DÓLARES ESCASOS

El verano de Massa se complica más de lo previsto: ¿es inevitable un "dólar soja 3"?

En el campo ya se habla de catástrofe climática y crecen las dudas sobre si los dólares del BCRA alcanzarán hasta el inicio de la cosecha gruesa en abril
ECONOMÍA - 18 de Diciembre, 2022

Ya lo había advertido el "ministeriable" Emmanuel Álvarez Agis: "El dólar soja es como darle una tablet a un nene, una vez que se lo das después te la va a pedir todo el tiempo". Otros de sus colegas recurrieron a metáforas menos simpáticas y comparaban al dólar soja con la adicción a una droga que, cuando se la abandona, genera un síndrome de abstinencia.

Lo cierto es que cada día que pasa se va consolidando en el mercado la percepción de que la segunda edición del régimen preferencial para los sojeros no será la última. Más bien al contrario, un dólar soja 3 podría producirse antes de lo esperado, si la escasez de divisas se hace aguda en el verano, como muchos temen.

Para el ministro Sergio Massa, este régimen de incentivo exportador -al que desde todos los ámbitos perciben como una "devaluación sectorizada" y criticaron por sus efectos distorsivos sobre la economía- está rindiendo frutos.

Desde que comenzó su aplicación, se han liquidado cada día u$s143 millones por exportación de soja. De continuar ese ritmo se podría hasta superar el objetivo original de terminar diciembre con ventas por u$s3.000 millones.

La irregularidad de los montos liquidados generó algunas dudas respecto de qué tan atractivo resultaría el régimen para los productores. Sin embargo, el hecho de que en los últimos días haya subido la demanda por parte de las empresas molineras empujó el precio del mercado interno hasta $100.000 la tonelada, cuando hasta hace algunas semanas se ubicaba en $65.000.

De esa forma, las exportaciones tomaron un nuevo impulso y se están disipando los temores iniciales sobre que el objetivo de Massa podría no ser alcanzado. Por lo pronto, el Banco Central ya lleva comprados más de u$s1.000 millones, con lo cual ha logrado reforzar las reservas.

Es el dato clave, dado que los propios economistas venían advirtiendo que, al ritmo de "fuga" que el BCRA venía sufriendo, se corría el riesgo de que ya en febrero se agotaran las reservas netas, lo cual llevaría al escenario de una devaluación inexorable.

Gracias al impulso exportador del nuevo incentivo a los sojeros, el Banco Central pudo recomponer su posición en más de u$s1.000 millones

¿Alcanza para llegar a abril?

El gran interrogante es si, aun cuando logre la inyección de u$s3.000 millones gracias a la exportación de diciembre, la situación pueda llegar a deteriorarse más rápido de lo previsto, y las divisas no alcancen para hacer un "puente" hasta abril, cuando comience la liquidación de la cosecha gruesa.

El cronograma de pagos por vencimientos financieros en dólares implica una salida de u$s1.130 millones. Y, a pesar de la vigencia del "dólar Qatar", no puede descartarse que se revierta la caída en la demanda de divisas para turismo, y se vuelva a un nivel de u$s700 millones mensuales.

Por otra parte, la restricción de las importaciones está dando señales problemáticas, con plantas industriales paralizadas. Un informe de la Fundación Mediterránea señala que, en lo que va del año, se ha incrementado el uso del crédito comercial externo por importaciones impagas por una cifra de u$s7.860 millones. "No es esperable que este pasivo se siga incrementado a ese ritmo", advierte. 

Y, como complemento de esa creciente exigencia en la demanda de dólares, se producirá una caída en el aporte del campo. Todo un contraste con lo ocurrido en los dos últimos veranos. El primer trimestre de 2022 tuvo un récord de exportación agrícola de u$s7.650 millones, una cifra que superó en 22% el ya de por sí excelente registro del verano anterior.

Pero es difícil sacar la lotería tres veces seguidas: en los últimos dos veranos hubo factores extraordinarios -sobre todo, el conflicto bélico en Ucrania- que empujaron los precios al alza, y al mismo tiempo se produjeron condiciones para muy buenas campañas, como la de trigo del último año.

Ahora, súbitamente todos esos factores positivos parecen darse vuelta. No solamente hay malas previsiones en cuanto a precios sino que, para colmo, el factor sequía ya obliga a restar u$s10.000 millones de las previsiones originales. Para 2023, en el escenario más pesimista, la exportación agrícola apenas aportaría u$s32.600 millones, cuando la campaña previa había dejado u$s43.000 millones.

Las entidades rurales ya califican como "catástrofe" a la sequía, y se recalculó a la baja la exportación en u$s10.000 millones

La sequía agrava el panorama

Naturalmente, la urgencia resulta exacerbada por la sequía, a la que las gremiales agrícolas ya califican como "desastre". Un trabajo de CREA (Consorcio Regional de Experimentación Agrícola) puso en números lo que todos los productores sospechaban: el desplome en la producción de trigo -típico cultivo que con estacionalidad exportadora en el verano- será de 37%, lo que provocará una merma de u$s3.300 millones en el ingreso previsto originalmente.

Y, para colmo, la superficie sembrada de soja apenas alcanza al 37,1% de la tierra cultivable, mientras que hace un año el registro llegaba al 61,4%. Los números del maíz también son malos: una siembra de 32,7% contra un 46,7% del año pasado.

"El Gobierno tendría incentivos para implementar un dólar soja 3 durante 2023, incluso si los stocks remanentes de campañas pasadas son bajos", observó CREA.

