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Consumo de vinos, en el mínimo histórico: cayó a 19,5 litros

Consumo de vinos, en el mínimo histórico: cayó a 19,5 litros
En las últimas cuatro décadas se dejaron de consumir casi 70 litros de vinos en el país. Suba de precios y cambio de hábitos, las razones
Por Juan Diego Wasilevsky
22.12.2018 05.15hs Vinos & Bodegas

El dato realmente impacta: en 1977 el consumo de vinos en la Argentina alcanzaba los 88,4 litros per cápita. A partir de allí, cada litro que se perdió no se volvió a recuperar.

El deterioro fue progresivo y no hubo retorno: en 2017 se terminaron de encender las alarmas de la industria vitivinícola, cuando el nivel se desplomó hasta los 20,2 litros.

Y este 2018 está por marcar un hecho sin precedentes: con datos hasta septiembre, el consumo había perforado ese piso y pasó a ubicarse en los 19,8 litros per cápita. Pero, como el tercer trimestre está siendo sumamente negativo para el poder adquisitivo, en la industria hay consenso de que el nivel descendería hasta los 19,5. Incluso, hay empresarios que ya hablan de un nivel de 18 litros.

Se trata de la peor marca de la que se tenga registro. Así, en cuestión de cuatro décadas, en la Argentina se dejaron de consumir nada menos que 60 litros per cápita. 

 

Los analistas y los propios bodegueros hacen una salvedad: la calidad de los vinos de hace 40 o 50 años difieren mucho de los que se hacen en la actualidad. A partir de la crisis del 2001, con el boom exportador, se potenciaron las inversiones, se comenzaron a reconvertir miles de hectáreas de viñedos y se avanzó con una mejora cualitativa que terminó teniendo impacto en el producto que llegaba a la góndola.

Sin embargo, el hecho de que en unas décadas se hayan esfumado nada menos que 60 litros obliga a parte de la industria –sobre todo la que produce vinos de más bajo precio- a replantearse su negocio. Y también empuja a todas las bodegas locales a consensuar una estrategia para el largo plazo, considerando que cada litro que se perdió jamás volvió a recuperarse.

Polémica por la cerveza

"El año va a concluir cerca de los 19,5 litros per cápita. Es el nivel más bajo del que tengamos registros. La realidad es que es un número que impacta. Y entre las principales razones consideramos que entre 1 litro y 1 litro y medio de la caída obedeció a cuestiones económicas. Principalmente, a la pérdida de poder adquisitivo", planteó el consultor Javier Merino, de Área del Vino.

Se estima que entre enero y octubre, el poder de compra de los salarios sufrió un derrumbe cercano al 13%, con perspectivas de que el nivel empeore los dos últimos meses del año.

En este contexto, un relevamiento de la consultora Nielsen reveló que, de una muestra de 600 etiquetas comercializadas en supermercados, el 70% ya está por encima de los $100.

Y acá es donde comienza a jugar un rol importante la cerveza. Desde Nielsen señalan que aquellos compradores que hasta hace poco optaban por vinos que superaran ese rango, al producirse el salto de precios, pasaron a elegir cervezas de gama media.

Cabe destacar que en el 2003, ambas bebidas coincidieron en el volumen de consumo, con un nivel de 32 litros per cápita. Sin embargo, a partir de allí, las dos curvas se separaron hasta el día de hoy en el que la cerveza lidera cómodamente, con casi 42 litros, más que duplicando al del vino.

Recientemente, el Observatorio Vitivinícola Argentino (OVA) publicó un informe en el que marcaban las asimetrías entre ambas industrias.

Así por ejemplo, señalaron el hecho de que el sector bodeguero es "claramente más vulnerable que sus competidores a las fluctuaciones macroeconómicas tales como inflación, tipo de cambio o costo del financiamiento".

¿La razón esgrimida? Según la entidad, la cadena vitivinícola es más larga: está conformada por productores, bodegas fraccionadoras, distribuidores, mayoristas y finalmente el canal de la comercialización. Así, por cada uno de los eslabones que forman parte de la cadena, se multiplica el efecto final sobre el precio al consumidor en un escenario de inflación.

En cambio, argumentan que en el caso de la cerveza el negocio está mucho más concentrado. Y esto, además, les daría mejor poder de negociación con supermercados, además de contar con mayor espalda para realizar campañas de marketing.

