Inteligencia artificial: la pulseada entre potencias que pone en jaque a la Argentina

La mayoría de los gobiernos latinoamericanos carece de una hoja de ruta para participar en el mapa tecnológico global y en la adopción de la IA.
Inteligencia artificial: la pulseada entre potencias que pone en jaque a la Argentina

La inteligencia artificial (IA) ya no responde solo a la lógica del avance informático ni a los debates éticos que la rodearon en sus comienzos. Hoy es un terreno de disputa política y económica en el que potencias y corporaciones resguardan intereses estratégicos. La pulseada entre los Estados Unidos y China, sumada a la presión de los mercados financieros, la convirtió en una herramienta de poder de alcance planetario.

En ese contexto, la Argentina y América latina corren el riesgo de ocupar un lugar subordinado. Podrían limitarse a consumir sistemas desarrollados en otras latitudes y a poner recursos naturales, energía y agua al servicio de centros de datos extranjeros, mientras desaprovechan su capital humano y acumulan una pesada deuda tecnológica.

Frente a este panorama, Juan Santiago, director general ejecutivo y fundador de la empresa tecnológica Santex y miembro del Board de la Liga del Bien de IA, sostuvo ante iProfesional que ni los países ni las empresas se salvarán siguiendo los vaivenes financieros o recortando costos. Su propuesta es fortalecer la cultura organizacional, mantener laboratorios de innovación permanentes capaces de reaccionar con rapidez y respaldar una regulación basada en la ética que proteja al usuario frente a la concentración tecnológica.

Cuando la tecnología se volvió terreno de disputa política

El escenario internacional refleja el cambio de época. Los giros discursivos de los máximos referentes de firmas como OpenAI, Google o Anthropic no nacen de reflexiones académicas ni de súbitas inquietudes morales. Surgen de tensiones internas difíciles de sostener y del peso que tienen las dinámicas financieras y electorales sobre las decisiones tecnológicas.

Santiago lo resumió así: "Estados Unidos tiene una situación extremadamente compleja, que es que la inteligencia artificial no está más ‘driveada’ por el interés necesariamente de la tecnología, sino que ya no es un tema ni tecnológico ni ético, es un tema político". Y agregó una definición sobre el vínculo entre el poder público y la innovación privada: "La política está en la cama con la IA".

Sostener el relato de una innovación puramente altruista dejó de ser viable. Ex empleados, científicos y desarrolladores que se fueron de las grandes compañías expusieron los riesgos reales de los modelos de frontera. "Hay un elefante en el basurero y al elefante lo han marcado los detractores que se han ido de estas empresas", describió el fundador de Santex. A su juicio, los ejecutivos salen a hablar para "poner un manto de sentido común para seguir siendo creíbles, si no los ‘shareholders’ se van y el precio del stock baja".

Debajo de todo opera un motor financiero. "Tenemos que entender que todos estos cambios discursivos de parte de los creadores de esta tecnología están íntimamente vinculados a los intereses económicos en primer lugar y a los intereses políticos en segunda medida", afirmó Santiago, quien precisó la jerarquía: "La política está en la cama con la economía, el ‘main driver’ siempre es económico y la política sigue el dinero".

Ese cruce de intereses se potencia con la rivalidad entre Washington y Beijing por el software avanzado y la infraestructura de cómputo masivo. "Tiene que ver mucho con la avanzada de China sobre la fortaleza del posicionamiento donde Estados Unidos venía liderando. China ya no está más secundando la carrera", señaló Santiago.

Por eso, para el empresario, los pedidos de pausas o moratorias responden a un cálculo frío: "Un ‘slowdown’ y un parate de todo esto hasta que Estados Unidos alcance de nuevo a China le conviene a Estados Unidos. Hay un interés político de que haya una reducción de velocidad".

Una región sin lugar en la mesa de decisiones

La respuesta de los estados deja a la vista una fuerte asimetría. La Unión Europea impulsó marcos regulatorios que apuntan a defender la soberanía digital y los derechos ciudadanos. En cambio, la mayoría de los gobiernos latinoamericanos carece de una hoja de ruta para participar en el mapa tecnológico global.

Santiago admitió su inquietud: "Yo no solo que no veo evolución, sino veo involución y eso me preocupa mucho". Con la excepción europea, dijo, "estamos jugando un juego que particularmente para la Argentina puede llegar a generarnos más deuda tecnológica que otra cosa".

La raíz de esa brecha está en la ausencia de la región en los foros donde se definen estándares y gobernanza. "Primero, Argentina no está sentada en la mesa de la toma de decisiones estratégicas de a dónde van", advirtió Santiago, quien añadió: "Sí somos ‘early adopters’ de toda esta tecnología; sí somos consumidores".

Ese rol pasivo se traduce en decisiones de política pública que comprometen recursos locales para sostener la infraestructura de las grandes corporaciones, sin exigir transferencia de tecnología ni desarrollo industrial propio.

El ejemplo que dio Santiago son los centros de datos: "En Estados Unidos hay un rechazo tremendo por parte de la población de todos estos lugares donde se quieren desarrollar estos centros de datos. ¿Argentina qué hace? Les da la bienvenida". En su opinión, aceptar esas inversiones sin un plan de agregado de valor es un error: "Deberíamos tener una política pública para un desarrollo productivo de ese tipo de inversiones y no que sean una inversión de leasing de basura".

