La duda del kirchnerismo sobre Ganancias: ¿el proyecto de Massa los ayudará a ganar votos?

La duda del kirchnerismo sobre Ganancias: ¿el proyecto de Massa los ayudará a ganar votos?
En el kirchnerismo hay dudas sobre si la medida de Massa podrá empeorar la chance electoral, al desviar prioridades de asistencia a los sectores más bajos
Por Fernando Gutiérrez
11.02.2021 20.19hs Política

El Gobierno arriesga el estallido de una nueva pelea interna, y es por el Impuesto a las Ganancias. Claro, no es que esté en riesgo el voto afirmativo del proyecto de ley que sube el "mínimo no imponible" y alivia a 1,2 millón de personas: más bien al contrario, se descuenta que saldrá con el voto de oficialistas y opositores.

Pero el tema que está empezando a generar un debate en voz baja es si la iniciativa de Sergio Massa será realmente útil para el Frente de Todos en las próximas elecciones legislativas de octubre.

Por lo pronto, es una medida que beneficia a asalariados que, en la Argentina de hoy -40% de pobreza, salario promedio de $30.000-, beneficia al grupo de mayores ingresos del país, una minoría conformada por los que cobran más de $150.000. Y que eventualmente podría restarle ingresos a la asistencia para el sector de menores ingresos, que a pesar de las señales de reactivación económica no logra mejorar su nivel de consumo y sufre el castigo de la inflación.

De hecho, Martín Guzmán, bajo el escrutinio del Fondo Monetario Internacional, aseguró que recortará dos puntos el déficit fiscal –y, casualmente, el costo de programas como el IVE y el ATP creados para la urgencia de la pandemia tenían aproximadamente ese costo-. Su argumento es que, dado que la economía está mostrando signos de recuperación, la mejora llegará por el lado de más empleo y salario, además de los programas de asistencia vigentes antes de la pandemia.

Es decir, la asignación por hijo, la tarjeta alimentaria y, para las empresas en crisis, los planes Repro. Planes que, por más que mantienen su condición de masivos –llegan a 2,5 millones de hogares- no pueden compararse con la magnitud de la asistencia implementada durante 2020.

Sólo el IFE, dirigido a nueve millones de desocupados, costó durante 2020 unos $270.000 millones. Mientras el ATP (la asistencia para pagar medio sueldo a empresas en problemas), se pagó durante ocho meses y benefició a 250.000 compañías. Ahora, en cambio, apenas se aprobaron casos de ayuda puntual por única vez, como los $9.000 a 35.000 trabajadores de cooperativas.

Mientras tanto, la inflación se acelera, con un palpable escepticismo sobre que la proyección oficial del 29% anual pueda llegar a cumplirse. Para quienes miran las chances electorales del oficialismo, no parece un buen contexto.

Y la iniciativa de Massa sobre Ganancias no cambió la percepción. El presidente de la  cámara de Diputados asegura que el costo fiscal de su iniciativa será neutro –porque los $40.000 que deja de recibir el fisco serán compensados por la suspensión de beneficios a empresas- pero cada vez hay más dudas sobre lo inocuo de la medida sobre el empleo y la inflación.

Los críticos del proyecto dicen que sólo beneficia a la
Los críticos del proyecto dicen que sólo beneficia a la "crema" de los asalariados mientras pone en riesgo la economía del sector más pobre

Críticas desde todos los flancos

En definitiva, que dentro de la coalición del Gobierno, y particularmente entre los kirchneristas, quedó instalada la pregunta: ¿al Frente de Todos le sirve, desde el punto de vista electoral, esta reforma del impuesto a las Ganancias? ¿O se corre el riesgo de beneficiar indirectamente a la oposición?

El tema empezó a ser debatido en las redes sociales desde el mismo día en que se conoció la propuesta, y ocurrió el fenómeno extraño de que las críticas de economistas ortodoxos empezaron a ser tomadas en cuenta por analistas del kirchnerismo.

Como, por ejemplo, la del ex ministro Hernán Lacunza, que planteó que la reforma tributaria 2021 le bajará los impuestos a los de mayores ingresos mientras se los subirá a los pobres, dado que la proyección de inflación va en alza.

