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Milei busca nuevos acuerdos comerciales, pero su pelea con Lula amenaza al Mercosur

La disputa política entre líderes regionales complica la integración económica y amenaza las oportunidades para exportaciones argentinas

23/10/2026
Actualizado 10:14hs

Argentina busca ampliar sus relaciones comerciales con Estados Unidos y otros mercados en un escenario internacional atravesado por aranceles, tensiones geopolíticas y cambios en las reglas del comercio. Sin embargo, el enfrentamiento entre Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva abre un frente de conflicto que puede complicar esa estrategia. La relación con Brasil, principal socio comercial argentino, es una de las variables que condicionan el futuro del Mercosur.

El contexto internacional ofrece nuevas oportunidades para el país. Las decisiones comerciales de Donald Trump, las críticas de Washington a antiguos aliados y las dificultades del sistema multilateral impulsaron a distintas economías a buscar nuevos socios. En ese movimiento, el bloque sudamericano empezó a despertar un interés que durante años había quedado relegado frente a otros mercados.

Según un análisis publicado por el Financial Times, el Mercosur atraviesa una transformación en su posición internacional. Después de un largo período con dificultades para cerrar acuerdos comerciales de alcance global, el bloque recibe ahora propuestas y señales de acercamiento de gobiernos que buscan diversificar sus relaciones económicas.

Argentina intenta aprovechar ese escenario mediante una estrategia que combina las negociaciones dentro del Mercosur con acuerdos bilaterales. La intención es abrir mercados y ampliar las exportaciones. Pero hay una dificultad: la relación entre Milei y Lula, marcada por diferencias ideológicas y episodios de confrontación diplomática, amenaza con entorpecer parte de ese recorrido.

Y es que las diferencias entre ambos presidentes no se limitan a cuestiones comerciales. Sus alianzas internacionales, sus posiciones políticas y sus intervenciones en los asuntos internos de sus respectivos países alimentaron una disputa que pone a prueba la coordinación regional justo cuando el bloque busca ganar presencia en el mundo.

El Mercosur gana protagonismo ante los cambios del comercio mundial

El Mercosur está integrado por Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia. Durante años, el bloque tuvo una participación relativamente limitada en el comercio global, en parte por su estructura arancelaria y las dificultades para avanzar en acuerdos con otras economías.

De acuerdo con el Financial Times, las exportaciones del bloque representan alrededor del 20% de su producto bruto interno combinado. Además, las barreras comerciales y las diferencias entre sus integrantes restringieron su apertura hacia otros mercados.

El escenario comenzó a cambiar con las decisiones de Estados Unidos: la imposición de aranceles, las críticas de Washington a sus antiguos aliados y las dificultades para sostener las reglas multilaterales llevaron a distintos países a revisar sus vínculos económicos. En lugar de depender de un número reducido de socios, varios gobiernos comenzaron a buscar alternativas.

El primer ministro de Canadá, Mark Carney, utilizó el concepto de middle powers, o potencias intermedias, para describir a países que buscan coordinar posiciones frente a las principales potencias. En ese contexto, el Mercosur aparece como una alternativa para economías interesadas en diversificar sus proveedores, ampliar sus mercados y reducir su exposición a las disputas comerciales.

La inestabilidad geopolítica también modificó el interés por América del Sur. Las tensiones en Medio Oriente, agravadas por el conflicto entre Estados Unidos e Irán, reabrieron el debate sobre la seguridad energética y la necesidad de contar con proveedores ubicados fuera de las zonas de mayor riesgo.

Argentina tiene una posición particular en ese escenario. Las inversiones en Vaca Muerta y otros yacimientos permitieron aumentar la producción de petróleo y gas, hasta convertir al país en exportador neto de energía.

Ese cambio amplía las posibilidades de vender hidrocarburos al exterior y atraer inversiones vinculadas con el sector. Además, la ubicación geográfica argentina la mantiene alejada de algunos de los principales focos de tensión militar internacional. Para los países que buscan diversificar sus fuentes de abastecimiento, esa combinación puede abrir nuevas oportunidades de negocios.

