IAdicción en las aulas: estudiantes que no hacen nada sin preguntarle primero a ChatGPT

Cada vez más universitarios no arrancan un trabajo ni defienden una idea sin consultar la IA. Qué habilidades se pierden y qué dice el mundo laboral
Un joven estudiando en su habitación, con un celular y preguntando todo a la IA. Imagen generada por IA

Puntos importantes

Checkbox Checked Las empresas reciben jóvenes que saben acceder a información rápido pero tienen dificultades para discernir, cuestionar y tomar posición.
Checkbox Checked Expertos sostienen el problema no es nuevo: la IA es como la calculadora o el GPS. No aprendés lo que no practicás.
Checkbox Checked La solución no pasa por detectar quién usó ChatGPT: pasa por cambiar qué y cómo se evalúa.

Un estudiante de abogacía recibe el enunciado de un caso práctico. Antes de leerlo completo, ya abrió ChatGPT. Otro, en administración, entrega un trabajo con una prosa impecable pero no puede explicar en voz alta ni la mitad de lo que escribió. No son casos aislados: son el síntoma de un fenómeno que preocupa cada vez más a docentes y empresas. La IAdicción llegó a las aulas, y la pregunta ya no es si los estudiantes usan inteligencia artificial, sino qué pasa cuando no pueden pensar sin ella.

IAdicción es el término que especialistas consultados por iProfesional utilizan para referirse a una nueva dependencia: personas que delegan sistemáticamente en ChatGPT u otras IA sus decisiones, consultas, búsquedas de información e incluso opiniones. Antes de consultar a un profesional, la primera respuesta la da un chatbot. Rápida, segura en apariencia, y no siempre correcta.

Qué pasa cuando un estudiante le delega a la IA el proceso de pensar

Andrés Rieznik, doctor en Física, divulgador científico y profesor en la UTDT, no dramatiza el fenómeno. No ve en sus aulas una generación incapaz de pensar sola: ve estudiantes que usan una herramienta más, igual que usaron la calculadora o Google antes. No aprendés cosas nuevas si no prestás atención, dice. El GPS es su ejemplo favorito: hoy se pierde más en Buenos Aires que antes, pero no le importa. Ese tiempo lo usa para pensar en otras cosas. "El problema no es la herramienta; es qué dejás de practicar cuando la usás", señala.

Andrés Hatum, profesor de Management y Organización de la Escuela de Negocios de la UTDT, pone el foco en lo que ya empieza a verse dentro de las empresas. Su preocupación no pasa por el uso de la inteligencia artificial en sí, sino por la creciente tendencia a delegar en ella parte del trabajo cognitivo: analizar, relacionar información, construir un argumento y, sobre todo, formar criterio propio.

"El riesgo aparece cuando la IA deja de ser una herramienta que potencia el pensamiento y se convierte en un sustituto del pensamiento", señala. El problema no es que un ejecutivo llegue más rápido a una respuesta, sino que no siempre pueda explicar cómo llegó a ella, cuestionarla o defender por qué considera que es la correcta. En un contexto donde acceder a respuestas será cada vez más fácil, la verdadera ventaja profesional estará en conservar la capacidad de pensar antes de preguntar, y de juzgar críticamente lo que la IA devuelve.

Qué habilidades buscan las empresas que la IA no puede reemplazar

Una empresa no necesita gente que responda preguntas que una máquina puede responder mejor y más rápido. Necesita personas capaces de formular buenas preguntas, entender contextos y detectar contradicciones. El pensamiento crítico no consiste en saber más: consiste en saber qué hacer con lo que sabemos, explica Hatum.

Y ahí está la paradoja. Cuanto más avance la IA sobre las capacidades técnicas, más valiosas serán las habilidades profundamente humanas: criterio, curiosidad, creatividad, capacidad de conectar ideas. Pero si cada vez que hay que escribir, comparar argumentos o resolver un problema el primer movimiento es preguntarle a ChatGPT, se está tercerizando no solo una tarea, sino parte del proceso cognitivo.

¿La IA reveló un problema que la universidad ya tenía?

Rieznik tiene una respuesta contundente para quienes ven en ChatGPT el origen de la crisis educativa: si un estudiante entrega un trabajo hecho íntegramente con IA y el docente no lo detecta, el problema no es la tecnología. Si el estudiante entrega algo con una prosa impecable y no puede elaborar tres palabras seguidas, lo llamás a dar un oral y lo reprobás. Si eso no pasó, el docente falló.

Hatum lo plantea de otra manera, pero llega a un lugar similar. Si una materia puede aprobarse simplemente preguntándole todo a una IA, hay que preguntarse qué se está enseñando y cómo. La IAdicción en las aulas no creó el problema: lo hizo visible.

Cómo debería cambiar la universidad para preparar profesionales que usen IA

La universidad tiene que dejar de competir con la IA en aquello que inevitablemente va a perder. No tiene sentido convertir el aula en una batalla para detectar quién usó ChatGPT. Hay que cambiar la naturaleza del aprendizaje y de la evaluación: más discusión oral, más defensa de posiciones, más trabajo en clase, más conexión entre disciplinas y más problemas reales, propone Hatum.

Y, fundamentalmente, enseñar a usar la IA: pedirle respuestas, cuestionarlas, detectar sus errores, contrastarlas con otras fuentes y mejorar lo que produce. No se trata de prohibir la herramienta: se trata de enseñar a usarla con criterio. Rieznik lo sintetiza sin vueltas: la universidad tiene que adaptarse, por supuesto. La IA es una herramienta maravillosa.

¿Para qué estudiar si la IA piensa por vos?

La IAdicción en la educación no es una crisis tecnológica: es una crisis pedagógica acelerada por la tecnología. Lo que ChatGPT expuso es que buena parte de la formación universitaria estaba evaluando la capacidad de reproducir información, no de producir pensamiento. Ahora que reproducir información es trivial, la pregunta se vuelve inevitable.

La respuesta que dan Rieznik y Hatum, desde lugares distintos, apunta al mismo lugar: estudiar sirve para aprender a hacerse las preguntas que la IA no sabe formular. Para desarrollar el criterio que permite saber cuándo una respuesta bien redactada está equivocada. Para construir la autonomía intelectual que ningún algoritmo puede entregar.

La IA puede hacer el trabajo. La pregunta es si ese trabajo, hecho por una máquina, todavía te enseña algo.