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Puja por los dólares: mientras el Banco Central se endurece, los sojeros vuelven a las silobolsas

Puja por los dólares: mientras el Banco Central se endurece, los sojeros vuelven a las silobolsas

Puja por los dólares: mientras el Banco Central se endurece, los sojeros vuelven a las silobolsas
La liquidación del complejo agroexportador estuvo en abril un 30% debajo del registro de 2019. Y pone un ingrediente adicional a la presión devaluatoria
Por Claudio Zlotnik
04.05.2020 06.08hs Economía

La confirmación que durante este mes de mayo la pelea va a estar centrada en torno a las reservas del Banco Central y al precio del dólar (versión oficial y versiones alternativas) ocurrió en las últimas horas. Se trata de datos que son seguidos muy de cerca desde la Casa Rosada porque plantean un escenario de tensión con el sector agrícola, que viene a sumarse a la contienda que el equipo económico ya libra con empresas de ese mismo ámbito y también con las entidades financieras.

Al punto: durante el fin de semana largo, la cámara aceitera (CIARA) informó que, en abril, las liquidaciones del agro alcanzaron los u$s1.524 millones. Ese número se ubicó nada menos que 30% por debajo de las ventas del mismo mes del año pasado. Y fue el peor abril de los últimos 14 años (en aquel momento había sido de u$s1.408 millones).

El otro dato que sobresaltó a los funcionarios lo dio a conocer la Bolsa de Rosario. El reporte de la entidad menciona que, "en el mes de largada de la nueva campaña comercial de soja, la mercadería en manos de industriales y exportadores es la más alta de los últimos ocho años, con más de 20 millones de toneladas".

En el equipo económico creen que, más allá de los argumentos que dan los productores y las exportadoras, la imagen renovada de las silobolsas rebosantes sólo puede significar una cosa: que el sector agrícola está lanzado a una especulación, a la espera de que -más temprano que tarde- el Gobierno se vea forzado a devaluar.

Distintos informes económicos del sector le dieron pistas al Gobierno para seguir esas teorías "conspirativas". Uno de los funcionarios clave del equipo económico tenía en su casilla de mail el último reporte de Salvador Di Stefano, cuyo título no dejaba lugar a dudas sobre lo que puede venir: "No vender soja disponible, financiarse y vender a futuro", decía.

Desde los despachos oficiales entienden que existe una silenciosa declaración de guerra por parte de los chacareros y de las exportadoras, que se potenció con las últimas medidas tomadas por el Banco Central, en las cuales se prohibió el financiamiento desde los bancos hacia las cerealeras, una medida que desde el punto de vista del Gobierno tiende a limitar la especulación cambiaria.

Pero los dirigentes del campo y las cerealeras se despegan de las teorías conspirativas. Hacen hincapié en la caída en el precio de la soja, aproximadamente del 10% respecto de los valores de hace un año. Y en el retroceso de la cosecha de la oleaginosa, que se espera para esta campaña en torno de 49,5 millones de toneladas, contra los 55 millones de toneladas de un año atrás (una caída, también, del 10 por ciento).

También reflejan lo ocurrido en el río Paraná, que registró una bajante histórica, lo que impidió la carga y tránsito de los barcos. Por otra parte, el informe de la Bolsa de Rosario concluye que ese fenómeno, el peor en 50 años, representa un costo adicional de u$s244 millones para el complejo agroexportador.

La atención desde la Casa Rosada está puesta no sólo en el movimiento de las cerealeras. También se puso en foco a los productores, que -como sucedió en otras campañas en las que también hubo tensiones cambiarias- buscan financiarse en pesos para cubrir sus costos y retener la producción lo máximo posible.

Para reforzar sus argumentos "conspirativos", en el Gobierno mencionan que las liquidaciones de las cerealeras vienen ralentizadas desde marzo. Ese mes sumaron unos u$s1.000 millones, contra u$s1.438 millones del promedio histórico del quinquenio 2015-2019.

Hay un dato objetivo que motoriza todas las especulaciones. Hoy en día, los sojeros perciben por sus ventas al exterior un dólar de $45, por efecto de las retenciones a la exportación. Una paridad que prácticamente equivale a la tercera parte de la última cotización del "contado con liqui".

