Hasta un millón de personas podrían marchar en Francia por los salarios y el costo de vida
Francia atraviesa una nueva jornada de fuerte tensión social. Una huelga de alcance nacional y protestas en distintas ciudades reúnen a trabajadores, estudiantes y organizaciones sindicales, que reclaman una mejora inmediata de los ingresos frente al encarecimiento de los alimentos, los combustibles y otros gastos cotidianos. Los organizadores calculan que alrededor de un millón de personas podrían participar de las movilizaciones convocadas para este jueves.
El Gobierno de Emmanuel Macron desplegó unos 70.000 policías y gendarmes para controlar las concentraciones y evitar que se repitan los episodios de violencia registrados el 17 de octubre. El Ministerio del Interior también sigue de cerca la actividad de los grupos conocidos como Black Blocs, a los que atribuye posibles ataques contra las fuerzas de seguridad y daños en edificios públicos y comercios.
La convocatoria tiene lugar a seis meses de las elecciones presidenciales, en un escenario en el que la ultraderecha de Marine Le Pen lidera las encuestas. Por primera vez, la CGT, otras centrales sindicales, estudiantes, empleados públicos y trabajadores del sector privado confluyeron en una misma protesta para exigir respuestas a la pérdida de poder adquisitivo.
Salarios, jubilaciones y reclamos estudiantiles: qué exigen los sindicatos en Francia
Las demandas centrales apuntan a una actualización de los ingresos que permita compensar el aumento de los precios. La CGT y la CFDT reclaman:
- Aumentos salariales para los trabajadores.
- Una suba de entre 100 y 140 euros en el salario mínimo (SMIC).
- Mejoras en los haberes de los jubilados.
- Medidas para atender las dificultades de estudiantes y jóvenes
Las empresas, por su parte, comenzaron este jueves negociaciones salariales. En ese contexto, las dos principales referentes sindicales francesas participaron de las manifestaciones y reclamaron que el Gobierno y el sector privado den respuestas concretas.
Desde la plaza de la República, Sophie Binet, secretaria general de la CGT, defendió la continuidad de la protesta y advirtió: "El mensaje de la calle al Gobierno y a la patronal es claro: nada nos detendrá", declaró.
La dirigente pidió aumentos para el conjunto de los trabajadores, medidas para contener el costo de vida y más recursos destinados a los servicios públicos. También puso el foco en las condiciones educativas: "Nuestros hijos deben poder estudiar en buenas condiciones", añade, reclamando "respuestas inmediatas".
Marylise Léon, secretaria general de la CFDT, también se refirió al alcance de la convocatoria. Según afirmó, había recibido "muy buenas noticias sobre las movilizaciones en provincias esta mañana".
"Necesitamos respuestas concretas para abordar las dificultades que tienen actualmente los trabajadores para llegar a fin de mes", explica la secretaria general de la CFDT.
La central sindical busca, además, abrir una instancia de negociación con las autoridades. "Un diálogo con los responsables políticos para saber si están decididos a aumentar el salario mínimo", es uno de los reclamos que planteó Léon. La organización exige, en particular, "100 euros netos adicionales".
Marine Le Pen rechazó una suba obligatoria del 10% del salario mínimo
Aunque no participó de la marcha, Marine Le Pen respondió a los planteos de los sindicatos. La candidata presidencial de Reagrupación Nacional (RN), que encabeza los sondeos, cuestionó la posibilidad de imponer por decreto un aumento del 10% del salario mínimo.
Durante una actividad en la feria Euronaval, en Villepinte, sostuvo que "nuestras empresas se encuentran en una situación demasiado frágil como para imponerles, de manera autoritaria, un aumento del 10 % en el salario mínimo". También advirtió que una medida de ese tipo podría provocar "oleadas de despidos" en las compañías que "no tienen los medios" para afrontar el incremento.
Como alternativa, propuso un incentivo para las empresas que otorguen mejoras salariales: "Hemos planteado otra propuesta a las empresas: si aumentan los salarios un 10 %, quedarán exentas de las cargas sociales correspondientes —y no solo en lo que respecta al salario mínimo—", añade la candidata de la Reagrupación Nacional (RN) a las elecciones presidenciales.
Un recorrido bajo discusión y comercios protegidos con maderas
La organización del recorrido en París también generó un conflicto entre los sindicatos y las autoridades. La CGT pretendía que la movilización comenzara en la plaza de la Bastilla y terminara en la plaza de la Concordia. El Gobierno objetó ese itinerario por su cercanía con el palacio del Elíseo, los Campos Elíseos y la embajada de Estados Unidos, y consideró que podía elevar los riesgos de incidentes.
La alternativa finalmente autorizada estableció como punto de partida la plaza de la República y como destino la plaza de la Nación, a través del boulevard Voltaire. El recorrido quedó habilitado entre las 14 y las 19, hora local.
Ante la posibilidad de saqueos y destrozos, numerosos comerciantes tomaron medidas preventivas. Algunos cubrieron sus vidrieras con paneles de madera y reforzaron la vigilancia con personal de seguridad y cámaras. Otros optaron por dejar mensajes dirigidos a quienes pudieran atacar sus locales. En el boulevard Voltaire, uno de los carteles decía: "Tenemos la misma cólera. No nos roben".
La preocupación también está vinculada con las consecuencias económicas de los ataques. Después de una cuarta destrucción de sus negocios, algunos comerciantes enfrentan dificultades porque no todas las aseguradoras obligatorias en Francia están dispuestas a cubrir los daños.
Pese a las advertencias, la concentración parisina comenzó en un clima festivo, con una orquesta juvenil al frente y un dispositivo de seguridad de la CGT que organizaba a los manifestantes en la plaza de la República. Obreros, docentes y estudiantes marcharon juntos. Entre los dirigentes políticos presentes estuvieron el socialdemócrata Raphaël Glucksmann y Jean-Luc Mélenchon, líder de Francia Insumisa.
Ataques en Toulouse y Lyon elevan la preocupación oficial
Los temores de las autoridades comenzaron a materializarse en algunas ciudades poco después del inicio de las manifestaciones. En Toulouse, un grupo ingresó a un liceo con la intención de incendiarlo. El fuego afectó gravemente al establecimiento, que quedó inutilizado para el dictado de clases, aunque la intervención de los bomberos permitió evitar su destrucción total.
El rector de la Academia de Toulouse, Karim Benmiloud, condenó el ataque contra el instituto Marie-Louise Dissard Françoise, ubicado en Tournefeuille. Lo calificó de "incalificable" y "extremadamente violento" y destacó la actuación de la directora, que consiguió poner a salvo a los alumnos.
Benmiloud anunció que las grabaciones de las cámaras de seguridad quedarán a disposición de las autoridades para identificar a los responsables de lo que definió como un "acto deliberado".
También hubo una reacción política. Kamel Chibli, vicepresidente del Partido Socialista (PS) de la región de Occitania, expresó: "¡Atacar un instituto es atacar a la República y a nuestro país! ¡Es un escándalo, una vergüenza!", arremetió Kamel Chibli, vicepresidente del Partido Socialista (PS) de la región de Occitania.
En Lyon, en tanto, la movilización tuvo un desarrollo mucho más violento. Unos 800 integrantes de los Black Blocs encabezaron los incidentes, mientras se registraron saqueos y enfrentamientos con la policía. Los manifestantes utilizaron barras de hierro, incendiaron vehículos y atacaron a un hombre que había intentado impedir que prendieran fuego a los autos.