Elecciones en Brasil: encuestas dan mejor a Lula que a Bolsonaro y empate en balotaje
Las elecciones presidenciales de este domingo Brasil concentran la atención mundial por los intereses geopolíticos que las atraviesan. Las últimas encuestas confirmaron un escenario de polarización extrema entre el presidente y candidato a la reelección, Luis Inacio "Lula" Da Silva, y el senador Flavio Bolsonaro, con una ajustada diferencia a favor del primero pero rumbo a una segunda vuelta -que sería inevitable- con resultado imprevisible.
Del proceso electoral participan 158 millones de votantes, que además de presidente elegirán gobernadores en los 26 estados y renovarán un tercio del Senado y la totalidad de la Cámara de Diputados. Los tres sondeos más recientes de las consultoras Atlas Intel, Datafolha y Quaest mostraron una competencia muy pareja.
Según esas encuestas, en los últimos días Lula tuvo un leve crecimiento que le otorgó una ventaja de entre 3 y 5 puntos porcentuales sobre Bolsonaro, pero ninguno de los dos candidatos principales superarían el 50% de los votos, por lo la elección se definiría en la segunda vuelta el 25 de octubre. Para esa cita, todos los sondeos arrojan un empate virtual.
Para la primera vuelta de este domingo el presidente y líder del Partido de los Trabajadores (PT), la centroizquierda brasileña, tiene una intención de voto que va del 39% al 45,3%, según cada encuesta. Por su parte, el senador del Partido Liberal y exponente de la extrema derecha cosecha un apoyo de entre el 34% y 42,2%.
¿Qué números tuvieron Lula y Bolsonaro en las últimas encuestas para las elecciones de Brasil?
La encuesta más reciente es la de Datafolha se publicó este sábado y se realizó entre el 1 y el 3 de octubre con entrevistas a 2.002 electores. El resultado le otorgó una intención de voto de 45% para Lula y del 42% para Bolsonaro, con exclusión de indecisos, voto en blanco y nulo. Ambos crecieron. La misma consultora había registrado dos puntos menos para Bolsonaro en su relevamiento anterior del 29 de septiembre al 1 de octubre.
El resto de los candidatos se ubicó mucho más atrás, lo que confirma la polarización. Augusto Cury (Avante) quedó tercero con apenas el 4%, seguido por Ronaldo Caiado (PSD) y Renan Santos (Missão), con 3% cada uno. El informe de Datafolha señaló que los indecisos y el voto en blanco o nulo representan el 5%.
En tanto, la firma Atlas Intel -una de las que ha mostrado más precisión en las medicions electorales de toda la región- también arrojó una ventaja de Lula sobre Bolsonaro para la primera vuelta, pero más ajustada: 45,3% para el presidente y 42,2% para el senador opositor.
La encuesta se realizó en colaboración con la agencia financiera Bloomberg entre el 23 y el 28 de septiembre, con 5.000 consultados y un margen de error de 1,1 puntos. También en este caso el resultado mostró a los demás candidatos muy relegados, mientras que registró un 0,9% de voto en blanco y 1,2% de indecisos.
Por otro lado, los resultados al 28 de septiembre de la última encuesta de la consultora Quaest para O Globo arrojaron una intención de voto de 39% para el actual presidente de Brasil y del 34% para el senador del Partido Liberal, una diferencia de 5 puntos que coincide con la que mostró Datafolha, aunque con distintos porcentajes.
Escenario de paridad extrema para la segunda vuelta entre Lula y Bolsonaro
Los números de esas últimas encuestas llevaron tranquilidad al campamento del PT, donde hace varias semanas empezaron a advertir que el hijo del expresidente Jair Bolsonaro (hoy preso por un intento de golpe de Estado hace cuatro años, cuando fue elegido Lula) se les acercaba y achicaba la diferencia.
Sin embargo, esa ventaja que le dan los sondeos a Lula Da Silva para la primera vuelta se esfuma en las mediciones para la segunda, que según los mismos números registrados en todas las mediciones es inevitable y, además, de final impredecible.
