Starlink se acerca a la Tierra: 4.400 satélites descienden 70km. ¿Dará Internet más rápido en Argentina?
En un movimiento sin precedentes para la industria aeroespacial comercial, SpaceX, la compañía liderada por el magnate sudafricano-estadounidense Elon Musk que provee el servicio de Internet satelital Starlink, anunció que iniciará el descenso de miles de sus satélites.
Esta maniobra, justificada por la seguridad orbital, avanza en la gestión del tráfico espacial y promete una mejora en la calidad del servicio para los usuarios finales, incluidos los miles de abonados en la Argentina.
El 1 de enero de 2026, mientras el mundo celebraba el inicio de un nuevo año, el equipo de ingeniería de Starlink en la ciudad californiana de Hawthorne ejecutaba los primeros comandos de una operación que cambiará la fisonomía de la órbita baja terrestre (LEO, sigla en inglés).
Michael Nicolls, vicepresidente de ingeniería de la firma, confirmó que la compañía comenzó a descender una flota de aproximadamente 4.400 satélites desde su altitud operativa original de 550 kilómetros hacia una nueva cota de 480 kilómetros.
Esta decisión no es un capricho técnico ni un error de cálculo. Responde a una necesidad imperante de sostenibilidad en un espacio exterior cada vez más congestionado. Al reducir la altitud unos 70 kilómetros, Starlink busca mitigar el riesgo de colisiones y, lo que es más crítico, garantizar que cualquier satélite que presente fallas se desintegre en la atmósfera terrestre en cuestión de meses, y no de años.
La física detrás de la seguridad: El factor de la desintegración
El principal motor de esta reconfiguración es la seguridad espacial. En la órbita de 550 kilómetros, un satélite que pierde propulsión o comunicación puede tardar hasta cinco años en reingresar de forma natural a la atmósfera debido a la baja densidad del aire a esa altura.
Durante ese lustro, el aparato se convierte en "basura espacial", un proyectil incontrolado que viaja a 27.000 km/h y amenaza a otras constelaciones, estaciones espaciales y misiones tripuladas.
Al bajar a 480 kilómetros, la densidad atmosférica es significativamente mayor. En este nivel, la resistencia del aire ("drag", en inglés) actúa como un freno natural mucho más potente. Según los datos técnicos de SpaceX, un satélite inactivo en esta nueva órbita tardará apenas unas semanas en desintegrarse completamente.
Esta medida es una respuesta proactiva ante el fenómeno del "Síndrome de Kessler", una teoría que advierte sobre una reacción en cadena de colisiones que podría hacer que la órbita terrestre sea inutilizable para futuras generaciones.
El impacto en la Argentina: Menos latencia y mayor cobertura
Para el usuario de Starlink en la Argentina, desde el productor agropecuario en la Pampa húmeda hasta el turista en un refugio de alta montaña cercana a la ciudad rionegrina de San Carlos de Bariloche, esta noticia tiene implicancias directas y positivas. Aunque la empresa aclaró que los clientes no necesitarán realizar cambios en sus equipos ni en su configuración, los beneficios técnicos se traducirán en la experiencia de navegación.
Reducción de la latencia
La latencia , o "ping", es el tiempo que tarda un paquete de datos en viajar desde la antena del usuario al satélite y volver a tierra. En las telecomunicaciones, cada kilómetro cuenta. Al acercar los satélites 70 kilómetros a la superficie, la distancia total de ida y vuelta se reduce en 140 kilómetros. En términos de milisegundos, esto podría significar una navegación más ágil, algo vital para aplicaciones de videollamadas, juegos en línea y operaciones financieras en tiempo real.
Mayor potencia de señal y penetración
Estar más cerca de la Tierra permite que la señal de radiofrecuencia llegue con una intensidad ligeramente superior. Esto mejora la estabilidad del servicio en condiciones climáticas adversas, como las tormentas intensas que suelen afectar el centro y norte de la Argentina durante el verano.