Sin embargo, hay voces que provienen de la propia industria vitivinícola que están en contra de erigir a la cerveza como culpable de la crisis sectorial.

"El problema claramente no es la cerveza. Es fácil echarle la culpa a otros. Pero tenemos que mirar hacia el interior de nuestra propia actividad. Ver qué hicimos mal", advierte el director comercial de uno de los grandes grupos que está en el top 3 de las mayores bodegas exportadoras del país. 

Cuando indagó iProfesional sobre las causas de fondo de esta crisis, el directivo fue claro: "El grueso del vino que se toma y el que más está sufriendo el desplome del consumo es el tinto genérico. ¿Y qué es lo que sucedió? Claramente esas bodegas no han innovado ni en packaging, porque hace 40 años que venden en tetrabrik, ni en comunicación. Tampoco en el producto: mientras que en las categorías premium hacia arriba hubo un salto muy importante a nivel cualitativo, los vinos de más bajo precio en general hoy no son de buena calidad".

"Con un producto que no se alineó con las necesidades del consumidor, sumado a la mala comunicación y al mal packaging, el tetra y las botellas baratas están condenadas a desaparecer", recalcó.

"Cuando escucho decir que la cerveza compite con el vino yo respondo que no. Se hicieron mal las cosas y por eso hoy la cerveza en lata terminó siendo un mejor producto que el tetra y por eso la gente elige más ese producto", disparó, en una suerte de sincericidio.

Cambio de hábitos

Merino agrega que la caída de la demanda es consecuencia de un combo de factores, comenzando por los nuevos hábitos: hace décadas era común que en la mesa del mediodía hubiese una botella de vino. Hoy es una escena del pasado, una costumbre que prácticamente se extinguió. Y esto, lejos de ser un tema propio de la Argentina, es un cambio que se ha dado a nivel global.

"La caída del consumo afecta a los grandes países productores del mundo", recalca Merino.

El experto agrega, además, que hoy en el radar del consumidor entran a jugar otros productos, desde aguas saborizadas hasta aperitivos, que antes no competían. 

En este contexto, Merino asegura que "el litro a litro y medio que se perdió en los dos últimos años obedeció a la coyuntura económica. A medida que mejore la actividad y se recuperen los salarios, en teoría debería recuperarse. Pero tengo mis dudas. ¿Volverán esos consumidores a la categoría?".

Frente a este interrogante, el experto fue categórico al afirmar que el crecimiento del sector en el mediano plazo estará en las exportaciones, mientras que la pelea en el mercado interno hoy se está dando en las grandes superficies, de la mano del "3x2".

"Hoy las bodegas que se sobreponen a la crisis y que están ganando share son aquellas que se muestran más agresivas en los supermercados", señala.

En tanto, el director comercial de uno de los grandes jugadores del país, va más allá y asegura que la industria deberá avanzar hacia un cambio estructural de grandes proporciones para salir de esta crisis: "El tema es que, para estos niveles de consumo, hay un excedente de vino que no tiene espacio en el mercado interno".

"La uva que sobra es la que va a parar al vino genérico. Todo lo que son varietales se consume internamente o se exporta. La pregunta entonces es: ¿qué hacemos con esos excedentes? Países como Francia o España lograron exportarlo. Pero la Argentina no está teniendo esa posibilidad", agrega.

En este contexto, desde la COVIAR vienen impulsando una serie de medidas para ayudar a los productores.

A través de un proyecto de ampliación de la Ley Vino Argentino Bebida Nacional buscan que el Presupuesto destine un monto equivalente a la contribución obligatoria que hace la entidad cada año para incentivar el desarrollo de los pequeños productores para incorporarlos al negocio del vino y del jugo concentrado de uva. 

Además, la entidad impulsa el proyecto de ley de uso de jugos naturales, para que el mosto de uva sea incluido en bebidas sin alcohol.

Con esta medida, señalan, "el conjunto de las economías regionales, que atraviesa una severa crisis aun cuando la demanda local e internacional por sus productos se mantiene firme y se proyecta que continuará en el mediano y largo plazo, se vería beneficiado por la creación de un mercado interno hoy prácticamente inexistente y por la generación de valor en origen, además de la creación de fuentes de empleo genuinas".

En paralelo, también apoyan un proyecto de ley de promoción de las economías regionales, que fue elaborado por Coninagro y que incluye desde modificaciones impositivas para las producciones regionales hasta creación y ampliación de herramientas de financiamiento, turismo e infraestructura para el sector.

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