EDULCORANTES

Sucralosa, el enemigo silencioso que se usa en productos como Ser, Yogurísimo y Levité: qué riesgos advierten expertos

El consumo masivo de edulcorantes en productos light despierta inquietud por recientes investigaciones que indagan sus posibles riesgos para la salud
Por iProfesional
SALUD - 29 de Abril, 2026

El mercado de edulcorantes artificiales en Argentina alcanzó los u$s214,53 millones en 2025. Las proyecciones indican que llegará a u$s340,82 millones para 2035.

La sucralosa encabeza ese crecimiento vertiginoso. Compite cabeza a cabeza con el acesulfame-K por la mayor tajada del mercado industrial, tanto en ultraprocesados como en elaborados para venta directa.

La industria alimentaria sigue apostando fuerte al aspartamo y al acesulfame. Pero los cuestionamientos científicos a esas sustancias impulsan una migración pronunciada hacia la sucralosa.

Según publicó la periodista  Natalia Kiako en EconomiaSustentable.com su versatilidad en rendimiento, textura y sabor en el producto final explica por qué las empresas la prefieren cada vez más, incluso con advertencias científicas sobre riesgos para la salud que se acumulan año tras año.

Los números hablan solos. Entre 2003 y 2013, las importaciones de sucralosa crecieron 952%. Se convirtió en el insumo de mayor explosión exponencial en todos los sectores industriales del país.

En 2024, Argentina importó sucralosa por u$s7,9 millones. Una demanda sólida que refleja su presencia masiva en la industria alimentaria,.

Cómo se reparte el mercado argentino de edulcorantes y qué marcas dominan las góndolas

Las marcas líderes del mercado nacional no cambiaron en décadas. A la cabeza está Hileret, producida por La Cumbre para la empresa norteamericana Talentum, según indicó EconomíaSustentable.com.

Le siguen tres líneas de la estadounidense Merisant: Chuker (que en su versión clásica combina sacarina, ciclamato y sucralosa), Sucaryl (a base de sucralosa) y Equal Sweet (de aspartamo).

Todas debieron reinventarse para adaptarse a las nuevas demandas del público. En julio de 2023, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), dependiente de la OMS, clasificó formalmente al aspartamo como posiblemente carcinógeno (Grupo 2B).

La mala reputación creciente de la sacarina, el ciclamato y el aspartamo provocó un giro en las preferencias del consumidor. Hoy, la estevia ocupa el trono de la popularidad por considerársela más natural y saludable.

Todas esas marcas ofrecen ahora versiones a base de estevia. El problema es su sabor y contragusto menos populares, según indicó EconomíaSustentable.com.

Por eso, las versiones comerciales más exitosas y rentables son en realidad mezclas. Combinan estevia con los mismos edulcorantes polémicos de la línea original, pero de mayor palatabilidad.

La dupla sucralosa-estevia constituye hoy la combinación más aceptada. La sucralosa tapa el sabor amargo residual de la estevia pura.

Hileret Stevia (etiqueta verde) es efectivamente una combinación de esteviósidos con sucralosa. Hileret Zuchero (identificado en amarillo) probablemente lidera las ventas del segmento sucralosa en Argentina.

Chuker imita el producto con el mismo color, al igual que Sucaryl, marca líder en la franja económica. Splenda, la marca líder global de sucralosa, se importa y se consigue en cadenas de supermercados de perfil más alto con un precio acorde a su posicionamiento premium.

El diferencial técnico de la sucralosa es contundente. Se trata de un edulcorante artificial de alta intensidad: 600 veces más dulce que el azúcar, tres veces más que el aspartamo y la estevia.

No aporta calorías. Se usa en alimentos, bebidas y cocina. En los paquetes aparece frecuentemente identificada como aditivo E955, según indicó EconomíaSustentable.com.

Se obtiene modificando la molécula de la sacarosa (el nombre científico del azúcar). Es estable a altas y bajas temperaturas, conveniente para cocción y congelado. Apta para diabéticos porque no eleva la glucosa en sangre.

En ultraprocesados, se la incorpora generalmente mezclada con otros edulcorantes. Al combinar sucralosa con acesulfame K, el dulzor se potencia y se imita mejor al azúcar. También se vuelve más estable, evitando que el producto pierda sabor con el tiempo en la góndola.

Las líneas como Ser, Yogurísimo Cremix (versiones descremadas) y Yogs usan esa combinación. Las leches saborizadas en versiones light o 0% azúcar de primeras marcas utilizan sucralosa.

Los clásicos postres tipo Shimmy o Ser en sus versiones dietéticas dependen casi íntegramente de la sucralosa. Levité, Villa del Sur Levité y Aquarius la incorporan en sus fórmulas sin azúcar. Los alfajores sin azúcar Chocoarroz y Cachafaz también recurren a ella.

