Luis Caputo, polémico: "Nunca compré ropa en la Argentina porque es un robo"
La industria textil argentina atraviesa una etapa de retracción productiva, reducción del empleo formal y aumento de la participación de bienes importados en el consumo interno. Los indicadores sectoriales muestran niveles de utilización de capacidad instalada mínimos históricos y una contracción sostenida en la cantidad de establecimientos en actividad. En paralelo, el Gobierno nacional planteó cuestionamientos al esquema de protección vigente durante años, lo que reactivó el debate sobre la competitividad y la estructura de costos del sector.
Según datos de la Fundación Pro Tejer, la actividad textil registra caídas interanuales superiores al promedio industrial y se consolida como el rubro con peor desempeño relativo dentro de la manufactura. En ese contexto, empresarios reclamaron reducciones impositivas para mejorar la competitividad, mientras que el ministro de Economía, Luis Caputo, respondió con críticas al modelo de protección histórica.
En declaraciones radiales, el funcionario señaló que los precios internos de la indumentaria y el calzado se ubicaron por encima de referencias internacionales durante años y sostuvo que el esquema de resguardo arancelario trasladó costos a los consumidores. También planteó que, en un escenario de menor protección, las empresas deberán competir por diseño y eficiencia.
"Nunca compré ropa en la Argentina porque es un robo", enfatizó el titular de la cartera de Hacienda.
Caída de la producción textil y desempeño sectorial
Los datos productivos reflejan una contracción sostenida. En noviembre de 2025, la industria textil registró una baja interanual del 36,7%. Si la comparación se realiza contra noviembre de 2023, la caída alcanza el 47,6%, el mayor descenso entre los sectores industriales relevados.
En el acumulado de enero a noviembre de 2025, la producción retrocede 6,4% frente al mismo período del año anterior y se ubica 23,5% por debajo de los niveles de hace dos años. El informe sectorial indica que la disminución no se limita a un segmento puntual, sino que abarca hilandería, tejeduría, terminación de telas y confección.
La fabricación de prendas de vestir, cuero y calzado también presenta retrocesos. En noviembre, el rubro cayó 17,6% interanual y acumula una baja del 19,3% respecto de 2023. En términos anuales, la actividad desciende 3,5%.
Mientras tanto, la industria manufacturera en su conjunto registró una contracción interanual del 8,7%, lo que ubica al complejo textil y de indumentaria por debajo del promedio general.
Capacidad instalada en mínimos históricos
El uso de la capacidad instalada constituye uno de los principales indicadores del nivel de actividad. En noviembre, el sector textil operó con una utilización del 29,2%, el valor más bajo entre todas las ramas industriales relevadas por las estadísticas oficiales.
Este nivel implica que cerca de siete de cada diez máquinas permanecieron sin uso durante el período. En el acumulado del año, la utilización promedio se ubicó en 40,6%, lo que confirma dos años consecutivos de caída.
La diferencia con el promedio industrial es amplia. Mientras el conjunto de la manufactura trabaja con una utilización del 57,7%, el textil se encuentra casi 30 puntos porcentuales por debajo. Esta brecha refleja una menor demanda de producción local y una reducción del volumen de trabajo en plantas fabriles.
Empleo formal y cierre de empresas
La contracción de la actividad impacta de forma directa en el empleo registrado. Desde diciembre de 2023, el trabajo asalariado formal en los segmentos de textiles, confecciones, cuero y calzado disminuyó 15%. En términos absolutos, se perdieron 18.180 puestos.
Con esta caída, el sector registra en octubre de 2025 un total de 102.700 empleos formales. Se trata de la mayor reducción porcentual entre las ramas productivas, incluso por encima de la construcción.
El ajuste también se observa en la estructura empresarial. En menos de dos años cerraron 558 establecimientos textiles, lo que representa una contracción del 9% del total de firmas del sector. El segmento de cuero y calzado presenta una disminución del 15% en la cantidad de empresas, mientras que la indumentaria perdió 259 unidades productivas.
A nivel general, la industria manufacturera redujo 2.380 establecimientos en el mismo período, aunque la caída proporcional del textil resulta superior al promedio.
Consumo interno e importaciones
Uno de los aspectos destacados del informe es la divergencia entre consumo y producción nacional. Durante 2025, las ventas reales de prendas, calzado y textiles para el hogar en supermercados crecieron 23,7% interanual.
Sin embargo, una parte relevante de esa demanda fue cubierta por productos importados. Esto implica que el aumento del consumo no se tradujo en mayor actividad para las fábricas locales.
En los centros comerciales, en cambio, las ventas se mantienen estables y distintos operadores señalan que parte de las operaciones se realizan con márgenes por debajo de los costos de producción, lo que limita la rentabilidad.
El resultado es una pérdida de participación de la oferta nacional en el mercado interno, en un contexto de mayor ingreso de mercadería proveniente del exterior.
Debate por la competitividad y la política sectorial
En este escenario, representantes del sector empresario plantearon la necesidad de reducir impuestos y costos laborales para mejorar la competitividad frente a la oferta importada. El argumento central es que la estructura tributaria y los gastos asociados a la producción local encarecen el precio final.
Desde el Gobierno, la respuesta incluyó cuestionamientos al modelo de protección que rigió durante décadas. El ministro de Economía sostuvo que la protección arancelaria elevó los precios internos y trasladó costos al consumidor final. También señaló que los recursos liberados por una menor incidencia del gasto en indumentaria podrían destinarse a otros rubros de la economía.
Las declaraciones reactivaron la discusión sobre el equilibrio entre protección industrial, empleo y precios al consumidor. Mientras algunos actores plantean la necesidad de resguardar la producción local, otros promueven una mayor apertura comercial para incentivar la competencia.