¿De cuánto es ese stock? El Gobierno estimó que en noviembre, antes de ponerse en marcha la segunda edición del dólar soja, había 12 millones de toneladas guardadas en los silobolsas. Sin embargo, el presidente de la Cámara de la Industria Aceitera y del Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC), Gustavo Idígoras, afirma que el dato que se maneja en el mercado es considerablemente más bajo, en torno de 9 millones de toneladas.

Sea cual sea la cifra que quede al término del actual régimen de incentivo, lo que se percibe en el campo es que una tercera versión del dólar soja al inicio del año próximo sería una situación que beneficiaría tanto al Gobierno como a los productores.

"Con una reapertura del programa puede incentivar la rápida comercialización de la cosecha 22/23, poniendo menos presión sobre la necesidad de restringir las importaciones para mantener equilibrado el mercado cambiario oficial sin corregir el tipo de cambio", argumenta el informe de CREA.

La decisión de Sergio Massa fue criticada desde el kirchnerismo, que interpreta una "claudicación" frente al lobby de los exportadores sojeros

Sojeros y el efecto acostumbramiento

Pero, más allá del factor climático y de las urgencias de caja del Banco Central, hay otro factor que está empujando la tercera versión del dólar soja para el próximo verano. Es ese mismo efecto de acostumbramiento que había advertido Álvarez Agis. Como ya quedó evidenciado con la primera experiencia de septiembre, el "día después" del régimen promocional se produce un desplome exportador.

Y si, además, se agrega el antecedente de que la respuesta del Gobierno ante la caída en las exportaciones fue la repetición de un tipo de cambio preferencial, será difícil convencer a los productores de que durante el verano continúen vendiendo el contenido de sus silobolsas. Los expertos del negocio agrícola dan por descontado que, salvo aquellos que tenga una necesidad urgente de liquidez para financiar los costos de la nueva campaña, la mayoría de los productores pasarán a una actitud defensiva, a la espera de nuevas medidas oficiales.

Se trata de una conducta que no requiere demasiado análisis: sin el régimen promocional del dólar soja, los productores solamente lograban embolsar un 35% del precio internacional, mientras que al reconocerse un tipo de cambio preferencial de $230 por dólar, ese ratio subió a un 49%.

Lo curioso es que los supuestos beneficiarios estuvieron entre los más duros críticos del dólar soja. Agremiaciones que forman parte de la Mesa de Enlace fueron explícitas respecto de que consideran que se trata de una medida distorsiva y que preferirían un tipo de cambio unificado o una reducción de las retenciones.

Además, hubo protestas en el sentido de que Massa logra con esta medida un beneficio para los grandes grupos del negocio agrícola, que son los que tienen espaldas financieras como para mantener un stock importante guardado en los silobolsas, a diferencia de los pequeños productores, que se vieron obligados a liquidar al dólar oficial.

Fue elocuente en ese punto Carlos Achetoni, el presidente de la Federación Agraria, quien destacó que el nuevo esquema perjudica a los productores que arriendan campos ajenos, porque sus alquileres son ajustados por el nuevo precio de la soja. Este punto es muy relevante, porque según algunas estimaciones casi un 70% de la siembra se realiza en campos de terceros.

Achetoni también recordó que el dólar soja "impacta sobre el precio de los insumos de la actividad avícola, la ganadería vacuna y porcina y la lechería".

Los economistas advierten sobre el efecto de expansión monetaria que se producirá como consecuencia de la nueva versión del "dólar soja"

En la misma línea, el consultor Salvador Di Stefano, definió al dólar soja como "un Hood Robin, porque le saca a la producción para darle beneficio a la exportación y a los dueños de la tierra que son rentistas".

Los economistas también advirtieron sobre el impacto monetario de la medida, por el ya conocido efecto negativo que supone comprarles dólares caros a los exportadores sojeros y revendérselos baratos a los importadores. Para Jorge Vasconcelos, de la Fundación Mediterránea, hay chances de que esta nueva versión del dólar soja termine inyectando $510.000 millones, una cifra equivalente al 11,5% de la base monetaria.

Resistencia política del kirchnerismo

Lo cierto es que Massa, a pesar de las críticas políticas, mostró un pragmatismo a prueba de balas. "La tarea de recomponer reservas nos obligó a tomar decisiones, algunas que pueden resultar incómodas o dolorosas pero que tienen como objetivo garantizar el funcionamiento de nuestro ente rector de moneda", justificaba el ministro ante un auditorio de dirigentes de empresas, el día previo al anuncio de la medida.

El ministro también sabe que, además del refuerzo en el plano cambiario, el dólar soja supone un impulso en la recaudación tributaria. Quedó demostrado en septiembre, cuando la recaudación tributaria aumentó un 23% respecto del mes anterior, y el rubro de retenciones supuso el 20% de la recaudación total.

Pero claro, aquella experiencia también demostró que el efecto se esfumaba de inmediato: al mes siguiente, el aporte de las retenciones a la recaudación impositiva se desplomó un 75%.

Esta suma de factores hace que en la propia interna del Gobierno se produzcan cortocircuitos. Para el kirchnerismo, el dólar soja fue una claudicación ya en su versión original de septiembre. Con lo cual, ir a una tercera experiencia ya tensaría la situación con Massa.

En los últimos días hubo recriminaciones como la del líder sindical Pablo Moyano, quien comparó la demora en la aprobación del bono salarial con la premura para dar un tipo de cambio a los sojeros: "Te da un poco de bronca, porque donde el campo amenaza no voy a exportar, sale corriendo y le da el dólar soja".

No será una decisión fácil desde el punto de vista político. Pero la perspectiva financiera del verano es mala, y Massa ha demostrado pragmatismo. En definitiva, el dólar soja 3 ya está en carpeta.

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