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iProfesional | Política

Milei sube la apuesta por Malvinas pero EEUU pide "desescalar" la tensión con Gran Bretaña

Washington advierte sobre el alcance de la demanda argentina en tribunales internacionales y tensiona la agenda energética del Gobierno

02/10/2026
Actualizado 11:40hs

La advertencia de los Estados Unidos a la Argentina de "desescalar" el conflicto por Malvinas llega después de la dura respuesta del canciller, Pablo Quirno, a una protesta de Gran Bretaña por el recurso argentino ordenado por el gobierno de Javier Milei ante el Tribunal Internacional del Derecho del Mar en Hamburgo. En esa presentación, la Argentina intimó a Londres a frenar el proyecto petrolero Sea Lion en las Islas Malvinas y amenazó con recurrir a un arbitraje o pedir al Tribunal una medida cautelar para frenar la explotación hidrocarburífera.

"Con esta respuesta Estados Unidos le está pidiendo al gobierno de Milei que desescale el conflicto, porque el que lo escaló fue Quirno", señalaron a iProfesional fuentes de la Cancillería. Por ahora Milei no respondió.

La disputa por los recursos petroleros del Atlántico Sur colocó a la Argentina, el Reino Unido y Estados Unidos frente a una delicada encrucijada diplomática. Milei decidió profundizar su ofensiva jurídica contra el proyecto Sea Lion y desde Washington apareció un mensaje destinado a contener la escalada: Estados Unidos quiere que Argentina y el Reino Unido "desescalen" la tensión.

La señal fue transmitida por el embajador estadounidense ante las Naciones Unidas, Mike Waltz, en declaraciones a GB News. Consultado sobre la posición de Washington frente a un eventual conflicto bélico como en 1982 en las Malvinas, Waltz evitó tomar partido por Buenos Aires y remarcó el doble vínculo estratégico de Estados Unidos.

"Argentina es un gran amigo", afirmó, pero inmediatamente agregó que existe "obviamente una relación especial con el Reino Unido". En otras palabras, no le soltará la mano a Londres y menos después del acuerdo entre el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro británico Andy Burnham, hace dos semanas en la ONU.

Ante la posibilidad de una confrontación, Waltz sostuvo: "Creo que buscaríamos desescalar antes de llegar tan lejos". La frase tiene un peso político específico. Washington no desconoció el vínculo con la Argentina ni adoptó una posición explícita sobre la cuestión de soberanía, pero dejó en claro que tampoco acompañará automáticamente una escalada diplomática contra Londres.

En términos de política exterior, el mensaje es sencillo: Estados Unidos quiere preservar su relación con Milei, pero no admitirá poner en riesgo su relación estratégica con el Reino Unido por la disputa del Atlántico Sur.

Qué es el proyecto petrolero Sea Lion en Malvinas

El conflicto se intensificó después de que la Argentina decidiera recurrir al mecanismo de solución de controversias previsto por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar —CONVEMAR— para cuestionar las actividades hidrocarburíferas vinculadas con el proyecto Sea Lion.

La iniciativa está asociada a Navitas Petroleum, de Israel, y Rockhopper Exploration, del Reino Unido, y constituye para Buenos Aires un caso concreto de explotación unilateral de recursos naturales en un área cuya soberanía la Argentina reclama.

La estrategia del Gobierno consiste en llevar la controversia al terreno jurídico internacional y procurar, entre otras medidas, una cautelar que pueda frenar o suspender el avance del proyecto.

El argumento argentino es que tanto la Argentina como el Reino Unido son Estados Parte de la CONVEMAR y que el tratado establece mecanismos obligatorios para la solución pacífica de determinadas controversias.

El Gobierno busca así separar dos cuestiones que Londres intenta presentar como inseparables: la soberanía sobre las islas y la aplicación de las normas internacionales sobre los recursos naturales y los espacios marítimos.

Por qué el Reino Unido protestó ante la embajadora argentina

La decisión argentina provocó una fuerte reacción británica. Londres convocó a la embajadora argentina, Mariana Plaza, para transmitirle formalmente su protesta.

La posición británica fue expresada públicamente por Uma Kumaran, subsecretaria parlamentaria de Estado para los Territorios de Ultramar y diputada laborista, quien calificó la presentación argentina como "el último intento de socavar los derechos y los medios de vida del pueblo de las Islas Malvinas".

Kumaran sostuvo además que los habitantes de las islas tienen derecho a desarrollar y administrar sus recursos naturales y advirtió que las acciones argentinas generan "interrogantes sobre la fiabilidad de Argentina como socio del Reino Unido".

La respuesta de Buenos Aires fue inmediata y tajante. El canciller Pablo Quirno rechazó que el recurso argentino ante el Tribunal del Mar constituya un intento de "socavar" los derechos de los isleños. "Nada más alejado de la realidad", sostuvo el canciller, quien defendió la decisión de recurrir a un tribunal internacional.

