EN PATAGONIA

Son estadounidenses, no sabían nada de vinos y hoy producen y venden a restaurantes como Don Julio

Dos extranjeros apostaron por Trevelin: de guías de pesca a pioneros en un viñedo patagónico que seduce a chefs y exporta a la región
Por Belén Gorno
VINOS & BODEGAS - 30 de Junio, 2026

Rance Rathie y Travis Smith llegaron desde Montana, Estados Unidos, para trabajar como guías de pesca con mosca en la Patagonia. Con los años compraron un terreno en Trevelin y desarrollaron un lodge para recibir pescadores de distintos países. Sin experiencia en vitivinicultura, decidieron plantar vides dentro del mismo predio. El primer intento terminó con la pérdida de toda la plantación. Al año siguiente volvieron a plantar.

Hoy, con su bodega Contra Corriente producen cerca de 10.000 litros por año, equivalentes a entre 12.000 y 13.000 botellas de vino, presentes en las cartas de restaurantes como Don Julio, Anchoíta, El Preferido y Lo de Fran.

Con apenas cuatro hectáreas cultivadas, la bodega concentra alrededor del 80% de sus ventas en Buenos Aires. Después de haber exportado a Estados Unidos antes de la pandemia, ahora busca ganar presencia en otras provincias. En paralelo, trabaja para volver a exportar, con Brasil y Perú entre los mercados que analiza.

La bodega produce vinos patagónicos de partida limitada

Del lodge de pesca a las primeras vides

En Trevelin, a Rance y Travis todavía los conocen más por la pesca que por el vino. Los dos estadounidenses administran desde hace años un lodge especializado y reciben aficionados de distintas partes del mundo que llegan atraídos por los ríos de la Patagonia. El viñedo apareció varios años después, casi como una forma de complementar la experiencia.

"Acá la pesca con mosca es muy importante. Recibimos pescadores y los llevamos por todas las zonas. Esto es un paraíso para la pesca con mosca", explicó a iProfesional el responsable de la bodega.

La posibilidad de hacer vino apareció cuando un agrónomo llegado desde Mendoza comenzó a recorrer la región impulsando plantaciones. En ese momento ya existían algunos antecedentes en la zona y varios productores decidieron probar suerte.

"Nosotros fuimos de los primeros en plantar. No hubo ningún estudio previo que asegurara si las condiciones eran favorables o no. Y las condiciones no son favorables. Son bastante extremas. Pero en ese momento se plantó igual", recordó.

Con apenas cuatro hectáreas cultivadas, la bodega concentra alrededor del 80% de sus ventas en Buenos Aires.

Ninguno de los dos socios tenía conocimientos sobre vitivinicultura. Más allá de ser consumidores, el vino era un mundo completamente nuevo para ellos.

"Lo tomaron como un hobby. La primera plantación se murió toda y la que está produciendo ahora es la segunda. Al principio fue bastante trabajoso", contó.

Las primeras plantas se colocaron entre 2014 y 2015 y la primera cosecha comercial recién llegó en 2018. Hoy el viñedo ocupa cuatro hectáreas. Tres corresponden a las plantaciones originales y una adicional se incorporó durante la pandemia. En total cuentan con:

  • Dos hectáreas de Pinot Noir
  • Una y media de Chardonnay
  • Media hectárea de Gewürztraminer

Toda la elaboración se realiza en el mismo establecimiento. El viñedo y la bodega conviven dentro del predio donde también funciona el lodge.

"Hay pocos proyectos que hagan vino de calidad en cantidades tan pequeñas y con todo concentrado en un mismo lugar. La idea es hacer vinos de terruño y con identidad. No mezclamos uvas porque tampoco hay disponibilidad y porque buscamos expresar lo que da este lugar", explicó.

La bodega trabaja con cantidades limitadas y toda la elaboración se concentra en el pequeño terreno.

Las heladas y el desafío de producir en Trevelin

Si en otras regiones el granizo suele ser una de las principales amenazas para los viñedos, en Trevelin el problema aparece incluso durante la primavera y el verano.

"Acá prácticamente no hay períodos libres de heladas. No estamos hablando del invierno. Durante el ciclo vegetativo también hay heladas y para evitar daños hay que instalar un sistema de riego por aspersión por encima del viñedo. Eso implica bombas, tendido eléctrico, cañerías y una fuente de agua", explicó.

Según los dueños, el sistema requiere monitoreo permanente. Un desperfecto puede provocar daños que tardan años en recuperarse.

"Así como el granizo destruye viñedos en algunas zonas del país, acá las heladas también pueden generar pérdidas durante uno, dos o hasta tres años", señaló.

Hoy la producción se mantiene estable. En promedio elaboran unos 10.000 litros anuales, equivalentes a entre 12.000 y 13.000 botellas. En algunas vendimias llegaron a las 18.000 unidades.

"Hay margen para crecer porque tenemos partes del viñedo replantadas y todavía jóvenes", explicó.

Hoy lla bodega produce cerca de 10.000 litros por año, equivalentes a entre 12.000 y 13.000 botellas de vino bajo la etiqueta Contra Corriente

El proceso también se realiza a pequeña escala. La bodega trabaja con cantidades limitadas y toda la elaboración se concentra en el pequeño terreno.

El boca a boca y las mesas de Buenos Aires

Aunque la bodega lleva más de una década, las ventas comenzaron a crecer recién en los últimos años. Actualmente, cerca del 80% de la producción se vende en Buenos Aires y el resto se distribuye en otras provincias.

"Tenemos pocos recursos para publicidad y marketing. También poca mano de obra, así que estamos muy confiados en el boca a boca. La gente que realmente disfruta el vino y sabe diferenciarlo lo aprecia y lo recomienda", explicó.

Los restaurantes se transformaron en uno de los principales aliados para dar a conocer las etiquetas. "Los sommeliers cumplen una tarea fundamental porque ayudan a comunicar el producto", aseguró.

Con el tiempo, las botellas de Contra Corriente llegaron a las cartas de Don Julio, Anchoíta, El Preferido y Lo de Fran, además de distintas vinotecas y hoteles.

Antes de la pandemia, la bodega realizó exportaciones a Estados Unidos. La experiencia fue compleja y las ventas al exterior quedaron en pausa. En los últimos meses, sin embargo, volvió a aparecer interés desde otros mercados.

Aunque la bodega lleva más de una década, las ventas comenzaron a crecer recién en los últimos años.

"Hubo un repunte de consultas, aunque todavía no concretamos nuevas operaciones. Brasil y Perú aparecen entre los destinos que estamos mirando", explicó.

La intención es que las exportaciones representen como máximo el 20% de la producción y mantener a la Argentina como principal mercado. "La idea es seguir trabajando más dentro del país y ampliar la presencia en otras provincias", señaló.

En paralelo, la bodega trabaja para potenciar el turismo y mantener abiertas sus puertas durante el invierno, una época en la que históricamente la actividad disminuía.

"Queremos potenciar el turismo alrededor de la bodega y ayudar a que Trevelin siga creciendo. Todavía tenemos margen para aumentar la producción, pero siempre manteniendo la identidad y la escala con la que trabajamos", concluyó.

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