Primarización tecnológica y fuga de valor

El mayor peligro para la economía argentina es profundizar un esquema primarizado. El país aportaría agua, electricidad y beneficios fiscales para alimentar la capacidad de procesamiento de terceros y luego importaría servicios y licencias de software de alto valor. "Vamos a generar más deuda tecnológica que ventaja tecnológica, porque vamos a estar disponibilizando nuestros recursos para computar para alguien más y no para nosotros mismos", advirtió Santiago.

El fundador de Santex cuestionó el enfoque de negocio y planteó un cambio de modelo: "Nosotros tenemos que dejar de vender horas para empezar a vender valor agregado, para vender servicios. En el servicio es donde está el verdadero valor agregado". Las economías centrales ya lo resolvieron: "Utiliza países como Taiwán, China o India para la producción, pero después la generación de valor y la diferencia del ‘upside’ está toda en su moneda", señaló.

Lo más llamativo es que esta subordinación ocurre en un país con instituciones educativas de excelencia y profesionales muy capacitados. "Tenemos talento que está demostrado, el mundo nos reconoce como un país de alto valor agregado en talento desde hace años", recordó Santiago. Reducir ese diferencial al papel de plataforma de servidores es, para él, un desperdicio: "Estamos desperdiciando ese plus entregando nuestros recursos tecnológicos a otros", afirmó.

Empresas tecnológicas ante la incertidumbre radical

En el plano corporativo, la aceleración tecnológica impone desafíos que relegan a las variables financieras tradicionales. Para las compañías del sector tecnológico, la volatilidad cambiaria o la inflación son contingencias conocidas y administrables. La disrupción permanente que traen los modelos de lenguaje genera, en cambio, una incertidumbre de otro orden.

Santiago apeló a la experiencia de casi tres décadas al frente de Santex: "Hemos visto pasar, ir y venir múltiples políticos, múltiples gobiernos, múltiples políticas cambiarias en donde el dólar ha estado arriba, abajo y al centro; y acá estamos y acá seguimos". Hoy su prioridad es otra: "A nosotros más que el dólar nos preocupa la inteligencia artificial", y explica que "con la inteligencia artificial hay sorpresas todos los días a toda hora".

Esa velocidad también reconfigura el empleo y exige una recalificación constante. La automatización de tareas operativas polariza el mercado y concentra el valor en los niveles de mayor especialización. "El conocimiento cotiza en bolsa. Cada vez se va acumulando más en la punta de la pirámide del conocimiento y entonces hay una ‘comoditización’ en la base", describió.

Liderazgo: cuando todo pasa por el microscopio

Los planes a cinco o diez años perdieron validez en un ecosistema donde un lanzamiento de un gigante puede dejar obsoletos a decenas de productos en pocas horas. Santiago lo explicó con una metáfora clásica del management: "El microscopio era para la detección de las amenazas a corto plazo; el telescopio era para ver las oportunidades a largo plazo". Hoy, en cambio, "tanto la amenaza como la oportunidad están en el microscopio, porque lo que cambió es la velocidad". Y no espera que eso se revierta: "Esa velocidad lo único que hace es acelerarse".

La respuesta es construir empresas sólidas pero dinámicas. "Tiene que ser lo suficientemente serio para mostrar robustez a largo plazo, pero lo suficientemente ágil para capturar la oportunidad del corto", dijo Santiago.

Para sostener ese equilibrio, Santex montó un laboratorio de experimentación continua en Córdoba. "Funciona como un ‘wake-up call’, un constante recordatorio de las posibles amenazas en función de lo que existe hoy en el mercado", describió el director general ejecutivo de esta compañía.

Allí ponen a prueba sus propios servicios y procesos: "Hacemos pruebas todo el tiempo sobre cosas que nos pueden amenazar al negocio y eso nos mantiene muy ágiles, en punta de pie. No podemos descansar nunca". En ese esquema, la información circula con una lógica precisa: "Es importante que los datos estén integrados, pero no necesariamente las ideas", explicó.

Juan Santiago. Foto provista por Santex.
Juan Santiago. Foto provista por Santex.

Cultura organizacional y regulación como escudos

Frente a la inestabilidad, los intangibles pasan a ser el pilar de la estabilidad empresarial. La cultura y los valores éticos dejaron de ser meras declaraciones institucionales y se volvieron activos de supervivencia.

Santiago lo vivió en carne propia: "A nosotros lo que nos ha salvado como compañía muchas veces no ha sido el tipo de cambio del dólar, no ha sido un cliente, no ha sido un banco ni un crédito: nos ha salvado la cultura organizacional". Esa identidad también pesa a la hora de atraer y retener talento, porque, recordó, "las personas nos seguimos movilizando por las mismas cosas. Lo económico es un factor más".

Y sumó un dato: "En Santex tenemos muchas de esas personas trabajando que defienden, más allá de lo económico, el valor ético", en referencia a profesionales que dejaron firmas de Silicon Valley por diferencias éticas.

En lo institucional, planteó una mirada distinta sobre la regulación, que muchos empresarios leen como un freno: "Lamentablemente la palabra regulación tiene una connotación negativa, de que regular es no innovar, es frenar la innovación, el progreso o la inversión. Ese no es mi concepto; mi concepto de regular es proteger al usuario final".

Para el fundador de Santex, la falta de reglas no equivale a libertad sino a desprotección: "Al no regular, regulamos al consumidor final de inteligencia artificial. El gran perdedor en la no regulación de los que crean inteligencia artificial somos los usuarios finales, porque estamos desprotegidos ante un montón de acciones". En ese marco, "la Liga del Bien es un movimiento que cuida esa conversación para que no se caiga de la mesa", sostuvo.

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