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Cae el riesgo país y Caputo saca la calculadora: qué cuentas hace para volver a los mercados

La última emisión de un bono fue del propio Caputo en 2018 a una tasa de 6,9% a 30 años. Ahora no le prestan a menos de 9%, pero hay expectativas de baja
Por Fernando Gutiérrez
ECONOMÍA - 28 de Enero, 2026

Entre los seguidores del gobierno, el nuevo motivo de festejo es la caída en el índice de riesgo país, que finalmente perforó el piso de 500 puntos, algo que no ocurría desde junio de 2018. En concreto, este miércoles el índice que mide JP Morgan se ubicó en 484 puntos.

El entusiasmo se explica porque, supuestamente, con ese "spread" se volverá a tener acceso al crédito internacional a tasas de interés relativamente bajas. Sin embargo, entre los analistas del mercado ese ansiado regreso todavía no se ve como una posibilidad cercana.

Más extraño aun es que haya tanta expectativa puesta en ese dato, después que el propio ministro de Economía, Toto Caputo, haya dicho que su intención era disminuir la dependencia de Wall Street y concentrarse más en el financiamiento doméstico. Aquel comentario fue objeto de no pocos comentarios irónicos, que apuntaron a que el ministro estaba tratando de hacer del defecto virtud, dado que la escasa profundidad del mercado local es insuficiente para las necesidades financieras del Tesoro.

Lo cierto es que si Caputo quisiera tomar dólares del mercado global con la emisión de un bono, no conseguiría financiarse a menos de 9%, que es el resultado que surge de agregarle el riesgo argentino actual a la tasa de referencia internacional SOFR -en torno de 3,57%.

De hecho, esa es la tasa que convalidó en la emisión de su bono en dólares de diciembre, destinada a los inversores del mercado argentino, y por el cual obtuvo u$s1.000 millones.

Es una tasa que contrasta con la que las empresas privadas argentinas están obteniendo en sus emisiones de Obligaciones Negociables. Un informe de Romano Group indica que desde noviembre hasta mediados de enero, se había emitido Obligaciones Negociables por u$s6.900 millones. Luego de esa fecha, se concretó la colocación de un título a ocho años por u$s550 millones por parte de YPF, que obtuvo crédito a una tasa de 8,1%. Los gerentes financieros de las grandes empresas argentinas tomaron nota de que las ofertas recibidas por la petrolera casi triplicaron el monto a emitir.

Dependiendo de los montos emitidos y los tiempos de vencimiento, las tasas a las que estas empresas tomaron crédito van desde 7,6% hasta un 8,5%.

Pero la abundancia verde no termina allí, porque también está el aporte del endeudamiento de las provincias, por más de u$s1.400 millones. Incluso esas emisiones sub nacionales lograron menor costo que Caputo: la Ciudad de Buenos Aires pagó 8,12% a siete años y la provincia de Santa Fe un 8,37% por un bono a 10 años.

El país, con peor riesgo que los privados

La conclusión es clara: Argentina, como país, debe pagar por su deuda soberana una tasa más alta que las empresas radicadas en territorio argentino y también más que los gobiernos provinciales.

Y esto ocurre aun cuando se cumplieron varias condiciones que el gobierno se había fijado como objetivo para volver al mercado de crédito: primero, la obtención de un superávit fiscal sostenible, segundo un acuerdo con "dólares frescos" con el FMI, tercero una señal sobre el desarme del cepo cambiario y, finalmente, una victoria en la elección legislativa de octubre pasado.

El propio Caputo había hecho una autocrítica en ese sentido, al afirmar que había proyectado que para octubre pasado el riesgo país se encontraría en torno de 400 puntos, pero en cambio se disparó por encima de 1.000 puntos. En aquel momento, el ministro atribuyó enteramente ese castigo del mercado al "riesgo kuka", tras la saga de derrotas parlamentarias que había sufrido el gobierno, y que ponían en duda el equilibrio fiscal.

Por ese motivo fue que Caputo suspendió su programa, consistente en emitir u$s8.000 millones en bonos mensuales de u$s1.000, que se pagarían en pesos pero se suscribirían con dólares. Estaba pensado, principalmente, para fondos de inversión globales.

Tras la primera emisión, Javier Milei celebró con la eufórica frase: "Y un día volvimos", acompañado del inevitable VLLC.

