El Gobierno, obsesionado con que no explote el dólar antes de las elecciones: ¿alcanzan las divisas?

El Gobierno, obsesionado con que no explote el dólar antes de las elecciones: ¿alcanzan las divisas?
La soja ya dio lo mejor que podía rendir y ahora bajará su aporte, mientras sube la importación de combustible. Expertos advierten: los dólares no alcanzan
Por Fernando Gutiérrez
28.06.2021 20.16hs Economía

Los tiempos se adelantaron: esa es la conclusión que está haciendo el mercado respecto de la súbita alza de las cotizaciones de los dólares paralelos. Porque si bien había consenso en que, como en todo año electoral, iba a producirse esa tensión cambiaria, se la esperaba más encima de la fecha electoral y no ahora, cuando todavía el país sigue disfrutando la última tanda de la liquidación de sojadólares.

El deporte nacional a esta hora es pronosticar si se trata de un efecto temporario que el Gobierno estará en condiciones de contener gracias a la aparición de "manos amigas" que traigan oferta de dólares líquidos al mercado informal o si, por el contrario, ya se entró en una fase de aceleración de las distorsiones.

Y entre los que ponen la lupa sobre los problemas más de fondo, no se habla tanto sobre el descenso del país a la categoría "stand alone" ni si el cobro del aguinaldo generó un súbito deseo de atesorar dólares. Más bien, la preocupación está puesta en los factores que en los próximos meses harán que salgan dólares y en los que facilitarán su entrada. Y ahí es donde llegan las advertencias sobre temas que pasaron a un segundo plano de la discusión, pero que tendrán la mayor incidencia.

Por ejemplo, la balanza de comercio exterior, donde a primera vista está el mayo "oxígeno" para el Gobierno, dado el superávit de u$s5.624 millones logrado entre enero y mayo. Es una cifra alta en términos históricos, aunque u$s1.200 millones inferior a la que se registraba hace un año.

Pero, sobre todo, la preocupación estriba en la dificultad para sostener un saldo mensual de u$s1.600 millones. Más bien al contrario, todos los datos apuntan a que las fuerzas de la economía jugarán para que la disponibilidad de divisas sea menor en el segundo semestre.

Uno de los riesgos es que, como argumentan varios economistas, la percepción de retraso cambiario funcione como incentivo extra para las importaciones.

"Con inflación del 50 % los incentivos a la dolarización se acentúan, y esto se ve en la dinámica de las importaciones, con una sensibilidad a la variación del PIB mucho mayor que la de épocas normales", advierte Jorge Vasconcelos, director del Ieral, de la Fundación Mediterránea.

Y marca un dato clave: en una economía cuyo tamaño será 4% que del pre-pandémico 2019, el nivel de importaciones será un 20% más alto. Así, la relación entre importaciones y PBI alcanzará un nivel de 14%, el más alto de los últimos diez años.

Es cierto que en comparación internacional puede parecer un orcentaje menor. De hecho, expertos en el tema, como Marcelo Elizondo, ex presidente de la fundación Exportar, suelen destacar que Argentina está entre los países con menores importaciones respecto de su PBI. "El promedio mundial es 30% y el de la región un 23%", afirmó Elizondo en una videoconferencia.

Pero en Argentina hay otra lógica, como dejó en claro Cecilia Todesca, quien acaba de ratificar que el cepo en su versión más estricta está justificado y tiene larga vida.

Un límite al manejo de las importaciones

En definitiva, la advertencia de los economistas es que, a mayor inflación y distorsión de precios, más dólares se irán por la vía de la importación y pondrán en riesgo el objetivo oficial de lograr un superávit robusto, de no menos de u$s15.000 millones.

La meta implicaría mejorar la marca del 2020, de u$s12.528 millones, una cifra que se explica básicamente por el desplome de casi 10% en el PBI pero que se hace difícil de mejorar en un año de recuperación.

Según un viejo consenso del mercado, por cada punto de suba del PBI se necesita que suban tres puntos las importaciones. Dado que Martín Guzmán espera una reactivación del orden del 7%, esto implicaría una suba aproximada de u$s8.500 millones, difícil de financiar, sobre todo cuando el Banco Central tiene como objetivo fundamental fortalecerse para enfrentar eventuales corridas contra el peso.

La cuenta por importación de combustibles está subiendo aceleradamente y complica el plan original del gobierno
La cuenta por importación de combustibles está subiendo aceleradamente y complica el plan original del gobierno

Es por eso que hay una expectativa de que el Gobierno incremente sus instrumentos de traba discrecional, como empezó a hacer desde comienzos de año al cerrarle el acceso a dólares a supuestos "productos suntuarios".

Pero aun así, esa represión se torna difícil. Ocurre que uno de los principales aumentos de las compras al exterior viene por el lado de los combustibles, un rubro de difícil manejo sin que se provoque un shock en la economía real.

Hablando en números, las empresas del sector energético prevén importaciones de unos u$s3.550 millones, si se suman el gas natural que ingresa desde Bolivia, el fuel oil, el gasoil y el LNG. Implica un incremento de más del 50% respecto de las compras de combustibles realizadas el año pasado.

Es una expectativa pesimista, si se tiene en cuenta que la dirección de YPF acaba de anunciar que, gracias a las inversiones realizadas en el marco del "Plan Gas", se incrementará la producción más de un 20%.

Pero claro, del otro lado también está el congelamiento tarifario y los nuevos regímenes de subsidios especiales, como en de las zonas frías del país. Esto hace que la meta original de Martín Guzmán, de topear los subsidios energéticos en 1,7% del PBI haya quedado desdibujada.

