Por qué el fenómeno que causó destrozos en Nepal representa un riesgo latente para Argentina y Chile
Las imágenes de la devastación provocada por el desastre ocurrido el 26 de agosto en la frontera entre Nepal y China dejaron expuesta la enorme capacidad destructiva de un fenómeno conocido como GLOF, sigla en inglés de Glacial Lake Outburst Flood, que significa inundación por desborde de lago glaciar.
El episodio volvió a poner en primer plano un riesgo que no se limita al Himalaya. La cordillera de los Andes también presenta condiciones capaces de generar desbordes repentinos de lagos glaciares, con antecedentes concretos en Argentina y Chile.
El fenómeno puede desencadenarse cuando una masa de hielo, rocas o sedimentos bloquea un curso de agua o cuando una represa natural formada por hielo o material rocoso colapsa. En cuestión de minutos, millones de metros cúbicos de agua pueden desplazarse a gran velocidad, arrastrando barro, piedras, árboles e infraestructura.
En Nepal, una avalancha de rocas y hielo bloqueó el río Lhende y liberó un torrente que arrasó pueblos enteros. La tragedia dejó cientos de muertos y una gran cantidad de personas desaparecidas.
Tragedia en Nepal: el antecedente argentino de 2005
Para el investigador del Conicet Juan Pablo Milana, lo sucedido en Nepal no es un fenómeno desconocido para la Argentina.
"Lo que pasó en Nepal, ya sucedió en la Argentina", advirtió en diálogo con Infobae.
El especialista recordó el caso de la Laguna de los Erizos, en Calingasta, San Juan, que el 12 de noviembre de 2005 colapsó de manera repentina y liberó más de 32 millones de metros cúbicos de agua en apenas 67 minutos.
El aluvión recorrió más de 250 kilómetros, afectó cultivos y caminos y dejó aisladas a distintas poblaciones. Sin embargo, no provocó víctimas fatales debido a la baja densidad de población de la zona alcanzada.
"Para mí fue el rompimiento de un glaciar, de hielo. Y no un tapón de tierra. Lo que pasa es que el flujo de agua no pasó por áreas pobladas y no hubo muertes. Estos aluviones o deslizamientos bruscos de agua, tierra y sedimentos se lo llama en islandés Jökulhlaup (rotura del dique), que es cuando la presión del agua acumulada rompe la represa de hielo, se libera de golpe una gigantesca masa de agua, piedra y barro y genera un aluvión", explicó Milana.
El investigador también marcó una diferencia clave con otros eventos geológicos:
"En Nepal sucedió el rompimiento de un glaciar. No fue un terremoto. Lo que pasa es que tan importante el movimiento de masa, que generó una onda sísmica similar a la de un terremoto".
Los glaciares que generan preocupación en Santa Cruz
Otro de los focos de atención está en el Parque Nacional Los Glaciares, en Santa Cruz.
Investigadores de la Universidad de Buenos Aires, Diego Winocurt y Daniela Schmidt, publicaron en la revista Springer Nature un estudio que constituye el primer registro sistemático de paleoinundaciones repentinas y dos eventos históricos de GLOF en la cuenca del río Blanco.
El trabajo documentó una inundación del lago Sucia entre 1966 y 1968, cuando se descargaron unos 5 millones de metros cúbicos de agua, con un caudal máximo de 1.200 metros cúbicos por segundo.
También registró un desbordamiento ocurrido en 1913 en el lago Piedras Blancas, que liberó hasta 1,3 millones de metros cúbicos de agua.
En el pasado, la baja densidad de población y la escasa infraestructura limitaron el impacto de estos episodios. Pero el escenario cambió: actualmente la zona recibe miles de visitantes y cuenta con senderos, campamentos y alojamientos.
Además, el retroceso de los glaciares deja expuestas laderas que pueden volverse inestables y sufrir grandes avalanchas.
