Milei ganó la batalla judicial por YPF pero el kirchnerismo reivindica la "gesta" de la expropiación
A la victoria judicial que obtuvo Javier Milei por el caso YPF en Estados Unidos, le falta ahora la parte más difícil: que también se convierta en una victoria política. Esa fue la motivación tras la conferencia de prensa dada por el presidente el viernes, pero todavía no está claro quién saldrá ganador en este nuevo capítulo de la "guerra de relatos".
La expropiación de YPF fue una de las medidas más criticadas por el ámbito empresarial y el mercado financiero y, simultáneamente, uno de los mayores logros políticos de Cristina Kirchner. Las encuestas de 2012 eran bien elocuentes al respecto: más del 80% aprobaba la "recuperación" de la petrolera, que estaba ligada a valores de orgullo nacionalista.
Lo más importante para Cristina, además, era que con la expropiación logró que una crisis energética se transformara en una gesta épica. Bajo la gestión operativa de Repsol, se había producido un bajón en el nivel productivo de la empresa, debido a la falta de inversión. Y eso implicaba que Repsol YPF tuviera que demandar divisas por casi u$s10.000 millones al año para importar petróleo.
Pero el hecho que más se le criticaba a Cristina era que esa crisis en la producción de petróleo había sido inducida por una medida de Néstor Kirchner. En 2008, por iniciativa del ex presidente, el grupo Petersen -propiedad de la familia Eskenazi- ingresó como "socio nacional" a YPF, y en compras escalonadas se quedó con el 25% del capital-.
El método de compra fue inédito: los compradores, que no tenían experiencia alguna en el negocio petrolero y cuyo mérito consistía en ser "expertos en mercados regulados" ingresaron sin poner dinero. Para la compra obtuvieron un crédito de un grupo de bancos, que se pagaría con los propios dividendos de YPF. Básicamente, es como si Repsol hubiese financiado la venta de su 25%, pero el costo terminó siendo una brusca disminución en las inversiones de la compañía.
Los críticos del kirchnerismo apuntan a que esa fue una compra espuria, en la que los Eskenazi actuaron como testaferros del poder político, y que el verdadero costo de esa operación lo pagó la sociedad argentina. Es decir, comparten la idea de que no merecían una compensación como la que recibió Repsol.
El embrollo retórico ante la expropiación
Sin embargo, Milei no hizo mención alguna a que el derrotado en los tribunales neoyorquinos, el "fondo buitre" Burford, le había comprado los derechos del juicio al grupo Eskenazi. De esa manera, dejó pasar una inmejorable oportunidad política para vincular al kirchnerismo con la corrupción.
En cambio, se centró en celebrar la pericia del personal jurídico del gobierno. A primera vista, no parece que haya sido la mejor estrategia política. Para empezar, porque el propio Milei le "bajó el precio" a la victoria jurídica al insinuar que, en realidad, el fallo favorable a Argentina se debía principalmente a su alineamiento político incondicional con Estados Unidos y a su afinidad personal con Donald Trump.
Es, como suelen afirmar los analistas en comunicación política, el riesgo de carecer de "filtro" en las redes sociales. Milei no resistió la tentación de escribir desde su cuenta que sus viajes a Estados Unidos, su decisión de asistir a reuniones diplomáticas vestido con el mameluco de YPF y otras actitudes criticadas fueron, en definitiva, lo que inclinaron la balanza.
Es una argumentación rara para un político que en los foros internacionales aboga por la independencia de la justicia y que, además, ha hecho un credo del respeto a la propiedad privada. Sin ir más lejos, en el discurso brindado en enero en el célebre Foro de Davos -donde le tocó hablar a continuación de Trump-, Milei había hecho una vehemente proclama en defensa del derecho de propiedad. Y enfatizó en que esa postura no obedecía a una cuestión de oportunismo coyuntural sino a una convicción filosófica de su gobierno.
Después de esa declaración, y justo cuando está tratando de convencer a los inversores para que hundan capital en el país -como ocurrió en la reciente gira Argentina Week-, Milei no podía aparecer como si estuviera festejando la expropiación de YPF.
Y esa situación lo dejó en un lugar incómodo: el de celebrar el resultado del juicio pero, al mismo tiempo, cuestionar "el desastre" generado por Cristina y por el entonces ministro Axel Kicillof y calificar la expropiación como "aventura suicida".