Los acuerdos comerciales que busca cerrar el Mercosur

El creciente interés internacional por el bloque se refleja en las negociaciones que sus integrantes mantienen con distintos mercados. Después de años de conversaciones con avances limitados, la agenda comercial del Mercosur comenzó a incorporar nuevos interlocutores.

Uno de los principales avances fue el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea, cuyas negociaciones comenzaron hace aproximadamente 25 años. El entendimiento alcanzó la instancia de aprobación mencionada por el Financial Times, aunque su aplicación depende de los procedimientos institucionales correspondientes.

El acuerdo apunta a ampliar el intercambio entre ambos bloques y establecer condiciones para el comercio de bienes y servicios. Para Argentina, podría generar oportunidades para sectores que buscan colocar sus productos en Europa, aunque los resultados dependerán de las condiciones de acceso, los requisitos regulatorios y la capacidad de las empresas para competir en ese mercado.

Otro antecedente es el acuerdo de libre comercio con Singapur, firmado en 2023. A eso se suman las negociaciones con:

  • Japón y Canadá (negociaciones activas)
  • Vietnam (conversaciones comerciales)
  • India (conversaciones comerciales)
  • Emiratos Árabes Unidos (conversaciones comerciales)

La ampliación de esos vínculos permitiría diversificar los destinos de exportación y reducir la dependencia de determinados compradores. En el caso argentino, el interés incluye las ventas de productos agroindustriales, energía y bienes industriales. Contar con más mercados también puede ofrecer alternativas cuando un destino impone restricciones o atraviesa una caída de la demanda.

El Gobierno de Milei respalda la búsqueda de nuevos acuerdos, aunque sostiene que el Mercosur necesita modificar su funcionamiento para responder a las condiciones actuales del comercio internacional.

En junio, el canciller Pablo Quirno planteó que el bloque necesita una agenda externa más dinámica, pragmática y conectada con la economía global. Entre los cambios que propone Argentina figuran:

  • Una mayor integración logística
  • La armonización de regulaciones para facilitar las operaciones comerciales

La cuestión no es menor. Para que un acuerdo comercial se traduzca en mayores exportaciones, las empresas necesitan contar con procedimientos aduaneros previsibles, infraestructura de transporte y normas que no generen obstáculos innecesarios. Sin embargo, avanzar en esas modificaciones requiere consensos entre gobiernos que mantienen diferencias sobre el grado de apertura económica y la libertad de cada país para negociar por su cuenta.

El acuerdo con Estados Unidos abre diferencias dentro del bloque

Mientras impulsa negociaciones mediante el Mercosur, Argentina también busca avanzar con acuerdos propios. La relación con Estados Unidos ocupa un lugar central en esa estrategia, tanto por el tamaño de su mercado como por el acercamiento político entre Milei y Trump.

En febrero, el Gobierno argentino firmó un acuerdo bilateral de comercio e inversiones con la administración estadounidense. Según el Financial Times, el entendimiento contempla una reducción de aranceles argentinos para unos 200 productos de Estados Unidos, entre ellos automóviles y medicamentos.

A cambio, Washington acordó eliminar aranceles sobre determinados bienes argentinos y aumentar sus importaciones de carne vacuna procedente del país.

Para la Casa Rosada, el acuerdo representa una vía para mejorar las condiciones de acceso al mercado estadounidense y profundizar una relación que también incluye inversiones y cooperación política. Sin embargo, la negociación bilateral plantea interrogantes sobre su compatibilidad con las reglas del Mercosur.

El problema está en el funcionamiento de la unión aduanera. Si Argentina permite el ingreso de productos estadounidenses con aranceles más bajos, esos bienes podrían intentar circular hacia otros países del bloque, salvo que existan mecanismos para impedirlo o que se apliquen las restricciones correspondientes.