También en ese sentido argumentó Federico Sturzenegger, ex titular del Banco Central, quien dijo que el Gobierno, entre priorizar la lucha contra la inflación, que es pagada por los pobres, prefiere focalizarse en Ganancias, que es pagada por los de mayores ingresos.

Y recuerda que, si bien hay países como Estados Unidos en el que Ganancias afecta a la mitad de la población, eso se compensa con un IVA promedio de 8% -contra el 21% de Argentina- y que, además, no hay inflación.

"Querer hacer más progresivo el sistema es bajar la inflación, bajar el IVA y los impuestos al trabajo", agrega. Y deja una reflexión como para meterse de lleno en la polémica con los dichos de Massa: afirma que es mentira que Ganancias sea un impuesto que afecte a la clase media, sino que lo paga el segmento más rico de la población.

Y desafía al Gobierno que, si está dispuesto a resignar recursos fiscales, es preferible bajar el IVA, que afecta más a los pobres, que Ganancias. "De hecho, Ganancias debería ser el último impuesto en querer bajarse", plantea el ex funcionario macrista.

En una extraña situación, además de las críticas "por izquierda" que hacen los economistas ortodoxos, se suma la crítica "liberal" hecha por dirigentes izquierdistas, como Gabriel Solano, del Partido Obrero, quien denuncia que el proyecto de Massa "tiene muchas trampas".

"Como no tiene un índice de actualización, con una inflación del 50%, en un año volverán a pagar centenares de miles de trabajadores. Debe abolirse definitivamente Ganancias sobre los trabajadores", escribió en Twitter.

Lo cierto es que en el kirchnerismo, donde la mayor preocupación del momento es la inflación y cómo revertir el encarecimiento relativo de alimentos en términos de salarios, estos argumentos empezaron a hacer mella.

De hecho, el martes hubo una reunión de economistas del Frente de Todos, que incluyó a figuras como Roberto Feletti, ex vice ministro en la gestión de Cristina, y todas las recomendaciones del documento están concentradas en el famoso "desacople" de precios y en el fortalecimiento del Banco Central. En cambio, sobre el alivio para el impuesto a las Ganancias, ni un mínimo elogio.

Hay quienes ya expresan su opinión sin medias tintas, como Artemio López, encuestador y analista político ligado al kirchnerismo, quien cree que esta medida "no le trae ningún beneficio al Gobierno, yo diría que al menos el 80% de su base electoral es totalmente indiferente a este tema".

"Esto, hoy, beneficia a la crema de los asalariados. Que no van a cambiar de voto porque les alivien el impuesto. Y el Gobierno puede perder recursos para concentrarse en mejorar la situación del sector más bajo. No tiene que olvidar que el del Frente de Todos es un voto eminentemente clasista", agrega. López llega a concordar incluso con algunas críticas en el sentido de que esta medida, tal como está planteada su financiación, puede tener un impacto de enlentecimiento en la creación de empleo.

Y, curiosamente, los diputados de Juntos por el Cambio ya adelantaron su voto positivo. ¿Síntoma de un riesgo electoral no bien calibrado por el oficialismo?

El peligroso antecedente de 2013

Ya hay un antecedente histórico que los veteranos kirchneristas recuerdan bien. En la campaña para las legislativas de 2013, la queja contra el impuesto a las Ganancias se había transformado en una de las banderas de la oposición.

En aquel momento, igual que ahora, un impuesto que había sido pensado para que afectara al 10% de los asalariados, terminó alcanzando al 25%. El efecto, naturalmente, era la falta de actualización por inflación del "mínimo no imponible", que ejercía un efecto de erosión.

Y se quejaban todos, los macristas, los dirigentes del Partido Obrero y también muchos peronistas. De hecho, quien se había transformado en principal abanderado de la protesta contra Ganancias era Hugo Moyano.

Por aquellos días, en que la economía todavía gozaba el "viento de popa" y el consumo crecía, los gremios más poderosos habían logrado mejoras salariales que los ponían a tono con el ingreso de la clase media. Los sociólogos hablaban del fenómeno de una nueva "clase media obrera", un logro que al kirchnerismo le jugó un efecto boomerang.

Porque Moyano, cuando Ganancias empezó a afectar a los asalariados del gremio camionero, cambió su prioridad de reclamos. Y en vez de organizar paros por subas salariales, hacía marchas para protestar contra el impuesto, bajo la consigna "El salario no es ganancia".

