Vinos argentinos, cada vez más extremos frente al desafío del cambio climático

Vinos argentinos, cada vez más extremos frente al desafío del cambio climático
La industria vitivinícola asiste a cambios que pueden poner en riesgo la sustentabilidad a largo plazo. La altura, una de las respuestas
Por Juan Diego Wasilevsky
18.03.2021 14.21hs Vinos & Bodegas

El mundo en general y la industria del vino en particular enfrentan un enorme desafío: el impacto del cambio climático.

Uno de los últimos eventos pre pandemia donde se puso en debate el efecto que este flagelo puede tener en la calidad futura de los vinos fue en ProWein Media Sumit 2019, organizado por ProWein y expertos de la Universidad de Geisenheim, en Alemania, y del que participó iProfesional como único medio argentino.

En dicho seminario, quedó evidenciado que los cambios se están dando de manera acelerada y los expertos advirtieron a la industria del vino a nivel mundial que hay que actuar rápido para adaptarse a una realidad cada vez más desafiante.

Entre los numerosos desafíos que deberá atender el sector del vino figuran la búsqueda de variedades más resistentes al calor y a la falta de agua; inversiones más fuertes en tecnología; cambios en las prácticas agronómicas y enológicas y la búsqueda de nuevas áreas, especialmente en altura, donde se puedan obtener vinos más frescos y con bajos niveles de alcohol, en línea con la demanda actual de los consumidores. Esto, claro, en detrimento de otras zonas a nivel mundial que dejarán de ser óptimas para la producción vitivinícola.

Hervé Hannin, director de Desarrollo del Instituto de Estudios Avanzados de la Viña y el Vino de Montpellier, advirtió que la temperatura global se incrementará 2 grados en promedio para el 2050, si bien los expertos trabajan con escenarios más extremos.

Como consecuencia de esto, se prevé un deterioro acelerado de la calidad de los vinos en aquellas zonas productoras que hoy son más cálidas, trayendo como consecuencia vinos cada vez menos frescos, menos complejos y más alcohólicos.

Durante el seminario, ProWein presentó su Business Report 2019 sobre Cambio Climático, realizado por la Universidad de Geisenheim a través del aporte de más de 1.700 expertos de la industria, provenientes de 46 países.

Simone Loose, experta de la Universidad de Geisenheim, advirtió que el cambio climático ya se ubica en el top 3 de las principales preocupaciones de la industria, por detrás de temas como la carga impositiva y el avance de la economía internacional.

Según el reporte, en los últimos cinco años, casi 6 de cada 10 productores experimentaron una reducción de los rendimientos debido a factores climáticos.

Además, el 50% sufrió problemas como el estrés hídrico por escasez de agua, mientras que un 46% advirtió que notó una reducción de la ventana de cosecha por la maduración acelerada de las uvas, ocasionando además un problema logístico para productores y bodegas.

Frente a estos datos, Loose consideró que "las bodegas están ante un doble problema: no solo tienen el desafío de enfrentar el cambio climático sino que se deben adaptar a este nuevo estilo cada vez más demandado" de vinos frescos y ligeros.

¿Y qué están haciendo las bodegas para hacer frente al problema del cambio climático? Un 22% de los productores ya tuvieron la necesidad de apelar a otras variedades de uvas más resistentes.

Y es en este contexto en el que, en el caso de la Argentina, correr la frontera vitivinícola hacia regiones más al sur o avanzar hacia terroirs más elevados se están volviendo estrategias cada vez más tenidas en cuenta por la industria.

De hecho, cada año, se va corriendo más y más la frontera vitivinícola, marcando nuevos récords en altura.

Mendoza: nueva frontera en altura

En el caso de la provincia de Mendoza, en un contexto en el que la industria busca nuevos terroirs que garanticen temperaturas en promedio más bajas y una buena amplitud térmica, para asegurar una saludable madurez polifenólica, pero cuidando la frescura, hace unos años se logró la mayor conquista: bodega Estancia Uspallata, comandada enológicamente por Alejandro Sejanovich, alcanzó los 2.000 metros sobre el nivel del mar, la mayor altitud de Mendoza y de la zona de Cuyo.

Ahora, bodega Huentala Wines, está dando un paso clave en la conquista de la altura, con una nueva finca, que recién se está cultivando y que se emplaza a unos 1.800 metros sobre el nivel del mar. Se trata, en los papales, del primer viñedo de la localidad de El Salto, en el distrito de Potrerillos (Luján de Cuyo), bien pegado a la cordillera.

Para tener una referencia, Agrelo, una de las zonas más reconocidas de Luján de Cuyo, promedia los 1.000 metros.

Nuevo viñedo extremo de Huentala Wines

Allí, comenzaron a plantar Malbec, Chardonnay, Sauvignon Blanc y tienen previsto plantar Pinot Noir este 2021. La idea es comenzar en breve a realizar las primeras microvinificaciones.