La situación puede generar diferencias con los demás integrantes. Una concesión comercial negociada por Buenos Aires podría tener consecuencias para las empresas de Brasil, Uruguay, Paraguay y Bolivia, que no necesariamente cuentan con las mismas condiciones de acceso a los productos importados.

En términos concretos, un producto que ingresa a Argentina con menores aranceles podría encontrar una vía de acceso a otros mercados del bloque. Esto obliga a considerar no solo los beneficios directos de un acuerdo bilateral, sino también sus efectos sobre el funcionamiento de la unión aduanera.

La discusión enfrenta dos prioridades. Por un lado, el Gobierno argentino quiere acelerar las negociaciones y conservar margen para cerrar acuerdos propios. Por otro, el Mercosur necesita reglas compartidas para evitar que las decisiones de un integrante alteren las condiciones comerciales de los demás.

En agosto, Quirno sostuvo que el bloque necesita más socios y advirtió que Argentina avanzaría bilateralmente si el Mercosur no se mueve al ritmo que considera necesario. La declaración dejó expuesta una diferencia de fondo sobre el futuro de la integración regional: cuánto margen debe tener cada país para negociar por separado y cuánto debe depender de las decisiones conjuntas.

La disputa entre Milei y Lula complica la relación bilateral

Las diferencias comerciales se desarrollan en paralelo con el enfrentamiento político entre Milei y Lula. Desde que asumió la Presidencia argentina, a fines de 2023, el mandatario libertario mantuvo una relación conflictiva con su par brasileño, referente de la izquierda latinoamericana.

La disputa se manifestó en distintos episodios diplomáticos. En 2024, Milei abandonó antes de tiempo una cumbre del Mercosur celebrada en Paraguay para viajar a Brasil y reunirse con Jair Bolsonaro, expresidente brasileño y principal adversario político de Lula.

El episodio mostró hasta qué punto las diferencias ideológicas podían interferir en la agenda regional. Mientras los países del bloque necesitan coordinar posiciones sobre comercio e integración, los gestos políticos de sus presidentes pueden sumar tensiones a una relación que también depende de intereses económicos compartidos.

En 2025, Lula visitó en Buenos Aires a Cristina Fernández de Kirchner, expresidenta argentina y opositora de Milei, que cumple prisión domiciliaria tras una condena por corrupción. Desde el entorno del Gobierno argentino, el encuentro fue interpretado como una intervención política en los asuntos internos del país.

Las diferencias se profundizaron en julio, cuando Milei viajó a Brasil para participar en el lanzamiento de la campaña presidencial de Flávio Bolsonaro, hijo de Jair Bolsonaro y rival de Lula en las elecciones previstas para ese año.

Durante su intervención, Milei no mencionó directamente al presidente brasileño, pero se refirió a la necesidad de enfrentar al ladrón y al condenado. Sus palabras fueron interpretadas como alusiones a Lula y a sus antecedentes judiciales, en un contexto en el que las condenas por corrupción que había recibido el mandatario brasileño fueron posteriormente anuladas.

La participación del presidente argentino en el acto político provocó una reacción diplomática. Brasil retiró a su embajador en Argentina y cuestionó que un jefe de Estado extranjero utilizara su territorio para ofender al presidente brasileño.

El Gobierno argentino no ofreció disculpas por las declaraciones de Milei, según el relato del Financial Times. De ese modo, la disputa sumó un nuevo capítulo y profundizó el distanciamiento entre ambos gobiernos.

El conflicto tiene una dimensión económica que excede las diferencias personales. Brasil es el principal socio comercial de Argentina y mantiene vínculos con sectores industriales y productivos que dependen del intercambio entre ambos países. La relación incluye automóviles, autopartes, productos químicos, bienes industriales y productos agropecuarios.

Una crisis diplomática no interrumpe automáticamente esas operaciones. Sin embargo, puede complicar las negociaciones, reducir los espacios de diálogo y dificultar la construcción de acuerdos en otras áreas.

