Los dos momentos exactos de la vida en que el cuerpo sufre transformaciones más intensas, según la ciencia
Durante décadas se asumió que el envejecimiento avanzaba de manera lenta y continua, con cambios casi invisibles ligados al paso del tiempo. No obstante, una investigación reciente publicada en Nature Aging revela una realidad diferente: el organismo no se desgasta de forma lineal, sino que experimenta dos fuertes sacudidas moleculares que impactan de lleno en la salud.
Dos edades, dos sacudidas
El trabajo, liderado por científicos de la Universidad de Stanford, analizó a personas de entre 25 y 75 años y detectó que la mayoría de las moléculas observadas no evolucionan lentamente con la edad. Por el contrario, sufren alteraciones abruptas en dos etapas muy concretas de la vida.
El estudio concluye que alrededor del 81% de las moléculas examinadas experimentan cambios pronunciados en torno a los 44 y a los 60 años. Esto implica que el envejecimiento no sería una pendiente suave, sino una sucesión de "saltos" biológicos.
En esos puntos críticos, el perfil molecular se reconfigura de manera profunda. Se modifican procesos clave como el metabolismo, la reparación de tejidos y la respuesta inmunológica. Esa reorganización interna ayuda a entender por qué ciertas dolencias parecen aparecer de manera repentina y no como resultado de un desgaste paulatino.
A los 44: el primer gran giro
Uno de los hallazgos más llamativos es que el primer pico no distingue entre hombres y mujeres. Aunque durante mucho tiempo se asociaron los cambios de la mediana edad principalmente a la perimenopausia femenina, la evidencia muestra que ambos sexos atraviesan una transformación marcada alrededor de los 44 años.
En esa etapa se alteran de forma significativa las moléculas vinculadas al procesamiento del alcohol, la cafeína y las grasas. De allí que muchas personas perciban que el cuerpo "ya no responde igual": las resacas se prolongan, el café impacta más en el sueño y bajar de peso resulta más complejo pese a mantener hábitos similares.
También se observan modificaciones en la piel y la masa muscular, lo que explicaría la sensación de cambio físico que suele acompañar el tránsito por la mitad de la cuarta década de vida.
A los 60: fragilidad y riesgo
El segundo gran punto de inflexión se ubica alrededor de los 60 años. En esta fase, el impacto se concentra especialmente en el sistema inmunológico, la función cardiovascular y el metabolismo de los carbohidratos.
Las variaciones moleculares detectadas incrementan la vulnerabilidad frente a enfermedades crónicas y elevan el riesgo de desarrollar patologías como la diabetes tipo 2. El organismo pierde parte de su capacidad de adaptación y exige un control más riguroso de factores como la presión arterial, la alimentación y la actividad física.
El reloj biológico y sus detonantes
Aunque el estudio aporta evidencia sólida sobre la existencia de estos picos, aún no hay una explicación definitiva sobre qué los desencadena. Los investigadores consideran que no solo interviene la genética, sino también la acumulación de factores ambientales: la acumulación de estrés crónico, rutinas poco saludables y el contacto prolongado con sustancias tóxicas podrían llevar al organismo a un umbral de saturación difícil de compensar.
La hipótesis del "envejecimiento por etapas" sugiere que el organismo compensa durante años hasta que, al alcanzar cierto umbral, reajusta su funcionamiento en bloque.
Una nueva mirada para la prevención
El descubrimiento abre la puerta a estrategias de salud más precisas. Si se sabe que el metabolismo cambia de manera marcada a los 44 años, podría anticiparse con ajustes en la dieta y el estilo de vida. Del mismo modo, reforzar los controles cardiovasculares antes de los 60 permitiría amortiguar el segundo gran impacto.
Lejos de presentar el envejecimiento como un destino inevitable, la investigación propone entenderlo como un proceso dinámico, con momentos críticos en los que la intervención temprana puede marcar la diferencia.