Hacia fines del año pasado, en tanto, bodega Terrazas de los Andes presentó en sociedad un Malbec de su línea Parcel, elaborado a partir la finca en producción más elevada de todo el Valle de Uco, más precisamente en Gualtallary, a 1.650 metros sobre el nivel del mar.

Al referirse a los desafíos vinculados con los terroirs de altura, Gonzalo Carrasco, enólogo de la bodega, explica que "al momento de decidir explorar o implantar un nuevo viñedo, algo que se tiene en cuenta es la disponibilidad de agua del lugar, ya sea de superficie o por bombeo de agua en profundidad. Y lo otro muy importante a tener en cuenta es el clima: básicamente considerando lo que son las heladas tempranas y tardías, y si es un lugar que tenga demasiada incidencia de accidentes climáticos, como puede ser el granizo, el cual afectaría directamente en la producción del viñedo".

"A medida que vamos incrementando la altura y nos acercamos a la montaña, el clima se vuelve más extremo y necesariamente el abanico de variedades posibles a plantar se va achicando cada vez más. Tenemos la fortuna de que el Malbec es muy adaptable y nos permite seguir explorando alturas, incluso cuando estas son extremas y el clima es complicado y exigente", explica.

¿Y qué importancia le atribuyen, desde la bodega, a pensar la vitivinicultura a largo plazo y tomar a la altura como aliada frente al cambio climático? Frente a esta pregunta, Carrasco no duda: "La viticultura y el negocio del vino es de largo plazo, con lo cual todas las decisiones que se toman en la bodega y en el viñedo son a largo plazo"

"El cambio climático es algo que hemos considerado y evidentemente nos ha movido hacia la montaña. Cuando nació Terrazas de los Andes en la década del 90, teníamos viñedos que estaban entre los 800 y 1.200 metros de altura y hoy en día el viñedo más bajo está a 1.000 metros y el más alto está por encima de los 1.600 mts. Esto es un poco factor de compensación de temperaturas, más cálidas y al cambio climático, y por otro lado también es producto de la búsqueda del cambio de expresión y de estilo que buscamos desde la bodega".

Gonzalo Carrasco, enólogo de bodega Terrazas de los Andes

Carrasco también destaca que la búsqueda de terruños más elevados están en sintonía con la tendencia mundial, de consumir vinos más frescos y con una buena acidez natural.

"Hay lugares más difíciles para hacer vinos de calidad. Como industria, tenemos pendiente terminar de definir los límites cualitativos de cada zona. Me refiero a la zona Este y Norte de Mendoza, que quizás por cuestiones de suelo, de temperatura y de las variedades implantadas, resulta un poco en vano ponerse a perseguir el objetivo de producir vinos de alta calidad", plantea.

"Lo mismo ocurre en alguna zona de Valle de Uco, donde no todo es de excelente calidad", agrega.

Carrasco también se refiere al cambio de estilo y hace hincapié específicamente en algunas zonas de Luján de Cuyo, "donde en general lo que se puede obtener son vinos más maduros, blandos de acidez, sin tantos taninos, con otro balance, que no es lo que hoy está de moda. En estas zonas lo que se debe considerar es la estética de esos vinos o la modernización de esos vinos, que de alguna forma van quedando fuera de la tendencia".

José Lovaglio Balbo, enólogo de la bodega Susana Balbo Wines (también ubicada en Mendoza) y gestor de su propio proyecto, considera que "estar al borde del límite teórico te permite expandir las fronteras. A medida que vas teniendo experiencia en el límite, vas entendiendo cuál es el potencial y vas habilitando nuevas regiones donde antes la industria no llegaba por un tema de riesgo".

Lovaglio Balbo afirma que "llegar a esos lugares habilita a que todos los demás puedan replicar experiencias. Es increíble cómo sinergiza y anima a todos los demás a no quedarse atrás y hacer algo, lo cual expande la variedad y las fronteras", algo que consideró importante frente al cambio climático: "En una tendencia que va hacia un mundo más cálido, ir a altura va haciendo que progresivamente, al pasar de los años, el clima para los viñedos sea un poquito más benévolo. Permite mantener ese frescor en los vinos que es más difícil conseguir en la primera zona y las zonas más tradicionales de Mendoza".

José Lovaglio Balbo, enólogo de Susana Balbo Wines

En cuanto al impacto que vienen sufriendo los viticultores en la provinciaa raíz del cambio climático, el enólogo alerta que "hay un desbalance, lo cual hace que el historial sea poco aplicable, porque tenés una variación y una alternancia de situaciones que es mayor a lo que se vivía antes. Pero sin dudas la sequedad es el común denominador, la menor disponibilidad de agua y las mayores temperaturas promedio".

Alejandro Eaton, ingeniero agrónomo de Susana Balbo Wines, coincide. Según el experto, "estudios de cambio climático realizados en Mendoza han demostrado, hasta ahora, un pequeño aumento en el promedio de temperatura. La buena noticia es que este incremento es bastante menor a medida que ‘subimos’ por la ladera de la Cordillera de los Andes. Este es precisamente el caso del Valle de Uco".

