La crisis económica pone en juego la identidad política del peronismo

Un gobierno a la defensiva, en crisis y sin muestras de creatividad muestra un inédito desgastes del "partido del poder" en la Argentina
Por Gustavo Marangoni
20/07/2022 - 18,00hs
La crisis económica pone en juego la identidad política del peronismo

Carlos Menem llegó al poder en 1989, en un contexto de hiperinflación. Su liderazgo le permitió reorientar de manera absoluta el discurso justicialista y, sin perder su base electoral ni dirigentes relevantes, llevar adelante un conjunto de reformas que acompañaron e interpretaron los cambios de entonces en el mundo.

Las dictaduras comunistas se desplomaban, la URSS se derrumbaba como un castillo de naipes y la democracia se extendía asociada al capitalismo reseteado por el Consenso de Washington sin límites ni rivales. El riojano interpretó su tiempo. Esa capacidad le brindó una década en el ejercicio del poder.

Tiempo después, Eduardo Duhalde, derrotado en 1999 por Fernando de la Rúa, alcanzó la presidencia por intermedio de una Asamblea Legislativa en enero de 2002 por representar al distrito más vigoroso pero, fundamentalmente, por ser el político de mayor relieve en advertir prematuramente que la convertibilidad se había agotado años atrás.

En su historia, el peronismo debió enfrentar otras crisis inflacionarias.
En su historia, el peronismo debió enfrentar otras crisis inflacionarias.

La entrada del kirchnerismo

Paradojas de la historia. Con solo una diferencia de dos años, el prontuario de Duhalde se volvió curriculum. Claro que su tarea se limitó a poner los pilares. Una vez más fue un dirigente audaz y desenfadado del interior, esta vez del sur, el que capturó el clima de época y aceleró a fondo. Néstor Kirchner condujo exitosamente el desafío de dejar atrás la crisis de la hiperdesocupación, mimetizando al Zelig peronista con el progresismo en clave latinoamericana.

Bajo la fórmula "Frávega y derechos humanos" (una genial caracterización de Martín Rodríguez) abrió los doce años de las tres presidencias K. Comprendió desde donde soplaban los vientos y no dudó en practicar "las relaciones carnales" con Chávez y con Lula por puro pragmatismo político, el mismo que lo estimuló a pichicatear la demanda como fórmula para alimentar la popularidad de su coalición de consumidores.

CFK le dio su estilo al modelo luego del fallecimiento del esposo y fundador, extendiendo el dominio -con dificultades pero dominio al fin- hasta diciembre de 2015. La presidencia de Macri, luego del bienio de euforia inicial, se estrelló con la pared de los mercados que decidieron arrancar de raíz los brotecitos verdes cortando el generoso crédito inicial. El FMI y la gauchita Cristine Lagarde, a pesar del esfuerzo y la buena voluntad de una billetera generosa, no pudieron detener la estampida de una corrida cambiaria que se llevó el mejor equipo de los últimos cincuenta años al descenso.

Néstor Kirchner y CFK, otra iteración del peronismo.
Néstor Kirchner y CFK, otra iteración del peronismo.

Llega el Frente de Todos

Regresó el peronismo con una nueva franquicia, el Frente de Todos, gracias a la inercia creativa de Cristina, que sacó de la galera un conejo negro para la victoria electoral: la candidatura de Alberto Fernández, hasta entonces un detractor furioso de la Doctora ahora reconciliado bajo la promesa conjunta de volver mejores.

La elección se ganó pero la conducción y las ideas no aparecieron. La tercera gran crisis, la de la estanflación, no encontró el sujeto político ni la conceptualización de época para ser superada. La pandemia ocultó por un tiempo la debilidad estructural del intento de reunificar el peronismo sin una conducción nítida. Un verdadero oxímoron, una contradicción insalvable: el "partido del poder", el "único que podía gobernar la Argentina" se acerca a los tres años de gestión sin poder gobernarse a sí mismo. No hay jefatura ni visión. La división entre la gestión y la política dejó insatisfechos por todos lados. El Frente de Todos es el gobierno de nadie. No hay quien se haga cargo del inventario total. Cada accionista reclama su fragmento y se desentiende del resto.

Es cierto que el mundo está difícil. Pero también lo estaba en 1989 y 2002-2003 y se pudo salir. Porque, desde las ruinas, en aquellas oportunidades se buscó el poder con hambre de gloria, mucha audacia y menos cálculo.

En la actualidad, la especulación interna, la búsqueda de equilibrios imposibles y la falta absoluta de creatividad para encarar tiempos tumultuosos llevan a buscar respuestas en el pasado que, por definición, son inútiles para el presente. En la góndola del oficialismo, Cristina opera como la primera marca que repite con viejas publicidades que hay que volver a las prácticas de "la década ganada".

Desconcierto: Alberto Fernández no logra encaminar el rumbo económico.
Desconcierto: Alberto Fernández no logra encaminar el rumbo económico.

Alberto, la segunda marca, propone lo mismo pero sin el glamour de "la jefa". Su fetiche es repetir "cuando llegamos con Néstor" como frase talismánica para atraer las vibraciones que animen a la fantasmal administración surgida en el 2019.

Los resultados están a la vista. Todos los indicadores económicos y sociales se deterioraron y para encontrar voluntarios o dadores de gobernabilidad hay que hacer cada vez mayores esfuerzos para ver cómo, inexorablente, se generan menos y efímeros resultados.

"La falta absoluta de creatividad para encarar tiempos tumultuosos llevan a buscar respuestas en el pasado que, por definición, son inútiles para el presente"

Alberto DT, perdiendo por goleada

Como los directivos de los clubes que recurren a glorias del pasado para superar amarguras del presente, Alberto Fernández fue convocando a su gabinete a todos aquellos que ganaron títulos muchos años atrás. Pero la hinchada no responde y se sigue perdiendo por goleada porque no se trata de pedirle al tiempo que vuelva sino que se vaya. Cambió el juego. Quizás sea una estrategia que apele a la mística para no perder por goleada. Pero seguro no contribuirá a pasar a la ofensiva y ganar el juego.

Ahora las reglas son otras. Las picardías que funcionaban antaño ahora se desnudan ante la tecnología del VAR. Los jugadores más jóvenes despliegan su velocidad irreverente e imponen su estado físico dentro y fuera "del verde césped". Cuando falta un año y medio para concluir el mandato de la fórmula de los Fernández, las chicanas de las internas y las insolvencias de una gestión aletargada solo sirven como disparadores para interrogarnos sobre el fondo de la cuestión: ¿este tercer enfrentamiento del superclásico entre crisis y peronismo dará lugar, por primera vez, a una derrota de los seguidores de El General?

Y de ser así: ¿ los argentinos quedaremos huérfanos de un partido de poder o estaremos frente al fruto de una nueva etapa en la historia nacional? 

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