Uno de los puntos que genera preocupación es el Cerro Solo, donde un eventual desprendimiento podría provocar una inundación repentina en la Laguna Torre y el río Fitz Roy, con potencial impacto sobre El Chaltén.
En septiembre de 2019, el Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR) presentó un informe sobre la posibilidad de remoción en masa en esa ladera. Desde entonces, concejales de la zona reclamaron avanzar con estudios sobre los alcances que podría tener un eventual GLOF.
El riesgo que ya dejó daños en el Parque Nacional Los Glaciares
Los antecedentes no terminan allí.
En 2013, un derrumbe registrado en el Canal Upsala del lago Argentino provocó una ola que desplazó grandes bloques de hielo hacia la costa, arrancó árboles y destruyó instalaciones del embarcadero de bahía Onelli.
El episodio mostró que no es necesario que ocurra un desborde glaciar clásico para que una masa de hielo o roca genere una ola con capacidad de producir daños importantes.
El doctor en Ciencias Geológicas por la Universidad de Buenos Aires Adrián Silva Busso explicó a Infobae que existen lugares del país donde el riesgo geológico es significativo.
"Acá en Argentina tenemos algunos lugares donde hay riesgo geológico significativo. El Chaltén es uno por ejemplo, pero está monitoreado por el SEGEMAR y por estudios de la UBA. Sabemos que puede generar potencialmente algún tipo de situación comprometida, pero no lo ignoramos y los monitoreamos", sostuvo.
Sin embargo, aclaró que el riesgo específico de El Chaltén no está vinculado directamente con el colapso de un glaciar.
"En El Chaltén el riesgo no está relacionado con glaciares, sino con la inestabilidad en las laderas que puede provocar algún tipo de deslizamiento de material y empujar el agua del lago, encajonándola a lo largo del río Fitz Roy".
San Juan y Mendoza también tienen antecedentes
La cordillera de San Juan concentra otros antecedentes de movimientos de ladera y represamientos naturales.
Los geólogos Patricio D’Odorico Benites, Daniel Pérez, Nicolás Sequeira y Luis Fauqué identificaron una elevada concentración de deslizamientos que generaron represamientos naturales en los Andes Principales de San Juan.
El análisis de imágenes satelitales mostró que la erosión y el flujo constante de agua pueden debilitar esos diques naturales y aumentar el riesgo de una ruptura.
En el caso de Laguna de los Erizos, el aluvión de 2005 descargó unos 32,1 millones de metros cúbicos en 67 minutos y recorrió aproximadamente 254 kilómetros en 12 horas, afectando zonas como Barreal, Sorocayense y La Isla.
Mendoza también cuenta con antecedentes.
El avance del glaciar Plomo, en la cordillera entre Mendoza y Chile, bloqueó el río del Plomo y estuvo asociado con inundaciones registradas en 1934 y 1985.
El episodio de 1934 tuvo consecuencias particularmente graves: arrasó sectores del Ferrocarril Trasandino y destruyó instalaciones importantes de la provincia.
También fue estudiado el comportamiento del glaciar Horcones Inferior, ubicado en la base del Aconcagua. La deformación y el colapso gravitacional de la masa de hielo pueden generar movimientos rápidos y la formación de diques glaciares.
Chile también está en alerta por los GLOF
El riesgo tampoco se limita al lado argentino de los Andes.
La organización WWF Chile advirtió sobre el "riesgo real de inundaciones glaciares por vaciamiento de lagos (GLOF)" en la cordillera.
El retroceso de los glaciares está favoreciendo la aparición y expansión de lagunas que pueden volverse inestables. Entre los casos mencionados se encuentra el glaciar Echaurren Norte, que perdió el 65% de su superficie desde 1955.
A su vez, el glaciar Universidad perdió en apenas un año un volumen de agua equivalente al consumo anual de una ciudad de aproximadamente 580.000 habitantes.