El argumento de Quirno fue que si Londres considera que sus actividades hidrocarburíferas se ajustan al derecho internacional, "nada tiene que temer de un tribunal".

La Cancillería procura instalar así una lectura jurídica de la disputa: la Argentina no estaría recurriendo a una medida de fuerza, sino utilizando un mecanismo internacional contemplado por un tratado que ambos países ratificaron.

Qué reclama Argentina ante el Tribunal del Mar por Malvinas

Sin embargo, detrás del expediente jurídico aparece inevitablemente la cuestión de soberanía. La Argentina sostiene históricamente que existe una disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes.

Buenos Aires invoca, entre otros antecedentes, la Resolución 2065 de la Asamblea General de Naciones Unidas y la Resolución 31/49, que forman parte del marco diplomático sobre la controversia.

Desde la perspectiva argentina, la explotación unilateral de recursos naturales no renovables en el área en disputa constituye una modificación de la situación que debe ser objetada.

Londres, en cambio, sostiene que las actividades hidrocarburíferas desarrolladas desde las islas se encuentran reguladas por las autoridades locales y que se realizan de acuerdo con el derecho internacional.

Allí aparece el núcleo del conflicto: para la Argentina, la cuestión central es quién puede disponer de recursos en un territorio cuya soberanía permanece disputada; para el Reino Unido, las autoridades de las islas tienen derecho a administrar sus recursos y desarrollar su economía.

Más de 180 notificaciones a empresas

La ofensiva argentina no se limita al expediente ante el Tribunal del Mar. Durante las últimas semanas, el Gobierno envió más de 180 notificaciones a empresas vinculadas con actividades hidrocarburíferas en las islas y presentó al menos tres denuncias penales contra diez compañías y sus directivos.

La estrategia busca aumentar el costo jurídico y económico de las operaciones petroleras y, al mismo tiempo, internacionalizar el reclamo argentino. Pero la decisión también tiene un costo diplomático: cada paso destinado a bloquear el desarrollo de Sea Lion incrementa la tensión con Londres.

Y es precisamente allí donde aparece el mensaje de Washington. En las últimas horas Quirno le pidió a todas las embajadas en el mundo que aclaren que la Argentina no reclama la soberanía ante el Tribunal del Mar, sino que intimó a Londres a frenar el proyecto Sea Lion, de lo contrario pedirá un arbitraje y si el Reino Unido no lo acepta reclamará una cautelar al Tribunal para frenar Sea Lion.

Cuándo viaja el vicepresidente de EEUU JD Vance a la Argentina

En medio de este escenario, la Casa Rosada confirmó además que el vicepresidente estadounidense, James David Vance, viajará a la Argentina en noviembre para reunirse con Javier Milei. La visita forma parte de una gira regional y tendrá como ejes cuestiones comerciales, financieras, energéticas y de seguridad.

En el Gobierno buscarán mostrarla como una nueva señal del vínculo entre Milei y Donald Trump. Sin embargo, no hay indicios de que el viaje haya sido diseñado alrededor de la cuestión Malvinas. Vance llegará con una agenda comercial, económica, financiera y de seguridad.

De hecho, el contexto es el contrario: mientras Buenos Aires necesita profundizar su relación con Washington, Estados Unidos acaba de enviar una señal pública de cautela frente a la escalada con Londres.

La ecuación se vuelve particularmente sensible porque Milei convirtió su alineamiento con Trump en uno de los pilares de su política exterior, mientras pretende avanzar jurídicamente contra empresas británicas e israelíes que participan de un proyecto petrolero en las proximidades de las islas.

El dilema para Milei

El Gobierno enfrenta así una contradicción diplomática que no es sencilla de resolver. Por un lado, la administración Milei quiere recuperar centralidad para la cuestión Malvinas y evitar que la explotación de recursos naturales avance sin una respuesta argentina.

Por otro, necesita preservar el vínculo estratégico con Estados Unidos, que considera clave para las negociaciones comerciales, financieras, energéticas y de seguridad.

Y Washington acaba de recordar que su relación con Londres también es estratégica. La frase de Waltz funciona, en ese sentido, como una señal preventiva: Estados Unidos no tomó posición sobre la soberanía de las islas, pero tampoco avaló la escalada argentina.

La prioridad declarada es evitar que una controversia jurídica y diplomática se transforme en una crisis mayor. Para Milei, el problema consiste ahora en sostener la ofensiva sobre Sea Lion sin convertirla en un conflicto que termine condicionando la relación con Washington.

Quirno eligió la vía jurídica para confrontar con Londres. Waltz acaba de introducir una variable adicional: la necesidad de que esa ofensiva no derive en una escalada que obligue a Estados Unidos a elegir entre dos socios estratégicos.

Ese es el límite geopolítico de la estrategia argentina: Washington puede acompañar a Milei en comercio, inversiones, energía y seguridad, pero eso no significa que vaya a soltarle la mano al Reino Unido por Malvinas.