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¿Los argentinos, condenados a sufrir subas de precios?: cuándo y por qué la inflación se volvió crónica

¿Los argentinos, condenados a sufrir subas de precios?: cuándo y por qué la inflación se volvió crónica
El valor de la moneda y el aumento sostenido de precios han sido el gran dolor de cabeza para los gobiernos. Un recorrido por los vaivenes de este índice
Por Pilar Wolffelt
02.11.2020 14.30hs Economía

En pocos días se conocerá la inflación de octubre y se espera que sea cercana al 3%, mientras que la anual para 2020 rondará el 37%. Esta variable que el INDEC publica mensualmente desde enero de 1943 bajo el nombre de Índice de Precios al Consumidor (el ya famoso IPC) mide el aumento sostenido de precios de bienes y servicios durante un periodo de tiempo y es una palabra a la que los argentinos ya estamos acostumbrados.

Es parte de nuestra realidad cotidiana y controlarla es siempre uno de los desafíos principales de los gobiernos argentinos.

Muchos la definen como "el impuesto de los pobres". Y es que, tal como lo explica Mario Rapoport, economista doctorado en Historia en la Universidad de París, "la devaluación produce una fuerte baja en los ingresos de gran parte de la población y esto hace que se produzcan incrementos de precios de todo tipo" (frase que, sin dudas, hoy tiene mucha actualidad en la Argentina).

El huevo o la gallina: ¿qué la genera?

El especialista explica que hay muchas teorías sobre el origen de la inflación y, si bien una de las más fuertes es la que sostiene que la emisión es el gran problema, él señala que eso no es verdad.

"La inflación no es solamente una diferencia entre la oferta y demanda de dinero, sino un mecanismo que reparte desigualmente la mayor parte de ese sistema inflacionario", opina. Agrega que el dólar es una variable muy perjudicial para la Argentina porque la economía está muy dolarizada. Por eso, considera que es clave la intervención del Estado en la economía y la regulación de los mecanismos.

Lorenzo Sigaut Gravina, director de la consultora Ecolatina, apunta, en tanto, que las inflaciones suelen estar asociadas a un déficit fiscal alto que se tiene que financiar con emisión.

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Muchos definen la inflación como el impuesto de los pobres

Y, en una línea similar, Victoria Giarrizo, economista y directora del Centro de Economía Regional y Experimental (CEREX), agrega que, "cuando decimos que el problema de la inflación es la emisión monetaria, nos tenemos que preguntar por qué hay que emitir". Señala que la respuesta es porque tenemos un déficit fiscal enorme que hay que cubrir y explica que el mismo se debe a que los recursos no alcanzan para cubrir los gastos del Estado.

No obstante, añade que hay otros factores que hacen al incremento de la inflación y enumera como variables clave las elevadas tasas de financiamiento bancario y la dolarización de los insumos (que hace que, cuando sube el dólar, aumenten los precios).

¿Cuándo comenzó a existir?

Las teorías son diversas, pero lo cierto es que hemos tenido épocas de hiperinflación, de estanflación, de índices de tres dígitos y otras de dos. Hay quienes hablan de una hiper-hiper y otros añoran la Convertibilidad como una época en la que no existió. Tal es su nivel de presencia en nuestra historia que es difícil saber cuándo comenzó a existir.

"Se nos ha dicho que la inflación comienza en Argentina con la industrialización, en los años 1940, pero en realidad data de fines del siglo XIX, hasta que crea la Caja de Conversión (antecesora del BCRA), que permitió tranquilizar las aguas por un tiempo, pero en 1913 comenzaron nuevos procesos inflacionarios", cuenta Rapoport.

El investigador de la historia económica, política y social de la Argentina explica que, en esos años, Argentina tuvo una crisis de balanza de pagos, una situación repetida a lo largo de la historia nacional ya que está relacionada con una circunstancia propia de los países periféricos como es la restricción externa, que devino en un proceso inflacionario.

Según el experto, esa problemática es la razón principal de la inflación estructural de la Argentina. Asimismo, señala que la deuda está totalmente relacionada con la variable inflacionaria, dado que considera que el camino de dependencia externa va en contra del desarrollo. "La nuestra es la inflación de un país dependiente y endeudado, que nos ha llevado a crisis muy profundas", sostiene.

En tanto, Giarrizo ubica sus orígenes allí por 1946. Y es que se refiere al momento en el que comenzó a ser un tema consuetudinario. "Desde ahí, solo se logró unas baja transitoria en la época de la Convertibilidad, en la década de 1990, aunque duró poco ese efecto", afirma. Reconoce, sin embargo, que antes de los años 40 hubo algunos períodos inflacionarios ligados a conflictos bélicos externos o internos por la distribución de tierras.

