Seguro usaste esta frase sin conocer su origen: ¿por qué se dice "el que se fue a Sevilla perdió su silla"?

Seguro usaste esta frase sin conocer su origen: ¿por qué se dice "el que se fue a Sevilla perdió su silla"?
Los refranes populares dicen mucho de la idiosincrasia de los pueblos y de la construcción del lenguaje y su evolución a lo largo de los años
Por iProfesional
03.12.2020 19.53hs Recreo

¿Quién no dijo alguna vez "el que se fue a Sevilla, perdió su silla"? Aún más fácil la pregunta, ¿quién no escuchó alguna vez esa frase?

Las frases populares, o los refranes populares, son un reflejo de las sociedades. La conocida sabiduría popular ha podido expresar pensamientos trascendentes a través de cortas frases que se difundieron en todo el mundo de habla hispana. Tan fuerte fue la popularidad que alcanzaron algunas de esas frases que actualmente siguen vigentes. 

Sin embargo, el origen de muchas de ellas se remonta a siglos atrás, cuando toda la sabiduría se transmitía a través de la palabra. 

¿Cuál es el origen de la frase "el que se fue a Sevilla perdió su silla"?

Esta es una de las frases más populares y utilizadas en España. Así como su origen está en el país ibérico llegó hasta las tierras americanas y actualmente también es muy difundida en las naciones latinoamericanas. 

Quien no la haya dicho alguna vez igualmente entenderá qué significa, ya que es altamente popular y simple.

Esta frase se suele pronunciar para explicar el motivo por el que alguien pierde sus privilegios después de haberse ausentado de un lugar durante un determinado período de tiempo. Se puede usar para hablar en chiste, cuando realmente se le quita la silla a alguien en una fiesta, por ejemplo, o se puede emplear de manera más seria para hablar de circunstancias más severas.

El nacimiento de esta frase se remonta al siglo XV. Durante el reinado de Enrique IV, que tuvo lugar entre 1425 y 1474, le fue concedido el arzobispado de Santiago de Compostela a un sobrino del arzobispo de Sevilla, don Alonso de Fonseca.

Escultura de Don Alonso de Fonseca, protagonista de esta historia
Escultura de Don Alonso de Fonseca, protagonista de esta historia

Por aquel momento, el entonces reino de Galicia se encontraba revuelto por conflictos políticos y territoriales. Fue así que el arzobispo electo pensó que la toma de posesión del cargo no iba a resultar sencilla. Para facilitar el proceso, decidió pedir ayuda a su tío. Fue así que Don Alonso se trasladó hasta el reino gallego, pero hizo una sola petición: le encargó a su sobrino que se ocupara del arzobispado sevillano durante su ausencia.

El arzobispo, luego de haber logrado serenar los ánimos de los habitantes y nobles gallegos, regresó a Sevilla. Allí se encontró con una sorpresa y un desconcierto. Cuando llegó nuevamente se encontró con que su sobrino no quería dejar de ningún modo la silla en la que se había sentado para ejercer el poder que le había sido concedido de manera temporaria.

Enrique IV
Enrique IV

Con el objetivo de que desistiera de su postura y le dejara su lugar nuevamente, fue necesaria la intervención del Papa, lo cual indica que el proceso fue arduo y revoltoso. Pero no sólo fue necesario un mandato del Papa, sino que también se necesitó que interviniera el rey y que algunos de sus seguidores fuesen ahorcados tras un breve proceso de la justicia existente por entonces.

A raíz de este trágico suceso se dio el nacimiento de la frase que dice "quien se fue a Sevilla, perdió su silla".

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