Los economistas están recalculando al alza el costo de los subsidios, y algunos, como el Estudio Broda, ya estiman en $1,5 billón, un 50% encima de lo presupuestado, y cuyo peso fiscal se acercará a un 3% del PBI. Pronósticos inquietantes, si se toma en cuenta que en 2015, hacia el final de la gestión kirchnerista, el costo del subsidio energético había llegado a una marca de 4% del PBI.

Lo mejor ya pasó

En la vereda de enfrente, la de la entrada de dólares, tampoco hay buenas noticias. Algunos de los problemas son causados directamente por el Gobierno, como la revisión a la baja en el ingreso de divisas por exportación de carne. Cuando comenzaron las restricciones a la exportación, los expertos advertían que se podrían perder u$s500 millones, pero hoy, luego de confirmarse la continuidad de las trabas, los más pesimistas ya ubican el costo potencial en hasta u$s1.500 millones.

Los expertos prevén que por una baja de precios y el efecto estacional, los dólares del agro irán en declive
Los expertos prevén que por una baja de precios y el efecto estacional, los dólares del agro irán en declive hasta fin de año

Y luego está el tema de la soja, uno de los factores que hasta ahora han "salvado" la economía, tanto por su aporte de divisas a las reservas del Banco Central como por su pago de retenciones a la AFIP. Sin embargo, también en este rubro hay advertencias, sobre todo la que señala que el precio de más de u$s600 fue una excepción y no la norma.

De hecho, los últimos datos marcan que la soja cayó a un nivel de u$s490 la tonelada mientras que el maíz, que había tocado la cotización de u$s300 millones, está ahora en u$s250 millones.

Claro que siguen siendo buenos precios, pero todo indica que lo mejor que el campo tenía para ofrecer a la economía ya está pasando. Los expertos del sector afirman que la liquidación fuerte continuará por dos meses, pero que en el último cuatrimestre habrá una marcada disminución.

Esto ocurrirá por la conjunción de varios factores. El primero es estacional: los productores liquidan la mayor parte de la cosecha entre abril y julio, y luego van "regulando" a medida que necesitan saldar obligaciones. El segundo motivo es político: en años electorales, se exacerba ese conservadurismo, sobre todo por la expectativa de tomas de medidas inmediatamente después de los comicios. Y el tercero es de índole cambiario: cuanto mayor sea el "ruido" en el mercado -como está ocurriendo ahora por la suba del paralelo- menor será el incentivo para sacar los porotos de los silobolsas.

Puesto en números, los consultores del sector, como Pablo Andreani, creen que a partir de septiembre, la liquidación del sector agroexportador será apenas la tercera parte de lo ingresado el año pasado, cuando hubo ventas por u$s6.900 millones.

Menos dólares, más pesos, luces amarillas

En este marco, empiezan a abundar las advertencias sobre no dejarse llevar por la euforia de una balanza comercial que hasta ahora luce favorable. Porque, además, de las dificultades para sostener ese superávit, las otras balanzas -es decir, las de intercambios de servicios- están llenas de luces amarillas.

Por ejemplo, el rubro de turismo, que en años normales es un flujo de salida de capitales -en el orden de u$s8.000 millones- hoy está artificialmente contenido por las medidas restrictivas para los viajes internacionales. Pero aun así alcanza la cifra de u$s2.000 millones, y se trata de un rubro potencialmente explosivo si -campaña vacunatoria mediante- el sector de clase media-alta que está con "síndrome de abstinencia" encuentra una oportunidad de volver a viajar antes de fin de año.

Y en cuanto a la cuenta financiera del sector público, es donde se concentran los nervios del mercado, porque se empieza a presumir que el superávit comercial no alcanzará para financiar la larga lista de obligaciones a pagar.

Aun suponiendo que la "ayuda" del FMI por u$s4.300 millones sea utilizada para cancelar deuda y no para incrementar el gasto, todavía resta por saldar unos u$s16.000 millones, sumando los vencimientos en pesos y los nominados en dólares.

El Gobierno apuesta a que el mercado doméstico lo ayude a financiar la abultada parte de pesos sin tener que pagar una excesiva tasa de interés. De todas formas, a esto se debe sumar el pago de intereses por las Leliq, el llamado déficit cuasifiscal, que creció hasta ubicarse en un 3% del PBI.

Y está, además, el ineludible pago de u$s4.500 millones por vencimientos de capital e intereses con el FMI, a lo que debe sumarse los u$s430 comprometidos al Club de París. Los economistas ya están sacando cuentas sobre cuánto habrá que sacrificar de las reservas del BCRA.

En definitiva, lo que el mercado está percibiendo es que el Gobierno tendrá dificultades para obtener los dólares que necesita: sin un superávit promedio de u$s1.500 por mes, las turbulencias serán cada vez más notorias. "Vamos a un comercio administrado", señala el consultor Salvador Di Stefano.

Y la cosa se complica porque, al tiempo que el ingreso de dólares va menguando, el gasto público va en franco crecimiento. Los economistas cercanos al Gobierno han advertido que un programa que se proponga impulsar la economía mediante una expansión del gasto deberá, al mismo tiempo, generar dólares para evitar inestabilidad.

El influyente Emmanuel Álvarez Agis lo expresó así en un debate interno del kirchnerismo: "Gastar 1% del PIB en los cuatro meses que faltan para las elecciones, con un Banco Central que cuenta actualmente con 7.000 millones de dólares de reservas, no luce, por decir lo menos, prudente, aún si se tiene por objetivo ganar los comicios".

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