Además, se observa un adelantamiento de la fecha de derretimiento de la nieve, lo cual modifica el patrón de escurrimiento de los ríos de montaña: aumento del caudal en primavera y disminución en verano, en momentos de envero y, posteriormente, cosecha.

Lovaglio Balbo profundiza sobre ese concepto: "El cambio climático afecta mucho las nevadas en la cordillera, por lo menos en la zona hacia el Oeste de Mendoza, y esa menor disponibilidad de agua hace que en lugares donde el cauce de riego llega último tenga menor desarrollo, principalmente hacia el Este de Mendoza. Entonces, hay zonas donde se hace cada vez más difícil por ese factor y las consecuencias ya se están viendo".

Eaton agrega que, como consecuencia de esto, el efecto directo del cambio climático en Mendoza "podría ser una disminución de los rendimientos y un incremento en los costos de bombeo de riego", si bien recalca que "no se esperan cambios sustanciales en cuanto a la calidad de los vinos".

El Norte extremo

Avanzando hacia el norte, si hay una bodega pionera en la elaboración de vinos extremos es Colomé, emplazada en Salta y conducida enológicamente por Thibaut Delmotte.

La bodega tiene un Malbec, un Pinot Noir y un Sauvignon Blanc bajo la marca Altura Máxima, que provienen de viñedos ubicados nada menos que a 3.111 metros sobre el nivel del mar.

"El calentamiento global puede generar que en las zonas más cálidas del país se complique un poco mantener la frescura", advierte el enólogo.

Delmotte aclara que si bien con viticultura adaptada "se pueden producir vinos de calidad en numerosas provincias", consideró que los terruños más frescos "van a estar privilegiados para mantener la frescura y la calidad". Esto implica ir más alto o más hacia el sur pero, advirtió, "lo más crítico es que haya agua. Sin agua no hay vida".

Delmotte remarca un dato importante. Hasta 2020, en los Valles Calchaquíes tuvieron veranos con temperaturas normales, buena amplitud térmica y precipitaciones dentro del promedio histórico, pero con una primera quincena de marzo con temperaturas elevadas, que pueden apurar la maduración.

"Son pocos años para saber si es un cambio climático profundo, pero claramente hay una tendencia", advierte.

Frente a esto, considera que la altura es una gran aliada, gracias a sus noches frescas y la gran amplitud térmica, lo que permite que la fruta guarde mucha frescura y tenga una excelente acidez natural.

El riesgo, claro, es pasarse de rosca: a esa altura, los rayos UV generan pieles más gruesas y oscuras, lo cual es una ventaja para obtener color, aromas y concentración. "Pero si estas características están potenciadas por un mal manejo del viñedo o sobreextracción en bodega, obtenemos vinos desequilibrados, por eso es clave el equilibrio", afirma.

Thibaut Delmotte, enólogo de Colomé

"Teniendo una uva naturalmente concentrada por los UV, hay que hacer extracción muy suave con pocos remontajes y temperaturas bajas. Y usar la madera en crianza con mucho cuidado para respetar la fruta y la frescura del vino", remarca.

Así, Delmotte concluye que "no se soluciona todo plantando en altura para tener un vino fresco y equilibrado. Demanda mucho trabajo en viñedo: elegir la variedad y el clon de la misma, el sistema de conducción, método de poda, riego, desbrote, raleo… son muchas variables".

"Los desafíos logísticos son innumerables, pero con Larissa y Christoph Ehrbar, la nueva generación de dueños, seguimos el camino que empezó Donald Hess: innovación, creación y sustentabilidad", afirma.

¿Y qué estilo de vinos se obtienen a más de 3.100 metros de altura, con tanta amplitud térmica, radiación solar y suelos pedregosos y pobres? El enólogo se entusiasma cuando habla de los tintos: "Nos da vinos muy florales, con mucha mineralidad y fruta roja. En boca son muy vibrantes y de taninos firmes". En cuanto al Sauvignon Blanc, destaca que "es muy mineral, con notas herbáceas y cítricas, mientras que en boca es muy fresco y elegante".

El cambio climático, en la agenda

Eaton, de Susana Balbo Wines, plantea que "los cambios ya se han hecho palpables, y está claro que de no modificar nuestra conducta a nivel global este problema se verá magnificado en los próximos años".

Según advertía a fines de 2019 el reporte de ProWiein, pocos saldrán indemnes: las consecuencias "afectan a todos los actores de la cadena de valor del vino".

"Las empresas, en la primera parte de la cadena de valor han amortiguado hasta ahora la mayoría de los impactos. En el futuro, sin embargo, estos efectos los sentirán con mayor fuerza los vendedores y también los consumidores. Además de los productores, las bodegas que compran uvas y vino a granel, así como los exportadores y los intermediarios, que también se verán afectados por riesgos asociados a la creciente volatilidad de precios, cantidades y calidad de los vinos", agrega el reporte.

En este contexto, resulta clave una mirada más integral y una agenda más proactiva frente al desafío que plantea el cambio climático. En el mundo y también en la Argentina.

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