Una disputa política que puede afectar la integración regional

Federico Merke, profesor asociado de Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés, sostiene que la política exterior de Milei combina las relaciones diplomáticas con las disputas culturales e ideológicas.

Según el análisis citado por el Financial Times, el presidente argentino muestra poco interés en coordinar posiciones con Brasil en organismos internacionales como las Naciones Unidas. Esa postura contrasta con las necesidades de cooperación que supone la participación de ambos países en el Mercosur.

Merke considera que, en el corto plazo, el enfrentamiento político no necesariamente afectará el comercio bilateral. Las relaciones económicas también responden a los intereses de las empresas, las cadenas productivas y los acuerdos existentes, que no cambian de manera automática ante una crisis diplomática.

El especialista señala, además, que Milei puede considerar que los beneficios políticos internos de la confrontación superan sus costos en la relación con Brasil. La retórica contra Lula y sus aliados puede reforzar el respaldo de los sectores del electorado argentino que comparten la orientación ideológica del Presidente.

Pero esa lógica política introduce incertidumbre en las negociaciones regionales. La coordinación entre Argentina y Brasil es necesaria para avanzar en acuerdos comerciales, definir posiciones comunes y sostener el funcionamiento institucional del bloque.

Mónica de Bolle, del Peterson Institute for International Economics, advirtió que el deterioro de la política interna del Mercosur pone en riesgo la continuidad del bloque. Su planteo apunta a una contradicción: mientras crece el interés internacional por Sudamérica, sus gobiernos enfrentan dificultades para mantener una agenda compartida.

El riesgo es que las diferencias internas demoren decisiones en un momento en que otros países buscan nuevos socios. Si el Mercosur no logra coordinar sus posiciones, sus integrantes podrían perder capacidad de negociación frente a economías de mayor tamaño y terminar compitiendo entre sí por condiciones comerciales.

El desafío de Argentina para aprovechar las oportunidades comerciales

Argentina enfrenta dos objetivos que pueden complementarse, aunque también pueden entrar en conflicto si no existe coordinación política. Por un lado, busca profundizar sus vínculos con Estados Unidos y negociar acuerdos que amplíen el acceso a mercados externos. Por otro, necesita sostener la relación con Brasil y participar en las negociaciones conjuntas del Mercosur.

La expansión de las exportaciones energéticas, impulsada por las inversiones en hidrocarburos, agrega otro componente a esa estrategia. El petróleo y el gas pueden ampliar la oferta exportable y generar divisas, mientras que los acuerdos comerciales podrían abrir oportunidades para otros sectores de la economía.

Sin embargo, contar con recursos para exportar no garantiza por sí solo un aumento sostenido de las ventas externas. La infraestructura de transporte, las condiciones de acceso a los mercados, los costos logísticos y la estabilidad de las reglas comerciales inciden en la capacidad de las empresas para concretar nuevos negocios.

En ese contexto, la relación con Brasil adquiere una dimensión que va más allá de las diferencias entre Milei y Lula. Ambos países comparten una estructura de intercambio que involucra a empresas, trabajadores y cadenas de producción de distintas regiones. Las decisiones que afectan esa relación pueden repercutir en sectores que necesitan previsibilidad para invertir y producir.

El futuro del Mercosur dependerá también de la capacidad de sus integrantes para acordar cómo negociar con otras economías. Si el bloque consigue avanzar en una agenda externa común, tendrá más herramientas para ampliar su presencia en los mercados internacionales. Si las diferencias políticas y comerciales se profundizan, los acuerdos individuales pueden abrir nuevos conflictos y debilitar la coordinación regional.

El análisis del Financial Times plantea así una tensión para la política exterior argentina: el país encuentra oportunidades para ampliar sus relaciones comerciales en un escenario internacional cambiante, pero la confrontación con Brasil y las diferencias sobre el funcionamiento del Mercosur pueden limitar su margen de acción. La posibilidad de transformar ese interés internacional en nuevas exportaciones e inversiones dependerá, en buena medida, de cómo el Gobierno administre esa doble estrategia.