Señala que un año clave fue 1826, cuando los secaderos de carne de Buenos Aires empezaron a exportar y eso hizo subir los precios para el consumo interno. Sin embargo, considera como un momento "bisagra" para lo que podríamos llamar la historia moderna de la inflación argentina el primer gobierno de Juan D. Perón (1946-1952), cuando se comenzaron a implementar ciertas políticas distributivas que implicaron una transferencia de recursos de los sectores más beneficiados a los menos.

"En ese momento, los productores empezaron a trasladar ese costo que implicaba la puja distributiva a los precios y eso generó inflación", describe la investigadora. Cuenta que, por esos años, el gobierno buscó combatir este comportamiento penalizando a quienes que subían los precios, pero no logró revertir la conducta y ese fue el inicio de un comportamiento habitual en nuestra sociedad.

Así lo confirma Lorenzo Sigaut Gravina, director de la consultora Ecolatina, cuando señala que, "si vemos una serie larga, en la década de 1950 hubo momentos de inflación rondando el 57% y después bajó". No obstante, el crecimiento de la inflación entre 1945 y 1955 fue del 26% promedio y el del PBI, de un 6%, lo que no refleja un promedio negativo.

Sobre esos años, Rapoport dice que, "los períodos en los que hubo una inflación moderada y un buen nivel de crecimiento fueron etapas positivas". Explica, así, que la existencia de un incremento de precios no tiene porqué ser nula, sino que puede ser de dos dígitos y ser acompañada, a la vez, por un desarrollo económico interesante.

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Con el retorno de la democracia, en 1983, el país entró en una aceleración de la inflación

Las décadas de 1950 y 1960

En 1955 hubo una inflación bajísima, del 4%. Rapoport señala que "fue una de las más bajas de la historia, por lo que no se puede decir que el golpe de estado de la Revolución Libertadora haya sido por ese motivo" tal como algunos señalan.

El gobierno de facto implementó sin éxito varias medidas para controlar la suba de precios y la estrategia más característica fue el congelamiento de precios y de salarios dispuesta por el tercer ministro de Economía de ese período, Roberto Krieger Vasena.

Arturo Frondizi ganó las siguientes elecciones y fue en su gestión, exactamente en 1959, cuando por primera vez la inflación superó los tres dígitos. Durante el primer año, la inflación va del 22% al 113% por la implementación de un programa de ajuste del Fondo Monetario Internacional (FMI) y llegó al 151% en su gobierno. Después volvió a bajar y, en la década de 1960, estuvo más tranquilo el ritmo, con algunos años rondando el 30%.

El sacudón de los 70

Los años de 1970 fueron otro momento clave en nuestra trayectoria inflacionaria, que tuvo su momento dramático a mediados de la década. Así lo describe Giarrizo al señalar que en esa década "se produjeron los déficits fiscales más altos de la Argentina y se cubrieron con emisión y deuda". Eso, asegura, hizo explotar la situación y marcó la antesala de la hiperinflación.

"En esa época se produjo un cambio radical, sobre todo a raíz del Rodrigazo (en 1975), cuando pasa del 40% al 330%. Es el primer shock duro y la gente se acuerda bien de ese momento", describe, por su parte, Sigaut Gravina.

El economista afirma que en ese momento había atraso cambiario y se devaluó el tipo de cambio, aumentaron las tarifas y los salarios. "Se ajustó todo junto y sin confianza, lo que significó destapar la caja de pandora", afirma el economista.

Luego vino la dictadura militar (1976-1982) y, según Rapoport, en esos años, la inflación se volvió aún más dramática. "Martínez de Oz endeudó el país de forma irracional y eso trajo la crisis de la deuda de 1982, lo que hizo que la inflación creciera exponencialmente y se convirtiera en hiperinflación durante el gobierno de Alfonsín", describe el historiador.

Entre 1975 y 1991 hubo alta inflación, siempre superior al 100%. "En 1976 teníamos una inflación de 400%; en 1989, llegó al 3.000% y, al 3.200% en 1990. Ese fenómeno estaba relacionado a la emisión y era un proceso que se daba hora a hora. Había muchos pesos y muy pocos dólares", sintetiza Giarrizo.

Los últimos 40 años: de la hiper al dólar paralelo

Con el retorno de la democracia, en 1983, el país entró en una aceleración de la inflación que se logró frenar de manera temporal con el Plan Austral. "En ese momento, se bajó a dos dígitos y, en 1986, fue del 90%, cuando en 1985 había sido de 385% y en 1984, 638%. No se pudo mantener a raya el déficit, se empezó a emitir más y se dieron las dos hiperinflaciones de 1989, con Alfonsín, y 1990, con Carlos Menem", detalla Sigaut Gravina.

La situación se hizo más complicada en la década de 1980 porque el problema de le deuda en Latinoamérica, hizo que los países de la región no pudieran acceder al crédito. Eso derivó en que no hubiera casi financiamiento ni ingreso de capitales.

