Alineamiento total a cambio de protección: entretelones de la adhesión de Milei al Consejo de Paz de Trump
En los pasillos del Foro Económico Mundial de Davos, la comitiva del presidente Javier Milei celebró este jueves la solemne firma del Consejo de Paz con la foto junto al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
Sin embargo, el mandatario estadounidense aseguró que la Argentina no tendrá que pagar los u$s1.000 millones que el propio jefe de Estado norteamericano reclama para tener la membresía plena del nuevo ente global, destinado a asegurar la recuperación de la Franja de Gaza y otras zonas de conflicto.
Argentina no pagará para pertenecer al Consejo de Paz
En rigor, fuentes de la Cancillería admitieron a iProfesional que el nuevo Consejo será una forma de Trump de esquivar a las Naciones Unidas (ONU) para no quedar atado a países enemigos, como Irán y China.
"La Argentina no necesita poner los 1.000 millones de dólares. Porque entendemos que no es obligatorio", señalaron a iProfesional fuentes muy cercanas a Milei desde la conferencia mundial de Davos, Suiza.
En la Cancillería señalaban que para Milei la integración del Consejo de Paz es una prioridad para transformarse en un referente mundial de la derecha radicalizada junto a Trump, y en competencia con líderes como el primer ministro de Hungría, Viktor Orban. "Pero no pondrá los 1.000 millones de dólares porque no los tiene y no se los pedirán", aseguraron las fuentes.
La Argentina, así como Paraguay, y posiblemente Uruguay, participarán como países adherentes, pero no como que tomarán las decisiones con poder real. "Por 3 años, utilizará el cupón gratis…", señalaron con cierto sarcasmo diplomáticos de carrera. "No hay plata", ironizaron.
¿Qué países deberán pagar 1.000 millones de dólares para cerrar su membresía?
Por ahora no existe una lista oficial ni confirmada de países que deban pagar u$s1.000 millones para conformar el Consejo de Paz, que por ahora se analiza en ámbitos diplomáticos y think tanks cercanos al trumpismo en etapa de diseño político, no como institución formal creada.
Las versiones más consistentes apuntan a que serían los países con alto poder económico y peso estratégico, las potencias mundiales, bajo la lógica trumpista de que "quien quiere seguridad, la paga". Los países incluidos en esa lista podrían ser, por ahora, Estados Unidos (organizador), Alemania, Japón, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Corea del Sur, Qatar y el Reino Unido.
En un segundo anillo, con menor certeza, aparecen Israel, India, Australia y Canadá. La Argentina no pagará, no porque no quiera, sino porque no está pensada como país financiador, sino como aliado político e ideológico. Sin embargo, para Trump, los casos de Argentina y de Paraguay, y en el futuro Chile o Colombia, podrían ser países clave para garantizarles seguridad a cambio de alineamiento total.
Milei tuvo este miércoles su último día en Davos, donde, además de la firma del Consejo de Paz con Trump, con foto incluida, tuvo un breve encuentro con el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio. Además, le dio una entrevista a Bloomberg, donde elogió a Trump y destacó su operación para la captura de Nicolás Maduro en Venezuela y la transición con Delcy Rodríguez, además de defender el comercio con China y criticar al presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien, por cierto, por ahora tomó distancia del Consejo de Paz de Trump.
Los únicos presidentes americanos que participaron de la fundación fueron Trump, Milei y el paraguayo Santiago Peña. También había representantes de Marruecos, Baréin, Armenia, Azerbaiyán, Bulgaria, Indonesia, Jordania, Kosovo, Pakistán, Qatar, Arabia Saudita, Turquía, Emiratos Árabes Unidos, Uzbekistán, Mongolia y de Hungría, Viktor Orban, ultraconservador, aliado a Trump y Milei.
Brasil no aceptó ni rechazó la propuesta de Trump, mientras que en la Unión Europea aún sigue la tensión con Trump por la exigencia de recuperar mediante una compra la isla Groenlandia, que pertenece a Dinamarca. El presidente norteamericano enarbola el pretexto de que los Estados Unidos la pueden proteger militarmente de China, Rusia e Irán, pero la sospecha es que busca explotar los recursos naturales como las tierras raras y el agua, estratégicos en el futuro para la energía y las nuevas tecnologías.
El vínculo con la ONU y la Unión Europea, entre las claves
Tanto en Estados Unidos como en Europa sospechan que la tensión de Trump con Europa, y la creación del Consejo de Paz para la Franja de Gaza y otros conflictos, busca:
- Vaciar de contenido a la ONU, a la que considera inútil, lenta y con influencia de China e Irán.
- Romper la OTAN, Alianza del Atlántico Norte, por el conflicto con Groenlandia.
- Dinamitar su histórica alianza con Europa, sus socios naturales en lo económico, lo político y lo militar.
- Permitir que Rusia haga lo que quiera con Ucrania y por eso también lo invitó a conformar el Consejo de Paz. Convalidaría así la invasión de Rusia a Ucrania.