Los estudios realizados en los Andes centrales identificaron lagos glaciares con distintos niveles de susceptibilidad a los GLOF. Entre los factores capaces de desencadenar un colapso aparecen los sismos, avalanchas, lluvias intensas y el retroceso de los propios glaciares.
La expansión del turismo de montaña, la construcción de nuevos proyectos y el crecimiento de asentamientos aumentan además la cantidad de personas potencialmente expuestas.
"Lo que vimos en Nepal es un espejo de un riesgo que Chile ya tiene identificado en su cordillera. Mientras el riesgo crece con el cambio climático, la exposición de personas también crece. Impulsar más acciones concretas de adaptación es hoy una urgencia", advirtió Uri Colodro, coordinador de Cambio Climático y Ciudades de WWF.
Entre las medidas consideradas necesarias aparecen los sistemas de alerta temprana, el monitoreo de glaciares, la restauración de cuencas y una planificación territorial que evite nuevos asentamientos en zonas vulnerables.
¿El cambio climático aumenta el riesgo?
El impacto del cambio climático sobre este tipo de fenómenos es uno de los puntos que genera debate entre los especialistas.
Milana planteó una mirada cautelosa sobre la posibilidad de atribuir directamente estos eventos al cambio climático.
"El cambio climático siempre estuvo presente. Y siempre fue variable. Nosotros los seres humanos queremos que sea constante, pero no lo es. No hay un año igual al otro. Hay una variación normal. Siempre ha habido variabilidad climática, por eso hablar de qué esto es diferente a lo que pasó hace 50 o 100 años es una absoluta irreverencia o falta de conocimiento porque el clima ha estado cambiando todo el tiempo", sostuvo.
Y agregó: "Si hay que destacar que este año se juntó el efecto de El Niño, con un mar antártico que no está lo suficientemente frío, con una atmósfera cargada con más humedad. Esto va a generar muchos cambios medioambientales. Acá en la Cordillera actualmente hay mucha nieve, que cuando se derrita puede generar más problemas".
Silva Busso también pidió prudencia antes de atribuir un fenómeno específico exclusivamente a la acción humana.
"Pensar que esto solamente se debe una cuestión entrópica porque hay alguna intervención humana en el clima me parece demasiado difícil de demostrar. Sí que hay una variabilidad climática y cabe estudiar si estos procesos no se han repetido en ocasiones anteriores, o que ciclicidad tienen".
Desde otra perspectiva, la investigadora Dorothy Heinrich, de la Universidad de Reading, señaló que las tendencias observadas en el Himalaya sí permiten anticipar condiciones que pueden favorecer este tipo de desastres.
"Sabemos cómo son las tendencias del cambio climático en el Himalaya. Hay una alta probabilidad de que se produzcan más olas de calor, retroceso de los glaciares, reducción del permafrost, este tipo de cosas que pueden provocar deslizamientos de tierra e inundaciones repentinas por deshielo glaciar".
Una amenaza difícil de anticipar
Los GLOF representan un desafío particular para los sistemas de prevención porque pueden desarrollarse y propagarse a gran velocidad.
El monitoreo satelital, los sensores, el seguimiento de glaciares y los sistemas de alerta pueden reducir el riesgo, pero la magnitud de una liberación repentina de agua y sedimentos puede dejar poco margen para reaccionar.
Los antecedentes de San Juan, Mendoza y Santa Cruz muestran que Argentina ya experimentó fenómenos capaces de movilizar millones de metros cúbicos de agua en cuestión de minutos.
La diferencia con algunos episodios históricos es que hoy existe una mayor presencia humana en zonas de montaña, impulsada por el turismo y nuevas actividades económicas.
Por eso, la tragedia de Nepal funciona también como una advertencia para los Andes. La existencia de antecedentes y de zonas identificadas como vulnerables vuelve clave el monitoreo permanente, los estudios de riesgo y la planificación territorial antes de que un nuevo desborde encuentre a poblaciones e infraestructura en su camino.