La llegada de la tecnología "Direct-to-Cell"
Esta maniobra orbital coincide con el despliegue de los satélites de tercera generación (V3). Muchos de estos nuevos equipos están diseñados para la tecnología "Direct-to-Cell", que permite conectar teléfonos móviles estándar directamente al satélite sin necesidad de la antena parabólica.
Para un país con la extensión territorial de la Argentina, donde vastas zonas rurales carecen de torres de telefonía móvil, la órbita baja de 480 km es el escenario ideal para que esta tecnología sea efectiva y confiable.
El contexto global de Starlink y el rol de la Argentina
La Argentina se convirtió en uno de los mercados de crecimiento más rápido para Starlink en América latina tras la desregulación del sector de telecomunicaciones satelitales iniciada en 2024. La adopción masiva en sectores estratégicos como la minería en la Puna, el petróleo en el yacimiento petrolífero y gasífero neuquino de Vaca Muerta y el agro, coloca al país en una posición donde la estabilidad de la red satelital es ya una cuestión de productividad económica.
La reconfiguración anunciada por la empresa de Musk también envía un mensaje político a los reguladores internacionales. Mientras la Unión Europea y China desarrollan sus propias constelaciones satelitales (como IRIS² y Guowang), SpaceX toma la delantera en "auto regulación" ambiental. Al demostrar que puede gestionar una constelación de miles de satélites de manera responsable, Musk intenta desactivar las críticas sobre el monopolio y la contaminación lumínica y espacial.
Desafíos técnicos
No todo es un camino despejado hacia las estrellas. Los astrónomos expresaron preocupaciones sobre el brillo de los satélites Starlink. Al bajar la órbita a 480 kilómetros, los satélites estarán un 13% más cerca de la superficie, lo que técnicamente podría hacer que se perciban un 25% más brillantes a simple vista y en placas fotográficas astronómicas.
Sin embargo, SpaceX trabajó en recubrimientos dieléctricos y parasoles (visores) para minimizar el albedo (reflejo de luz). La empresa sostiene que la nueva altitud, aunque los hace ver un poco más grandes, también reduce el tiempo que pasan iluminados por el sol después del atardecer, ya que entran en la sombra de la Tierra más rápidamente que los satélites a mayor altura.
Una logística de proporciones épicas
Mover 4.400 satélites no es una tarea sencilla. Se trata de un baile coordinado que utiliza motores de iones de efecto Hall, alimentados por criptón o argón. Estos motores permiten ajustes orbitales extremadamente precisos pero lentos. El proceso se llevará a cabo de forma escalonada a lo largo de todo el año 2026 para asegurar que no existan huecos en la cobertura global.
Durante esta transición, los terminales de los usuarios (las antenas "Dishy") deberán realizar un seguimiento de los satélites en trayectorias ligeramente diferentes. Gracias a la tecnología de matriz de fase ("phased array"), las antenas de Starlink pueden cambiar de un satélite a otro en microsegundos, por lo que el usuario final no debería percibir desconexiones.
El espacio como recurso finito
La maniobra de Starlink es un recordatorio de que el espacio cercano a la Tierra es un recurso finito que debe ser gestionado con criterios de sostenibilidad. En última instancia, el descenso de la flota de Musk es una apuesta por la longevidad del negocio.
Al limpiar su propio "patio trasero" orbital, Starlink no solo protege sus activos millonarios de colisiones catastróficas, sino que consolida un servicio que se vuelve cada vez más indispensable para la conectividad del siglo XXI en regiones remotas como la Patagonia o el Noroeste de la Argentina.
La Internet satelital ya no es una promesa de ciencia ficción; es una infraestructura crítica que ahora, al descender un poco más cerca de nosotros, busca ser más segura, más rápida y, sobre todo, más responsable con el futuro del planeta y su entorno inmediato.