"¿Qué culpa tienen las paritarias si gran parte del porcentaje que se logra en paritarias se lo lleva el Gobierno a través de este impuesto al trabajo?", decía el sindicalista.

Nadie recuerda mejor aquellos días de 2013 que Sergio Massa, porque fue allí cuando se consolidó su posición como líder del peronismo disidente. Consciente de que en el votante de clase media desencantado con el kirchnerismo tenía su posibilidad, Massa tomó el tema Ganancias como bandera electoral.

Lo que ocurrió luego es la lección histórica que hoy está debatiendo el kirchnerismo. En las PASO de agosto, Cristina sufrió una dura derrota. Y, a regañadientes, terminó accediendo a una mejora que, de los 2,4 millones de contribuyentes que pagaban Ganancias, exoneraba a 1,5 millón por la vía de un súbito aumento del "mínimo no imponible".

Pero la jugada le salió mal: en las legislativas de octubre volvió a perder con Massa, por mayor diferencia. En aquel momento, los estrategas del kirchnerismo llegaron a la conclusión de que Cristina debía haberse mantenido firme en su argumento de que gracias a los ingresos de Ganancias se podía financiar el costo fiscal de ayudas como la Asignación Universal por Hijo.

Y que, en vez de intentar reconciliarse con una clase media que la rechazaba, debería haber concentrado sus esfuerzos en el segmento de menores ingresos, donde estaba su base de apoyo electoral.

En cambio, quien se felicitó por su estrategia fue Massa, que a partir de allí forjó una imagen de "peronista moderado", con un discurso productivista y sensible a las preocupaciones de la clase media, así fueran los robos, el cepo o los impuestos.

Sergio Massa se propone reconquistar a la clase media, pero en el peronismo dudan sobre si la estrategia dará resultado
Sergio Massa se propone reconquistar a la clase media, pero en el peronismo dudan sobre si la estrategia dará resultado

¿Una estrategia personal de Massa?

Todo esto es lo que lleva a la duda sobre cómo interpretar la situación política en el debate por Ganancias. ¿Fue una jugada en solitario de Massa, que intenta desmarcarse del Gobierno? ¿O surgió como un acuerdo con Alberto Fernández y Máximo Kirchner, con quienes pocos días antes había estado reunido?

En todo caso, llamó la atención la forma en que se comunicó la iniciativa. "Lo debería haber anunciado el Presidente y no Massa, que no tiene un liderazgo a la misma altura", afirma Artemio López.

Por otra parte, también llamó la atención que, en vez de canalizar el anuncio en los medios afines al oficialismo, se haya preferido darle prioridad a los medios del Grupo Clarín.

Todos estos detalles exacerbaron los ánimos que ya venían caldeados entre Massa y algunos representantes del kirchnerismo duro, como Luis D’Elía y el ex ministro Julio De Vido. Que no sólo le enrostran su falta de compromiso en la guerra del kirchnerismo con la Corte Suprema sino que llegaron a insinuar que Massa tenía intereses personales en la reciente venta de Edenor a un empresario proveedor de Aysa.

En definitiva, el kirchnerismo está por aprobar una ley sobre la cual todavía no sabe si le reportará un beneficio o un perjuicio. Lo que está claro es que la situación de hoy es muy diferente de aquellos días de 2013 en que se hablaba de una "clase media obrera".

Hoy, la consigna es sobrevivir, y la apuesta a aliviar impositivamente a "la crema" de los asalariados deja más dudas que certezas. Y, en realidad, la crítica más dura a la iniciativa de Massa es que afectará directamente sobre el nivel de inversión de la economía y la voluntad de las empresas para tomar nuevos trabajadores.

Peor aun, puede agravar la inflación. "Para las empresas, los impuestos son parte de los precios. No es inocuo como definas tu sistema tributario", advierte la economista Marina Dal Poggetto. "Es ridículo decir que las empresas no miran la estructura impositiva a la hora de definir una inversión".

Como siempre, el veredicto final se verá en las urnas. Y la cosa no luce bien para el Gobierno: según un sondeo de D’Alessio, entre los sectores medios y bajos, hay un 67% de opinión negativa sobre el manejo de la economía.

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