Eso fue lo que llevó al presidente a anunciar un proyecto de ley que otorga un mayor blindaje judicial contra expropiaciones a los inversores extranjeros.
El kirchnerismo contraataca
El kirchnerismo entendió rápidamente el problema argumentativo de Milei, y por eso no dudó en pasar a la ofensiva. Kicillof, el blanco preferido de los insultos del presidente, se jactó de haber tenido razón desde el inicio respecto de que la expropiación no dejaría al país expuesto a condenas judiciales.
Mientras sus militantes llenaron las redes sociales con mensajes que afirmaban "Kicillof tenía razón", el ahora gobernador de Buenos Aires aprovechó para reivindicar su rol de expropiador. Recordó que, mientras él había diseñado la recuperación de la petrolera, Milei se había opuesto a esa medida y que argumentaba "en favor de los fondos buitres".
Y Cristina, con astucia, felicitó por la victoria judicial no a los funcionarios argentinos, sino a los abogados del bufete estadounidense Sullivan & Cromwell.
"De esta manera, queda más que claro que la expropiación con fines de utilidad pública de YPF se hizo conforme a derecho", afirmó la ex presidente, quien además argumentó que la decisión de la expropiación fue estratégica para el país, porque permitió el desarrollo del yacimiento Vaca Muerta.
"Hoy podemos decir con orgullo que Argentina tiene superávit de miles de millones de dólares en la balanza energética", agregó Cristina. Debe haber disfrutado al escribir esa frase, porque implica arrebatarle al ministro Toto Caputo un logro del que suele jactarse. De hecho, desde que estalló el conflicto en Medio Oriente, el ministro de Economía no deja de repetir en foros y entrevistas que, si no fuera por el recuperado autoabastecimiento, Argentina estaría en shock, como ocurrió tras la invasión rusa a Ucrania en 2022.
Kicillof también se tomó revancha política. Recordó que, al inicio de su gestión, Milei había propuesto que se creara un impuesto a los combustibles, llamado "tasa Kicillof", con el cual pagar el juicio por u$s 18.000 millones que, en primera instancia, había ganado el fondo Burford.
"Ese impuesto nunca fue más que una operación: un coro de voces que repitió durante años los argumentos de los buitres", sostuvo el gobernador y pre-candidato presidencial del peronismo.
"No se trataba de atacarme a mí, sino de cuestionar una decisión soberana y de defender intereses extranjeros. La derecha nunca la habría nacionalizado. Trabajaron siempre para los buitres, pero paradójicamente hoy su modelo no colapsa por falta de dólares gracias a YPF", argumentó Kicillof, también adjudicándose el mérito del superávit de la balanza comercial energética.
Oportunidad perdida para Milei
De momento, la argumentación de Milei ha sido más débil que la del kirchnerismo. Dejó pasar argumentos que sí había planteado la gestión de Mauricio Macri. Por ejemplo, que el desarrollo de Vaca Muerta no estaba frenado por el hecho de que YPF estuviera bajo el control de Repsol, sino por falta de inversiones.
Además, Milei olvidó mencionar que Kicillof había argumentado que la expropiación no le costaría ni un dólar al país -y hasta insinuó que se podría cobrar una reparación-, pero finalmente Repsol terminó cobrando u$s5.000 millones en bonos emitidos por el propio Kicillof. Y que, por el diseño del acuerdo, que implicaba un mayor pago si esos bonos perdían valor en el mercado secundario, la indemnización terminó siendo de u$s6.300 millones.
Pero, sobre todo, lo que Milei dejó pasar fue el hecho de que el juicio Burford versus Argentina no estaba vinculado a la expropiación en sí, sino a la cuestionada "venta" del 25% de la empresa al grupo Eskenazi.
Así lo explica el economista Nicolás Gadano, experto en mercado energético: "La carátula del fallo histórico de hoy, como las de todos los fallos previos, pone de manifiesto algo que CFK, Axel y Cia siempre intentan soslayar. ¿Quiénes son los demandantes contra la República Argentina? Las empresas Petersen del grupo Eskenazi. ¿Cómo y cuándo llegaron a YPF? Por obra y gracia del kirchnerismo, en 2008, en la primera presidencia de CFK".
La batalla por el relato de YPF todavía no terminó, y en los próximos días las encuestas revelarán si la opinión pública atribuye el mérito a Milei o a Cristina y Kicillof. Pero, de momento, lo que los analistas vieron fue un primer round mejor aprovechado por el kirchnerismo.