La menor liquidación de los exportadores en el mercado cambiario, en un contexto de mayor demanda de divisas, llevó al Banco Central a perder reservas en las últimas dos semanas.

Desde mediados de abril, el Banco Central -que venía siendo comprador neto de divisas en plena cuarentena- resignó varios puestos. Desde el 15 del mes pasado perdió unos u$s350 millones. Durante varios días, la mesa de operaciones de la autoridad monetaria vendió billetes verdes para defender el valor del peso.

El economista Amilcar Collante cree que el Banco Central tendrá que modificar su estrategia en el mercado cambiario. "No tiene sentido perder más reservas para defender este tipo de cambio. Tampoco lo es que el BCRA no acumule dólares cuando hay cepo, caída de la salida de divisas por el turismo y superávit comercial. Lo lógico, lo más sensato, es que haya una aceleración en la tendencia devaluatoria", analiza Collante, en diálogo con iProfesional.

Las últimas estimaciones de las consultoras más escuchadas en la City porteña -como MacroView, de Carlos Melconian; o Eco Go, de Marina Dal Poggetto- ubican a las reservas netas del Central bien por debajo de los u$s10.000 millones. Estiman, incluso, un piso de u$s8.000 millones.

"El Banco Central está obligado a ser comprador neto de divisas", supone Pablo Goldin, director de la consultora MacroView.

"El superávit comercial va a continuar en los próximos meses; la pregunta es cuál será el volumen que se lleve el BCRA. Y eso depende de la liquidación de los exportadores. Y de que se corte la filtración de divisas hacia el sector privado", agrega el economista.

El contexto luce traumático para Miguel Ángel Pesce, titular de la autoridad monetaria. La salida de capitales se exacerbó en medio de la pulseada del Gobierno con los acreedores sobre la deuda.

El peligro del default -algo que dan por hecho en los principales bancos de Wall Street- creció justo cuando la Casa Rosada no tiene otra alternativa que emitir pesos para buscarle un piso a la severa crisis por la cuarentena.

La consigna: resistir la devaluación

En el inicio de este mes hay algo que parece claro: que el Gobierno no quiere devaluar -por eso tomó las medidas de mayores restricciones cambiarias antes del fin de semana- aunque parece claro que el deslizamiento cambiario de las últimas semanas no alcanza para frenar la pérdida de reservas.

Durante abril, la suba del dólar oficial fue del 3,6% contra una inflación cercana al 2 por ciento. No se lo podría acusar de estar retrasando la paridad.

Sin embargo, se queda atrás de Brasil. El dólar en el país vecino subió 4,8% el mes pasado (a R$5,50), y acumula 37,2% en lo que va del año.

Evidentemente, esta comparación juega en contra de la aspiración de Alberto Fernández de mantener la estabilidad cambiaria, al menos así como está planteada.

Goldin define a este escenario como "ochentista". Un esquema, el de aquellos años, donde también existía un gran diferencial entre el dólar oficial y el "paralelo". A valores de hoy: $80 (oficial) y alrededor de $120, el "paralelo".

"No es sostenible que el BCRA siga vendiendo dólares. Este el problema central en este momento", refiere Goldin.

Las últimas restricciones en el mercado del dólar tendrán su bautismo de fuego en este mediodía del lunes. Aunque, más que estas limitaciones que pueden servir como calmantes de baja intensidad, lo que se requiere son cuestiones de base, estructurales, que permitan mejorar las expectativas aunque más no sea de corto y mediano plazo.

A su vez, la súper emisión de pesos en medio de la pandemia. La (justificada) decisión del Gobierno de salir a pagar parte de los salarios en las empresas más castigadas por el parate económico, y la ayuda extraordinaria a los sectores sociales más postergados supone la emisión de un volumen de pesos que no estaba en los planes de nadie.

Esta inyección de dinero, en un contexto de incertidumbre total por los efectos del Covid-19 y por el resultado de las negociaciones de la deuda, empeoran las expectativas sobre el desarrollo económico y financiero de la Argentina.

Por eso mismo, son mayoría quienes suponen que el arreglo de la deuda sería determinante para una mejora del escenario.

Alberto Fernández, ni más ni menos, tendrá la palabra final sobre esta compleja situación.

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