El argumento oficial era que ese bono era un punto de inflexión en la economía argentina, porque marcaba el regreso al mercado de crédito. Y, además, el hecho de que los inversores de Wall Street hubieran aceptado títulos pagaderos en pesos suponía un mensaje de confianza sobre la estabilidad -dado que si hubiera devaluación, perderían capital-.

Pero fue un festejo breve. Caputo se encontró con que la tasa que le pedían los inversores -un 29% en pesos- era demasiado elevada y llevaba implícita una expectativa de devaluación. Después de la segunda emisión, en junio del año pasado, y con un riesgo país ya en 700 puntos, el ministro decidió suspender el esquema, con lo que resignaba u$s6.500 millones de su plan original.

¿Es la hora de endeudarse?

Y entonces, ahora que el mercado cambiario está más calmo y que el gobierno está cumpliendo con el clamor generalizado por acumular reservas en el Banco Central, vuelve al mercado la pregunta: ¿están las condiciones para volver a pedir crédito?

Caputo testeó la temperatura con su reciente obtención de un préstamo en modalidad "repo", por u$s3.000 millones a un año, por el cual tuvo que pagar un adicional de 400 puntos sobre la tasa de referencia. Eso da un total de 7,4% en tasa anualizada.

Es una buena tasa si se la compara con la que Caputo había obtenido hace un año, cuando pagó 8,8% por otro "repo". Pero debe tenerse en cuenta que las condiciones para un préstamo de ese tipo no son iguales que para la emisión de un bono. El "repo" es un préstamo, en el cual el financista toma activos en garantía, tal como ocurre con los préstamos prendarios para individuos. Eso es lo que posibilita la tasa menor que la del bono, donde el inversor asume el riesgo de las oscilaciones del valor en el mercado secundario.

Lo que quiere Caputo es emitir un bono y que se lo compren los fondos globales. No ocurre eso desde enero de 2018 cuando, siendo ministro de Finanzas de Mauricio Macri, sorprendió al colocar un título por u$s9.000 millones, dividido en tramos de cinco, 10 y 30 años, con tasas de entre 4,65% y 6,95%.

Claro, en aquel momento el riesgo país argentino se encontraba en 350 puntos, que aunque superaba el promedio latinoamericano era considerado un lujo en el mercado argentino, donde hasta se permitía fantasear con la obtención de la calificación "investment grade" por parte de las agencias de riesgo crediticio.

A Caputo también lo ayudó en ese momento las bajas tasas internacionales -el bono US Treasury a 10 años pagaba 2,45%, mientras que hoy paga 4,2%, para irritación de Donald Trump, que pelea con la Fed para que dé una señal de baja en las tasas-.

¿Qué tasa busca Caputo?

El interrogante del mercado es cuál sería el nivel de tasa que Caputo considere aceptable en este momento y, sobre todo, si habría posibilidades reales de conseguir financiación del mercado global.

Por cierto que Argentina sigue muy lejos de los mejores alumnos de la región. Uruguay, por ejemplo, acaba de endeudarse por u$s1.850 millones y pagó por el tramo dolarizado una tasa anual de 4,7%, con plazo a 10 años.

Pero, dejando de lado las comparaciones odiosas, el antecedente inmediato del préstamo "repo" hace suponer que el ministro no consideraría un exceso pagar una tasa de 7,4%, que es la que obtuvo en esa ocasión. Aunque claro, dada la tasa de referencia internacional, eso implicaría que el índice de riesgo país argentino cayera a 400 puntos. Incluso entre los más optimistas del oficialismo, no es algo que se vea factible en el corto plazo.

Podría pensarse también que Caputo se conformaría con obtener tasas similares a las de YPF o la provincia de Santa Fe, es decir algo por encima de 8% anual. Aun en ese caso, todavía faltaría que el riesgo país soberano cayera otros 50 puntos, hasta el entorno de 470.

Es un objetivo que en el Gobierno ven viable, siempre que el flujo de divisas continúe al ritmo intenso que le ha permitido al BCRA comprar u$s1.000 millones en lo que va de enero y, además, que no regrese la volatilidad al mercado cambiario.

De todas formas, se está lejos de encontrar consenso respecto de qué tan sostenible es esa calma actual. Mientras el gobierno se entusiasma con la proyección de exportaciones del agro y el sector petrolero, los economistas más críticos ponen la lupa en el déficit de cuenta corriente y advierten que la calma actual podría estar escondiendo problemas a futuro. Es más, alegan que ese ese temor el que le puso un freno a la baja en el índice de riesgo país.

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