Netanyahu busca un séptimo mandato en Israel bajo presión por el ataque de Hamas

El desgaste por la guerra, las fallas de seguridad y las denuncias de corrupción ponen en jaque a Netanyahu, que busca un séptimo mandato en Israel
Netanyahu busca un séptimo mandato en Israel bajo presión por el ataque de Hamas

La continuidad de Benjamin Netanyahu en el poder de Israel depende de una elección atravesada por una pregunta que sigue sin respuesta para buena parte de la sociedad: quién debe responder por el ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023 y por qué los mecanismos de seguridad del país no lograron impedirlo.

A sus 77 años, el primer ministro busca alcanzar un séptimo mandato en una votación que puede modificar el rumbo político de Israel. Tras décadas como protagonista de la escena nacional, llega debilitado por las consecuencias de aquella ofensiva, las guerras posteriores y las acusaciones de corrupción que enfrenta ante la Justicia.

El desafío electoral, sin embargo, no se limita a medir su nivel de apoyo. Aunque las encuestas anticipan una caída del Likud, su partido, la oposición todavía debe demostrar que puede reunir los votos necesarios para formar una mayoría alternativa. Entre sus principales referentes está Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor que perdió a su hijo mientras combatía en Gaza.

Los comicios son los primeros en los que los israelíes pueden expresar mediante el voto su evaluación política de la masacre, que dejó unos 1200 muertos y 251 secuestrados, y de los conflictos que se extendieron posteriormente a Gaza, el Líbano e Irán.

Israel: las familias de los rehenes exigen respuestas a Netanyahu por el ataque de Hamas

El rechazo de Netanyahu a asumir responsabilidades por lo ocurrido se convirtió en uno de los principales argumentos de sus adversarios. El primer ministro también se resistió a los reclamos para establecer una investigación independiente sobre las fallas que permitieron el ataque.

Para los sectores que exigen explicaciones, la votación ofrece una oportunidad de cuestionar una gestión que quedó marcada por el episodio más grave de seguridad en generaciones. La discusión mantiene su vigencia pese a que los últimos rehenes fueron liberados como parte de una tregua negociada por Estados Unidos.

Las familias de los cautivos siguen entre las voces más críticas del gobierno. Durante años encabezaron movilizaciones para reclamar por sus seres queridos y exigir respuestas sobre la actuación de las autoridades.

Ofri Bibas, cuyos dos sobrinos, de cuatro años y nueve meses, fueron asesinados mientras estaban secuestrados en Gaza junto con su madre, cuestionó la posibilidad de que el actual gobierno vuelva a buscar respaldo en las urnas.

"No veo ninguna razón legítima por la que este gobierno se presente de nuevo a las elecciones", afirmó. Su hermano Yarden, padre de los niños, había sido liberado durante una tregua a principios de 2025.

Bibas sostuvo que su propósito es mantener vivo el recuerdo del ataque entre los votantes, "para que lo lleven consigo hasta el día de las elecciones y recuerden lo que ocurrió aquí y quiénes aún no han asumido su responsabilidad".

El reclamo también estuvo presente el sábado en la Plaza de los Rehenes, donde miles de israelíes se reunieron antes de la elección. Allí habló Danielle Alony, quien fue secuestrada en Nir Oz junto con su hija de cinco años y recuperó la libertad durante una tregua breve, semanas después del ataque.

"Vayan a votar", instó a la multitud. "En tres días podemos empezar a escribir un nuevo capítulo para nuestros hijos. Uno en el que la verdad sea más fuerte que el miedo, la responsabilidad más fuerte que la negligencia y la esperanza más fuerte que el dolor".

El sistema parlamentario puede prolongar la incertidumbre

Incluso si el Likud obtiene un resultado inferior al esperado, Netanyahu conserva posibilidades de mantenerse en el gobierno. En Israel, la fuerza que consigue más votos no necesariamente es la que termina encabezando el Ejecutivo: la clave está en reunir una coalición con mayoría parlamentaria.

Ese mecanismo obliga a los partidos a negociar después de las elecciones y abre distintos escenarios. Netanyahu podría intentar sostenerse con el respaldo de las fuerzas ultraortodoxas y de la derecha más radical. Eisenkot, en cambio, necesitaría articular apoyos entre sectores centristas, de centroderecha y de izquierda.

Los partidos árabes israelíes también podrían inclinar el resultado de esas negociaciones. Si ninguna de las alternativas logra reunir suficientes respaldos, el país podría atravesar semanas o meses de conversaciones sin una salida definida, mientras el actual gobierno continúa de manera interina.

La posibilidad de un cambio de primer ministro, por lo tanto, no depende exclusivamente del desempeño electoral de sus rivales, sino también de su capacidad para construir acuerdos entre fuerzas con intereses diferentes.

Dos proyectos para el futuro de Israel

La disputa también expone una diferencia de fondo sobre el modelo de Estado que debería prevalecer. Algunos analistas describen el enfrentamiento como una competencia entre una democracia liberal, con instituciones pluralistas y características occidentales, y una orientación que otorga un peso cada vez mayor al nacionalismo y la ortodoxia religiosa, con una mayor concentración del poder.

Eisenkot intenta presentarse como una alternativa capaz de combinar renovación política y firmeza en materia de seguridad. Su pasado al frente del Ejército, sus raíces en una familia de inmigrantes marroquíes y su perfil directo, menos confrontativo que el de Netanyahu, forman parte de su posicionamiento electoral.

El primer ministro busca neutralizar esa estrategia con un mensaje centrado en las amenazas externas. Durante el tramo final de la campaña, reforzó sus advertencias sobre Irán y sostuvo que su experiencia es indispensable para afrontar los riesgos que enfrenta Israel.

El domingo publicó en X una imagen de una nube nuclear sobre Tel Aviv y la acompañó con una advertencia sobre la posibilidad de un "segundo Holocausto" si perdía los comicios. También denunció una posible interferencia iraní en la votación, aunque no presentó públicamente detalles de la información de inteligencia a la que hizo referencia.

Las advertencias sobre Irán desataron otra disputa

La tensión política aumentó después de que el Canal 12 informara sobre diferencias entre el jefe del Ejército, Eyal Zamir, y las autoridades políticas respecto de una posible operación contra Irán.

De acuerdo con la cadena, Zamir había pedido un análisis más profundo tras recibir instrucciones para una acción que podía derivar en un conflicto con ese país. El informe añadió que reclamó garantías legales y órdenes firmadas por los responsables políticos antes de avanzar.

El ministro de Defensa, Israel Katz, rechazó esa versión de los acontecimientos. Aseguró que no existían discrepancias de esa naturaleza y que no había intención de atacar Irán antes de las elecciones.

Las declaraciones de Netanyahu sobre la amenaza iraní también provocaron cuestionamientos de sus adversarios. La oposición lo acusó de utilizar la seguridad nacional con fines electorales. Avigdor Lieberman, exministro de Defensa, llegó a pedir una investigación por traición.

Eisenkot, por su parte, advirtió al primer ministro que no debía colocar sus intereses políticos por encima de la seguridad del Estado.

Netanyahu respondió con críticas a su rival y afirmó que su liderazgo es necesario para derrotar las amenazas regionales. Además, intentó vincular a Eisenkot con la posibilidad de avanzar hacia un Estado palestino y de establecer acuerdos con los partidos árabes israelíes. El exjefe militar rechaza esas acusaciones.

El resultado de las urnas definirá si ese discurso de seguridad conserva fuerza entre los votantes o si el desgaste acumulado por la guerra y la falta de respuestas sobre el 7 de octubre termina imponiéndose en las preferencias electorales.

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