El "Consejo de Paz" —todavía en estado embrionario y sin estatuto formal— no es un organismo multilateral clásico. No es la ONU, ni pretende serlo. Es una mesa chica de poder, diseñada bajo una lógica trumpista pura: menos burocracia, menos consenso y más decisión directa entre quienes pagan, quienes mandan y quienes alinean.
En ese esquema, los aportes de u$s1.000 millones estarían reservados a potencias con músculo financiero y peso estratégico: Alemania, Japón, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Corea del Sur, Qatar o el Reino Unido. Países que, en la visión de Trump, deben financiar la estabilidad que Estados Unidos garantiza.
Pero nada de esto está definido, especialmente luego de que Trump amenazara con subir aranceles y luego se desdijo con todos los países europeos que defienden a Dinamarca en el conflicto por Groenlandia. Además, el presidente estadounidense tuvo fuertísimas críticas contra el primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, líder del Partido Laborista, por conceder la isla de Chagos a la nación isleña de Mauricio.
Para los ojos de Milei, Starmer sería un "zurdo", pero su concesión a Mauricio le daría un argumento para reclamar la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, al igual que el caso Groenlandia.
Las Malvinas no solo están sobre la plataforma continental argentina, sino que el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas (ONU) ordenó en 1965 a ambos países sentarse a negociar formalmente la soberanía.
Milei está en una emboscada: es crítico de la ONU, pero impulsa al prestigioso diplomático argentino Rafael Grossi como secretario general de la ONU para el período 2027-2031. Grossi es hoy director general de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) de la ONU. ¿Milei tiene en la agenda impulsar el reclamo por Malvinas en el marco de su alianza con Trump, el crítico de Starmer? El alineamiento en el Consejo de Paz podría servir para que Trump presione al Reino Unido, pero no está en la agenda.
La Argentina de Milei juega otro partido. No paga en el Consejo, pero juega al alineamiento con Estados Unidos e Israel. Para Trump, Milei no es un socio financiero, sino un caso testigo como aliado ideológico simbólico que legitima su narrativa global. El presidente argentino aporta lo que hoy vale tanto o más que el dinero en la política internacional: alineamiento, discurso y señal geopolítica.
La lectura es que Milei no pagará u$s1.000 millones porque su contribución es política y estratégica. Apoyo en foros internacionales, respaldo discursivo a la estrategia estadounidense, ruptura explícita con el eje BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y un mensaje a los mercados: Argentina eligió equipo. El salvataje de Trump a Milei en 2025 había dejado eso claro.
Liderar sin guerra: el verdadero plan de Donald Trump
Detrás de la loable intención del Consejo de Paz se esconde la estrategia geopolítica dura de Trump de ordenar aliados, más que fundar un organismo humanitario, y hacer que paguen los que pueden y desplazar a la ONU de la agenda global, a la que considera ineficaz, capturada y funcional a rivales estratégicos como China o Irán.
Algunos analistas mencionan a Rusia en ese lote de rivales, pero Trump lo invitó a subirse y Vladímir Putin parece agradecido, dispuesto a pagar los u$s1.000 millones, tras el debilitamiento de Trump a la Unión Europea y a la OTAN.
El Consejo sería una herramienta de disciplinamiento geopolítico, pensado para contener a China, aislar a Irán y redefinir el liderazgo global de Estados Unidos sin guerras largas ni costos internos excesivos.
"Yo no hago guerras, hago pagar a otros para evitarlas", repiten cerca del expresidente. En ese tablero, la Argentina no compra protección, sino que ofrece lealtad y busca posicionarse en una épica derechista que le permita convertirse en líder mundial de la derecha.
Lo expresó el ministro de Economía, Luis Caputo, en la red X al contestar un posteo. "Le corregiría 2 cosas a este analista: (Milei) no 'se está posicionando'. Está totalmente posicionado desde hace rato! Y no como referente regional, sino como líder mundial!".
En lo regional, Paraguay observa con pragmatismo el Consejo de Paz, busca blindaje discreto y respaldo sin exposición acorde a los estilos del presidente Santiago Peña. Uruguay podría adherir con perfil técnico y bajo, siempre que no implique cheques ni épica ideológica.
Brasil, en cambio, con Lula, mira desde lejos: su apuesta sigue siendo la ONU, los BRICS y una autonomía estratégica que choca frontalmente con el diseño trumpista, profundizada desde la incursión de Trump en Venezuela.
Milei presume que el mundo será menos neutral y más binario. Por eso apuesta a elegir temprano, aun a riesgo de quedar expuesto. Su objetivo no es institucional: es personal y político. Quiere ser reconocido como líder global de una derecha liberal dura, con línea directa a Washington y protagonismo en las discusiones que importan, pero sin pagar los 1.000 millones de dólares.
En la lógica de Trump, los aliados deben financiar la estabilidad global. El aporte funcionaría como una cuota de membresía para acceder a protección estratégica, coordinación diplomática y capacidad de influencia en conflictos internacionales.
El Consejo sería una alternativa política a organismos multilaterales tradicionales como la ONU, a los que Trump suele acusar de ineficaces. No hay documentos oficiales, ni tratados firmados, ni estatutos. Pero Milei estaría perdonado de palabra de afrontar ese oneroso pago.