El gobierno de Alberto Fernández llegó con un tipo de cambio oficial contenido
El gobierno de Alberto Fernández llegó con un tipo de cambio oficial contenido

"En esa época, cobrabas tu salario y tenías que ir urgente a hacer las compras para no perder poder adquisitivo. Y cuando hay problemas políticos, la cosa es peor aún porque genera desconfianza", señala el economista. Rapoport apunta que el Plan Austral

Con el uno a uno de la Ley de Convertibilidad aplicada por el gobierno de Carlos Menem durante la gestión económica de Domingo Cavallo, se buscó resolver ese tema. La inflación no bajó automáticamente, pero fue aflojando con los días.

"En la década de 1990, la gente pensaba que tenía 'argendólares', pero el problema fue que el gobierno mantenía esa situación endeudándose en el mercado externo y, cuando el mercado nos dejó de prestar porque las tasas eran muy elevadas, hubo que salir de la convertibilidad", observa Giarrizo. Rapoport, por su parte, apunta que "la Convertibilidad fue un cepo cambiario encubierto porque que mantuvo el tipo de cambio fijo mientras el resto de las variables estaban libres".

La realidad es que la destrucción de la industria fue una de las principales causas negativas de esos años. La economista apunta que, si en esa época se hubiera logrado eliminar la corrupción y se hubiera generado un sistema productivo que alentara la producción, a pesar del tipo de cambio bajo, se hubiera logrado ser más competitivos.

Para el director de Ecolatina, el problema de la Convertibilidad fue el endeudamiento argentino en moneda dura y la falta de capacidad para generar dólares genuinos. Así fue como la Convertibilidad, finalmente, explotó en 2001.

"Con Fernando De la Rúa, se dio una etapa de deflación en un momento de caída de la economía", recuerda Rapoport. Ese proceso derivó en el conocido "corralito" y la crisis de 2001. En 2002, se registró un rebrote de inflación, pero se controló y, entre los años 2003 y 2006, se dieron índices de inflación de un dígito anual.

"A partir de 2007 llegamos a un nivel crónico anual y, en el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner, se colocó cerca del 30%", describe Sigaut Gravina. De esos años data la implementación del llamado cepo cambiario para controlar el índice inflacionario. Ese mecanismo que comenzó a implementarse en la Argentina allá, por la década de 1930, se retomó tras la reelección de la presidenta en 2011. En la época de Mauricio Macri, se intentó quitar sin éxito y tuvimos picos de más de 50% de inflación.

"En el gobierno anterior, se golpeó fuertemente a la industria y se puso todo el esfuerzo para que siguiéramos siendo un país agroexportador, pero ese fue un gran error porque hay que producir bienes con valor agregado para generar trabajo. Jugar nada más con el sector agropecuario y financiero es un gran problema porque no genera desarrollo genuino", opina Rapoport sobre la gestión macrista.

Durante varios meses, el entonces presidente del BCRA, Federico Sturzenegger anunció objetivos inflacionarios de entre el 12% y el 7% que nunca se lograron cumplir. La imposibilidad de lograr ese objetivo le costó la gestión. Luego, el gobierno se vio obligado a recurrir nuevamente al cepo cambiario que había intentado levantar si éxito. Claramente, habían subestimado las verdaderas raíces de la inflación. Una visión monetarista no era la solución.

El gobierno de Alberto Fernández llegó con un tipo de cambio oficial contenido que ayuda, junto a la menor actividad económica ocasionada desde marzo de 2020, a controlar los precios, pero cada vez tiene mayor demanda el tipo de cambio paralelo y esto se ve más agravado aún por el elevado nivel de emisión monetaria actual.

"Hoy el escenario es muy complicado. Se está negociando la deuda con el FMI y se necesita que la economía se recupere", describe Rapoport sobre el momento actual. Para él, "el problema principal de la Argentina hoy en día es que se escapa la riqueza" y opina que se debería dividir el mercado interno del internacional, que las pequeñas empresas trabajen para el mercado local con meno insumos importados y más tecnología propia.

Giarrizo, en tanto, explica que el gobierno no devalúa porque se va a precios y, si bien esto es cierto, plantea que –ante esta situación- el gobierno tiene que mirar al interior de su economía y resolver cómo puede ser competitivo con ese tipo de cambio. "Ya sabemos que con la estabilidad sola no alcanza. Tenemos que encontrar un equilibrio que entre gasto público y generación de riqueza", afirma la investigadora.

Estamos en una economía con poca confianza en la moneda propia. Argentina vive en un sistema bimonetario con una economía parcialmente dolarizada. "Hay falta de confianza y todo se va construyendo sobre experiencias traumáticas. Todo esto lleva a mucha inflación y precios disruptivos", diagnostica Sigaut Gravina. El problema, para él, es una política económica no consistente.

Por eso, nuestro país enfrenta hoy uno de sus desafíos más grandes, generar confianza en el peso, tener un plan económico consistente y generar consenso para delinear un rumbo a largo plazo que permita domar a la famosa inflación como objetivo a corto y mediano plazo, pero trazar un camino de crecimiento económico y generación de valor, como un rumbo de visión larga.

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