La encuesta de Datafolha al 1 de octubre arrojó una intención de voto del 48% para el presidente de Brasil y del 45% para el senador de cara al balotaje del 25 de octubre, al tiempo que describe el escenario como un empate técnico, porque esa diferencia mínima toca los márgenes del error estadístico. Además, porque hay un 7% de indecisos y voto en blanco o nulo.
En tanto, el trabajo de Atlas Intel exhibió un empate mucho más marcado, con una diferencia de apenas una décima a favor de Bolsonaro, que obtuvo el 47,7% frente al 47,6% que registró Lula. Los indefinidos y aquellos que adelantan que votarán en blanco fueron en este caso el 4,8%.
Pero el empate en esta encuesta es absoluto cuando se proyectan esos votantes que todavía son una incógnita: 50% para Lula y 50% para Bolsonaro, un escenario que, aplicado a la realidad efectiva del escrutinio, podría derivar en una definición por muy pocos votos de diferencia.
La misma posibilidad arrojó la última encuesta de Qaest, 42% de intención de voto tanto para el líder del PT como para el referente del PL. En este otro sondeo para la segunda vuelta hubo 13% de voto blanco o nulo y 3% de indecisos.
La importancia de los indecisos: ¿qué factores influyen en el voto de los brasileños?
De esta forma, las encuestas coinciden en un punto central: para definir la elección más mirada de la historia reciente de Brasil, tanto Lula como Bolsonaro tienen todavía muchos votantes por convencer. Por eso la segunda vuelta tiene un final impredecible.
Que el margen de indecisos y voto en blanco esté entre el 5% y el 16% del electorado no es un detalle para nada menor en el marco de una campaña electoral que, hasta acá, abundó en escándalos, denuncias, falsas noticias y desinformación cruzada. La intención de voto para la primera vuelta se movió al ritmo de esos elementos.
La encuesta de Datafolha registró ese movimiento con dos hechos puntuales de las últimas semanas. Uno fue el decreto de Lula Da Silva que prohibió las apuestas deportivas online, a las que acusó de "destruir hogares" por ser una de las principales causas del endeudamiento de las familias. Con esta medida, el presidente pasó del 42% al 45% en el electorado femenino, que es a dónde apuntó.
No obstante, la intención de voto de Bolsonaro también creció tras ese decreto entre las mujeres, del 33% al 35%, según Datafolha. El posible motivo puede estar en que la medida reduce fuertemente los ingresos de los clubes de fútbol y algunos, como el Palmeiras y el Flamengo, la criticaron abiertamente: "Las apuestas no se acaban, es el fútbol el que se acaba", señalaron en un comunicado.
El segundo hecho que demostró impacto electoral fue la polémica sobre Nuestra Señora de Aparecida, a partir de una noticia falsa donde se afirmó que Bolsonaro la retiraría como santa patrona de Brasil. Se trata de una figura importantísima para los católicos, que aparecen bien diferenciados en el electorado de los evangélicos, cercanos al senador. La polémica le dio un crecimiento de 5% a Lula entre los católicos y también 5% a Bolsonaro entre los evangélicos.
Por ello, el amplio rango de votantes indefinidos de cara a la segunda vuelta es un factor central. Tanto Lula como Bolsonaro tienen ahí la llave para desempatar la competencia y el tenor de la campaña hasta el momento sugiere que cualquier evento que se dé hasta el 25 de octubre puede inclinar la balanza hacia un lado u otro, sea una denuncia, una promesa o una medida concreta.
Ese clima se exacerba aún más por la importancia regional de la elección. Brasil se convirtió en el enclave más importante de la centro izquierda en la región, frente al avance de la centro derecha en Argentina, Chile, Perú, Colombia o Paraguay, entre otros. Ese avance interesa particularmente a Donald Trump, quien busca asegurar la hegemonía de Estados Unidos sobre América del Sur y excluir a China, su verdadero rival. En ese escenario, el desenlace de la carrera voto a voto entre Lula Da Silva y Flavio Bolsonaro tiene una importancia que sobrepasa las fronteras.