lo cual pegó en la caja del grupo Eurnekian. En ese momento, se argumentó que había también motivos sanitarios por los cuales era conveniente que los vuelos comerciales se atendieran en Ezeiza y no en El Palomar.

Pero más allá de las razones técnicas, era indisimulable que el lobby coincidía con un momento en el que Aeropuertos Argentina 2000 iniciaba una renegociación con el Gobierno sobre los cánones que paga por la gestión aeroportuaria, así como la prolongación de concesiones.

Y su planteo sobre El Palomar iba en línea con la idea que el kirchnerismo tenía en mente: volver a un esquema altamente regulado, en el cual Aerolíneas Argentinas fuera un protagonista fundamental y casi libre de competencia.

El lobby del grupo Eurnekian, administrador de Ezeiza, fue parte fundamental en la decisión sobre El Palomar
El lobby del grupo Eurnekian, administrador de Ezeiza, fue parte fundamental en la decisión sobre El Palomar

Aerolíneas, el otro protagonista

Para los analistas del mercado aeronáutico, parece claro que Aerolíneas será uno de los beneficiarios de la movida. El Gobierno estuvo todo el año embarcado en una campaña por reivindicar la imagen de la aerolínea de bandera y hubo, además, un compromiso con los poderosos sindicatos de aviación en el sentido de revertir las políticas macristas que le habían restado market share a la empresa estatal.

En el inicio de la cuarentena, Aerolíneas llegó a ser elegida por el Gobierno como la imagen del "Estado presente" que aparece para resolver los problemas en los momentos de crisis, cuando los privados no dan respuestas.

Pero ese discurso tuvo muchos problemas. Enseguida quedó en evidencia que Aerolíneas tuvo dificultades logísticas para traer de regreso a los argentinos varados por el mundo. Y que, además, las propias medidas del Gobierno impidieron que pudieran regresar en sus vuelos programados. Por otra parte, el "operativo retorno" se cobró a tarifa completa incluso cuando los pasajeros ya habían pagado por los vuelos suspendidos.

Aun así, el relato épico en torno de Aerolíneas encontró una nueva oportunidad cuando se realizó el promocionado viaje a China para traer insumo médico. Pero la "hazaña" fue motivo de críticas y burlas en las redes sociales, por la intención de darle tinte épico a un vuelo que para la mayoría de las grandes aerolíneas es rutinario. El avión llegó repleto de barbijos y termómetros digitales, aunque no de respiradores mecánicos, que era el insumo crítico del momento.

La polémica se agravó cuando, pocas semanas después, Aerolíneas anunció la suspensión de 1.500 trabajadores y el pedido del subsidio estatal para pagar sueldos. Todo en una empresa que ya antes de la crisis del Covid 19 sufría un déficit crónico de un millón y medio de dólares por día.

Lo cierto es que para el kirchnerismo, la situación generada por El Palomar es incómoda desde el punto de vista político. Implica la suspensión de un servicio que beneficiaba a sectores de ingreso medio-bajos, suprime fuentes laborales, lo acerca a una de las figuras emblemáticas de la "Patria contratista" y deja una sensación de que hay como trasfondo una mezcla de ideología y deseo de concentrar poder.

Es decir, todo lo contrario a lo que Alberto Fernández estaba buscando para cerrar un año extremadamente complicado en lo económico y lo social.

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