Qué dicen los estudios científicos sobre riesgos de la sucralosa para la salud y el organismo

Su consumo a largo plazo es objeto de debate científico creciente. Trabajos recientes demostraron alteraciones metabólicas como producto del consumo frecuente.

La sucralosa tendría un impacto negativo en el microbioma intestinal, aunque el alcance aún es poco claro: resulta difícil determinar hasta qué grado puede afectar la flora bacteriana y qué consecuencias trae esa alteración.

Un estudio de 2023 en la revista Journal of Toxicology and Environmental Health evidencia que la sucralosa-6-acetato (un compuesto que se forma cuando el cuerpo digiere sucralosa y que también se encuentra en trazas en el edulcorante mismo) es genotóxica.

Es decir, puede provocar daños al ADN en una dosis normal autorizada por las regulaciones estadounidenses.

La FDA establece un máximo de 5 mg por kg de peso corporal al día. Aun dentro de ese límite, la evidencia sobre genotoxicidad preocupa a los investigadores.

El consumo excesivo de sucralosa reduce la respuesta inmunitaria en ratones, según sugiere un artículo publicado en Nature. Aunque los resultados no demuestran que la ingesta normal pueda ser inmunosupresora, el estudio es una señal de alerta.

Un equipo de investigación británico indica que, consumida en altas dosis, reduce la eficacia de respuesta en las células T. Esas células ayudan al cuerpo a protegerse de infecciones y combatir el cáncer.

Estos resultados no se repiten con otros edulcorantes estudiados. La sucralosa parece tener un perfil de riesgo particular.

Estudios del último año realizados en Harvard Medical School señalan un vínculo entre el alto consumo de edulcorantes y una disminución más rápida de la capacidad cognitiva y de memoria.

Otros trabajos obtuvieron evidencia de que el consumo crónico y elevado de sucralosa podría disminuir la sensibilidad a la insulina. Eso incrementa las posibilidades de resistencia a la insulina y de diabetes tipo 2, especialmente en personas con factores de riesgo.

En síntesis: aunque parece segura a corto plazo y no eleva la glucosa de inmediato, el impacto metabólico de la sucralosa a largo plazo preocupa a los expertos.

Qué alternativas recomiendan los especialistas y por qué el umbral de dulzor elevado genera dependencia

Consultada sobre el uso de estos edulcorantes, Florencia Dafne Raele, médica funcional, emprendedora y autora de los libros Nutrición holística (Planeta, 2017), Medicina ancestral y epigenética (Planeta, 2019) y Medicina preventiva en tu cocina (Planeta, 2022), explica su posición.

"La mayoría de esos productos tiene un poder endulzante elevadísimo, incomparable con la estevia o los polialcoholes como xilitol y eritritol", dice.

"Considero cualquier endulzante como una herramienta de transición desde el azúcar y rumbo a bajar el umbral de dulzor, hasta no necesitar en lo posible endulzar las infusiones en general."

"El aspartamo está considerado un potencial cancerígeno directamente, no es aconsejable", continúa Raele. "Con la sucralosa hay un límite muy holgado permitido."

"El estudio que evidenció problemas para la microbiota y respuesta postprandial habla de grandes cantidades. Pero no veo el sentido de utilizarlo cuando estamos expuestos a tantos aditivos y a tantos tóxicos, que se hace un efecto cóctel, entre estabilizantes, conservantes y otras sustancias."

"Es preferible ir por opciones más naturales. No recomiendo edulcorantes en general a mis pacientes, solamente les aconsejo estevia, xilitol, eritritol, alulosa y monk fruit", resume la especialista.

En todo caso, el uso indiscriminado de endulzantes sin calorías parece acarrear más problemas que beneficios. La OMS y diversas instituciones como la Pan American Health Association advierten sobre cambios metabólicos, impacto en la microbiota, alteración de la saciedad y efectos psicológicos.

En conjunto, confirman una relación entre abuso de edulcorantes y obesidad.

El problema subyacente es que ese abuso no parece ser excepcional. Tampoco depende realmente del buen criterio del consumidor.

Es impulsado por el umbral de dulzor elevadísimo de los mismos productos light que provee la industria.

El consumo excesivo de azúcar estimula intensamente el sistema de recompensa cerebral. Libera dopamina y provoca una sensación de placer similar a la adicción a las drogas.

"El exceso de dulce, aunque no haya azúcar sino endulzantes sin calorías, impacta los centros de recompensa del mismo modo", explica la Dra. Raele.

Este mecanismo genera tolerancia, antojos y dependencia. Modifica el cerebro para buscar constantemente el estímulo dulce.

Ese supuesto abuso se vuelve entonces el resultado casi inevitable de una reacción en cadena. No es falta de voluntad del consumidor. Es diseño industrial que explota circuitos cerebrales de recompensa con edulcorantes 600 veces más potentes que el azúcar.

Te puede interesar

Secciones